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26 marzo 2026

‘Pequeñas desgracias sin importancia’ ("All my puny sorrows") de Miriam Toews: No te vayas dolor, última forma de amar

 "All my puny sorrows", la frase que da título a esta novela autobiográfica de la canadiense Miriam Toews es un verso de un poema de Coleridge titulado “To A Friend, With An Unfinished Poem” ("Para un amigo con un poema inacabado"):

“I too a sister had, an only Sister— 
She lov’d me dearly, and I doted on her! 
To her I pour’d forth all my puny sorrows”

"Yo también tuve una hermana, solo una-
me quería mucho, y yo la adoraba!
Con ella desahogué todas mis insignificantes penas".


La elección de estos versos no es casual: esta es una novela de hermanas. Es lo único que recuerdo de cuando me la recomendó la divaganta Marisa: ambas tenemos hermanas a las que queremos y con las que desahogamos nuestras insignificantes penas. Claro que las de Toews no son "sin importancia", ni las desgracias "pequeñas", pero usar el verso es una manera más de comunicar uno de los puntos claves de esta novela: su sentido del humor. Sin él, el libro hubiera sido otra cosa, un libro más de los que hablan de este drama, del que debe ser complejísimo escribir con el tono que ha logrado Toews.
"Tengo un sexto dedo en el pie; venga, vale, es un juanete" ["I have a sixth toe; ok, it's a bunion"]
Cuando escribo bajo el distintivo "pepsiquiatría" siempre insisto en que la enfermedad mental no se explica solo por genética y otros factores biológicos, ni solo por el ambiente y otros factores sociales. Siempre repito que es entre esos factores y en particular, en su interacción, donde podemos empezar a atisbar algo de aquello tan fascinante, la naturaleza humana. Eso sí, hay ciertos desórdenes que tienen más componente biológico que social y viceversa. ¿A dónde quiero llegar? A las pequeñas desgracias sin importancia de las que va a hablar Toews: el suicidio de varios miembros de su familia. En este caso, queda claro que la depresión severa y las conductas autolesivas y autodestructivas que culminan en el suicidio tienen mucho de mala suerte en la lotería genética — porque hay miembros que no sufren esta combinación terrible que lleva a otros a estados depresivos tan crueles que no ven otra salida que quitarse la vida.
“Busqué en Google ‘gen del suicidio’, pero cancelé la búsqueda en el último segundo. No quería saberlo. Además, ya lo sabía.” [“I googled 'suicide gene' but cancelled the search at the last second. I didn't want to know. Plus, I already knew]. 
Y da igual tener objetivamente todo lo que puedas desear en la vida: una carrera exitosa, una pareja que te quiere, belleza, inteligencia, ingenio… que es lo que tiene Elf, la hermana mayor de la Yolandi, la narradora —trasunto de la autora—, que no puede evitar pensar que quizás es porque "ha logrado la vida perfecta que está ahora lista para dejarla atrás". Al igual que su padre [que se tiró al tren, pero la clase de persona que preguntaba a un extraño en un restaurante, "hey, ¿cuál es tu historia?"; me recuerda a David, un amigo que también lo hace] y su prima [no recuerdo el modus operandi], no quiere vivir. Padre y hermana, personas interesantísimas y con mucho por vivir que respondían ante sus lágrimas cuando era niñita con un "escríbelo todo" (padre) o "lee esto" (hermana). Si va acompañado de un abrazo, para mí no hay mejores consejos. 

Pese a todo, Elf está en una encrucijada similar a esa parte tocada por el gen oscuro de la familia, y también intenta acabar con su vida: vaya si lo intenta.  La frase más desoladora de toda la novela es "how do you go on?" (¿Cómo sigues para adelante?) que le pregunta en un punto a Yolandi.  Y eso que la pobre narradora carece del aura de luz que rodeaba tanto a su padre como a su hermana:  es una escritora con dos hijos cada uno de un padre, divorciándose, sintiendo que su ex está
"devolviéndome al agua como a uno de esos peces que se pescan por deporte y no para quedártelos" ["throwing me back like one of those fish caught for sport and not for keeping"].
siempre mal de pasta, acostándose con tipos a los que no conoce, pagando mil dólares para quitarse un tatu que le costó "veinte y una bolsa de costo", "aprendiendo a ser una buena perdedora", intentando simultáneamente "apuntar alto" y "bajar sus espectativas".  Por algo su hermana, seis años mayor, le puso varios apodos en la infancia; mi favorito: "mayhem" (alboroto, algo salvaje: "Project Mayhem" se llamaba lo de Tyler Durden en "Fight Club"). [Nota: también me gusta el nombre del perro, "Lefty" (izquierdoso).] Yolande está hecha un desastre, pero tiene una cosa: ganas de vivir y de que su hermana viva.

Cuando iba por el principio de la novela y ante este planteamiento - Yolandi luchando contra la voluntad autodestructiva de Elf- me sentía como trabajando. Esas descripciones del vacío, de la desesperanza, de la impotencia, de la autovaloración paupérrima... tan familiares. La partida que se juega con las personas que te cuentan eso, quién llegará hasta el final si no les quitamos (el sistema de salud) su libertad. Todo eso era la novela.

Sin embargo, en un punto deja de ser esta mera descripción para ponerse interesante y pasar a meterse en la cabeza de Yolandi y sus dudas, trasladándome a aquella película tan fuerte de Michael Haneke, "Amour". Es difícil tolerar ver sufrir físicamente a la persona que quieres, pero el sufrimiento mental extremo es incluso otro nivel —claro que mucho peor entendido.  Tan duro es verlo que, por mucho que la narradora quiera a su hermana con locura, se rompe y duda cuando esta le enseña un papel donde ha escrito la palabra "Suiza"y "no quiero morir sola". ¿Qué significa querer a alguien en ese momento? ¿Darle la mano y decir, aguanta por mí, por la familia? Las reflexiones que hace Yolandi ("maximizar la autonomía individual y minimizar el sufrimiento humano") sobre el suicidio asistido terminan a veces en búsquedas en internet en las que aparecen palabras como Nembutal y lugares donde conseguirlo. Es imposible: un rompecabezas entre la mente y el corazón. Hay gente que califica a los suicidas de "egoístas" o incluso "cobardes" por no afrontar la vida: lo que no tiene ni idea esa gente -ni les interesa-, es saber de cómo se siente en el pozo en el que llevan tanto tiempo con un sufrimiento continuo y tremendo. Hay algunos pacientes que son "resistentes al tratamiento" y nada funciona, o no funciona por mucho tiempo. Entonces las recaídas son cada vez más brutales y el futuro delante de sus ojos más insoportable. Tal vez por eso, confrontar a un suicida con chantaje emocional, con el dolor de los otros si tuviera éxito no funciona. La propia Yolandi usa esa técnica y luego se siente devastada. 

Aparte de su sentido del humor —a ratos tirando a negro: usan el dinero que encuentran en el bolsillo de su prima tras el suicidio en comida a domicilio—, Yolandi (Toews) está rodeada de algunos personajes "más grandes que la vida", mi favorito, su madre. Me encanta su energía. Juega al Scrabble online con extraños y lee a Raymond Chandler, al final "The Long Goodbye". Cuando se entera de que el cura ha ido a visitar a Elf en su paseo salvador-de-almas por la planta, quería que lo "redujera a pedazos" con su verborrea (la narradora le dice "deberías haber gritado "me violan"!-me parto- pero Elf le recita un poema de Larkin). También opina que 
"tener ambición es lo más bajo en lo que una persona puede caer" ["to be ambitious is the lowest a person can sink"].
Otra parte que me ha tocado mucho es la crítica muy justificada al sistema de salud mental canadiense; imaginemos lo que será esto en EE.UU. donde no hay sanidad pública.  El psiquiatra no está jamás en la planta, es más difícil verle que a una celebridad; cuando por fin lo consigue, es un personaje insensible y sin empatía, supongo por lo sobrepasado de trabajo. 
"Imagina a un psiquiatra sentado junto a una persona rota diciéndole: «Estoy aquí para ti, me comprometo a cuidarte. Quiero que te sientas mejor, quiero devolverte la alegría. No sé cómo lo haré, pero lo averiguaré y entonces pondré todo mi empeño, mi formación, mi compasión y mi curiosidad al servicio de tu salud, de yu bienestar, de tu alegría. Estoy aquí para ti y me esforzaré al máximo para ayudarte. Te lo prometo. Si fracaso, será mi fracaso, no el tuyo». "Imagine a psychiatrist sitting down with a broken human being saying, I am here for you, I am committed to your care. I want to make you feel better, I want to return your joy to you, I don't know how I will do it, but I will find out and then I will apply one hundred percent of my abilities, my training, my compassion and my curiosity to your health–to your well-being, to your joy. I am here for you and I will work very hard to help you. I promise. If I fail it will be my failure, not yours".
El equipo de enfermería sigue los protocolos: hay normas informadas por teorías basadas en la evidencia como que "no se le pasan las llamadas si ella no sale de la habitación", "no se le lleva comida de casa si ella no sale a comer". Yolandi se pregunta si "la cooperación es un signo de salud mental, qué tiene que ver con que Elf mejore". Se entiende la base científica y el tipo de paciente con el que eso funciona, pero no con Elf. Ella no parece tener un trastorno de la personalidad, pero sí una depresión de caballo.

Y eso que, desde pequeña, Elf era alguien especial y un psiquiatra infantil podría haber visto indicios de futura enfermedad mental. Odiaba el camping y las Navidades: se pegaba con la cabeza en la pared cuando llegaban. Amaba la lectura. 
¿Pero cuál es la base de una sociedad civilizada? Las bibliotecas”, dijo Elf. [“But what is the bedrock of civilized society? Libraries, said Elf.”]
Organizaba campañas, recogía firmas, pensaba en la Revolución ("you put the fist in pacifist"). Corría riesgos, era impulsiva. Dejaba de hablar durante periodos. Tocaba el piano, supongo que obsesivamente, porque así lo tocan los que acaban siendo pianistas internacionales de primera fila, que era lo que terminó siendo ella. Un día que llamó llorando desde un hotel italiano tras un recital me recordó a la chelista Jacqueline du Pré: oh aquella película.

Una persona con una sensibilidad especial, como esas otras con este atributo, las poetas, entre las que encontramos tristemente también una alta prevalencia de suicidio: Safo, las norteamericanas Sylvia Plath (1932-1963) y Anne Sexton (1928-1974), las argentinas Alfonsina Storni (1892-1938) y Alejandra Pizarnik (1936-1972), la chilena Violeta Parra (1917-1967), la portuguesa Florbela Espanca (1894-1930), la rusa Marina Tvetáeva (1892-1941), la japonesa Misuzu Kaneko (1903-1930)... y ya paro, pero hay más. ¿Todas ellas eran seres egoístas y cobardes? 

Cuando algo terrible como un intento de suicidio o un suicidio pasa, choca que "la vida sigue". Es como ahora, que el mundo está ardiendo, y la gente se sigue haciendo fotos en alfombras rojas, o planeando quedadas para bailar y en general preocupándose más por la subida de los precios que por lo que debe ser para toda la gente afectada quedarse sin nada, o morir o lo peor, sin hijos, hermanos, padres, amigos. Pero como dice un personaje, "hay que seguir comiendo" o cuando Yolandi insiste que su madre o el marido de Elf vayan a unos viajes preplaneados, pese al ingreso: "es el mismo principio que en los aviones cuando te dicen que te pongas la máscara del oxígeno antes que a los niños". Tienes que cuidarte para cuidar, algo de lo que nos olvidamos. 

Me quedan muchas cosas en el teclado, pero ya termino con tres ideas fuerza. Porque no sería un divague si no incluyera frases bonitas, solo porque lo son. 
"Enfréntate a las cosas difíciles enseguida y con entusiasmo; luego retírate. Es lo mismo con pensar, escribir  y la vida".“Go into hard things quickly, eagerly, then retreat. It’s the same for thinking, writing, and life.”
Nunca des explicaciones, nunca te retractes, nunca pidas disculpas. Simplemente hazlo y que se quejen.” [“Never explain, never retract, never apologize. Just get the thing done and let them howl.”] (citando a Nellie McClung, la sufragista más prominente de Canadá)
"El dolor cuando se acaba el duelo hace el mismo danio, o más, que el duelo en sí. Significa decir adiós" [“The pain of letting go of grief is just as painful or even more painful than the grief itself. It means goodbye.”]
No sé si Toews habrá leído a Salinas, o que los sentimientos que nos hacen humanos son universales, pero esta última me lleva a su maravilloso poema: "No quiero que te vayas dolor, última forma de amar".  Cuánto dolor en este libro, pero cuánta humanidad, pasión, compasión, risa y celebración de la vida, pese a todo. 

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