Jueves, 30.07.26: CDMX
A las 8:00 [insisto: los seniors no duermen], el Peda y yo [Mini obviamente duerme a pierna suelta] nos vamos a dar un último paseo hacia la parte izquierda de la playa de Zicatela. He echado de menos estas vacaciones bañarme en el mar, aunque ya sabía a lo que veníamos: incluso en la Rough del 2004 ya explican que en todos los hoteles hay piscina porque este es un mar para tenerle respeto. Las olas son de 4 metros "y ocasionalmente hay monstruos de 7-8 que se originan por las tormentas del sur del Pacífico entre agosto y noviembre" y hay "una corriente letal en la que incluso la arena se va de debajo de los pies y esto hace difícil salir. Ocasionalmente incluso los experimentados se ahogan".
Caminamos de vuelta al hotel y mi conclusión es que, aunque se quejan de la gentrificación, el sitio no tiene nada que ver con la sobreexplotación que vemos en el Mediterráneo: está todo aún a medio hacer y vale, igual hace 50 años solo había cuatro cabañas, pero ahora tampoco parece que los torneos de surf internacionales a finales de agosto y de noviembre hayan hecho desarrollar esto masivamente. Bueno, recordemos que estos surfistas van en camper-van. En fin, que volvemos a despedirnos de la secta, confirmando que vale, Yísus caminó sobre las aguas sin tabla, pero aquí no ha aparecido...
Al devolver el coche en el aeropuerto, nos dicen que una de las ruedas tiene una rajita y de churro nos libramos porque grabamos un vídeo donde ya se veía la raja incipiente. El aeropuerto necesita claramente una ampliación. El trayecto a CDMX es de una hora.
Y de repente estamos de vuelta -por 24 horas solo- en la vibrante CDMX. Vamos en Uber al hotel, que está en el Centro Histórico. De esto no sabíamos nada, pero al llegar nos informan de que tenemos "café incluido" en la reserva, servido 24 horas en la terraza del hotel. Así que, antes de salir, subimos a explorar y café, qué café: incluye cerveza, refrescos y agua [té no, mira tú]. Y luego snacks, y nos enseñan una carta y ahí hay de todo: toasties, tortas... vamos, para salir cenados. Y la terraza está espectacular, con todas las vistas del centro maravillosas.
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Se me olvidó comentar que en la oferta de los snacks del hotel, también estaban las bolsas de palomitas [¡qué gran asesor el de ese hotel!], así que a la vuelta, el Peda y yo subimos con la idea de hacer más fotos y apalancarnos allí a leer y darle a la cerveza con palomitas, Mini se queda cargando su batería física y social. En el ascensor de subida nos encontramos con una pareja en la que él, que parece un adulto, lleva una máscara de Spider-Man [sin boca, ya se sabe] y la pareja va toda seria, sin hacernos un guiño ni nada. ¿La neurodiversidad ha llegado demasiado lejos? Cuando se bajan, nos da un ataque de risa y sí: esto era en el de subida, pre-birras.
Al rato se une Mini y OMG cuando le contamos lo de Spider-Man y jugamos a un juego que no recuerdo, y seguimos comiendo tortas y más bebidas hasta, supongo, llevar al hotel a la quiebra. Había que celebrar que han sido unas grandes vacaciones, sin dengue, terremotos ni asaltos, y que ¡Viva México Cabrones!








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