El título, "Temporada de huracanes", estaba en mi "pasivo" desde hacía un tiempo: lo que hizo que saltara a mi consciente fue que nos íbamos a México. Lo compré en "La Central" de la calle Mallorca en mi última visita a la Condal en junio. Y sí, voy tarde: fue publicado en 2017 y la autora, Fernanda Melchor, ha ganado un montón de premios, incluida la nominación al Booker Prize Internacional. Aun así, tenía la sensación de estar leyendo una novedad. Las fotos son desde la terraza en el tejado del apartamento de Oaxaca, donde lo terminé.
El argumento es lo de menos: una chica inglesa de 17 que está interesada en México, cuando le conté el planteamiento dijo, "ah, es novela negra, de las de saber quién-lo-hizo". Y no, no es eso, aunque sí que hay un asesinato del que culpan al principio a un grupo de chavales que solían frecuentar la compañía de la mujer asesinada ("La Bruja"), pero no es eso: lo que es, es cómo está contado, la estructura y la belleza formal de las frases -aunque hay muchas palabras mexicanas que he de buscar, el nivel es muy alto-, y... y entonces me paro y me doy cuenta de que mejor que guarde la referencia y espere unos años, que todavía no es para ella.
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Porque la novela es brutal, no solo en el sentido "excelente" como se usa ahora, sino en el sentido salvaje, bestial, feroz, cruel, atroz [¿Qué dice de mí que me encanta la sonoridad de todas estas palabras? Una vez titulé un divague "Atroz", mi favorita]. El asesinato es lo de menos, lo que más impacta es la miseria, que es la madre de todas las demás calamidades.
El escenario es un pueblo imaginario -probablemente en el estado de Veracruz, de donde es Melchor- llamado "La Matosa". Está narrada en tercera persona y usando un estilo indirecto libre: o sea, la voz del narrador omnisciente intercalada con pensamientos de los personajes sin guiones ni comillas ni cursivas, ni nada que te pueda indicar que habla o piensa o se duele un personaje, así que el tono y las emociones de ambos, personajes y autora, están mezclados. Esto, junto con la fragmentación del texto -las distintas voces aparecen como hachazos en la maleza-, el único claro de este bosque son los distintos capítulos: cada uno es un párrafo.
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El Peda me avisó, hazte un dramatis personae -literal-, pero no encontraba un folio (un folio! estábamos viajando) para hacer los árboles genealógicos: aún así, se sigue muy bien. Es un rompecabezas en el que, al final, las piezas encajan: solo hay que dejarse llevar, porque es también un libro muy sensual: cómo no, siendo México lo que está de fondo es todo ocre y árido y encarnado y picante y luminoso y salado y azul Klein y adobe y sudor. Y su descripción del sexo, tan impactante, y las mujeres del pueblo se santiguaban porque podían imaginarla desnuda, montando al diablo y hundiéndose en su verga grotesca hasta la empuñadura, el semen del diablo escurriéndole por los muslos, rojo como la lava, o verde y espeso como los mejurjes (...) o negro como el chapopote, negro como las pupilas inmensa y el cabello enmarañado de la criatura .
Y tal vez será gozoso el sexo que describe Melchor en el aquí y ahora, porque nomás me le siento en la cara y no me paro hasta que me vengo por lo menos cinco veces seguidas, pero uno de sus temas -que empiezo a pensar en uno de los grandes temas en México- es que las relaciones no perduran. Y es culpa de ellos: los varones son todos unos borrachos y unos huevones, unos pinches perros revolcados, unos puercos infames.
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Después de esta novela, he leído otros dos libros mexicanos y en ambos, la ausencia del padre está, o bien presente, o es El Tema. Pero, ¿no empieza "Pedro Páramo" con un «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo»? ¿No es la maravillosa "Coco" de Pixar -que introduje a Roc cuando estuvo a principios de mes- una peli sobre padres ausentes? ¿No se va el padre de la película "Roma" de Cuarón, dejando a su mujer al borde de un ataque de nervios - y no se desentiende el que deja embarazada a Cleo? La sensación que me he quedado tras estas lecturas -y en uno de los libros daré datos- es el porcentaje bochornoso de mujeres que sacan adelante a sus familias solas en este país, mujeres que eligieron a los borrachos y huevones y puercos que no quieren saber nada. Y esos no son los peores, los que se quedan que viven a su costa, los huevones mantenidos que comen a sus costillas son los peores. Aunque haya algunas que, desde un mal entendido feminismo, se pavoneen de que se dan el lujo de mantener a su marido. Ay qué escándalo mamacita, pero cambiemos el género: hay gente que nos rodea que piensa que el que el hombre pueda mantener a la mujer es un lujo. Todo mal.
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Lo de que todos los hombres son iguales en su irresponsabilidad recorre la novela: me pregunto qué se debe sentir siendo un pinche huevón de esos, unos de esos cabrones culeros que hablan mucho y nunca cumplen, si leen esta novela. Verse reflejados en que ellas saben que todos quieren lo mismo, enseñarte su pitito y que les digas huy, qué animalón tiene papacito, y qué rica te sabe. Todos una trailera de gordos y apestosos
No es un libro para aquellos que creen que el feminismo ha llegado demasiado lejos, o los que reivindican "el día del hombre", o los que reptan por los fangos de la manosfera: sí, el sexo XY heterosexual no sale bien parado. Y su desinterés y crueldad no solo se extiende a las mujeres y los niños, sino también a la comunidad LGTB+.
Y no es de extrañar que las mujeres no puedan más: que da igual la edad o la aspiración o los sueños, todas acaban asqueadas vendiendo su cuerpo o su mente, que tras seis horas no sabían qué era más cansado, si pajear al pelmazo de turno o pretender que te interesaba su conversación, borrachas de cumbia y cania, que ya no querían reinventarse si total, para qué, hasta debe haber un límite numérico para esas cosas. A todas estas, tan pobres que no eran dueñas ni siquiera de las toallas con las que se limpiaban los humores de los machos con los que cogían, decidió ayudar La Bruja. Tambores lejanos de una sororidad remota: pongo mi oído en el suelo para escuchar.
Uno de los personajes que más me han tocado de ese enloquecido manojo de personajes dignos de la compasión del bienpensante es una niña de 12 años, Norma. El término "grooming" no tiene traducción exacta en castellano, pero es el proceso mediante el cual un adulto crea una conexión emocional, dando confianza a un niño o adolescente para manipularlo, controlarlo y explotarlo, generalmente sexualmente. Es doloroso leer cómo el nuevo marido de su madre comienza este ataque a la niña, que está tan falta de atención que esta mierda hace que se sienta importante, hasta querida. Es una novela, pero esto es de libro de texto: empieza con las cosquillas viendo la tele -la madre, está, sorpresa, trabajando- y luego que si caricias como no le había hecho ni siquiera su madre, ni en los buenos tiempos, cuando estaban solas las dos, y mimos que la dejaban temblorosa, pegajosa por dentro, avergonzada, que terminaban cuando él se aburría de ella y se iba, y luego volvía, y esto es solo todo lo que te quiero, incluso más que al bebé que era su hijo, y luego tú me hiciste hacerlo, me tientas, no puedo resistirme, la vieja historia de nosotras como seductoras y qué pueden hacer ellos si llevamos minifalda, dice el juez, que andáis provocando y mientras la madre no salgas a los bares que solo están esos que quieren meter mano a las chamacas, teniendo la peste en su misma casa. Y lo peor, al final y como siempre, Norma termina sintiendo un asco terrible por sí misma, un odio recalcitrante por estar arruinando la última oportunidad de su madre de tener un hombre a su lado. Y entre tanto asco y tanto placer y tanta vergüenza y tanto dolor... otra vida arruinada.
He descrito muchas violencias, pero aún hay más: Melchor ha dicho que tuvo que escribir una ficción porque hacer periodismo tradicional, describiendo la realidad de la zona de Veracruz era demasiado arriesgado por el crimen organizado del narco. Uno de los epígrafes de la novela es una frase de "Las muertas" de Jorge Ibargüengoitia -curiosamente el siguiente libro que leí y del que divagaré: "Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios". Cuando viajas a México, hay zonas seguras, pero hay otras que el gobierno de tu país describe como "solo ir por causas de fuerza mayor" y Veracruz -donde nosotros estuvimos en 2004- es una de esas zonas, algunas inaccesibles por la hegemonía de los narcos. Esto es una sombra que permea todas las demás violencias: la de género, la violencia de la exclusión y la marginación social, de la pobreza, del abuso de poder, violencia sistémica en un pueblo que no ha podido acceder a la cultura y que se refugia en la superstición y la religión para tirar para adelante.
Normalmente dejo claro en los divagues cuáles son las citas de los autores usando cursivas y metiendo las frases entre comillas. Así empecé este divague hasta que, en un punto, me planteé cómo quedaría esto si usara el estilo indirecto libre, el que usó Melchor. Así que aquí dejo este experimento en el que se mezclan su magnífica voz con la mía - una en mexicano, otra en castellano; una, gran escritora, otra bloguera tirando a panfletista del tres al cuarto. Ojalá escribir con su estilo salvaje, atroz, cruel, brutal, feroz, bestial.







Y da la sensación de que te ha salido bien el experimento... "Algo" cruda la novela.
ResponderEliminarBicos sin chile...
Gracias MV!! Ya estoy en donosti donde tengo wifi muy intermitente, así q no sé cuándo podré contestar...
EliminarBicos cantábricos!
Yo pensé que te habían hackeado la cuenta:-D! … no llegaba a entender para qué …Una especie de Bansky bloguero elucubraba mi mente. Intervención artística en forma de Microrelato!? Todo bien interesante ..
ResponderEliminarBesos AB
Jajajja, gracias AB, qué bueno lo del banksky bloguero hackeando cuentas en forma de intervención artística. Pues no, era yo quitando las cursivas... en "homenaje" a la autora como se dice ahora :):)
EliminarDa gusto leerte en solitario y también con voces engranadas, la razón (que no el panfleto) y la brutalidad para explicar que lo que sucede en la novela, en México o en Cuenca nos debería conmover hasta llevarnos a la acción. Tomo nota, en la lista de preferentes. Las casualidades me han llevado a leer últimamente a dos autoras mexicanas (Brenda Navarro y Dahlia de la Cerda) con novelas que transitan por temas que tú comentas, con un hilo común, las mujeres. Desde diferentes ópticas pero con un relato que se mantiene de mujeres que luchan solas, con hombres que son sombras que aparecen de forma abrupta y solo cuando ellos quieren, para desaparecer después cuando se les necesita. C`est la vie...
ResponderEliminarMuxus (pronto más muxus)
Gracias darling, y como dices -y confirma luego nuestra divaganta cristina margarita - esto ocurre en México y en Cuenca, tristemente. En UK, los feminicidios no eran contandos hasta hace nada , creo q acaban de empezar ahora.
EliminarY ya hablaremos de esas otras dos mexicanas q has leído, con el mismo tema ...yo escribiré de otros dos con el mismo trasfondo, aunque creo q ninguno está escrito tan bonito como este. Bonito dentro del horror, claro... no.es de extrañar q uno de los epígrafes sea un poema de keats q termina con: "A terrible beauty is born" (nace una belleza terrible).
Muxus in situ en breve! Xxx
Hola Di, que goce tener tantas entradas tuyas. Este ultimo tema me ha dejado pensando ya varios días. El problema del abuso sexual de un miembro de la propia familia, creo, se da en todas las sociedades. Hace cuarenta años, viviendo en Alemania, leí un articulo sobre el tema en Der Spiegel. Un abuelo abusaba de su nieta de 7 añitos y cuando se lo dijo a su abuela, ella la acuso de ser la culpable. Teniendo yo 13 años lei Los hijos de Sanchez de Oscar Lewis antropólogo social de EU, uf mucho de lo que trata me impacto siendo hechos reales de una realidad totalmente desconocida para mi.
ResponderEliminarTarde, pero muchas felicidades a Mini por ese milestone! y a los papis también, que buen mérito tienen.
ResponderEliminaruf, no me identifique, los anteriores son míos de Cristina Margarita desde Guanajuato. (aclaro, vivo en Guanajuato desde hace 19 años, pero soy de Puebla, ja)
ResponderEliminarUps, olvide comentar, que el experimento te salió muy bien, aunque leyéndote ya sospechaba que no eras tu, hablando de sexo en primera persona? Jaaa. Cristina Margarita
ResponderEliminarCristina margarita, la divaganta poblana!!! No veas la ilu q me hace pq nuestro siguiente destino es Puebla y Cholula así q tendrás los divagues con fotos en breve (bueno, tal vez no breve dame tiempo pq he venido a ejpein a ver a la familia, así q aún se alargará un poco)
EliminarSobre el tema, sí, es cierto lo q dices del abuso, tristemente no es cosa solo de méxico pero lo del abandono del padre sí q me chocó leerlo (de nuevo, no tema solo mexicano), sobre todo en una sociedad q valora tanto la familia... ya lo hablaremos cuando divague sobre el libro de Alma Delia Murillo.
Y gracias por las felicitaxiones de Mini... ahora en venecia, muchas ganas de q se nos una a todos aquí en donosti el martes.
Mil besos poblana favorita!
¡Qué divagazo!
ResponderEliminarEste lo tenía en barbecho (el libro), pero creo que va a ser el siguiente.
Ah, eta ondo izan Donosti aldetik!
Musu bat
Nati
Eskerrik asko nati!! Y menudos días están saliendo!!! Maravilla La Zurriola y esta tarde a Chillidaleku... ya os.contaré
ResponderEliminarMuxusss darling
Di