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08 octubre 2026

"La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo: Que el malismo se pase de moda

 "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo ha sido el último libro mexicano de este verano, lo terminé a principios de agosto, justo al llegar a Londinium. Fue recomendación del Náufrago Ro antes de que supiéramos que veníamos a México, y cada vez que lo intentaba encontrar en una librería española, estaba agotado. Por fin, lo compré en la librería Ghandi de Coyoacán. Vengo diciendo que el tema de los hombres como pinches pendejos ha sido generalizado en mis lecturas sobre este país, y el de Alma Delia Murillo no va a ser menos. La otra noche, viendo la peli de Sorogoyen, "El ser querido", en la que Javier Bardem hace de un padre ausente y Victoria Luengo de su hija tremendamente enfadada, recordé el libro de Murillo: padres ausentes los hay en todos los sitios pero en el caso de México, la cifra de estos pinches pendejos es escalofriante. El 50% de los mexicanos vive sin padre.  


Murillo estudió Literatura Dramática y Teatro y después de múltiples trabajos en empresas, ahora se dedica a escribir. Empresas en las que pronto aprende que, como mujer, "no has de ser ambiciosa, ni pedir cambios, sonreír, complacer y hablar en plural de lo que hagas, aunque lo hayas hecho tú sola". A los 40 años, tras soñar que se iba a morir, decide salir a buscar a su padre, que había abandonado a su madre con nada menos que ocho hijos pequeños y se había largado a Lázaro Cárdenas, sin dejar rastro. La autobiografía comienza muy fuerte, con "las siete cosas que hacer en esa zona". 
"La primera es sobrevivir a la pobreza, la segunda es sobrevivir al hambre, la tercera es sobrevivir a la falta de servicios de salud, la cuarta es sobrevivir a la falta de oportunidades, la quinta es sobrevivir a la guerra criminal por el control del aguacate, la sexta es sobrevivir a la falta de educación, la séptima es sobrevivir al narco". 

Aunque justo antes ha dicho algo que me ha robado el corazón: "en este país todos somos hijos de Pedro Páramo". La lectura de este clásico fue una de las razones por las que quise volver a México: 
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". 
Y es verdad, Pedro Páramo es el hijo de todos los padres ausentes del mundo. Es Alma Delia Murillo, que no se queda en Rulfo, sino que usa muchas referencias en la novela, desde el  "King Lear"  de  Shakespeare, el "Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé! Golpes como el odio de Dios" de César Vallejo, hasta "La invención de la soledad" de Paul Auster, pasando por "Ordesa" de Manuel Vilas. 

Buah, las referencias le encantan a La Vampira de Referencias, pero hay algo que me gusta aún más, la metaliteratura, y de eso, este libro está lleno. En la primera página ya confiesa que escribe sin mapa ni guía en estrategia narrativa [escritura brújula, también la mía], y plantea el contar cómo empezó todo, que no el principio: "el principio no puedes escribirlo; quién sabe si alguien lo puede escribir". No descubre nada cuando reflexiona que todos escribimos la novela de nosotros mismos, más o menos encubierta, y que para controlar el pánico "hice lo que suelo hacer para controlarlo, me senté a escribir".  Porque "escribe, dice la voz del inquilino que me habita y que me regala la distancia para mirar a través de ella". Y la mirada, cómo la historia puede ser la misma, pero si mueves el lugar desde donde la ves, te das cuenta de que el verdadero milagro es cambiar el punto de vista (?es el destino maldito por quitarnos el padre, o maldito el padre por irse?). Y frases dramáticas de las que me gustan, como que "escribir es un acto mucho más cercano al abismo que al proyector de luces", o algo que me representa: que escribiendo aprendemos a mirar la condición humana. 



Pero, ¿cómo se siente una niña sin padre?  "No te conozco, pero he pasado tanto tiempo contigo, y lo primero fue la vergüenza". Desde las miradas en el colegio hasta cuando se echa un noviete y le pregunta aquello de "qué hace tu papá, qué hace tu mamá". Y, "no tengo papá". Y, el tipo desaparece: parece que a su familia no le gustó que la de Murillo no fuera "normativa", eufemismo actual de "normal".

Tal vez por la endémica ausencia de padres en México, existe veneración por las madres . El Día de la Madre es "un carnaval frenético del fanatismo que no conoce límites", pero  el problema de eso es, como siempre, quien se queda fuera [cómo no recordar el maravilloso "El domingo de las madres" de Swift aquí]. Una amiga suya sin madre vivía aterrorizada con ese día y Murillo compara: aunque a ella le incomodaba el Día del Padre, no tenía la carga demoledora de lo que le caía a su amiga. Antes, esto ni nos lo planteábamos; hoy en día, los almacenes envían mensajes a los clientes unos días antes, por si alguien quiere "quedarse fuera de los emails de promoción —al final, son eso: ocasiones para el consumo— del Día de la madre/padre/lo que sea".  Todo se va al garete, pero la sociedad es más empática, se plantea estas cosas, o no reírse de los gangosos, los cojos, los gordos. Y sigamos adelante con esto: no dejemos que el malismo gane.

Y eso que la relación con su madre es compleja, nada inusual en mujeres en las que ha habido un cambio cultural grande entre sus generaciones. Dice que de adolescente la odiaba, pero algo cambió cuando comprendió, con el viaje de los años, que no solo era su madre, sino que era una mujer. Cuando su madre se enamoró, Murillo fue testigo de su transformación en "fiera amorosa" y lo que le alegró verla vivir eso. Porque el enamoramiento -agotador como es- es el mejor estado de los seres humanos. Curioso lo de enamorarse como una bestia, cuando hacemos tantas cosas para no sentir, para habitar paraísos anestesiados. "No queremos experimentar emociones indomesticanas (...) pero solo en el amor somos depredador y presa, solo en el amor queremos matar y al mismo tiempo mostramos el cuello como lobo rendidos al alcance de un te amo que podría ser más letal que un disparo". Aquí enseña la patita su generación: nos enseñaron a vivir el amor como enfermedad, obsesión, descontrol, como "cuando no muere mata", y creo que los Z que vienen ahora verán esto un poco marciano.


La infancia de Murillo está recorrida por la pobreza -imaginemos, madre soltera con ocho hijos- y la describe como quien no ha estado ahí de turismo. La dentadura es un gran indicador de pobreza, y ella la tiene destrozada. Y hay que ser "bravo" porque no se sobrevive a la pobreza siendo "mansos y suavecitos", y ella vaya que si lo es. Odio la palabra "manso", casi tanto como cuando usan "humilde" para indicar pobreza. Ahora hay un nuevo eufemismo: vulnerable.

Los pobres salen de casa a las 4 de la mañana y vuelven, reventados, a las 10 de la noche: al horario laboral hay que sumarle seis horas al día en el metro para llegar al centro desde la periferia inmunda donde vivan; jornadas que acaban por enfermar a cualquiera. Murillo, tiene ansiedad -la combate con correr, "el más poderoso ansiolítico"- habla del miedo a que descarrile o lo que sea, y eso que aún no había ocurrido la tragedia de Tlahuác en la que un tramo del metro de la Ciudad de México colapsó y mató a 26 personas en 2021. Pero igual da que se hunda: a esos mismos millones de pobres no les queda otra que meterse en la ratonera, a veces solo para poder pagar el pasaje del día siguiente. 

También conoce el hambre, y lo motivador para la acción que es. Por ello, dice, "las clases altas heredan generaciones de abúlicos, de huevones hipotiroideos, de desgano y atonía muscular, convertida en depresión". Se me dibuja el personaje claramente: los he visto, los conozco, les daría un tortazo. Tenemos muchas cosas en común, Murillo y yo: ella también se cabrea antes ciertas cosas, pero yo aún no me he roto la mano contra la pared o he pegado ese tortazo. "Confundía el enojo con un alto sentido justicia; pero el enojo también es un gran activo, puedes resultar inspirador y mover montañas". Totalmente, en este momento hay mucha gente acampando en Sol por rabia, por cabreo, por enojo que dirían en México. 

Y es que es imposible no cabrearse ante actitudes que encima te juzgan por tu pobreza: algo  habrás hecho, mira lo bien que me ha ido a mí, tú no te esfuerzas. Los patrones, las empleadoras y los maestros sermonean a los pobres por ser pobres, les insultan por haber osado traer al mundo tantos hijos: cómo se atrevieron. No puedo ni imaginar la rabia acumulada durante  toda una infancia, escuchando a los bienpensantes de siempre reprocharle a su madre que haber tenido tantos hijos es motivo de vergüenza. 



Pero salir de la pobreza, cambiar de clase social en México es casi imposible, si no has ido a universidades privadas casi no tienes posibilidades: las define como el robo más flagrante, donde pagan para obtener conocimientos sesgados y aceptación social, pero también es muy crítica con la educación pública: "la real y pontificia universidad virreinal determinó que la educación era un privilegio monárquico y condenó al analfabetismo a más de la mitad de la población, que sigue siendo la mayor tragedia de este país". Así que hacerte un hueco es difícil y no hablemos de si no tienes padre, o de si admites que
 "tu mamá trabaja aseando casas, vendiendo ropa, inyectando y limpiando el culo de viejecitas moribundas a las que su familia mezquina no quiso pagarles una enfermera de verdad y el trabajo recayó sobre la señora de la limpieza, tan linda, tan generosa, tan como de la familia, a la que siempre compensan con ropitas y zapatos usados".
Esta frase me lleva a las pelis de Cuarón: ya hablamos de "Roma" aquí, y en unos cuantos divagues, cuando cuente nuestro intento por llegar a las Bahías de Huatulco, "Y tu mamá también", aunque en esta solo se cita de pasada. Ay, las criadas de Cuarón, que le dejaron suficiente mala conciencia como para hacer esas pelis. Pero es tan verdad, y tan dura. 

La religión en México da consuelo a muchas de estas personas: es un verdadero drama. Los llama "cristianos tropicales", manipuladores del dolor ajeno, cuyo activo más valioso religioso es el miedo - "el escote, el leer cualquier texto que no fuera cristiano, la filosofía, la ciencia, todo lo que te quite el miedo no les gusta". Pero lo que los hace directamente unos sinvergüenzas -y de nuevo me (nos) hace hervir la sangre- es que les exigen el diezmo de lo ganado en esas jornadas inhumanas que he descrito arriba. De verdad que no se echan suficientes bombas. 

Nuestro mayor punto de desencuentro ha sido que ella haya sido abducida por la secta del psicoanálisis.  Escribe cosas como "construyendo la psique", "no se me escapa la relación de los arquetipos, pues el padre por antonomasia es Dios Padre, el más chingón de todos los padres" y hace interpretaciones psicoanalíticas que la confortan - e.g. "la esencia del amor de su padre era un amor que esquivaba, la manifestación más alta de su amor por su ausencia". Envuélvelo y ponle lazos, pero no. Tristemente, el psicoanálisis es como la religión: pura superstición y si los otros cobran el diezmo, los psicoanalistas no se quedan atrás. 


Y para terminar con otro de los grandes temas, cómo no, el feminismo, porque en México debería ser obligatorio: ser mujer y crecer en un país donde asesinan a 11 mujeres cada día es sobrevivir. Bolaño necesitó mil páginas para que aquello no se nos olvide jamás y Murillo, con muchas menos, logra también hundirme en un pozo negro, profundo, con su historia de abuso sexual. 

Lo sufrió por primera vez en manos de un vecino- claro, este abuso infantil lo cometen casi siempre personas del entorno. 
"Odié a Mariano, con el odio de una legión entera. Odié a mi madre por estar trabajando. Me odié a mí misma por ser capaz de entender lo que había ocurrido. Odié a mi padre, porque no estuvo ahí para cuidarme. Odio profundo, odio ácido, odio gigante en mi alma de 6 años. Odio y miedo. Rabia, resentimiento descomunal, pero ni una palabra. Aprendí a proteger con el silencio. Intui que hablar lo dinamitaría todo".
Ahí empezó todo, pero enseguida sigue la aventura de ser mujer en México. Elige tu propia aventura: en el metro, tipos masturbándose delante de ella o que la tocan de soslayo, o incluso uno que le mete la mano entre las piernas, y los agentes de la patrulla la tratan de disuadir de denunciar "porque es muy engorroso". Si pese a todo, decides seguir con la aventura de la denuncia, uno de los policías que te toma declaración, te llamará por la noche para invitarla a salir. 

Puedes pasar a la pantalla del abuso del médico, cuando tenía unos 20 años y el tipo unos 55. Ahí vive lo que está ya tan bien descrito no solo por otras mujeres, sino en los libros: no puede moverse. "Cuando me empezó a tocar, ya sabía que tenía que levantarme. Pero estaba paralizada en un estado de animal acorralado por la ansiedad. Por el miedo".

Cuando publica su historia, recibe mensajes con centenares de experiencias similares de otras mujeres: primero el padre, luego los tíos, los hermanos mayores, violan a la hija, sobrina, hermana, con la impunidad de un sistema que protege al abusador. Leyendo esto, nos cuenta, terminó de derrumbarse aquella fantasía suya del padre protector.

No sorprende pues, que las mujeres mexicanas tengan asumido que cada día en cada espacio público, en muchos privados y en cada intercambio profesional, habrá un hombre que las acose. Eso sí, cuando en 2019 distintos grupos de mujeres se manifestaron en CDMX desde el "por qué tan solita" de la calle hasta los feminicidios gritando consignas y grafiteando reclamos, la respuesta del gobierno fue violenta. Pero no solo ellos, sino también un sector importante de la sociedad, alarmados por paredes y monumentos manchados y cubiertos con diamantina rosa. Los de siempre. 

El libro es también México, "el impío barrio de Polanco", "las librerías de viejo por el centro histórico, donde me robaba libros" y algunas frases chulas "pero para que haya cicatriz se necesita una herida", "aquello era el más feroz de mis presentes" y muchas cosas más que -por increíble que parezca- no caben en un divague. Es un libro para cabrearse y desesperarse, y revolverse contra la injusticia y contra los que se ofenden porque nos rebelemos, porque el grafiti en una fuente no es plan, chica. Es un libro para identificar al enemigo: todos esos babosos hipotiroides de toda la vida y los que ahora, se han subido a la moda del malismo que no vamos a aceptar.



Y por terminar en una nota alta, aquí va una frase en la que Murillo hace referencia a su diario de viaje cuando se lanzó, como en una Road Movie, a buscar a su padre. 
"Hoy lo evoco todo como un sueño, y lo que sé con precisión no es porque me lo devuelva la memoria, sino porque tuve cuidado de anotarlo en el libro aquel que se convirtió en mi bitácora del viaje".
Hay que escribirlo, o no lo has vivido del todo (gracias, Annie): así que hasta la siguiente entrega de "Los Pedalistas en México", que ya quedan pocas.

26 septiembre 2026

Biblioteca John Rylands de Mánchester: Stendhalazo

 Como decíamos ayer, nos lanzamos al turisteo sin preparación alguna, sin guías ni mapas ni brújulas, con la seguridad de que vamos a volver, de que esto es solo una primera aproximación a Mánchester. Es un viernes por la mañana en el que la gente va al trabajo, se toma un café [de especialidad] en un receso, se casa, y nosotras vamos observando todo, como dos habitantes más de la ciudad -por una vez, no vamos disfrazadas de turistas- aunque en un punto cogemos un bus circular gratis [gratis!] que va por el centro. Por tanto, no sabíamos nada de la biblioteca John Rylands, y quizás por descubrirla así,  siguiendo un cartel, pasó lo que pasó. 

Llevábamos ya un verano de dos bibliotecas espectaculares: la Vasconcelos en CDMX y la Palafoxiana en Puebla, y la Rylands ha sido la guinda. Entramos por una puerta lateral de un edificio moderno, donde venden parafernalia turística y un señor nos indica por dónde ir. No hay seguridad, no te abren el bolso, no hay que pagar: simplemente, a la derecha y suban las escaleras. 

Antes de subir, está la foto de la estatua de Enriqueta, me imagino en una catedral. Ella es la mujer que fundó la biblioteca en honor a su marido, John Rylands, que murió en 1888. Me parece más interesante su vida que la de él: Enriqueta nació en La Habana en 1843, hija de un comerciante de Yorkshire y una mujer supongo, por el nombre, cubana. Estudió en Nueva York, París y Londinium. Se hizo "companion" de la segunda mujer de John Rylands - estas eran mujeres de buena familia que asistían a las ricas, un legado de las antiguas "damas de companía" de la corte. Cuando la mujer murió, a los ocho meses, Enriqueta se convirtió en la tercera mujer del primer multimillonario de Mánchester: Rylands tenía la mayor empresa textil del Reino Unido, y ya en las escaleras se encargan de dejar bien claro que se benefició del esclavismo a través del comercio transatlántico de algodón- ya conté que las universidades británicas están investigando y escribiendo informes sobre sus conexiones históricas y financieras con el comercio de esclavos . Volviendo a Enriqueta, un poco práctica de riesgo lo suyo porque, como decía Oscar Wilde [pero con los padres], "perder a una esposa puede considerarse una desgracia; perder a ambas ya parece un descuido". Pero bueno, el "emprendedor y filantropista" como dicen en la wiki tenía 74 cuando se casaron, Enriqueta le sobrevivió y decidió hacer una biblioteca en su honor.

Lo primero: qué maravilla es esa, una biblioteca, no una iglesia, un mausoleo, un cenotafio, un obelisco. No: una biblioteca. De estilo neogótico, que les gustaba a los victorianos. Dicen que le costó un millón de libras - el equivalente de £100 millones hoy: poco me parece. Abrió el 1 de enero de 1900. Con toda esta info llegamos a la primera planta, dejamos la zona moderna y nos encontramos con este pasillo:

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Perdón, ¿es esto un castillo? ¿Vamos a una cripta? Y a los lados tiene puertas que dan a salas como esta:


Al final hay una imprenta. Es una "columbian / eagle press", hecha de fundición de hierro, e inventada en 1813 por el americano George Clymer. Parece que aún la usaba un impresor en el SXX y todavía funciona.


Pero esto no es todo, hay escaleras a un segundo piso, tal que así: 


Y entonces llegas a la sala principal. O sea, la foto con la estatua de Enriqueta, que pensé que era en una catedral, es la biblioteca. Sin rodeos: se me saltan las lágrimas, tal es el Stendhalazo.  Por supuesto, he de recomponerme en nanosegundos porque al lado tengo a The Queen of Cool que me lanza una mirada lateral rápida. Pero aquí puedo contarlo porque sé que, con ciertas lectoras del divlog, podríamos habernos explayado, abrazado, exclamado oh-ah a gusto. 

Contenida, como buena victoriana, aun así camino sobre algodones, en un estado de "awe", que se traduce como "pasmo", pero no es eso: es admiración, es maravilla, es sorpresa, es "wonder", de wonderful.

Y a los lados hay salas, con las que termino, en las que, como dijo Annapetons en un comentario, hay estudiantes con sus fosforitos, sus portátiles, sus totebags, sus piercings y su inmensa suerte de poder venir, un viernes cualquiera lluvioso, a estudiar aquí. 




24 septiembre 2026

Bienvenid@s a Mánchester

 

Nuestra ventana hora-de-entrada en los halls [para saber lo que es esto, me temo que hay que leer aquí] es entre las 4 y las 5: menos mal porque si hubiera sido por la mañana habríamos tenido que salir al alba. Entramos en la ciudad -obviamente- por el sur: está gris y lloviendo. Se confirma: aquí es invierno. Atravesamos calles y calles de casas que exudan pobreza y solo se ven por ellas minorías étnicas. Los halls están a 15-20 minutos a pie de la universidad, que es preciosa [la foto de abajo nos la envió unos días después] y parece increíble que alrededor de los halls la cosa no mejore: tiendas de pollo frito para llevar, cadenas de supermercados baratas, un Wetherspoons ("Spoons" para los amigos, cadena de pubs que boicoteamos porque el dueño era brexitero) y así todo.


Hay un pequeño aparcamiento en el recinto de los halls, al lado de la casita de bicis. Mini y yo vamos al edificio central donde está la recepción, y en la planta de arriba la cantina, el bar, la sala comunitaria. Por estas escaleras se sube y como aún es de día, no están todavía encendidas las luces de colores tipo discoteca de los 80 que vi de lejos cuando nos íbamos. Ahora (varios días después) nos escribe diciendo que esta en el equivalente de esa sala de otro hall jugando al "drag bingo". Parece que hay muchísimas drag queens en Mánchester. 


En la cantina (abajo) hay unas señoras que te preguntan si tienes alergias, te hacen una foto y te dan un carnet, para que no vayas varias veces. Parece que no puedes sacar comida más que "dos piezas de fruta". 


Cuando nos dan la llave de su habitación, oigo a una madre hablar con su hija en castellano. Por supuesto, yo me habría presentado y la la la, pero con Mini hemos topado. Volvemos hacia el edificio donde está su habitación, mientras que a la derecha dejas este patio encantador. Una de las nuevas amigas de MIni está allí y dice que las habitaciones son muy chulas, con chimenea antigua [que no funciona] y todo:




El edificio de Mini es, sin embargo, el de abajo. Las habitaciones las dan por sorteo y según Mini, este es "el peor posible" porque a algunas de sus amigas en otras unis, les ha tocado una habitación con baño en-suite. La de Mini tiene un lavabo, pero el resto lo comparte con otras cuatro. También mal -y estoy de acuerdo en esto- que le ha tocado en la planta baja.


Podría ahora contar cómo descargamos el coche y empezamos a ayudarla a colocar cosas, pero de lo que de verdad quiero hablar es del shock que sufro al ver estos halls: han supuesto un flashback bestial a mi llegada a este país, cuando vivimos un año en "alojamiento de hospital". Esos pisos para médic@s eran prácticamente iguales: las mismas moquetas, el mismo estilo de muebles, las mismas pegatinas de "Fire Door" (puerta de fuego, cierren!). La única diferencia es que hoy en día hay muchos enchufes más, porque hay mucha pantalla que cargar. Por lo demás, el tiempo se ha parado: estoy de vuelta en Grimsby, donde también teníamos que lavar y secar en una habitación de lavandería [claro que allí era gratis, aquí son £6!], también había praderas muy verdes que la separaban del hospital, también hacía frío. Algo más de detalle de aquel alojamiento está hacia la mitad de este divague. 

A las 17:30 comienza la cena y Mini se va con una chica que conoció en un grupo de whastapp de los halls ["hola, eres Isadora?"]. Así es la vida moderna. A nosotros nos manda a un infame gran almacén barato donde venden absolutamente todo [de nuevo, imposible no tener flashbacks de IC-Discounts en Nottingham] a comprar cosas que hemos olvidado, gracias a la buena planificación a saber: sábana bajera, platos, cubiertos, tazas, chinchetas, fairy. 

A la vuelta ya está anocheciendo (por los dioses, ¿qué latitud es esta?), le pasamos el material y nos vamos al centro a nuestro hotel desde el que -planta décima- se ve Shanghái o Los Ángeles de Blade Runner. 

El viernes por la mañana la cosa es claramente menos glamurosa, pero el desayuno es espectacular. Una siempre se pregunta quién es esa gente en la mesa de al lado, y qué hacen ahí un jueves por la noche. El Peda se va a Liverpool en el tren a una reunión. Tal vez lo planeó todo para recrear al "Ferrocarril de Liverpool y Mánchester" ("Liverpool and Manchester Railway; L&MR) que fue el primer tren interurbano del mundo, y el primero en muchas cosas más:  en depender exclusivamente de locomotoras impulsadas por máquinas de vapor [nunca tracción animal], en ser íntegramente de vía doble, en tener un verdadero sistema de señalización, en publicar horarios del servicio y en llevar correo postal. Se inauguró el 15 de septiembre de 1830.  Vale, me he quedado atrapada por wikipedia y lo tenía que compartir. 


Nos despedimos, subo a ducharme y enseguida aparece Mini que ha venido caminando.  El plan hoy es turistear por el centro de Mánchester, y hablar, porque ya hay muchas historias. Mini me cuenta que anoche cenó chino y el desayuno es el típico inglés con huevos, salchichas y "baked beans" (esas alubias blancas que los españoles odian- por supuesto mi hija es inglesa, también para eso). Ya mezclo todos los días (escribo esto el martes y miércoles de la semana siguiente), pero todos los días hay el mismo desayuno y las cenas, el viernes "fish &  chips" muy mejorable. También puedo confirmar que todas las noches se sale, primero en la sala comunal de los halls, o doce en una habitación y de ahí al Spoons -donde un Smirnoff con frambuesa vale £2.10!- o a la disco, o a una "rave", o lo que surja. 

Esto es el ayuntamiento en Albert Square. Está de obras, así que solo se ve la torre. Aquí vendría a trabajar desde el 2017 hasta ahora nuestro flamante Primer Ministro, Andy Burnham, que fue alcalde del "Gran Mánchester" y que parece que le ha caído mejor que Starmer a la Zanahoria. Por cierto, los de "Stop Trump Coalition" me enviaron ayer su newsletter anunciando que el 27.11.27 hay mani: el Boniato visita Mánchester el año que viene. 

En la plaza hay una boda de chavs. Odio usar esta palabra, pero me va bien para contar otra cosa: Mini ha conocido ya a estudiantes de todo el mundo. Hay muchísimos chinos, algún australiano, americanos: una de las yankis dijo "tengo ganas de conocer a mi primer chav", como si se tratara de animales en una reserva. Le digo a Mini que eso está mal, y le doy un poco la chapa sobre el libro de Owen Jones "Chavs, la demonización de la clase obrera" y algo más de lo que seguro desconecta. Pero divago: decía que hay una boda de gente de clase trabajadora: no sé si se apreciará en la foto a la novia - el vestido y en particular los zapatos. Los invitados igual: han hecho mucho esfuerzo por ir bien, pero las telas son brillantes y baratas, niños con traje dos tallas más grandes para que les dure un par de años, señoras con tocados cutres. Me da todo mucha pena, porque conozco la mirada desde arriba a esa gente, que por otro lado, ríen cacareando (el verbo "cackle" no tiene traducción) y se lo están pasando chimenea. Además, oh, tienen a un cámara de televisión y a un hombre con un micrófono entrevistándoles. Tristemente y por supuesto, Mini no me deja quedarme de mirona más rato.

Yo ahora lo que querría es hablar un poco de la historia industrial de la ciudad para meter mi pequeño momento agit-prop: los movimientos de los trabajadores fueron importantes en Mánchester, y el mejor periódico de este país que tira hacia la izquierda claro, The Guardian, nació aquí, el "Manchester Guardian". 


La ciudad comenzó a expandirse con el auge de la fabricación de textiles durante la Revolución Industrial y se convirtió en la primera ciudad industrializada del mundo. Me encanta su ladrillo rojo, y paseando por las calles me recordaba mucho a Belfast: una ciudad que tuvo una época de mucha riqueza y cuya prosperidad decayó después de la Segunda Guerra Mundial por la desindustrialización: hay muchos contrastes. 

 Yo no me acordaba del terrible atentado del IRA en 1996  en Corporation St, en pleno centro de la ciudad: la mayor bomba en este país tras la Segunda Guerra Mundial, que causó inmensa destrucción. Esto impulsó luego una amplia inversión y regeneración. 

Oxford Street es, como en Londinium, una calle muy importante: une el centro con la universidad y llega a los halls de Mini. 


También me encantaría aburrir a las moscas ahora con el Canal de Navegación de Mánchester, que se inauguró en 1894, creando el Puerto de Mánchester y conectando la ciudad con el Mar de Irlanda, a 58 km al oeste.  De verdad que la wiki es fascinante, yo no me la perdía. 





Lo sé, han salido feas las fotos: sin luz hay poco que hacer - la divaganta Annapetons las tiene mucho mejores porque a ella, maldita, le tocó soleado. 


Esto es ya del camino al hotel. Antes, hemos parado en la biblioteca John Rylands y a comer en un tailandés. Es tal el stendhalazo que sufro en la biblio que le tengo que hacer entrada propia mañana. Mini me va contado cosas de sus nuevos conocidos: "todo el mundo es mayor", uno o varios años (recordemos a su amigo que ha retrasado la uni un año porque estaba harto de ser siempre el menor). El mundo ha cambiado: en mi facultad estaban "los repetidores", en general malotes a los que había que respetar y daban miedo, y luego gente ya muyyyy mayor [pongamos 25] que siempre habían querido estudiar esto. Muchos tienen tatuajes y piercings y Mini es la única sin ellos. Esto es algo que yo odio pero que ya me anunció que algún día, cuando no esté yo cerca, va a hacer. Aquí contraataco con "no vas a sucumbir a la presión de grupo no?". No creo que funcione-seguiremos informando. 


Los sofás del lobby del hotel son un lugar como cualquier otro para echarse la siesta: yo me pongo a mirar emails del curro y al nanosegundo la tengo a mi lado frita. Enseguida llega el Peda de su tren de máquina de vapor y vamos todos en el coche a hacer una compra de comida -objetivo: dejarle el frigo lleno- y luego a los halls donde se hacen ya las 18:00. Está casi oscuro y, ya no hay vuelta atrás, tenemos que despedirnos. Los flashbacks de Grimsby vuelven con fuerza: cómo pudimos aguantar allí un año? Nos parecía genial entonces, pero ahora, abandonarla aquí, con esas moquetas, esa ducha comunal, esa cocina con mil instrucciones por las paredes, ese aún casi no conocer a nadie, esa lluvia, se nos hace muy difícil. A ella también: nos abrazamos y, como decía la canción de Tennessee, "ahora llueve en mi corazón, oh oh oh". 



Mientras volvemos a recorrer las calles llenas de minorías étnicas hacia la carretera, ambos en silencio, con la lluvia en los cristales, vemos una de las tiendas más maravillosas que he visto jamás: miles de granadas por todos los sitios y una máquina para exprimirlas. No he probado el zumo nunca, pero seguro que está riquísimo. La granada forma parte de mi desayuno desde hace tiempo y es, como oí una vez, "la golosina de la fruta". Me encanta.
-"Mini!!! -le pongo un whastapp con las fotos- Mira qué tienda tienes a dos manzanas de casa". 
Pero solo contesta: "Drive safely" ("conducid con cuidado"). 

Nos ponemos el "Nadie" para intentar reírnos un rato. Y otro de libros. Y cuando estamos llegando a Oxford, nos llega por fin el  WhatsApp que estábamos esperando: desde Spoons, un montón de manos y una baraja.  

Todo va a ir bien. 

21 septiembre 2026

Irse a la uni ["Off to uni"]: reflexiones y contexto, bolsas gigantes y sabáticos, colegios mayores y "halls of residence"

El jueves de la semana pasada alquilamos un coche, lo llenamos hasta arriba y subimos a Manchester para dejar a Mini en la uni. Comienza otra etapa de nuestras vidas. 

Pensaba contarlo en un divague, pero lo de siempre: no podía cortar a tiempo las cabezas de la hidra. Así que he decidido dosificarlo: este primero me ha quedado como un cóctel de sociología amateur, de antropología cultural comparada de chicha-y-nabo, y de historias de abuela cebolleta que no fue a colegio mayor. El siguiente, ya será sobre el terreno. Como decía Mini de peque, vamos p'allá.

Ejpein: Quién se iba de casa para la universidad en los 80-90
Cuando los de mi generación fuimos a la universidad [llevo demasiados años fuera de la península, luego no sé si esto habrá cambiado], solo se iban de casa los que querían estudiar algo que no había en el campus de su universidad [una de mis amigas del cole se fue porque en Vetusta no había Farmacia-vía ella y un amigo interpuesto nos conocimos el Peda y yo] o si tus padres tenían mucha pasta y pensaban que era mejor que fueras a Deusto a hacer Económicas, o a Icade a hacer Derecho [como fue el caso de mis otras amigas del cole]. 

El resto nos quedábamos en casa de nuestros padres como si una extensión del bachillerato fuera la cosa. En la facultad conocías a gente que era la imagen especular de mis amigas: algunos en cuya ciudad —o pueblo— no existía esa titulación y otros que no querían estudiar en la universidad privada de turno [del Pus Dei, para más señas]. 

UK: Qué pasaba [y pasa]
En UK, la cultura es diferente: lo atípico es quedarte en casa de tus padres y hasta he conocido a gente cuyos hijos se han ido a vivir a los "halls [of residence]" a otra zona de Londinium. O sea, en su mayoría todos* se "van a la universidad" ["off to uni"], que hasta con el lait motif tienen los grandes almacenes su campaña de marketing- como la "vuelta al cole", pero con sartenes y sábanas. 

(*) Esto de que se vayan todos está cambiando poco a poco con las crisis económicas. Aunque hay préstamos para estudiantes a muy bajo interés -que devolverán solo cuando tengan trabajo-,  hay gente de peor nivel adquisitivo/clase trabajadora/pobres que se está teniendo que quedar en casa. En este artículo lo llaman "quedarse de manera forzosa" y enfatizan la sensación de "estarse perdiendo algo". Podría divagar aquí y me saldría una entrada de política. 



Halls of residence vs. Colegio mayor
Cuando me pregunta la familia dónde vivirá Mini digo en un "colegio mayor", pero los halls no son exactamente la imagen que yo tengo de un colegio mayor.  Mis amigas fueron el primer año a horribles ídems regentados por monjas -parecían internados, reformatorios para chicas díscolas, lo que debía ser el franquista Patronato de "Protección" a la Mujer, pisos con olor a monja para numerarias del Pus. 

En Vetusta había colegios mayores públicos:  el Cerbuna, para chicos, y el Santa Isabel, para chicas; luego los juntaron. Hacían buen cine-club en el Cerbuna en mi época. Allí conocimos a un compañero que vivió meses a base de lentejas porque no tenía dinero; alguna gente de fuera tenía que trabajar los findes. Seguimos con la política: no todos partimos del mismo punto de partida, y creo que dejamos clara la mentira de la meritocracia aquí el año pasado. 

Preparativos
Mini siendo Mini, la planificación nunca iba a pasar como yo hubiera querido. Saqué una maleta enorme, de esas que ya no se usan desde que facturar es un rollo, y sugerí que fuera metiendo ropa para irnos haciendo a la idea. Nunca pasó. "La idea" que yo albergaba era lograr meter todo en tres maletas y tres mochilas y poder subir en tren. Tampoco, nunca pasó.

El fin de semana antes llegó el momento más temido: visita a Ikea. Parece que en los halls que le han tocado proveen desayuno y cena, cosa que no le hizo gracia al principio porque quería la "full experience", la experiencia completa de "aprender a vivir sola". Aun así, compramos un colador y un rallador de queso por si había que hacer "pasta de emergencia". Nos hicimos también con unos estantes para poner el maquillaje/aseo, una especie de bolsa gigante para la ropa sucia, lucecitas decorativas en un cable que tiene ahora la gente todo el año, no solo en Navidad, unas bolsas gigantes y cosas así. Cada una de esas bolsas fue luego temática: "cocina", "escritorio", "ropa de cama" (incluye edredón nórdico y almohada, y los cojines de Harry Styles y Cucurella- por lo que sea, no se llevó una almohada de avión de Doraemon). Y la maleta de cabina, y varias bolsas más. Vale: ella gana, no se podía llevar eso en el tren sin espectáculo asociado tipo, la cabra sube por la escalera.  


Despedidas
De lunes a miércoles se dedicó a despedirse de sus amigos, los que quedaban: había un par que ya se habían ido a sus respectivos campus (Leeds y no sé dónde). Otros esperaban aún su "día de mudanza" y el resto se iba a tomar un "gap year" (año sabático*). 

Con lo cual, todo se quedó para los últimos días, ergo nos olvidamos muchas cosas -y no hay nada que me dé más rabia que tener que duplicar cosas que tenemos demasiadas en casa, como tazas. 

El año sabático
Esto es otro tema cultural. Para nosotros [y sigo hablando de mi generación  porque estoy desconectada de lo que pasa hoy], esto hubiera sido "perder un año". En UK y ahora, los chavales encuentran miles de razones: que si te vas a viajar unos meses tras haber trabajado hasta diciembre [una de las amigas de Mini de camarera y luego a Australia], que si naciste en agosto [el equivalente de diciembre en Ejpein] y "estás harto de ser siempre el pequeño de la clase" [este amigo que va a estudiar geografía, una carrera noto popular en UK, se va a Kenia creo], que si no has entrado en la uni que querías y lo vas a intentar el año que viene, que si no había sitio en los halls y te esperas porque te perderías la experiencia [verídico]. 


El coche alquilado
Nuestro "día de mudanza" era el jueves 17 de 4 a 5 de la tarde. Descartado el tren, subir con mi Mini Cooper no era una opción -y menos ahora que dijo el mecánico que tiene un problema con el embrague cuyo arreglo vale más que el coche.  Se puede decir que todo nuestro contacto con el mundo de la automoción de los últimos 25 años es vía coches alquilados en vacaciones y creo que este es el primero que tiene un pantallón de esos que parecen teles. ¿Sueno viejuna? Pues atención a esto: ¿alguien se acuerda de cuando se sacaba el frontal del radiocasete y te lo llevabas?


Nos dan un Audi tipo "coche de papá" que llenamos hasta las trancas. Salimos mucho más tarde de la hora que nos habíamos fijado de salida y, maldito tráfico en ese país, con una sola parada llegamos a las 16:30. Se hace larguísimo, y eso que ya cerca nos da la bienvenida el arco iris-muy LGTBI+, Manchester.


 Manchester: maniana os la ensenio.

Pub=21.09.26