Viernes, 21 de agosto de 2026: Praga
El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interestante y todo eso (Holden Caufield) Si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido (A Ernaux) La vida real no está a la altura de escribir sobre ella (J Eugenides) Escribir es persuadir a un extraño de que se quede (R Cusk) El camino del exceso conduce a la sabiduría (W Blake)
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21 agosto 2026
20 agosto 2026
"La plenitud de la señorita Brodie" de Muriel Spark: Un clásico de la literatura escocesa que leí en sus antípodas
Hace más de un mes que terminé "The prime of Miss Jean Brodie" ["La plenitud de la señorita Brodie"] en Ciudad de México y desde entonces he leído otros tres libros y estoy a medias con el cuarto. O sea: el lío es monumental. Al terminarlo tenía probablemente grandes ideas para este divague, pero ahora solo me queda una impresión muy difusa que no sé si podré levantar con la página de notas que tomé mientras lo leía.
A él llegué por la última de esas listas del Guardian de las "100 mejores novelas de todos los tiempos" de la que ya hablé en mayo porque la primera había quedado "Middlemarch". Esta novela corta -son 127 páginas- que la escocesa Muriel Spark publicó en 1961 estaba en la 31, justo detrás de "Frankenstein" y por delante de libros como "Drácula" y "La montaña mágica". Al loro.
Todos hemos tenido un profesor que nos ha marcado, dice la sabiduría popular pero, ¿es esto cierto? Yo podría nombrar profes que me cayeron mejor o peor, pero no recuerdo ese [más bien esa] profe que volviera mi vida patas arriba como ocurre en las pelis -o en este libro. Vicariamente viví la experiencia de Fashion con Antonio Aramayona, el profe de filosofía y ética de su instituto, del que entonces nos hicimos amigos y del que hablé aquí, a propósito de "La mirada de los peces" de Sergio del Molino. Aramayona era ese profesor que te da alas, y hay que leerse ese divague para entenderlo. En mi colegio de monjas nadie se salía de la raya y en la facultad, todo era enterrarnos en datos; imagino que ese objetivo de la universidad, "crear ciudadanos libres", debía ser solo para los de "Filosofía y Letras". Seguro que el divagante tiene durante todo este párrafo en mente a Robin Williams increpando a Ethan Hawke y al resto de adolescentes a que se suban a los pupitres para ver el mundo desde allá arriba. Yo pensaba en él cuando decidí que el planteamiento de este libro me atraía , pero no hay que olvidar que Muriel Spark lo hizo primero —lo del profe inspiracional—, no el guionista de "El club de los poetas muertos".
Este es un libro que gira en torno a un personaje principal monumental, así como lo son Ignatius Reily o Alonso Quijano: la señorita Jean Brodie es una profesora de secundaria en un colegio de chicas en Edimburgo en los años 30. Y aunque ella es un personaje "larger than life", Spark también nos sitúa en el contexto histórico de la Escocia de entreguerras, con el auge del fascismo, que ahora se lee con los pelos de punta. Ah, y tantos años después, con eventos como el Brexit a nuestra espalda, leer que les dice a sus alumnas que los "escoceses son eminentemente europeos" también resulta muy curioso.
Siguiendo con contexto, no era la única soltera ["spinster" se dice en inglés, palabra que me encanta por su origen: el spin es la rueca y a las mujeres que hilaban se les llamaba spinsters, que luego se extendió a soltera porque eran mujeres que tenían que trabajar para tener independencia económica] en Edimburgo en esta época:
“Durante la década de 1930, existieron muchísimas mujeres como ella, mujeres de treinta años en adelante, que, tras la soltería marcada por la guerra, se embarcaron en viajes de descubrimiento de nuevas ideas y prácticas energéticas en los campos del arte y el bienestar social, la educación o la religión.” “There were legions of her kind during the nineteen-thirties, women from the age of thirty and upward, who crowded into their war-bereaved spinsterhood with voyages of discovery into new ideas and energetic practices in art and social welfare, education or religion.”
Miss Brodie va por libre. Cada año elige a un grupo de niñas de 12 años para, esencialmente, manipularlas con su manera de ver la vida. "Dame una chica en una edad impresionable, y es mía de por vida" [“Give me a girl at an impressionable age and she is mine for life”]. Este grupo será, según ella repite, la “crème de la crème” porque por algo han sido elegidas y aleccionadas a vivir fuera del rebaño. Su filosofía de la educación es para enmarcarla:
“La palabra ‘educación’ proviene de la raíz e, de ex, "fuera", y duco, "te guío". Significa guiar hacia afuera. Para mí, la educación es guiar hacia afuera lo que ya está presente en el alma del alumno. Para la señorita Mackay, es introducir algo que no está ahí, y a eso no lo llamo educación, lo llamo intrusión, del prefijo latino in, que significa "dentro", y de la raíz trudo, "empujo.” “The word 'education' comes from the root e from ex, "out", and duco, "I lead". It means a leading out. To me education is a leading out of what is already there in the pupil's soul. To Miss Mackay it is a putting in of something that is not there, and that is not what I call education, I call it intrusion, from the Latin root prefix in meaning in and the stem trudo, I thrust.”
Es imposible no derretirse cuando Miss Brodie se opone a lugares comunes como el "espíritu de equipo" [ni Cleopatra ni Florence NIghtingale ni Helena de Troya sabían lo que era eso] o arremete en contra de la educación moderna vs. la clásica. Las chicas han de elegir entre estudiar alemán o latín y griego, y Miss Brodie comienza diciendo que ambas cosas son "iguales y necesarias", y que deben elegir libremente, pero continúa: "No todo el mundo es capaz de acometer la educación clásica" ("Not eveybody is capable of Classical education"), así que cuando salen de su oficina a las niñas les ha quedado cristalino el desprecio de su mentora por la educación moderna.
Este es un ejemplo de su faceta de librepensadora y su manera descarada de influir en sus niñas. O cuando les dice que no se molesten con las ciencias, que "el arte es más importante que la ciencia" [me recuerda aquel triste "¡que inventen ellos!" unamuniano]. Les recita poesía con los ojos medio cerrados y la cabeza hacia atrás antes de ir a casa para elevar sus mentes. Hay muchos trozos como este que hacen la novela muy divertida: repite una y otra vez que está en su "prime" (plenitud) [alguien se imagina de sí misma diciendo, "hola, soy Di Vagando y estoy en mi plenitud"] en una total desconexión de la realidad, o tal vez "I dont give a fuck". También muchas risas, por la identificación plena esta frase: "Había llovido y el suelo estaba demasiado húmedo para seguir cavando el agujero a Australia". Mi historia de sección "tengo un pasado oscuro" a este respecto es la siguiente: cuando hacíamos parvulitas, nosotras también cavábamos en el patio del colegio, pero el objetivo era otro: encontrar al diablo y matarlo,como suena. Así solucionaríamos los males del mundo, que en aquella época se resumían en dos palabras: "Ayatolá Jomeini". Recuerdo claramente encontrar tierra tirando a roja y decir "¡es un cuerno del demonio, ya lo tenemos!". Una niña un día escamoteó de su casa una caja de cerillas para "quemarlo cuando lo encontrásemos". No es gratuitamente que digo que la educación religiosa debería abolirse — viví estas locuras en mi propia carne, a la vez que temíamos a Joemini.
Pero divago: volvamos al texto. Tras las vacaciones de verano de 1931, Miss Brodie vuelve llena de bronceado e ideas: ha estado en Italia y ha conocido de primera mano lo que Mussolini y los fascistas están haciendo, y está muy positivamente impresionada -parece que habían hecho mucho en contra del desempleo. Para escribir con conocimiento de causa tendría que leer más sobre esto; me pregunto a qué personas del perfil de Brodie les atraería el fascismo en esa época — es fácil verlo como una monstruosidad ahora (para algunos parece que no), pero ¿quiénes eran esas mujeres de la época atraídas por esas ideas? Espero que Mini, que en breve estará en primero de Literatura Inglesa, me pueda clarificar estos detalles. Mussolini fue educado en el catolicismo, pero luego fue ateo, y la propia Miss Brodie desprecia a esta religión abiertamente, en plena Escocia: "la Iglesia católica era una iglesia de supersticiones; solo la gente que no quería pensar por sí misma era católica" o "Los Fulanitos eran católicos y por ello les obligaban a tener hijos a la fuerza". Ahora que el PP viene con estupideces de los derechos de los no-nacidos, me aterra pensar que impongan esto a los demás.
Pensaba que se me habría olvidado, pero no hay como subrayar y anotar los libros para que, poco a poco, las ideas vayan volviendo. Tendría aún para mucho más, porque también hay mucho sexo, traición, virtuosismo formal y, como ya he dicho, muchas risas. Un gran librito que podría parecer desubicado en el metro de CDMX -donde leí parte-, pero en realidad, los clásicos lo son por su universalidad. No hay antípodas en la buena literatura.
19 agosto 2026
Bosque de Chapultepec, voladores, mis vacaciones en librerías, conversaciones futboleras y nos instalamos en Copilco [Méx3]
Martes, 14/08/2026-Txapultepec, Copilco
La pasada ha sido nuestra última noche en este apartamento de "mayores". O sea, no de personas mayores/ancianos, sino de lo que yo pensaba de niña que eran "los mayores", o la vida adulta. Una amiga francesa decía que ella de peque pensaba que un día tendría una batería de cocina y una vajilla a juego, pero ya sabe que nunca sucederá. Pues bien, yo nunca tendré un piso así ni una cocina de isla (la verdad, me disgustan y qué haría yo ahí, me vendría grande), pero sería una impostora en él, una actriz. Incluyo una foto de la terraza, donde no salimos a desayunar porque hace fresco (sí, llorad). En la cocina hay una mesa alta, como si fuera una barra de bar (tampoco lo entiendo) y allí, como pájaros, tomamos nuestros yogures.
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Recogemos todo y dejamos las maletas listas para volver a la una, que hemos quedado con la Sra Mari para devolverle las llaves. El objetivo de la mañana es llegar al Bosque de Chapultepec, pero antes he de dar los nombres de calles de Polanco: Plinio, Sófocles, Sócrates, Platón, Séneca, Horacio y luego otra manzana con Ibsen, Edgar Allan Poe, Calderón, Lafontaine... Claro, nos tenía que encontrar en Alejandro Dumas la "Cafebrería El Péndulo" que es una cadena -en ese momento no lo sabíamos- y nos quedamos maravillados:
Pasamos un rato muy chulo entre libros; en las mesas donde las selecciones observo que hay muchos libros españoles. La cafetería es el lugar donde yo quedaría con gente de vivir aquí. Me habría quedado el resto de la mañana, pero nadie dijo que la vida del turista fuera fácil.
El Bosque de Chapultepec es el mayor parque de CDMX y en él hay un montón de museos, el más famoso e icónico, el Museo Nacional de Antropología al que esta vez, imperdonable, no entramos. El haber estado en 2004 supongo que no cuenta como excusa (claro que el Peda escribió "bien, pero no llega a las expectativas"), así que culparé al poco tiempo.
¿Los voladores están ahí actuando todo el rato? Porque también los vimos en 2004. Es un rito ancestral que tiene que ver con la fertilidad y al principio bailan abajo al son de unas flautitas que suenan como lo que ponen de música de fondo en esos centros de yoga, por fin empiezan a subir sin ninguna seguridad por ese palo, luego pasan un tiempo que se hace eterno arriba atándose, y por fin se dejan caer colgados de un pie, amarrados solo por una mala cuerda. No entienden de arneses ni seguridades occidentales, ni se les debe subir la sangre a la cabeza, por no comentar lo del mareo. Muy impresionante.
Al cruzar el Paseo de la Reforma, a la orilla del lago está una de las sucursales de la librería Porrúa. Este es un sitio que no se olvida: hace 22 años que estuve aquí y sabía que quería volver. Está abierta completamente al bosque, por delante cruzan las barquitas y además han puesto unas alas hechas de libros -con el eslogan "conalasdelectura"- en las que Mini y yo nos hacemos prácticamente un book de fotos. Creo que cuando me jubile y tenga mucho tiempo para viajar lo que voy a hacer es irme a estas librerías y pasarme allí el día: miraré libros, tomaré té, leeré mi libro y hasta -oh perfección- el portátil para divagar desde allí. Watch this space.
A la salida, hay una exposición de fotografía en las vallas entre el lago y el paseo de la Reforma titulada "Fragmentos de una ciudad infinita". No puedo explicar las fotos maravillosas de la ciudad que vemos; a algunas les hago foto pero tengo la esperanza de que esto tendrá su página web para poderlo ver tranquilamente desde casa y no: la página del gobierno no me lleva a nada. Incluyo una cualquiera: como siempre digo que me encantan las montañas nevadas (soy de la generación de Heidi), aquí tenéis una con la ciudad en sombra debajo y la montaña de fondo.
Es un exceso lo de los museos en este parque, al Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec tampoco entramos, muchísima fila,
y por el MAM [Museo de Arte Moderno] -que sí estuvimos en 2004 y en el que sigue la exposición de Remedios Varo según nos dijo la chelista- ni pasamos. Atravesamos un bosquecillo de cactus y llegamos al Monumento de los Niños Héroes, un mausoleo bastante feo [odio el mármol] conmemorativo de seis adolescentes cadetes que defendieron el Castillo de Chapultepec de los yankis. Vean por ustedes mismas, no se le encuentra un ángulo bueno:
Un pequeño recuerdo a mi duelo personal por no haber podido entrar al mausoleo de Lenin en Moscú y al de Ho Chi Minh en Hanoi. En fin, que intentamos tomar un café ya en una de las calles de alrededor, sin éxito, así que nos metemos en el metro para volver a Polanco.
Hay mucha gente [claro que nada como la hora-pico aquella de 2004] y por fin al salir encontramos un sitios donde nos tomamos un frappé cada uno, que yo creo que bien pero que leo en el itacalog del Peda que califica de "uneventful" [ya veis, que si el Museo de Antropología decepciona, que si uneventful...]. En casa nos despedimos de la Sra. Mari y de nuestra impostura y vamos a buscar un sitio para ver la semifinal del Mundial España-Francia.
Esta es la terraza con tele donde Mini come arroz negro, el Peda una birra [capítulo aparte lo buena que es la cerveza mexicana, y eso que a mí no me gusta demasiado: Indio, Bohemia... ] y yo agua porque aún estoy con miedo por "la panza". Gana España 2-0, y no puedo evitar ser un poco demasiado expresiva cuando metemos gol. La camarera nos felicita, y esto no ha hecho más que empezar. En el taxi a casa de E y JA en Copilco tenemos una conversación muy animada de fútbol con el taxista. Hemos tenido tantas conversaciones futboleras con taxistas que no recuerdo el contenido de esta, pero en todas me lo he pasado muy bien: viene a ser como la cerveza, no soy una connossieur, pero como amateur lo he disfrutado.
Llegamos sobre las 16:15 y nuestros amigos están ya todos ansiosos con sus maletones porque van a volar en tres horas. Últimas instrucciones sobre el piso: que si el desinfectante para la lechuga [ya he decidido que no comeré lechuga], que si cómo se tiende en el terrado, que si cómo se apaga la electricidad, cómo se pone la tele -E. es un "gamer" y tienen dos teles gigantes-, las cosas que hemos de comernos y todo eso. Cuando se van, nos armamos de valor y vamos a un supermercado Walmart gigante que hay a diez minutos de casa: por supuesto, compramos sandía, porque esto no será Grecia, pero es verano, y verano sin sandía es menos verano.
Tras cenar, mis compas ponen una de las macroteles: es siempre una experiencia ver los canales en otros países y aquí hay asesinatos reales del cártel [preferiría pensar de los bandidos bang bang!] en, no sé, Zacatecas, predicciones del tiempo y declaraciones de los políticos, todo con un acento muy mono que lo hace parecer una película. Yo todavía estoy leyendo una novela escocesa de 1961 ["La plenitud de la señorita Brodie"], que me parece del todo incongruente con el escenario en el que estamos, y eso que todavía no es inmersión total en el México profundo. Aun así, hay que terminar cuanto antes porque un colegio de señoritas en Edimburgo en el periodo de entreguerras y los voladores, los niños héroes y los bandidos de Zacatecas me van a cortocircuitar.
18 agosto 2026
17 agosto 2026
16 agosto 2026
Proyecto una foto al día del Interrail de Mini: Hoy, Amsterdam
Mini se fue anoche con sus amigos a hacer el Interrail. Cogieron un autobus nocturno en Victoria Coach Station -ese sitio- y doce horas después llegaron a Ámsterdam. Las dos primeras noches se quedan en la casa donde viven los padres de uno de los chicos, así que el reloj de Interrail empezará cuando salgan de allí.
Nos acaba de llamar y me voy a tener que contener para no hacer yo la crónica vicaria de su viaje — que bastante tengo con el mío que aún ni he empezado. Le he dicho que si cada día me manda una foto, la colgaré en el blog. Así que aquí va la primera.
Domingo, 16 de agosto de 2026: Ámsterdam
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Ahora se iban clubbing [discoteca, qué ochentero suena]. ¡Pero, ay, que he dicho que iba a ser solo foto!
Disfruta, Mini.
13 agosto 2026
13 de agosto de 2026: Hoy es "A levels day"
Dos años secuestrados por los exámenes llamados "A Levels". El 13 de agosto era la meta: a las 8 de la mañana salían las notas. O sea, hoy; o sea, esta mañana.
Este primer párrafo lo he copiado, literalmente, [literal, como dicen los críos], de mi entrada del divlog hace casi exactamente dos años, cuando salía la nota de los GCSEs. En aquel divague el drama era, aparte de las notas, si Mini se iba a quedar en el mismo colegio. Ya había elegido las asignaturas que cursaría para los "A Levels" (no me he renovado, para mí son 3BUP y COU) y al final se quedó en su cole. Hoy el drama era si habría tenido las notas para entrar en las universidades que había solicitado, cada una en una ciudad. En todas ellas había solicitado la misma carrera: "English Lit" (Literatura inglesa).
El sistema de acceso a la universidad es aquí curioso: se basa en predicciones, que luego has de corroborar con las notas en mayo y junio. Según las predicciones que te dan tus profes de cómo lo has hecho en el año anterior, tú solicitas a cinco universidades en otoño. Si tus predicciones no son muy buenas, puedes decidir solicitar en universidades que pidan mejores notas, pero te arriesgas a quedarte sin nada. En primavera has de decidir cual de tus cinco opciones es tu preferida (la "firm") y cual por si acaso ("Insurance"). Hasta el día de hoy, todos los chavales que van a ir a la uni dentro de unas semanas no saben a qué ciudad irán, o si tendrán que ir a "clearing", el proceso para los que no entran en su "firm" o en su "insurance" en el que van a la "repesca" de plazas en otras universidades peores. El día que salen las notas, van al colegio porque los profesores pueden ayudarte en este proceso, sugerirte otras universidades ya que no has entrado en la tuya, otras carreras (aquí los llaman "cursos"),etc.
Mini tenía claro que se quería ir de Londinium "para vivir la experiencia". Culturalmente, para los británicos es muy extraño quedarse en casa: conozco casos de gente cuyos hijos se han quedado en Londinium y se han ido a vivir a los "residence halls" (como colegios mayores) de la universidad. Hay un grupo de universidades llamadas el "Russell Group" que viene a ser como la "Ivy league" en los EE.UU: las más prestigiosas. Todas las que solicitó MIni era del Russell y por eso, muchas de la sveces que su aitá la mandaba a estudiar le decía: "vas a acabar en Cumbria" -una zona muy bonita, pero queriendo indicar que no entraría en ninguna de las que había escrito en su solicitud. Manchester, Liverpool, Newcastle, Leeds y Bristol.
Conociendo a Mini, la excelencia académica no era la principal de sus motivaciones: quería una ciudad más o menos grande, con fiesta nocturna y que ya "nadie le dijera que se hiciera la cama". De hecho, su argumento para estudiar English Lit es que no tiene ni idea de lo que quiere hacer en la vida y es un grado lo suficientemente amplio para poder luego pasarse a hacer otras cosas. Yo creo que debería hacer algo audiovisual, de cine, o fotografía porque siempre digo que es muy buena, pero su argumento es que si lo tiene que estudiar, dejará de ser un hobby. A ratos dice que lo único que tiene claro que quiere es pasta, luego igual hace derecho -aquí los abogados se forran. En fin, quién sabe.
Hoy era el día y tenía un plan: a las 8:00 am íbamos a estar en la puerta del colegio con el ordenador y el teléfono para ver en la web si tenía plaza en sus opciones y si no, entraba al cole a que la ayudaran los profes a entrar en Cumbria [metáfora de donde-sea]. Sin tráfico, el cole está a unos 15 minutos en coche. Hay un tramo final, "el cementerio" [a un lado hay el típico cementerio gótico de tumbas antiguas cubiertas de hiedra] en el que a menudo se acumula una fila con el semáforo. Hoy, claro, había una fila como hacía tiempo que no veía: duraba toda la calle del cementerio. Iban pasando los minutos y, finalmente, han dado las ocho.
Entonces, Mini, que estaba detrás como si dirigiera un centro de datos, con todas las pantallas abiertas, ha gritado: "He entrado en Manchester". Impotencia total porque no hemos podido abrazarla - nosotros delante. Entonces, se ha abierto el semáforo y en lugar de ir a la izquierda -el cole-, hemos girado a la derecha para volver a casa.
Ahí nos esperaban Roc y Fashion —que están de visita viviendo todo tipo de aventuras con dinosaurios— y luego ha venido la irati pequeña que nos visita también estos días y nos ha horneado galletas y brownies para celebrarlo, y el Peda que está haciendo carbonara y parece que hasta vamos a abrir algún espumoso.
Así que disculpen las prisas y las incoherencias de este divague: con los okupas no puedo escribir. Volveré un día con México, el verano de Mini y el otoño que nos espera... con "síndrome del nido vacío"? Qui lo sá. De momento, vamos a celebrar lo de Manchester, desde donde también espero divagar en breve.
FELICIDADES MINI! Al final, no ha sido necesario ir a Cumbria...
04 agosto 2026
"Calypso" de David Sedaris: Meh
David Sedaris es un escritor cómico americano que vive en un pueblo en el sur de Inglaterra. Es gay, woke, de baja estatura, neurótico y tiene una gran familia. Escribe en el New Yorker y en el Guardian artículos como este sobre lo guarros que son los chinos - sospecho que no le han hecho ganar precisamente muchos amigos allá.
"Calypso" fue recomendado decididamente por unos amigos y me animé por lo del humor. No sabía nada de él antes y ahora siento que sé mucho de su vida. Vida que repite ahí por donde va: me bajé un par de podcast donde le entrevistaban, o incluso él llevó uno durante un tiempo, y enseguida lo dejé porque me quedó claro que iba a ser más de lo mismo. No quiero ser injusta: al final, con todo el mundo es todo siempre "más de lo mismo", pero… ¿por qué con algunas personas no podemos parar de querer saber de su vida y de sus ideas y de otras con una dosis ya quedamos conformes? Ah, y luego están aquellos que cerramos el libro, o cambiamos la canción o la peli a los tres minutos. Esto se puede extrapolar también a la vida "real".
No ha sido Sedaris para no terminarlo, pero hacia el final me he aburrido: tenía ganas de acabar un libro de solo 250 páginas. Es gracioso y su sentido del humor, muy anglosajón, o sea, lleno de autoescarnio, pero como no hay nada tan serio como el humor, entre confesión y confesión, hay algunas que me han llevado a la conclusión de que igual no me iría con él a su casa de la playa.
Porque este libro te cuenta que se compró una segunda residencia en Carolina del Norte, en primera línea del mar, con la idea de reunir allí a su extensa familia -tres hermanas, un hermano, marido y padre- y pasar tiempo juntos. [Nota: no es que yo me plantee regularmente con qué escritores o famosos me iría unos días a una casa, pero vi trozos de una entrevista que le hizo hace poco Marc Giró a Gabriel Rufián y pensé, con estos dos me lo iba a pasar genial. Con Sedaris, no creo]. A la casa de la playa la bautiza "Sea Section", que suena como "C Section": o sea la "Sección del mar" en inglés puede sonar a cesárea (C-section es caesarean section). Cualquiera que haya tenido una cesárea seguramente no llamaría así a su casa. Este es un ejemplo de algunas partes de su humor que a mí no me han hecho clic; especialmente viniendo de alguien que nunca sufrirá una.
El libro comienza con una introducción a su familia: su madre murió de cáncer y él pronto va a superar la edad con la que murió ella, lo cual le parece un poco anti-natura. Su padre se va normalmente de la habitación dejando a la gente a media frase. Sedaris nota que, cuando los invitados se van, él y su marido se convierten en unas "versiones menores de sí mismos", como si estuvieran interpretando la persona que quisieran ser todo el rato. Una de sus hermanas se suicidó, y a ello dedica el segundo capítulo que me recordó vagamente a "Pequeñas desgracias sin importancia" de Miriam Toews, ambos intentando poner humor en una situación imposible. No hay que ser psiquiatra para darse cuenta de que su hermana tenía un trastorno de la personalidad, eso tan cruel y tan poco entendido. Lo mismo me ha parecido su padre, tal vez no de la misma severidad, pero el tipo de persona que, en uno de los espectáculos que Sedaris da por el país donde hay 2200 personas, se fija en los pocos asientos que quedan vacíos - y que insiste. Sedaris intenta gustar a su padre, pero no hay manera. Me encanta esta metáfora de su desconexión: "Somos como un par de trapecistas malos, intentando agarrar la mano del otro cada vez, y fallando cada vez. Mientras tanto, los de seguridad del circo han empezado ya a enrollar la red". La madre, idealizada como suele pasar con los progenitores que fallecen prematuramente, tenía problemas con el alcohol. En resumen: todas las familias son disfuncionales a su manera.
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Políticamente, Sedaris es por supuesto anti-MAGA y anti-Trump, y eso que el libro fue publicado en 2018: el pobre aún no sabía lo que estaba por venir. Me gusta cuando chequea sus propios prejuicios de clase, porque encuentro que esto es algo que raramente ocurre - la gente desprecia a los menos inteligentes de la sociedad que por ello no han podido acceder a los mejores trabajos. En un enfrentamiento en seguridad del aeropuerto, cuando le hacen quitarse un chaleco y se resiste, tiene ganas de decirle a la agente: "¿Cómo se siente teniendo una posición de tanta importancia?", pero entonces se da cuenta de que eso sería su ira: "Es increíble lo que puede salir de una cuando está enfadada", intentando atacar su trabajo, o sea, su clase. Tiene también una parte surrealista sobre posesión de armas, y otra donde anota cómo los dependientes le dicen "Have a blessed day" (algo así como que Dios bendiga tu día) en lugar de adiós, o pasa un buen día. Repito: 2018, me pregunto qué dirán en 2026, tal vez tengan el hisopo bajo el mostrador y te rocían a la salida.
Su neurosis es entraniable y tan familiar. El capítulo en el que cuenta su adicción a contar pasos con el fitbit es genial, y eso que, por una vez, es una de las obsesiones que no comparto, pero sí que veo continuamente a mi alrededor. La combinación de recoger basura por el campo alrededor de su casa: decir "alrededor" no es exactamente el caso, porque alguien que camina 20 (?) km al día se aleja sustancialmente de su base. Ante esta manera de llevar una obsesión a un acto de civismo, me quito el sombrero: la mía sería, si no fuera porque me pillarían en cámara y tratarían como a un weirdo, ordenar las estanterías de los supermercados.
Sedaris lleva toda una vida con su pareja, un tal Hugh que es pintor, y aparece continuamente - un sufrido Peda-en-el-divlog más. Se casaron en secreto en 2016 por la única razón que yo respeto para hacerlo: porque los estados se empeñan en discriminar en muchos aspectos -fundamentalmente, la pela- a los solteros. Él dice que le disgusta la palabra "marido" [a mí me pasa igual, me siento como otra persona si la digo] y perjura que su boda "no tuvo nada que ver con lo romántico". En estos días en que ha sido imposible no enterarse de que se ha casado la cantante y traidora Taylor Swift, sigo en mi estado continuo de perplejidad sobre que la gente se quiera someter a eso y se lo inflija al resto. Como dice Sedaris, "por lo menos antes los gays no hacíamos sentir culpables a la familia y a los amigos si no entregaban sus fines de semana para sentarse en sillas plegables en medio de agosto en nuestras ceremonias". Hay algunas otras cosas gays que me han hecho reír, como que Jesucristo "siempre tiene un cuerpo fantástico, mostrado en su mejor versión en la cruz porque, admitámoslo, fue creada para hacer que la tripa y los hombros de un hombre se vean muy bien". Tal vez aunque solo sea por esto, merece la pena leer este libro: nunca se me había ocurrido ver a JC como potencial mito erótico; esto ha sido un poco como alguien nos abrió los ojos al potencial del abuelo de Heidi. Ah, esto y que los fantasmas también viajan en antigüedades: no hace falta vivir en un viejo castillo escocés - si has comprado una cómoda vintage, igual además de carcoma, te metas a esa ancianita con cofia victoriana en casa.
Metaliterariamente, totalmente de acuerdo con él cuando dice que "lo negativo siempre hace mejores historias". Nadie escribe una novela para hablar de felicidad sin aristas, nadie escribe un blog para contar lo fenomenal que es todo - porque no lo es, basta con abrir los ojos. Bueno, ahora pienso en esos influencers de IG o Tiktok que enseñan la parte bonita de un paraje, ocultando el gentío en otro, o que te enseñan su último éxito gastronómico (no, no envidio), o su cottage con cocina Aga sin rubor. Pero eso no interesa nada a la gente sensata, por eso no lo miramos; supongo que es una fase de la adolescencia, o de los que mentalmente permanecen anclados ahí. Este mundo extraño al que hemos llegado los chavales de los 80, lo describe Sedaris con una frase perfecta: "fotos que haces con tu teléfono para mandar a gente con la que ya no te comunicas hablando". Qué acertado, cuántos tenemos así.
Tal vez he sido injusta con Sedaris al principio, tal vez es porque en muchas cosas nos parecemos, y siempre es duro observar tus fallos en otro. Igual si tú no eres neurótico, ni con familia disfuncional, ni has tenido una cesárea de emergencia, ni sufres con cada ascenso de la (ultra)derecha, pueda ser un libro para ti.
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Nota: Entrada escrita el 10 de julio. El 12 cuando aún no habían puesto las calles nos íbamos de viaje, así que la dejé en el congelador.
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