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07 mayo 2011

Sobre héroes y Sábato

Sábato ha sido uno de mis héroes literarios, sin duda. Sábato, el que quemaba por las mañanas casi todo lo que escribía por las noches. Su trilogía que comienza con "El túnel", sigue con el genial "Sobre héroes y tumbas" y culmina con el, para mí, fastuoso "Abbadon El Exterminador" marcó mis años por la universidad.

Intento dormir la siesta tras una noche de esas de Vetusta en las que se cruza el río casi a nado a las 4 de la madrugada, en pésimas condiciones físicas y mentales. Pero la sed y las intrusiones sobre los libros sabatianos y sus imágenes no me dejan cerrar los ojos, que vagan nerviosos por las esquinas de la habitación. Uno de los lujos de estar en mi antigua casa es poder perderme en la librería y rescatar las novelas de aquella época. Libros ya subrayados, comentados y machacados en rojo. "Sobre héroes" me lo regaló Iñaki, allá por el 95. Y me lo dedica: "Con la ilusión del primer regalo, el primer libro. Para que puedas cubrir las largas horas de vacío intelectual que te dará el Peda con su compañía. Por el futuro, la autocrítica, la revolución, el sinsentido y el pueblo". Me hace sonreír: ah, éramos tan jóvenes. El propio Sábato se lo dedica a una amistad "que ha resistido todas las asperezas y vicisitudes de las ideas". No todas lo hacen.

Abro por el comienzo y leo mi primer subrayado: "Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal, son las únicas que pueso escribir". Un escalofrío me recorre la espalda: esta sensación es de las mejores que conozco. La trepidación por lo que viene después, la emoción de la conexión, una especie de gratitud exultante. Pero, cómo no iba a revolver todo por dentro a una recién veinteañera un libro que comienza con la noticia preliminar de una joven que, tras matar a su padre con cuatro balazos se encierra en su habitación-mirador y le prende fuego, optando por quemarse viva en lugar de por la bala?

El libro está tan subrayado que la idea de siquiera entrar a un breve análisis, en una tarde lluviosa de resaca se me hace imposible. Y lo mismo me ocurre con Abbadón, éste sin dedicatoria, con una poesía de Rilke copiada en rojo en la contratapa. Leo, busco, me engancho y por fin logro encontrar el capítulo que ha quedado entre nosotros como una broma interna, el titulado "A la mañana quiere escribir", el la cual Sábato (que es un personaje del libro) se lanza a una papelería a comprar material, sin tener del todo claro lo que quiere.


Busco, miro, me engancho en gugel y encuentro a alguien que ha colgado el capítulo. Para quien no haya leído a Sábato, será, sin duda, el catalizador para inciarse. Porque el sentido del humor (y el sinsentido, del que hablaba Iñaki), la inteligencia, la genialidad, se escurren entre y en la líneas.


Gracias, querido Sábato por todo lo que no quemaste.
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A LA MAÑANA QUIERE ESCRIBIR
pero la máquina sufre una serie de desperfectos: no anda el margen, se atranca, el carrete de la cinta no vuelve automáticamente, hay que rebobinar a mano y finalmente se rompe algo del carro.


Desesperado, resuelve ir al centro a distraerse y camina por el barrio sur. En la calle Alsina, entre Defensa y Bolívar, decide comprar una carpeta de anillos, para escribir a mano. Algo nuevo, algo simbólico, que le permita escribir en un café, a pesar de las dificultades con su letra, del cansancio que le produce lograr algo inteligible. Es probable que así rompa el maleficio.

Un empleado cansado y desagradable lo atiende y se fastidia de modo casi evidente porque busca una carpeta así y así. Lo manda al diablo y sale con creciente mal humor. Decide ir hasta la Librería del Colegio, en la esquina de Bolívar y Alsina. Su ánimo se levanta al pensar que en esa gran papelería podrá encontrar lo que busca. Pero entonces ve, a través de la rejilla de una vieja casa, una enorme rata que desde la oscuridad del sótano lo observa fijamente, con sus ojitos rojizos y malignos: le trae el recuerdo de la entrevista con el joven del Busto y los murciélagos del fortín almenado de don Francisco Ramos Mejía, en Tapiales: ratas aladas, inmundas y milenarias. Trata de alejar esos recuerdos y se dirige a la librería con energía. ¿Con energía? Bien, hasta cierto punto. Digamos, para ser exactos y objetivos, que lo hace con cierta energía. Con el temor que siempre le producen los vendedores, va hacia un muchacho alto y flaco, de pelo largo. Aunque advierte que lo reconoce, trata de mantener un aire neutro e intenta superar la timidez que ese reconocimiento invariablemente le produce. Piensa que las cosas se complican, le da vergüenza explicar lo que necesita (algo lleno de requisitos, de tal tamaño, de color negro afuera y colorado adentro, etc.), pero superando las resistencias a medias le dice qué necesita, aunque reservándose los detalles por falta de coraje:

—Una carpeta de anillos —dice, con torpeza.

El empleado le muestra algunas que están lejos de ser lo que busca: no quiere ni una carpeta demasiado grande, que le resulta antipática, que lo intimida con sus enormes y desagradables páginas, tipo sábana; ni, por supuesto, una demasiado pequeña, en la que no podría escribir con holgura, en la que se sentiría como dentro de un chaleco de fuerza. Claro que no le da estos detalles, limitándose a decir que "querría otra cosa".

El empleado comienza a mostrarle otras carpetas, pero por desdicha cada vez más alejadas del modelo ideal que tiene en su mente. Mi maldita costumbre de entrar sin haber localizado antes con absoluta precisión lo que quiero, piensa. Después se ve obligado a llevar las más desagradables o inútiles invenciones. Con amargura, cavila en el armario destinado a ese objeto, lleno de camisas inllevables, medias muy cortas o excesivamente largas, lapiceras de punta demasiado fina o en extremo gruesa, cortapapeles con un mango de conchillas que en colores dice "RECUERDO DE NECOCHEA", un juego de castañuelas que no puede recordar cómo se vio obligado a comprar, un gigantesco Quijote en bronce que valía una pequeña fortuna y hasta un florero cromado que se vio obligado a adquirir en un bazar donde por equivocación entró a comprar un llavero. Eso en cuanto a los productos guardados. Pero más lo amargan los que lleva consigo en virtud del maldito espíritu europeo de economía que le inyectó su madre, con tanto esfuerzo como la sopa pero que, también como la sopa, algo deja en el cuerpo, aunque se la haya tragado a regañadientes: un pantalón sport que detesta, una campera, un pañuelo horrible; nada más que por no tirarlo a la calle, o no guardarlo en ese museo de los objetos monstruosos. Y en especial ese pañuelo de un rosado sucio con florcitas coloradas que de tan repugnante se ve obligado a usarlo con extrema cautela, cuando nadie lo mira; viéndose en la difícil situación de soportar durante largo rato el deseo de limpiarse la nariz nada más que por la gente que lo rodea. Le mostró algunas carpetas que estaban bastante lejos de ser lo que había soñado en sus últimos tiempos de meditación.


—No —comentó vagamente—. O sí, claro. Pero no sé...


El empleado lo miró interrogativamente. Reuniendo todas sus fuerzas, pero sin mirarlo a los ojos, agregó:


—No sé... sí, no está mal... pero quizá un poco más chica... algo así como una libreta grande...


—Ah, entonces usted no busca una carpeta sino una libreta —observó el empleado con ligera severidad.


—Eso es —respondió Sabato con desaliento y falsedad—. Una libreta...


Y en el momento en que el vendedor se daba vuelta, agregó con vergonzosa ambigüedad:


—Pero una libreta que sea más bien como una carpeta.


El muchacho, sin dar vuelta su cuerpo, que ya estaba dirigido hacia la mesa de las libretas, volvió su cabeza y lo consideró con un notorio incremento de su severidad. Sabato se apresuró a precisar que sí, sí, lo que quería era "más bien" una carpeta.


Siguió al empleado hasta la mesa a través de cuya cubierta de cristal se podía advertir, con desalentadora nitidez, que nada de lo que allí se exhibía era lo que él necesitaba, ni de lejos. Pero ya estaba hecho.


El empleado fue sacando y mostrando varias que eran increíblemente inadecuadas: no sabía si porque ya había olvidado lo que acababa de explicarle acerca de que "más bien" se trataba de una carpeta, por simple idiotez de vendedor o por secreta irritación por sus vacilaciones. Sabato iba haciendo un gesto negativo, aunque modestamente negativo. Y por una especie de desgracia, en lugar de ir subiendo en el tamaño aquel sujeto iba descendiendo. Claro que podía haber detenido ese descenso mediante una enérgica negativa, ¿pero con qué cara? Terminó por ofrecerle una libretita infinitesimal, que sólo podía servir para escribir telegramas muy caros o para nenas de corta edad, esas nenas que seriamente van en la calle al lado de su mamá llevando un cochecito de juguete con un bebé de plástico en su interior. Una libretita para hacer como que anota los pedidos para su hogar microscópico.


Admitió que la libretita era muy linda, y hasta hipócritamente hizo como que probaba el funcionamiento de sus anillos, la flexibilidad de su tapita, el papel.


—¿De cuero? —preguntó, pensando que un dato tan preciso revelaba que no estaba desinteresado de ningún modo en la compra de la miniatura.


—No, señor. De plástico —respondió el muchacho con sequedad.


—Ah —comentó, volviendo a probar el cierre de los anillitos.


Mientras realizaba esa inspección apócrifa sentía que su cuerpo se iba cubriendo de transpiración. ¿Cómo decirle, a esa altura de los acontecimientos, que aquel juguete era casi exactamente lo contrario de lo que buscaba? ¿Con qué cara, con qué palabras? Por un momento estuvo casi dispuesto a comprarlo, para guardarlo más tarde en el mencionado museo de objetos estériles; pero sintió que si lo hacía era un ser despreciable. Decidió entonces superar su debilidad de modo terminante.


—Muy linda, verdaderamente muy linda —comentó de modo casi inaudible—, pero lo que necesito es una libreta grande. En realidad, casi una carpeta.






El vendedor lo observó con severo rigor.

—Entonces —dijo secamente— lo que usted busca es una carpeta.

Sospechando de antemano que le iba a ir peor que con las libretitas (que al menos son agradables), asintió de modo equívoco. El empleado, con decisión que a Sabato le pareció excesiva, se dirigió hacia el anaquel donde se alineaban los monstruos de la especie. Con premeditación, era evidente, buscó la más grande, algo gigantesco y repugnante, uno de esos artefactos que deben de usarse en los ministerios para enormes papeles burocráticos, y con pregunta que más bien era una orden dijo:

—Algo como esto, supongo.





Se miraron durante un segundo, pero ese segundo a Sabato le pareció una eternidad. Un ejemplo casi escolar para establecer la diferencia entre el tiempo astronómico y el tiempo existencial. Era una especie de grotesca instantánea: un vendedor durísimo enarbolando una repelente carpeta para mamuts, frente a un parroquiano avergonzado e intimidado.

—Sí —murmuró Sabato, con voz apenas perceptible y con extremo desánimo.

Con esfuerzo, el empleado envolvió el grosero artefacto, le preparó la factura y se la entregó: era una suma tan enorme como el paquete. Con esa suma, calculó en el trayecto hasta la caja, con amargura, podía haber comprado tres o cuatro carpetas como la que buscaba.

Salió poseído de tenebrosos pensamientos: era indiscutible que todo estaba en contra.

Cuando llegó a Santos Lugares, desenvolvió el monstruo y tratando de no reexaminarlo lo colocó en el armario de las adquisiciones frustradas, entre un calzoncillo con rayas amarillas y el florero con brillantes aplicaciones cromadas. Luego se sentó a su mesa y ahí permaneció algunas horas en silencio, hasta que lo llamaron para comer. Después miró una de esas series de televisión que lo animaban: entre tiros y patadas en la cara de individuos ya medio muertos en el suelo, se prometió sin embargo llevar a cabo algo decisivo al día siguiente. (...)"


(“Abbadón el Exterminador”, Edición de Seix Barral, págs. 352-7)




03 mayo 2011

¡¡Feliz cumple!!!









Once a year we celebrate with stupid hats and plastic plates,
the fact that you were able to make another trip around the sun.
And the whole plan gathers round' gifts and laughter do will bound,
we let out a joyful sound and sing that stupid song.
Happy Birthday, now your one year older.
Happy Birthday, your life still isn't over.
Happy Birthday, you did not accomplish much.
But you didn't die this year i guess that's good enough.


So lets drink to your fading health, and hope you don't remind yourself
your chance of finding fame and wealth decrease with every year.
Dose it feel like your doing laps, and eating food and taking naps,
and hoping that some day, perhaps, your life will hold some cheer.


Happy Birthday, what have you done that matters?
Happy Birthday, your starting to get fatter.
Happy Birthday, it's downhill from now on.
Try not to remind yourself your best years are all gone.


If cryogenics were all free then you could live like Walt Disney and live
for all eternity inside a block of ice.
But instead your time is set this is the only life you get,
and though it hasen't ended yet some times you wish it MIGHT!


Happy Birthday, you wish you had more money.
Happy Birthday, your lifes so sad it's funny.
Happy Birthday, how much more can you take?
But your friends are hungry so just cut the stupid cake.


Happy Birthday, Happy Birthday, Happy Birthday, Dear.....
(muttering)
Ralph, Bill, Graphton, Stanley, Frank, Skippy the Butch Kangroo, Bob,
Starts with a G.. G.. Blah! Blah! Blah!

01 mayo 2011

Cuando Mini cumplió un año...

Cuando Mini cumplió un año, escribí estos malos versos mal rimados para que se echaran unas risas los comensales en su fiesta de cumpleaños. Hoy cumples tres: Felicidades mi amor.


Hace exactamente un año
siendo el día del trabajo.
nació una princesita
en un país muy lejano.


Era noche de Walpurgis,
la última antes de Mayo
aquella en la que las brujas
vuelan en su escoba un rato.


Y érase aquí una brujita
a Walpurgis no invitada,
pero que a eso de las cinco,
empezó ya a dar patadas.


Cuando su padre llegó
y me encontró en la ventana,
escéptico se rió,
y añadió que “esto no es nada”.


Nos pusimos a cenar,
algo con mucho pimiento
a fe mía para un parto
esto no lo recomiendo.


Eran ya eso de las ocho
cuando esas contracciones
me hicieron, querida hermana
colgar sin contemplaciones.


De las matronas aquellas
seguimos las instrucciones
aitá contando segundos
y yo las respiraciones


A las doce de la noche
viene Ailsa la matrona
que enseguida dictamina
una vez que ella me explora:


“Llamemos a la ambulancia,
pues la niña ya está aquí.
Llevas ya ocho centímetros,
lo siguiente es parir!!”


Y cómo disfruta el padre
en el relámpago ambulancia
el Big Ben, el río Támesis...
hubiera seguido hasta Francia.


Al hospital de St. Thomas
llegamos en un momento,
os prometo que no veo
ni las casas del Parlamento.


Una vez en paritorio
miren, qué descubrimiento!
parece que tantos centímetros
eran al final un cuento.


Aquello de las contracciones
no duele ni un poquito
yo exigí la epidural
sólo por mi feminismo.


-“El señor anestesista
se encuentra en una emergencia".
-"Me esta diciendo, matrona,
Que esto es sólo una estridencia?”


Y a las tres de la mañana
le hubiera dado propina
al colega salvador
por la inyección de morfina


Las princesas primorosas
siempre se hacen de esperar.
Lo tuyo, querida Mini
fue para desesperar.


Por el este amanecía
y tu seguías durmiendo
Te pincharon varias veces
por si estuvieras sufriendo.


Por fin casi al mediodía
“A esta niña hay que sacar,
al padre dadle un pijama
que a quirófano ha de entrar”.


El pobre padre confuso
no sabe muy bien qué hacer
por encima de su ropa
la estéril se va a poner.


Y durante la cesárea
se porta y no se desmaya
y al final me trae la hija
envuelta en una toalla.


Qué preciosa, qué pestañas
está toda tan perfecta!
Llama a casa, di a todos
que por fin llegó la estrella.


Desde entonces, cariñito,
qué decirte, esto es un sueño.
No me canso de mirarte
siendo algo tan pequeño.


Eres graciosa, eres lista,
y hasta un poquito traviesa.
No cambies nunca brujita,
no cambies nunca princesa.


Tu madre, 1 de Mayo de 2009

30 abril 2011

Yo sí fui a la boda

Dado que Di iba a estar ausente dando vuelta a la geografía española, yo, Diva, asistí en tierras británicas al enlace de Cata y Guille. Había que aprovechar la invitación que nos enviaron.

Debajo de la pamela llevaba oculta una cámara de video y la ceremonia fue tal y como os muestro. No os creáis lo que se ve en la tele que lo mío es información de primera mano.

29 abril 2011

Sant Jordi, veleros, bodorrio en Londinium

Aunque algunos se hayan visto decepcionados porque la reportera Di, con sombrero, no va a estar retransmitiendo desde primera línea en Westminster en el día de hoy, no he tenido elección. Hube de declinar la invitación alegando que si republicana, atea y bodorriofóbica, pero la realidad es que lo que se preparaba en la península sonaba mucho mejor. Tampoco hay que exagerar con las fobias, lo mío con las bodas es mero aburrimiento (bostezo), pero eso ya lo cuento otro día.

Lo que se preparaba, como dije, era de entrada un Sant Jordi con C. y D. Y fue como siempre lo había imaginado: con un cielo azul, brillante, gente con rosas (y Mini recibió su primera de C.), filas para que firmaran desconocidos que deben ser famosos, sol, pintxos, librerías, más pintxos... Un ambiente precioso, de esos que te dan alas...

Y aunque parezca que estoy desconectada de esto que escribodivago algunas noches, al abrir mi bolsa al llegar a casa apareció "La caja negra" (Amos Oz), y "Dublinesca
s" (Vila-Matas), entre otros. Me pregunto porqué. Ah y el del último además estaba firmado. No hicimos fila, pero el tipo, pillado por sorpresa, ceñudo, nos garabateó una especie de gánsgter (o un fóbico social), que debe ser él.

Al otro día fuimos a navegar con el Naúfrago F. Con la salvedad de que el barco no salió del puerto: había mucho viento, decían los expertos. Pero qué aperitivo nos marcamos en cubierta, y qué paella, ya en tierra. Y paseo por la Barceloneta, y vuelta al barco. Una maravilla.

Y en ese último rato recordamos-cómo no- que a F. le conocimos en Ushuaia hace un montón de años y a C. vía un amigo que lo encontró en Vietnam. Estábamos allí todos gracias a los viajes. Lofly... Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, pide que tu camino sea largo...

22 abril 2011

Barcelona, Vetustas, Madrij: Preparénse, vamos para allá!

Hoy, Jueves Tonto (parte de la Semana Tonta, que dice mi amigo Santi) es en el UK día de labor: mientras España entera se estará flagelando descalza en procesiones por todos sus pecados, aquí nos hemos flagelado en las oficinas, las obras, los hospitales. Pero, ha! el que ríe el último ríe mejor, porque mientras escribo está la isla entera celebrando que empieza el fin de semana más largo de la historia. Porque no sólo el viernes y el lunes son fiesta (por al susodicha Semana Tonta), sino que el viernes siguiente tenemos Royal Wedding, para información del que haya tenido al suerte de no enterarse, y nos han dado FIESTA NACIONAL (feriado nacional que dicen en portugués, y me gusta más). Así que con 3 días de vacaciones te salen... 11. Nosotros, además, lo hemos unido con la Bank Holiday de Mayo (el primer lunes de Mayo es siempre fiesta) por esto de los cumples, y nos ha salido... un peligro.

Mañana viernes un avioncito despegará de Londinium y aterrizará un rato después en Barcelona y allí estarán distintos amigos con los que hablaremos de libros mucho rato, y del mundo, y cenaremos, y lo que surja. El sábado, San Jordi, será la mascletá: hace mucho tiempo que tenía ganas de paser por la Rambla, comprar libros y flores, vivir el ambiente, disfrutar del sol (dicen que llueve, Di, tranquilízate). Y en algún punto aparecerá Francecs, un naúfrago al que encontramos en Ushuaia y que tiene un barco con el que iremos a ver el atardecer, mientras cenamos. Y más arreglar el mundo, y conversaciones rituales, y libros y alegría de estar aquí.

Y luego será el AVE a Vetusta, y la familia, y los otros amigos, y las comidas, cenas, barbacoas, el cumple de Mini, el mío y el frenesí vetustiano. A tenor de esto último mantengo con mi madre la siguiente conversación una noche la semana pasada:

-"Te noto cansada"
-"Sí, mamá, tengo sueño"
-"Es que en ese viaje a Bélgica no descansásteis nada... tendríais que haber venido por aquí, que os cuidamos a la niña y sí que descansáis"
-"Mamá, qué me dices de las Navidades, cuando no parábamos en casa, y volvíamos consistentemente a las 5 am tajados?" Es eso descansar?
-"Tienes razón"

Está por determinar si asistiremos al cumple de Tiovin en la otra Vetusta (todo por hacerle gasto). Pero lo que es seguro es que luego cogeremos otro AVE que nos dejará en la Kapi, donde tenemos a otro montoncito de gente que sobar.

Si nuestros pasos tropiezan, en cualquiera de esas etapas contigo, oh amable divagante, nos daremos por muy suertudos, y, probablemente, nos dé por divagar nuestra alegría a los cuatro vientos a nuestro regreso. Corolario: sé buen@ con nosotros.

Salud, y felices vacaciones!

20 abril 2011

Procesiones:culto a la muerte o rollo sadomaso?

La incoherencia que toca hoy, mirando al calendario, dentro de mis múltiples, es mi fascinación con las procesiones de Semana Santa. Desde que era pequenia, ver a los encapuchados ha ejercido sobre mí una especie de embrujo. Es una mezcla de miedo y morbo: sólo a los que les gusta sufrir aterrorizados con libros o pelis me podrán quizás entender.

Las procesiones son un culto a la muerte, al dolor. Es la emoción demasiado desgarrada, que resultaría embarazosa para los anglosajones. Es la autoflagelación física, versus la metafórica, que se usa tanto en estas islas con objetivo humorístico, para hacer ver que no nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos. En las procesiones, todo lo contrario: cada uno de los que aparecen se toman a sí mismo muy muy en serio.

Luego está el mito de las caras tapadas. Yo tengo mis favoritos: han de ser los de capirote a lo Ku-Klux-Klan, no los que lo llevan chato, que parecen perros. Aún recuerdo una tarde hace mil anios, que pasó por la calle una de "perros" y la Fashion, aún con calcetines cortos, se puso a llorar aterrorizada: "los capuchos, los capuchos!". Pobreta. Pero divago: decía que los capirotes alejan de nosotros a los que van debajo, y nos hace creer que no son seres reales, que al día siguiente irán a la oficina o al mercado. Son fantasmas, seres como Berengario, el del Nombre de la Rosa, que se azotaba con el látigo por las noches. Entes que pecan en plan macro, los malos del mundo que han de purgar en público.

Desde pequenia, iba con mis padres a ver una procesión famosa en Vetusta, la de la Virgen de la Piedad. No llamen todavía a Servicios Sociales, había más ninios. Aparte de ser muy solemne, tenía el factor magia por antonomasia: sale a la medianoche de una iglesia en una plaza del casco histórico, donde se agolpa la gente. Porque toda procesión que se precie ha de ser nocturna, para que el ambiente sea el adecuado. La Fashion comparte esta hipnosis, quizás peor: mientras escribo está camino de Sevilla para pasar allá "la madrugá", que seguía por la radio cuando volvía de la Piedad. Ahora sí, llamen a Servicios Sociales: una hija puede salir mal, dos ya no.

Mis padres siempre tenían algún conocido que salía en la Piedad, así que parte del proceso consistía en intentar encontrar a José Miguel, pongamo. Iban vestidos de lila con capa blanca (o al revés?) y, si ya se supone reaccionario todo lo que tenga que ver con este rollo, la Piedad, además, era/es exclusiva de hombres. Las mujeres tienen un rol desde luego, no se crea: si quieren pueden salir de "Manolas" (yuju!), unas senioronas que van vestidas de luto riguroso y suelen llevar teja con mucha blonda, detrás del paso. También conocíamos a alguna Manola, y los últimos anios recuerdo que la cosa ya se salía de madre e iban casi de fiesta, más que "de penitencia". La cosa parecía más bien un pase de modelos, iban a exhibirse delante de la ciudad (aquí a Vetusta le va que ni pintado el nombre, recordemos la escena en que "La Regenta" va de nazarena en la otra Vetusta a petición del Magistral, y con ello se pone en evidencia), con el terciopelo y las joyonas.

Otra gran baza de esta procesión eran las saetas que le cantaban a la Virgen. De repente, alguien entraba desde un balcón a grito pelado: "ayyy ayyy ayyy Virgen de la Piedadddddddd". Tal vez quien me conozca pueda pensar que estoy ironizando, pero aseguro que cuando empiezan a cantar y los tambores paran y se ponen en un reblode tranquilo, acompaniando, se ponen los pelos de punta. No sé porqué, yo que le busco razones a todo. Tiendo a pensar que es un reflejo pauloviano de la infancia: algo que impacta necesariamente a la mente de un ninio, y que permanece así, como un ente incompresible y digno de temor. También puede ser que haya olvidado tomar la medicación.

Luego la procesión pasa por el Coso y se va por una zona "chunga": el Boterón. Un barrio de calles estrechas, gitanos y supongo que ahora otras minorías étnicas e inmigrantes. Nosotros no íbamos nunca por allí, pero lo tengo como asignatura pendiente. Desde que emigré, nunca he vuelto a ver la Piedad, vacaciones en otras latitudes. Algún anio próximo, con mis penitentes naufragados, con paradas etílicas para contextualizar la emoción que nos embargue en las saetas, parece un MUST.

Alguna vez estuve en Híjar, en el Bajo Aragón, en lo que llaman "la ruta del tambor", y me decepcionó. Probablemente tuve mala suerte, pero aquella noche la gente tocaba a cara descubierta, en las puertas de los bares, con la Heineken en el suelo. No me dieron miedo: eran gente normal, disfrazada. No eran fantasmas de otro mundo, enviados por el maligno, ángeles caídos atenazados por la contradicción. En cuanto los vemos beber y comer, pasan a ser humanos, y no interesa. La única humanidad que se les permite es que sangren en los nudillos cuando apalean el tambor, o en los pies los que van descalzos, o en los tobillos, a los que verdaderamente les va la marcha y lucen argollas. Ahora que lo pienso: no suena todo esto, exhibidores y voyeurs,  un poco a rollo sadomaso? Lady Gaga: ven a Vetusta a por ideas.

18 abril 2011

Volver a los 17

Uno de estos días va a ser mi cumple, lo veo venir. Sigo con una ilusión similar a la que tenía cuando era pequenia, pero recuerdo a algunos adultos de entonces para los que era un día aciago: un anio más. A mí aún me gusta hablar con la gente que me llama, y los regalos sobre todo de la Fashion y las Reinas Magas, y me gusta que es un número primo en primavera y que, si estoy en Vetusta, sacamos la hamaca familiar de colgar al jardín y nos columpiamos con libros y tazas de té, y cojines, y gente.

Y este es uno de esos anios felices que lo voy a pasar en Vetusta. Además de la hamaca brasilenia, mi padre va a hacer barbacoa con costillas de ternasco, y la Yaya los mejores macarrones al sur de Milán, y mis suegros traerán las mejores croquetas al norte de Ushuaia y sidra y tal vez Layanas o brownies, y mi madre comprará fresas con nata de pastelería y alguna tarta, y el Joven Artista Local su guitarra, y la Fashion pondrá algo de glamour, y el Tíovin traerá pan (es el pobre berlanguiano que ponemos a nuestra mesa).

El 3 de Mayo siempre hace sol, menos el del 2010, que fue oscuro y con rayos y centellas. Pero no dejemos que entre esa nube en este divague: es tozudo el día aquel queriendo robar mi mes de Abril del 2011 y no lo va a conseguir. Decía, el sol brilla y hace anios era el mes de María, el mes de las flores, y el jardín de la Yaya está siempre precioso con rosas de todos los colores que te hace oler y admirar, porque son su pasión. Y las rosas me recuerdan a un cumpleanios en concreto hace un montón de anios: el que cumplí 17. Mmmm, volver a los 17.

Hacía 3 BUP y todavía llevaba uniforme. Tocaba la guitarra y rezaba para no perder la fe, que cada vez se tambaleaba más. Leía casi todo, incluído material inapropriado, por ej Sigmund Freud, así de daniada he salido. Daba clases de inglés a todo tipo humano: desde ninios hasta monjas, pasando por universitarios, siempre se me dio bien. Hacía voluntariado con la Cruz Roja (sí, por qué si no se llama esta sección "pasado oscuro"?), y allí tenía un grupo de amigos. Uno hacía ingeniería y me llevaba en su vespa. Iba al cine y a veces compraba esa revista tan mala, "Fotogramas". Mi corazoncito, cuando tenía tiempo entre tanto ajetreo, se ocupaba a veces de un chico de Vetustilla de la Torre que estudiaba Medicina. No le veía en todo el anio salvo en el verano, y era el hermano de una amiga. No teníamos nada que ver, pero en aquella época yo hubiera mitificado hasta al Dr Hyde, al Dr Lecter o al Dr Frankenstein (Fronkonstin). O a Aigor ;). Escuchaba la radio por la noche, algunas veces "Polvo de estrellas", un programa de cine. Planeaba mi viaje del verano-para eso daba las clases-, que iba a ser centroeuropa con una amiga. Hablaba por teléfono. Mucho. Pintaba los mapas de la Fashion con música de fondo. Tenía todo muy claro: política, filosófica y vitalmente. Ah, qué mona es la adolescencia: los tortazos no tardaron en llegar.

Pero haciendo un gugel earth temporal al 3 de Mayo de mis 17, cuando llegué a casa del cole me encontré con varias sorpresas. En primer lugar, tenía un ramo de flores de los alumnos de inglés, qué amables. Pero, hey, había también tres rosas rojas del de la vespa que venían con una estrofa de una canción que le gustaba "You are an ocean wave my love". Mis padres me miraban sorprendidos, esperando una explicación... "son del grupo de la Cruz Roja". "Ah, vale, y ésta?" Y senialaron una rosa roja solitaria en una esquina... sin tarjeta. No sabía, en serio, ni idea, les dije. Mis padres se miraron escépticos entre ellos. De verdad, no sé. Repasé mentalmente todos los posibles orígenes de esa rosa, desde Rafa Jofresa-jugador del Juventut de Badalona-hasta Harrison Ford, pasando por mis amigas haciendo el gamba.

Pero ahí se iban a quedar las cosas. Ja. Quien mandaba esa rosa no se quién era, pero no me conocía bien, eso estaba claro. Porque si vas de enigma, tu primer objetivo ha de ser anular la floristería, que vaya sólo con el celofán. Primer fallo. En fin, un aprendiz: la rosa llegó con su envoltorio que indicaba: Flores loquesea, Pza San Francisco.

Las floristeras, las pobres, no caían: "pasa tanta gente por aquí". No paraban de repetir: "No te preocupes, porque quien envía una rosa roja, tarde o temprano se manifestará". Y yo: "Es que no quiero que se manifieste, es que quiero saberlo ya!" Y ellas venga a reír, y al final sí, se pusieron de acuerdo, era un chico así castanio o era más bien tirando a moreno, no sé, mediana altura, ni gordo ni flaco, ni guapo ni feo. Vamos, está claro: el 90% de la población vestustiana.

Cuando ya estaba en la puerta, dándoles las gracias, casi dispuesta a haber perdido el primer asalto de aquella partida, una de ellas dijo: "Ah, sí, espera... es verdad... no sé si esto te dirá algo, pero... ahora que lo recuerdo, llevaba una carpeta y encima la bata blanca como esas de prácticas que llevan los de medicina".

Silencio. Sí, gracias seniora, me dice algo. Y me fuí. Creo que con una sonrisa boba en la cara.

Qué chulo es volver a los 17, aunque sea divagando.


16 abril 2011

Sarri, sarri

El otro día divagué sobre "Manel", que cantan en catalán -dato no ha sido óbice para que gente que les entienda con dificultad o nada les disfruten-, y esto me recordó a otros grupos de hace la tira de anios que cantaban en euskera, y a estos sí, sin entender ni papa, muchos seguíamos y bailábamos como locos en las fiestas de nuestra Vetustilla particular (el que no tenga una, que tire la primera piedra). No sé en el resto de la península, pero en Vetustón (lo que el Peda llama cariniosamente "Euskadi tropical"), Kortatu estabande fondo en toda penia que se preciase.


En Vetustilla, cada vez que la orquesta en fiestas comenzaba con los acordes del clásico "Mierda de ciudad", todos nos poníamos a saltar con el mismo estilo que en el vídeo que incluyo, pero uno sobre otro, en plan agresión. En fin, el baile conocido como "pogo" worldwide. Cuando conocí al Peda, que iba de vasco sano donostiarra de nacimiento iruñatarra de adopción, él no sabía lo que era pogo y cuando intenté empujarle con alguna canción de Kortatu, me miró desde kilómetros arriba y con una sonrisa irónica -que sin duda selló para siempre esta relación- dijo, hierático: "Podría matarte" (se entiende, si se ponía a hacer pogo conmigo).

Otra novedad que me demostró que en Vetustilla íbamos por delante era el "saltar al público" desde el escenario. Se supone que te recogían. Como usé el verbo "tirarse" (al público) para preguntarle a mi no-bailador-de-pogo si era una tendencia también seguida en los poblados del norte, se agarró a eso de que por ahí, por el norte, lo de tirarse es una cosa que se hacemás bien poco. Vetustilla vanguardista.

15 abril 2011

Desenmascarando a Diva II

Nos quedamos con que me identifican como Ana Curra y me quedo tocada y hundida.

En un momento hice un rewind cerebral que me dio hasta vértigo y me situé hace la friolera de unos veintipocos años.

Diva, por aquel entonces, además de más joven, era muy mona y no lo sabía, tenía buen cuerpo y no lo creía y además era muy simpática (también era más modesta que ahora). Además de lo anterior era un poco gamberra y encima sus amigas la secundaban siempre. 

Lo nuestro era pasárnoslo bien, reírnos hasta que nos doliera la tripa y no tomarnos nada en serio. Corrían los ochentas y escuchábamos y bailábamos con 091, Elegantes, Loquillo, La Frontera, Rebeldes etc. Nos considerábamos bastante rockers en cuanto a gustos musicales, que no en la estética. Ana Curra era una cantante de minorías, de los rockers de verdad, pero que a mi me gustaba. Creo que había participado antes en Parálisis Permanente en temas como "Quiero ser Santa". Entonces era más punk por eso, más gótico. No me gustaba.

Una noche de juerga, conocimos a unos chicos de un pueblo vecino. Eran más mayores que nosotras y les debimos hacer gracia. Hubo mucho vacile, que si esto, que si tal, que si cual, ja ja, je je.... Íbamos de listillas, de sobradas, aunque en el fondo éramos unas pardillas que recién salíamos del cascarón. No recuerdo bien en que consistió nuestra conversación, sólo sé que en un momento dado uno me preguntó el nombre. Yo no pensé en darle mi nombre real, ni de coña, así teníamos otro motivo de cachondeo. Así que cuando el individuo me hizo la pregunta, le contesté:

- Ana Curra.

- ¿Curra? ¿Qué clase de nombre es ese?

- Joder tío, no te rías de mi apellido. Ni que tu fueras el Conde de Montecristo...

Así estuvimos un rato. Que si Ana por aquí, que si Ana por allá. Y claro, mis amigas y yo partiéndonos el pecho.

Pasaron los días y fui con mi hermana la mayor BigSis a las fiestas de otro pueblo. Allí me volví a encontrar con el chavalito en cuestión. Al parecer conocía a mi hermana. No recuerdo bien pero la cosa debió ser tal que:

- Diva, ¿quieres tomar algo? 

- ¿Como? ¿Diva? ¿Pero tu no te llamabas Ana?

- Estooooo, nope, ehem....

- Ya te vale.

El caso es que veintipocos años después voy a su consulta y me identifica. Todavía me dura el susto. Juro que mientras hablamos en la visita, en algún momento todavía me llamó Ana mientras a mi se me escapaba la risa, ante lo surrealista de la situación.

Fue muy gentle pinchando. Podría haberse vengado.