Como decíamos anteayer, los ingleses llevan esto del debate y la oratoria en lo espeso de la sangre. Los famosos "speech" (discursos) que todos conocemos por "Cuatro bodas y un funeral" (Mike Newell, 1994) y otras películas son estrictamente así: llenos de humor, sentimiento -siempre irónico-, autoflagelación e ingenio. Alguien que se toma a sí mismo muy en serio (el concepto "earmest", que sería más o menos el equivalente al "intenso" castellano) está condenado a la mofa y al sonrojo del resto de inglesitos.
Pero no quería hoy hablar de la oratoria, que sería un ejercicio de autoflagelación máxima si me pusiera a mí misma como sujeto, tal vez otro día. Hoy es que estoy en plan camorra y mayormente por flagelar a los demás. Lo de sacar el látigo es también un ejercicio saludable de vez en cuando, particularmente cuando una ha "conocido"-siempre de tercera mano- a unos cuantos elementos en distintos foros, blogs (profesionales o no, de "nivel" o no), periódicos (ídem), que le hacen, de repente, querer muchos a sus amigos. Porque no son como esta panda: por algo los eliges.
Veamos. Alguien en internet se lanza a defender una idea (que no hace falta necesariamente que sea controvertida, puede ser simplemente algo neutro, un gusto). Esa idea te puede afectar de una manera personal (o lo que tú consideras personal), o no. Por poner un ejemplo, a mi me tocan personalmente temas como que alguien se vanaglorie de evadir impuestos, derechos laborales, mujeres que yo percibo que con su actitud machista perjudican al resto de colectivo de mujeres, etc. Cada uno tenemos nuestras teclas, a distinta gente le hará saltar una cosa u otra.
Aún así, volvamos al principio, alguien ha lanzado una idea, y entre los comentarios encontramos:
Unanimidad en el aplauso, sin una fisura crítica. Ni un alma levanta la voz en el aspecto más enriquecedor de término.
Hasta que entra, de repente, una voz discordante que, en lugar de expresar con sinceridad porque ese tema le ha tocado tan de cerca (porque si entra en contra, le ha tenido que tocar) y dar sus razones, recurre al ataque ad hominem para hacer más clara su divergencia de la corriente. Para mí, para dejar más clara su estupidez.
Recurrir al insulto es, en la pantalla, como recurrir a la violencia in situ. Se acabó, no va más. Y el insulto no tiene porqué ser tacos y palabras soeces. Puede ser cositas tipo "no te funciona la sustancia gris", "no tienes sentido del humor", "no sabes de lo que hablas" etc. Lo mejor con la gente que lo utiliza es dejarlos hablar: ellos solos se definen. A menudo en los foros, entran otros comentaristas (o el mismo autor de la Idea Inicial) a meterse con ellos... cómo?
Pues usando su misma estrategia: "no tienes sentido del humor, no tienes sustancia gris, etc".[Nota: atención de la diferencia, si alguien no se ha reído con tu gracia el tener la elegancia de decir "no me he expresado, pretendía ser un chiste".] Pero si miramos los procesos, en lugar del contenido, queda claro que, insultando al que nos ha insultado, caemos a su mismo nivel, ese del que nos quejamos. Es triste, porque hay que recordar que "no nos ofende el que quiere, sino el que puede", así que hacerle saber que puede no es tampoco una buena idea.
A mí, el que uno de estos me toque la moral, cuando lo hacen, me hace recordar el tótem anterior para evitar cabrearme conmigo misma. Porque evidentemente no he logrado ser La Esfinge (la flema británica me llegará, pero es un proceso). Dicen que la libertad de expresión es dejar que los otros digan lo que no quieres oír.
Pero lo fundamental, si te han logrado tocar con su insulto, es que nunca se note. Personalmente, lo más efectivo creo que es, como con los niños, el ignorarlo. Mantra del conductismo: "si queremos que un comportamiento desaparezca, apliquemos extinción". Puedes estar pensando "eres imbécil/un cabrón", pero llamárselo es lo último. [También hay un lugar para lo último, claro, aunque mejor no llegar a él].
Una de las mejores cosas de la vida es un buen debate con tus amigos, aquellos en los que aprendes, te enorgulleces de cuánto saben (y quieran seguir siendo tus amigos!), y en otro punto te sorprendes contigo misma, lo bien que has salido de aquí o allá. A veces te sulfuras, te acaloras, porque lo ves tan claro, y quieres que lo vean así, pero con los años vas aprendiendo que hay muchas cosas que son de una gama infinita de grises y no el blanco o el negro que tu veías en la uni.
Este invento de internet, a ratos me hace perder la esperanza en el género humano, cuando nadie escucha, o se ataca al otro incluso lateralmente por pensar distinto, o por haber sido tan cutre de haber atacado antes. Cuando veo lo raro que es que alguien use la argumentación, el saber respetar-no compartiendo- y defender lo que crees con la razón.
Feliz Día de la República!