Colette era su apellido -su nombre completo, Sidonie-Gabrielle Colette- y yo la recordaba como la autora de múltiples citas ingeniosas escritas en mi carpeta de adolescente. Como leo muy poca literatura que no sea en castellano o inglés, al escuchar el podcast de "Grandes infelices" -ya he hablado antes de lo que pienso de ese título y de la deprimente voz del autor- que hablaban de Colette, decidí leerla.
Como no sabía por dónde empezar, pregunté por ahí y ni siquiera una amiga francesa me supo decir: "no recordaba haberla leído" (esto seguro explica cosas, pero en ese momento no lo vi). Dicen en "Grandes infelices" que son famosas sus novelas de Claudine -aseguran que con ella se inventó el concepto de adolescencia-, o Gigi -de la que Vincent Minelli hizo una peli en 1958 y fue el papel que lanzó a la fama en el musical de Broadway a Audrey Hepburn-, o su "obra maestra" según el narrador del episodio deprimido y mi prólogo, "Chéri".
En mi edición -si no quieres taza, taza y media- no está solo "Chéri" sino también su secuela "El final de Chéri" (atención, spoiler en el título): ambas son novelas de 120 páginas. Me las he visto y deseado para terminar la taza, así que no se pida que dé detalles morbosos sobre el final de Chéri (reto a que alguien quede interesad@ tras este divague, pero para ell@s, sugiero wikipedia).
Podría ahora contar la vida no precisamente rutinaria de la autora: realmente su idiosincrasia, rebeldía, excentricidad, reto temprano a los roles de género y talante aventurero fueron también parte de la atracción para leerla. Hay una peli de 2018 en la que la interpreta Keira Knightley y aquí se encuentra el tráiler en el que se resume su vida y se dan detalles del abuso de uno de sus maridos que pretendió que él era el autor de su obra durante mucho tiempo (qué raro, esto nunca ha pasado antes) porque "las mujeres no vendían". Luego él sí que vendió los derechos de todos los Claudines por cuatro francos y aún así murió arruinado. Siento no desarrollar, pero tras terminar el libro no me dan ganas de hablar de su azarosa vida ni de hacer una arenga feminista ni de ver la peli. #Pereza.
Y sin más dilación, la novela, a ver si me aclaráis unas dudas. Empecemos con la protagonista, una tal Léa, "antigua cortesana" (menos mal que lo dicen en la contraportada) de 48 años - "la edad en la que las mujeres han parado de vivir": pásenme las sales- que va de flor en flor con jovencitos: ¿quién mantiene su estilo de vida? ¿Aún vive de las rentas del pasado "cortesano"? Ya sé que no es el tema, pero el dinero es poder, por tanto importa de dónde viene.
Léa se lía (perdonen la rima fácil) con el hijo de una "frenemy" (una amiga-enemiga con la que lleva toda la vida compitiendo) al que ha visto -atención- nacer y crecer. Se llama Chéri, tiene 24 y es guapísimo -rollo ay-que-me-quedo-muerta- y nos queda claro que sus pestañas son muy tupidas. El estudio "Joven desnudo frente al mar" de Flandrin de la portada de mi edición (arriba) me ha ayudado significativamente a seguir adelante. Chéri me cae mal, o peor: no podría decir mucho de él, aparte de las pestañas y de que me lo imagino como a Louis Garrell en "The dreamers" (2003) [no ahora por esa manía del bigote: no puedo tomarme en serio a los tipos de mi edad o más jóvenes con bigote].
Pero divago, volvamos al agit-prop: personalmente, me daría dentera máxima tener un affair con un chico 30 años menor (con un anciano 30 años mayor, no hay palabras), pero que encima fuera un chaval que he visto nacer... hay que tener estómago: es como comerte un conejito de compañía [tal vez no sea la metáfora, pero como imagen la veo con fuerza]. En fin, entiéndanme: no. Y eso que yo no era refractaria a leer sobre una relación entre una mujer "mayor" y un hombre joven, dada la prevalencia del caso opuesto, pero los muchos ejemplos de esta relación como madre-hijo me ha tirado aún más para atrás: Léa lo mece "como al mocoso niño de pecho que no había podido tener" o le reconviene "como malos hábitos como ese, te pasará aquello" o le tiene preparado el Cola-Cao (literal, bueno dicen chocolate caliente). No puedo.
No recuerdo si he escrito en el divlog sobre las relaciones en las que hay mucha diferencia de poder (no solo edad, también de capital económico, social o cultural - por eso estaba interesada en el económico de Léa). Pero seguro que he escrito que me subo por las paredes cuando la gente -generalmente tíos- me hablan de decisión personal, el amor no se elige y cuartetos de cuerda. Dime, si tienes una hija: ¿querrías que a los 22 te venga a casa con un fulano de 45 palos? Justamente he leído estos días un artículo titulado "Amor y sexo con desnivel", que comienza con aquel famoso relato del New Yorker que dio el pistoletazo al #Metoo titulado "Cat person" de que divagamos aquí en profundidad. Esto no es nuevo, pero la novela fue publicada en 1920, así que reconozcámosle esto al menos.
Aunque Lea sea en general una depredadora, hay un punto en el que se plantea que tal vez "podría hacerle daño" y al final se da cuenta de que este "desnivel" es patológico. Entonces le dice a su amante que vuelva con su mujer, esa sosa chica de su edad, porque "ella sufrirá como una amante, no como una madre confundida, le hablarás como su maestro, no como un gigoló caprichoso". Hay que leer a los autores en su época y lalala, pero entonces también escribía Virginia Woolf o Vera Brittain. No supero que una mujer tan moderna como ella escriba cosas así:
"Se había preservado de la indiferencia degradante que lleva a las mujeres mayores a dejar el corsé, luego de teñirse el pelo y finalmente de ponerse lingerie"
... tal vez sea su manera de invitarnos a una reflexión sobre el proceso de hacernos mayores, pero en serio: si ni siquiera en la vejez te puedes soltar un poco el corsé y llevar zapatos cómodos, váyase usted por ahí. Hoy en día como ya han tirado la toalla de vendernos más zapatos manolos (por Dior, que los vi el otro día en el escaparate de la tienda del centro, qué instrumentos de tortura de diseño), hoy nos intentan vender gimnasios y pesas por aquello del entrenamiento de fuerza (de ahí, por si alguien se preguntaba, el bodegón inicial): el caso es vender, qué pereza todo. Justo estoy leyendo ahora un libro que toca el tema envejecer también, así que tendré oportunidad de divagar sobre esto más adelante. Pronto en su quiosco.
Si fuera una novela que me hubiera tocado, escribiría ahora sobre La Belle Époque y lo de que la obra de Colette es muy sensual, y todo eso. Lo de sensual a mí se me ha escapado, en primer lugar porque hay muy poca narración en la que están juntos, aunque esta descripción me hace perdonarla un poco...
"ella le besó tan fuerte que se retiraron borrachos, vencidos, sin respiración, temblando como si acabaran de tener una lucha"
Y alguna otra de enamoramiento desesperado, esa cosa que pasa en el cerebro más que en los sentidos propiamente, esas cosas de película que se dicen tras esos besos que te dejan como bajo-las-sustancias:
"Me importa un pepino no ser tu primer amante; lo que quiero es ser el último".
Y tras estos excesos amorosos -que espero no enreden a nadie, yo avisé- termino con una de esas frases de Colette que debía tener copiadas en mi carpeta clasificadora cuando era yo una Claudine, una de esas adolescentes de la literatura que tanto nos gustan. Esa es la actitud!:
"Como va a ser necesario vivir de esta manera, empecemos"

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