El movimiento OuLiPo (acrónimo de «Ouvroir de Littérature Potentielle», «Taller de Literatura Potencial») es un grupo de experimentación literaria creado en 1960 y formado principalmente por escritores y matemáticos de habla francesa, que buscan crear obras utilizando formas y estructuras nuevas, y técnicas de escritura limitada ("Littérature à contraintes"). El proceso une literatura y matemáticas y algunos de sus integrantes fueron/son Georges Perec [tengo pendiente su clásico "La vida: Manual de instrucciones"- no debía ser mi momento cuando lo intenté], Italo Calvino, Marcel Duchamp [el del inodoro], y Hervé Le Tellier, autor de "La anomalía", el libro del que vengo a divagar.
Lo sé, la portada de mi edición da miedo, pero si vamos a juzgar un libro por su tapa (sin ironía: yo lo practico y pocas veces me equivoco), por lo menos la original francesa es sobria. Pero la razón por la que una "book snob" [Mini dixit] acabó comprando una novela que parece de aeropuerto y que recomendó un amigo con el que no suelo coincidir [lo último "Project Hail Mary", una bobada] fue que había ganado el Prix Goncourt en 2020 y que el autor era, además de escritor y crítico gastronómico, matemático. Y la novela tiene algo que te sugiere que hay una mente matemática detrás - y no solo porque en un punto describe a un personaje según el tipo de matemático que podría ser:
"Para ser estadístico, es un soñador. Tiene ojos verdes que le dan un aspecto de teórico de números, aunque lleva el pelo largo como un teórico de juegos, y usa las pequeñas gafas de montura metálica trotskistas de un lógico y las viejas camisetas agujereadas de los que se dedican al álgebra (...) Si no tuviera buen corazón, se habría dedicado a las finanzas ya hace mucho tiempo".
La editorial solo sacó 12.500 copias en la primera edición: claramente el editor no lo vio venir, porque luego ha vendido más de un millón. Para la traducción a 40 idiomas, Le Tellier montó un documento de google docs compartido con todos los traductores que le planteaban ahí sus dudas. Me ha hecho mucha gracia porque es lo típico que hacemos en colaboraciones para papers o en el trabajo y no me había planteado que el traductor puede tener línea directa con el autor, qué chulo. El otro día oí que los traductores son autores ellos mismos y me gustó: igual no han creado la trama, pero sí le han dado forma en su idioma a lo que, el que ha inventado la trama, ha intentado decir. Uno de esos traductores de "La anomalía" compartía su desazón ante la dificultad de traducir la primera frase de la novela a su idioma, uno dice "pude mantener las tes y las eses, pero no pude mantener al ritmo". El traductor al castellano, que también es miembro de Oulipo dijo que en esa primera frase le había salido un alejandrino. Bueno, dejo el tema de la traducción -el divagante de pro sabrá que es un tema que me fascina, uno de los primeros divagues, cuando aún sabía escribir sucinto, fue el de "Traduttore, traditore".
El planteamiento es el siguiente: un avión de Air France aterriza en Nueva York el 10/03/2021 tras un vuelo que atraviesa durante un rato una zona de turbulencias nivel leyenda. En él van una serie de personajes a los que dedica capítulos de la primera parte de la novela:
- Blake, un asesino profesional, a la vez que padre ejemplar.
- Victor Miesel, un escritor que está a punto de terminar su última novela -y gran parte de las frases que subrayé son de esa sub-novela.
- David, el capitán del vuelo que aún no sabe que tiene cáncer.
- Joanna, la joven abogada negra con las ideas muy claras -sabe a dónde va y de dónde viene - a la que su jefe suelta citas de vez en cuando porque, "en el mundo del negocio donde cualquier signo de erudición literaria está fuera de lugar, esto es un signo de dominación simbólica". Da como ejemplo el final del poema de Ralph Waldo Emerson ["No vayas donde lleva el sendero; ve donde no lo hay y déjalo tú"].
- Sophia, una niña que tiene una rana como animal de compañía, que viaja con su madre y hermano. Su padre, militar, se ha quedado en París.
- Slimboy, el rapero nigeriano.
- André y Lucie, una pareja de compañeros de trabajo que se llevan décadas y que están teniendo un affair - adivinen quién es el mayor.
El estadístico al que se refiere la cita de matemáticos es uno de los científicos a los que recluta el gobierno para intentar entender [y ahora termino el planteamiento] lo que ha pasado ahí: tres meses después, el 24.06.21, el mismo vuelo de Air France aterriza con... exactamente las mismas personas a bordo.
Esto quiere decir que todos los personajes a los que has ido conociendo en marzo van a tener un duplicado, un gemelo exactamente igual que ella o él, solo que con tres meses más de vida; tres meses en los que han podido pasar cosas relevantes para sus biografías, o no. Hay veces que nada pasa en ese espacio. ¿Qué le contaría yo de nuevo en lo personal a la Di de mitad de febrero? Poca cosa: y no me quejo, a ciertas edades "no news is good news". En lo colectivo ni me meto porque ya se sabe que cada día es un susto). El subtítulo de la novela es "¿qué pasaría si hubiera dos versiones de ti?", porque eso es lo que pasa: los personajes se duplican y pasamos a tener el Blake, Victor, Joanna, etc de marzo (que cada uno ha llegado a su destino y sigue con su vida), y el Blake, Victor, Joanna, etc de junio, que acaban de aterrizar con la mentalidad de marzo (o sea, no saben lo que ha pasado en esos tres meses) y a los que meten en un hangar hasta que se aclare lo sucedido.
¿Se aclara? Según mi amigo, el final es espectacular, impresionante, te vuela la cabeza, ese rollo [aún puedo ver sus gestos cuando nos lo contaba]. Y, bueno, a mí el final no me ha impactado tanto porque soy muy poco lectora de ciencia ficción -por ejemplo, no he leído a Arthur C. Clarke -el autor de ciencia ficción sobre cuyo relato "El centinela" se basó luego vagamente "2001: Una odisea en el espacio"- que decía: "Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Con esta creo que nos podríamos identificar muchos - aún perpleja cuando leí el otro día que las impresoras 3D van a poder imprimir órganos para trasplante. Cine de ciencia ficción sí que he visto, pero me suele interesar la parte filosófica, más que las tramas. En fin, resumiendo: que el final tal vez no lo he entendido por falta de cultura en este tema [no quiero escribir una especulación que podría ser spoiler por si alguien se anima, y que mi amigo confirmó es su visión], o tal vez llevaba demasiadas expectativas, algo siempre peligroso en todos los aspectos de la vida.
Así que aunque la "explicación" a mí me ha dejado algo meh, lo que más me ha gustado, como siempre en este género, es la parte filosófica: el encontrarte contigo mismo. No con un gemelo, sigo con tu persona de hace tres meses. Asistir a esos encuentros, y las situaciones en las que "los de junio" son diferentes de "los de marzo" ha sido lo más interesante. Si se vuelve a la lista de personajes de arriba, el divagante puede empezar a imaginar qué dilemas va a tener cada situación. Desde cambios vitales rutinarios hasta suicidio (esa es la única persona que no tiene duplicado-"Nadie se quita la vida. Son solo almas torturadas que escapan matando a su torturador"), pasando por el único que voy a poner como ejemplo: la pareja que está teniendo un affair.
André tiene un lío con su compañera de curro,mucho más joven - el tipo de hombre que quiere ser el papá universal y que debería preguntar, en plan crudo, ¿Te gustaría ser mi viuda? El André de marzo no sabe que ella le ha dejado en esos meses, y cuando al llegar el André de junio se entera, entra en shock y le lleva a una reflexión a base de "verse a sí mismo desde fuera". Sí, que era demasiado viejo para esa chica ya lo sabía, pero "saber algo no es lo mismo que vivirlo", como piensa en un punto. Este dolor sobre la dualidad espejo-cámara ya me la había planteado yo antes, cuando te pillan en una foto desprevenida y pienso: "qué vieja estoy". André...
"se mira al espejo para afeitarse cada mañana, y ambos han terminado por domesticarse mutuamente. Aquí, sin embargo, la cámara es incorruptible, no hay indulgencia en su alta definición, ni cortesía en su ángulo: está viendo a un anciano".
Y sigue...
"No todo el mundo tiene la oportunidad de ser testigo de su propia caída desde lejos, de sentir pena por uno mismo, sin sentir realmente autocompasión".
Porque hay un punto muy importante: todos nos autoengañamos muchas veces, es un mecanismo de defensa para sobrellevar ciertas cosas inasumibles: el profesor me suspendió porque me tenía manía, la violaron porque iba provocando/estaba borracha/entró en aquel baño, "todo va a ir bien" o... añada su propia historia. Pero imagina que tienes a tu copia delante: ¿para qué mentirle sobre algo que son datos, que ha pasado?
"Siempre puedes engañarte a ti mismo, pero ¿cual es el punto de mentirte a ti?"
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| Disculpas por el mantel navideño- es lo más parecido a "mantel celebratorio" que tengo |
Para terminar, nota política. No he leído mucho sobre Le Tellier, pero ideológicamente veo que defiende lo que más o menos la gente de bien: la democracia, la lucha contra el cambio climático y en contra del fascismo, el extremismo, los techobros, y suma y sigue. Es bastante evidente que el personaje del presidente de los EE.UU. está inspirado en el boniato con gorra -y eso que solo tenía su primer ciclo entonces-, y que no tiene demasiada simpatía ni por los militares ni por las religiones -o me parece a mí, tres citas para ver si exagero:
"La religión es un pez carnívoro en las profundidades abisales. Emite la más tenue de las luces y necesita una gran oscuridad a su alrededor para atraer a su presa"."Cuando le preguntaron cuál era su religión y dijo que no tenía, la entrevistadora le dijo que entonces era atea, y ella contestó: "Para mí, Dios es como el bridge—nunca pienso en ello. O sea, no me defino porque me importa un pepino el bridge, ni me alineo con otra gente a las que les importa un pepino el bridge" (se refiere al juego de cartas)"Todas las figuras religiosas funcionan con ese software: aquí están nuestras creencias, encuentren los hechos que las prueban".
Corolario: "La anomalía" se lee como un placer culpable y con la curiosidad de qué juegos de Oulipo te has perdido. Para mí el final ha sido un poco Itaca, pero ha merecido la pena el viaje. Al fin y al cabo, es de las pocas veces que he disfrutado un libro del "género ciencia ficción" - aunque tal vez merezca ser reclasificada: la idea de encontrar a una duplicada de mí misma en un aeropuerto más bien encaja en el "género terror".


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