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15 marzo 2021

"La Casa de Dios" de Samuel Shem: Tómate el pulso antes de leer esto

 La primera vez que alguien me recomendó este libro fue en Nottingham cuando yo era aprendiza de bruja del más bajo nivel. Él era un escocés malhumorado -unos niveles por delante de mí, le faltaba muy poco para ser lo que considerábamos Dios, i.e. consultant-, que se volvió a Escocia tan pronto como pudo al acabar la residencia: "no aguanto otro mundial en Inglaterra", decía. Un día, para ilustrar no sé qué de la vida del residente, me preguntó si había leído "La Casa de Dios" ("The House of God"), y que si no, ya tardaba. Parece que es un rito de paso para todos los que empiezan en esto de la medicina en el mundo anglosajón- incluso lo venden  en las librerías médicas, y ha sido elevado al status de libro de culto. No volví a ver al escocés en muchos años, pero un día hará tres o cuatro me lo encontré en una conferencia: se le había cerrado aún más el acento, pero fue menos arisco -ahora ya estábamos al mismo nivel, ambos diosecillos de este Olimpo menor- y no me preguntó si por fin leí "La casa de Dios". Le tendría que haber dicho que no, aunque tal vez sin las razones: prejuicios sobre si era literatura. Es que la vida es demasiado corta para devastarla leyendo el primer año atroz en un hospital de un grupo de recién salidos de la facultad, sin más.  Total que, ¿por qué me pongo a leer este "Catch 22 con fonendoscopio" a mi provecta edad, 20 años después? Pues siguiendo el consejo de Elena Rius con el objetivo de ver, tal vez aprender otro ángulo de novelar sobre medicina. Porque, divagantes, siempre he despotricado contra los compañeros que veían "Anatomía de Gray" en la sala comunal en las guardias (los he visto)-aunque (sonrojo), reivindicando mi derecho a la incoherencia, recordemos aquel placer culpable que tuve con aquella serie del cirujano autista. Total que ahora,  tras muchos años, he terminado yo escribiendo sobre medicina- o algo parecido. 

En primer lugar, anotar que dudo que este libro tenga mucho predicamento entre los que no han estudiado medicina.  Yo misma he estado a punto de dejarlo un par de veces, así que un notario de Cuenca, ni te cuento.   Ha vendido más de 2 millones de ejemplares, pero como su publicación fue en 1978, supongo que será por el boca-a-boca-a-oreja-a-loquesea de generación tras generación de estudiantes anglosajones (en la península nadie lo había leído).


Si siempre se debe leer las novelas con el año de publicación de un libro en mente, con "La casa de Dios" esto es aún más vital, porque hay cosas que, de otra manera, te harían explotar la cabeza. El libro está descrito como una "sátira", pero es que hay cosas tan bestias que ni pensando en 1978 se digieren bien- "políticamente incorrecto" no comienza a describrir lo que el autor hace en esta novela: tanto que no se podría escribir hoy por racista, machista, "ageísta" (discriminatorio por edad) y algún -ista más. [Nota: este concepto de lo PC, que comenzó como risible, empieza hoy a ser definido por su contrario: ¿quién no ha leído en un perfil lo de "Fulanito, enemigo de lo políticamente correcto", para pasar enseguida a descubrir que es sinónimo de "Fulanito, soy un absoluto gilipuertas"?]. Para muestra: a los pacientes ancianos con demencia avanzada, los pobres en su planeta, los llaman los "gomers" (acrónimo de "Get Out of My Emergency Room", o algo así). Estas pobres personas -que podrían ser tu abuelo- son aquí tratadas como vegetales y completamente deshumanizadas (curioso para un libro que habla entre otras cosas de la deshumanización del entrenamiento de los médicos). Hasta han desarrollado una serie de reglas sobre ellos que informan la práctica ("los gomers no se mueren" o "los gomers se caen de la cama"), y la principal: "nunca intervengas con un gomer", es mejor dejarlos como están e intentar turf them a otro departamento (pasarles el vivo a, por ejemplo, trauma, tras caída de cama-recordemos los gomers se caen de la cama). Las descripciones detalladas de la no-vida que llevan estas personas son tan poco edificantes y dramáticas que durante la lectura, yo me preguntaba si esto era un panfleto pro-eutanasia. Desde luego si el lector no era pro-muerte digna antes, tras leerlo no hay duda. (Esto siempre me recuerda a Houellebecq en "El mapa y el territorio" describiendo la clínica de eutanasia en Suiza con gran fila y el burdel de al lado vacío: genial).

Sobre la "política de género", ni entremos: todos los médicos residentes o altos cargos son hombres, menos una, que es una amargada neurótica, adicta al trabajo. Un gran modelo para cualquier chica que se quisiera lanzar en este gremio, que a día de hoy ya tiene 75% de mujeres en las aulas. En 1978 no, lo que había eran enfermeras monísimas católicas con las que tener todo tipo de sexo en cualquier situación. La escena de la orgía fue uno de los momentos en que estuve a punto de abandonar: no me llaméis pusilánime, es que uno se disfrazaba de "gomer". Sinceramente: not funny

El protagonista -alter ego supongo del autor, aunque sé que no debería pensar esto- es judío y, de hecho, la Casa de Dios (es el nombre del hospital) fue contruído por judíos para formar a judíos, porque estos no tenían las mismas opotunidades que los WASP en los hospitales de WASP.  Tiene una novia psicóloga, que le introduce conceptos como "negación", "envidia del pene" y citas de Freud tipo "el onanismo como tema nunca se acaba"  durante sus conversaciones. Él mientras se va tirando a las enfermeras, porque el pobrecito está tan estresado, hay que entender. Está tan cerca de la muerte: eros-tánatos, ya lo decía el Tío Sigmund. 

Fats
Nada más llegar conoce al tipo que lleva ya ahí un año, -been there, done that, have the T-shirt- y se convertirá en su mentor, "el gordo" ("the Fatman", aka "Fats"). Como hace unos días vi de nuevo "El lobo de Wall Street" (otra película totalmente irreverente y enloquecida pero con la que me río mucho-cómo olvidar la escena con Mathew McConaughey en el restaurante), yo a este Fats lo veía como al amigo de Dicaprio, ese gordo histérico al que no he visto en más pelis y que me acabo de enterar se llama Jonah Hill. Fats es el creador de todas las normas del hospital y aunque va de duro, es uno de los pocos personajes positivos de la novela. 

Practicar la medicina en los EE.UU. debe ser una pesadilla. Yo he escrito ya demasiado sobre la importancia de la sanidad pública (hay hasta un distintivo en el divlog), así que se libran de arenga. En esta novela, mi punto se ilustra con ejemplos: a los pacientes privados se les hace un "lavado intestinal" que no está indicado ni sirve para nada, pero hey, es pasta.  A un paciente con cáncer terminal con respiraciones agónicas no se le puede dejar morir en paz, porque tiene una hemodiálisis por la que se recibe 8.000 dólares cada tres días y así todo. Obsceno. Las enfermedades raras o costosas no tienen lugar en la privada, no son rentables pero eso sí, tienes flores frescas en la mesilla. Y crees que tienes opciones. 

Al final de su año de residencia, nuestro héroe y sus amigos han de decir qué especialidad van a hacer y van haciendo balance de los pasados meses: esas noches de guardia en las que rezas por morir mientras duermes antes de que pite una vez más ese odioso bleep, esos días en los que han constatado que la medicina es muy guarra, que los gomers nunca mueren pero los jóvenes caen todos, que curar, no se cura nunca, que ni el sexo con las enfermeras y las trabajadoras sociales (a las que llaman "Sociale Cervix"-admito que me reí con este horror, viene de Social Services) logra paliar este vacío, entonces deciden ir a por una especialidad "NPC" (No Patient Care-no has de tocar al paciente). Fats les hace una lista con "pros y cons" de cada una de estas especialidades: Rayos (aka radiología=mucha pasta, pero hay gomers a los que meter enemas de bario), Gas (aka anestesia=pasta, pero aburrimiento general puntuado por momentos de pánico, más desprecio de los cirujanos), Path (aka anatomía patológica = ningún cuerpo vivo, pero oficinas en el sótano y desprecio de todas las especialidades), Derma (aka dermatología = mucha pasta, pero asquito de lesiones), Ojos (aka oftalmología =pasta astronómica, pero ese atlas sobre el que aún tengo Síndrome de Estrés Postraumático) y, por fin, Psiquiatría (no hay gomers! pero desprecio del resto de especialidades a menos que estén en terapia, múltiples acusaciones de comunista, gay etc). Y, ¿adivinais qué? Eligen psiquiatría. 


Samuel Shem, el autor, sorpresa, es psiquiatra: no es de extrañar porque a esta peña le gusta escuchar historias ajenas y contar, fabular historias propias. Muchas veces pienso que lo peor de la medicina acaba en psiquiatría precisamente siguiendo el proceso descrito en el libro: tras un año de residente donde te quieres morir en cada guardia, lo que de verdad quieres es dejar todo esto  atrás, como si fuera un mal sueño, pero llevas ya tanto invertido, que es dificil repensar qué hacer con tu vida. ¿Acabar de "fenicio", como decían mis amigos? -desde luego visten mucho mejor que nosotros, y antes al menos siempre traían regalos (ahora no, al menos en el UK, recordemos la capaña No free Lunch. La península, siempre en la vanguardia, me consta que todavía es el Lejano Oeste).

En fin, que es terrible para la profesión la imagen de que aquí termina el detritus de tu cohorte (aunque conociendo a muchos de mis colegas, una no puede autoengañarse mucho tiempo: un saludo a Mostacho Klimt , al pequeño saltamontes el griego y al little Padawan el egipcio).  Pero en serio,  hay un pequeño grupo vocacional que siempre sabía que quería terminar en esto (elige un órgano al que vas a entregar tu estudio el resto de tu vida: el hígado? el bazo? No hay posible competición: El Cerebro), o por lo menos lo vamos delineando a medida que pasan los años en la facultad. Cuando entras eres un baby que se va a Africa o Latinoamérica con MSF nada más que te den el título, pero luego te caes del caballo: nada de lo que estudias te apasiona y entras en crisis. Pero la gente te dice "no, estos son los años preclínicos, en cuarto todo mejora". Así que aguantas esos cursos aburriéndote infinito memorizando el conducto inguinal (que siempre cae), aprendiendo las fórmulas de todos los aminoácidos (creo que hay como unos 20), y no siendo capaz de comer más salami porque huele igual que la sala de disección. Pero hay una pequeña luz, de todas las asignaturas de las preclínicas, disfrutas en las clases de Psicología Médica, en las que el profe cuenta historias como la de un paciente que se creía vampiro y vivía en una pensión "de tan baja estofa" (sic) que le dejaron entrar un ataúd, en el que dormía. Recuerdo esa historia porque, bueno, es bastante inolvidable (con los años llegaría a ver una parecida, pero este se quedó en pintar la habitación de negro y ser gótico) pero también porque debí pensar "igual prefiero dedicar mi vida a entender esto que el ciclo de Krebbs". Cuando llegas a los cacareados cursos clínicos, que van a salvar tu crisis existencial, sigues descartando y ya confirmas que ninguna quirúrgica podrá ser lo tuyo, tras varias incursiones en quirófano donde directamente te caes redonda y te tienen que sacar en brazos un par de camilleros que jesús-josé-y-maría, igual era psicosomático. A ver, que ahora nos reímos (la comedia es tragedia más tiempo), pero a mí en aquellos momentos no me hacía niguna gracia y "luchaba" exponiéndome a todas estas cosas para las que parece no fui llamada. Soy demasiado impresionable.  Así que podría decir que acabé en la profesión del autor de esta novela porque era lo mío (que lo era), pero también porque los camilleros están para llevar camillas con pacientes, no personal. Shem y colegas terminaron aquí huyendo de la medicina interna. Pero al final: ¿quién no huye de algo?

Parece que el autor luego publicó otra novela similar sobre un hospital psiquiátrico, y otra más reciente, donde parece que sigue jugando a "los médicos y las enfermeras", 40 años después- ¿en qué planeta ha vivido este hombre? No leeré ninguna de las dos, y como he dicho, aunque no me arrepiento de haber leído esta, no me atrevo a recomendarla. Yo he aprendido que la literatura médica es algo kin' dificil de escribir de una manera humana pero con cierto humor y cierta mirada, sin caer en solemnidades o creernos superwoman, muy ocasionalmente me he encontrado frases llenas de ingenio y casi formalmente literarias y, sobre todo, me he reído culpablemente en algunos momentos; sobre todo -y con esto termino- con la mejor regla de Fats, que podemos extrapolar a cualquier hospital, y en general a la vida:

"El primer procedimiento en una parada cardíaca es tomar tu propio pulso".  


17 comentarios:

Anónimo dijo...

cruel novela. No os deja en muy buen papel.

Di Vagando dijo...

Hola Anónimo, gracias por comentar... una de las razones por las q no deja en buen papel a l@s médic@s es pq su imagen social está muy idealizada... en mi edición la intro la hace John Updike q es el q dice q este libro hizo por la medicina lo mismo q Catch22 por los militares, o igual peor, pq en Catch22 (libro q por cierto no terminé) ya el anti-militarismo tiene larga tradición, son un objetivo fácil. Por lo visto nadie había hecho esto antes con los médic@s en 1978. Pero al final, como en todos los colectivos, hay gente en medicina sin ningún tipo de empatía. Los estudios que miran el % de gente sin capacidad de esto (o de sentir remordimiento, con afecto superficial, todo eso) en distintas profesiones suelen decir q las profesiones más empáticas son enfermería y tal, y dentro de la medicina (q no es una de las primeras), las especialides con más psicópatas son las quirúrgicas... habiendo conocido unos cuantos (igual mi muestra no es lo suficientemente amplia ;)) lo suscribo.

Pero también tiene el libro momentos emotivos, en los q ves q esta panda de zafios está pasándolo muy mal con los q se les mueren, o incluso cuando el prota acelera la muerte de un paciente q está sufriendo sin sentido, casi como un acto de amor [Me recuerda a esa gran peli de Haneke titulada precisamente "Amour"]. Hay reflexiones sobre la fragilidad de la vida y la muerte, y lo q te hace psicológicamente estar expuesto a eso... pero el problema es q hay tanto envoltorio de "desfase de despedida de soltero" q pone tal vez al lector sensible (o feminista! o no blanco!) en guardia y entonces esos otros temas se pierden.

Salud

di

Elena Rius dijo...

Bueno, al menos esta recomendación mía no ha sido un fiasco total. Incorrecta lo es, y mucho. Supongo que yo misma, si lo hubiese leído ahora y no hace treinta años, lo hubiese notado más. Pero recuerdo haberme reído mucho, incluso con lo de los gomers: es cruel, pero imagino que si te pasas el día rodeado de ese panorama humano tan desolador, distanciarte y tomártelo con humor es un mecanismo de supervivencia. Siempre he pensado que no hubiese podido estudiar medicina por el asquito que me producen ciertas cosas, pero leyéndote compruebo que existen almas intrépidas que, aún siendo impresionables, se han atrevido con ello. ¡Lo de tu salida del quirófano en camilla, jaja!
Por cierto, yo tampoco acabé Catch-22.

Di Vagando dijo...

Hey ELENA, tus recomendaciones siempre son buenas! Yo lo tendría q haber leído cuando empecé pq es parte de la "cultura" y explica cosas. Y sí, lo de los gomers puede ser una defensa como dices, pq si te llevas todo eso a casa no puedes funcionar... lo q pasa es q daba la impresión de estar escribiendo como un blog cerrado para cuatro colegas en lugar de un libro abierto al mundo, y en el contexto es donde vienen los problemas probablemente... Pero también pienso cómo ha cambiado la sociedad, recuerda q hace 30 años en Ejpein la gente se reía de "gangosos" o "subnormales" (ahora tienen otros nombres PC, hasta q estos nombres PC sean apropiados para burla, y habrá q cambiarlos). Bueno, no me meto en "los límites del humor" pq es un tema supercomplejo del q he hablado bastante con amigos y aún no lo tengo claro del todo.

Lo del asquito, sí, lo q pasa es q cuando quieres mucho algo a esas edades, yo qué sé... yo me he forzado a hacer cosas q me daban miedo, pero las hacía (y lo bien q te sientes luego). Igual envejecer es poder decir "paso". :)

Lo de salir en camilla, lo triste es q no fue solo una vez ni solo en ese país: en mi primer parto, la imagen q tengo es de mí en el suelo (supongo q alguien abanicando, spr hay alguien abanicando) y la parturienta mirando hacia abajo desde la mesa de parto y preguntando "estás bien"? :) Señorrr

muxus

di

Elena Rius dijo...

¡Jajaja, la pobre parturienta! Menos mal que decidiste dedicarte a la psiquiatría y no a otras especialidades más sangrientas.

Di Vagando dijo...

:):):) lo q no sé es cómo una se anima a tener hijos tras presenciar eso... Como dice una amiga mía ginecóloga: "el parto, proceso fisiológico una m..." Espero que no me lea ninguna hippie de las q quieren parir en casa. Te lo aseguro, las q lo hemos visto antes queremos cables, monitores y sobre todo EPIDURAL.

bESO

Di

marisa dijo...

Mira q me cuesta meterme en el grupo de los notarios de Cuenca, pero el libro no m tienta, no.
Tú y la parturienta me habéis recordado a la irati n°1 q se desmayó en una de las visitas en planta durante sus practicas de cardio. Se despertó y la paciente preocupada le decía ¿estás bien, michica?, gran vergüenza y mal rato para la doctora irati, nada sutilis. Me asombró q eligiera la medicina, no tanto por su personalidad amorosa como por su horror a la sangre.
Besitos

andandos dijo...

Espero que el "espíritu" de Ramón y Cajal siga vagando por los pasillos del Provincial

Di Vagando dijo...

Hola darlings,

MARISA, pues mira q con el notario de Cuenca (o con los "abogados cristianos", es q ayer oí de este colectivo) pensaba en ti... :) Irati-1 va a ser una gran médica (ya ves: lo de la sangre es irrelevante) pq es lista y buena gente.. no ha podido heredar el sutilis del padre pero como decían en la peli de Billy Wilder "nadie es perfecto". Los pacientes suelen ser muy majos cuando te ven así joven y asustada. En mi primer trabajo nada más llegar dondetúyasabes me tocó evaluar a un tío muy irritable (fase hipomaníaca del trastorno bipolar) y le dice luego a mi jefe: "de qué van? me han mandado una niña?" Y yo ahí con cara de póker :)

Te han operado en el Provincial ANDANDOS? Ya está? si estás aquí es q sí, y te ha protegido Don Santiago (me examinó de AP su nieto, q era un padre, pobre hombre, no recuerdo si me preguntó de las células de Cajal, pero habría estado bien) Y ya lees bien? Me alegro si es así, pero no metas muchas horas en el ordenador. Seguro q el piano lo puedes tocar con los ojos cerrados :)

Muchos muxus para ambos, comámonos el finde! :)

di

andandos dijo...

Nada, solo preoperatorio, aún tengo muchos delante. Vi que R y Cajal había trabajado allí y que había sido, el Provincial, ¿referencia? positiva y negativa, según cuándo, en psiquiatría.

Di Vagando dijo...

Ah bueno, si estás preop ya no puede faltar tanto... ánimo! Y no tengo referencias del Provincial y psiquiatría, pero todo lo negativo me lo creo. La historia de la psiquiatría es terrorífica: lo peor, me planteo qué horrores hacemos hoy q dentro de cien anios se echarán las manos a la cabeza. He contado alguna vez q a los ninios hiperactivos se les daba heroína a principios de SXX? Por lo hablar de los "Banderleys"...

andandos dijo...

No, no lo has contado. Dentro de cien años quizás todo el mundo sin excepción tome pastillas para todo.Muchas personas están medicadas para vivir, para engañarse lo suficiente,simplemente.
Un exceso de lucidez sobre uno mismo puede ser fatal, literalmente.A mí me parece muy complicada, la siquiatría,
a la vez que interesante. ¿Qué es lo normal?

Un abrazo

andandos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
andandos dijo...

Exagerando un poco...

Ses dijo...

A veces los lectores sorprenden. A mí viendo que de medicina cero patatero, pues ni lo intento, pero hay gente que tiene intereses muy concretos y seguro que este libro les apasiona.

Di Vagando dijo...

Hola ANDANDOS... sacas un tema filosófico darling. Has leído Homo Deus? (felicidad química etc) Y tú tomas paracetamol para el dolor? Da para mucho, lo del autoengaño :)

SES... al final el tema es lo de menos, lo q importa es q esté bien escrito, o q a ti te llegue por lo q sea. Uno de mis libros de hace un par de anios fue sobre un grupo de pintores de brocha gorda en la INglaterra profunda ("the ragged trousered philantropists"). Maravilloso: ya ves, el tema da igual.

Abrazos para los dos

di

andandos dijo...

Vale, Di, ya entiendo. Gracias y un abrazo.