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24 marzo 2021

El último año: The director's cut

Ayer fue el aniversario del confinamiento británico, día en el que yo aún fui a trabajar, y hoy hace un año nos mandaron
 a (trabajar desde) casa.  Y aquí sigo. 

A veces, vivir en el extranjero te da la oportunidad de vivir el mismo acontecimiento -que luego igual será histórico- desde las dos perspectivas, y acabas siendo un poco la reportera del lado de allá para los del lado de acá (gracias, Julio) y viceversa. Ejemplo 1, el 11M: cuando en España todavía se estaba insistiendo que todo el que dijera que el atentado no era obra de ETA eran unos "miserables", aquí la prensa ya era un clamor en otra dirección. Ejemplo que nos ocupa, la pandemia: al principio en Reino Unido íbamos con "dos semanas de retraso" en todo, familia y amigos ya estaban trabajando en casa, pero a pesar de la evidencia de que nos iba a caer la misma plaga de langostas (si no mayor: isla superpoblada), al igual que en el resto del mundo, no se hacía nada. Hasta salió el inefable Johnson a hablar de "inmunidad de rebaño" unos días antes-luego tuvo que envainársela y dar marcha atrás. 

Esas semanas en las que fuimos desacompasados, yo seguía yendo al trabajo, en realidad a escribir informes, porque nadie quería ya venir. El último día me encontré en el pasillo con una de esas gerentes que me preguntó "si estaba bien", tal era mi palidez. Solté mi arenga, independientemente de la cual al día siguiente ya no volvimos. 

Creo que la primavera pasada escribí en el blog abiertamente sobre lo mal que lo pasé al principio: el maldito concepto de "medicina de guerra" hasta en sueños. Dos conversaciones  me serán dificiles de olvidar: la primera, aquel último día de trabajo presencial, conversación con un colega griego que me presentó su versión del armageddon: nos iban a llamar para ir a las plantas. Pero qué dices, eso no es posible: si yo solo he usado un laringoscopio en dummies, cómo voy yo a intubar a nadie. En dos días aprendes, "medicina de guerra". La segunda, casi peor, con otro colega jubilado que me llamó para escribir nosequé de ayuda del gremio en una web. Para tranquilizarme sobre el concepto "Di-cogió-su-fusil-digo-laringoscopio"  dijo: "no te preocupes; si lo pienso, en mi primer año de House Officer-mírese el divague de "La casa de Dios", maté a varias personas". Y no contento con eso: "Pero además, no creo que te llamen para eso, más bien para comités de bioética: decidir quién vive o quién muere. Es medicina de guerra".

En serio: estas conversaciones y las reuniones diarias los primeros meses no ayudaron. Por lo que sea.  La sensación de no tener las habilidades necesarias para un trabajo es siempre horrorosa (la vivo ocasionalmente en la cocina), pero cuando tienes vidas en tus manos, eso es otro nivel. Afortunadamente, para alivio de los británicos, nada de esto pasó  y pude seguir trabajando desde casa, desarrollando de hecho métodos remotos que han funcionado muy bien y que yo querría por supuesto extender a una isla griega. Pero qué frivolidad pensar esto cuando "medicina.de.guerra". Teniendo salud se hacía imposible quejarse de nada y además, el sol brilló espectacularmente sobre Londinium durante todos esos meses. Pasé horas y horas leyendo en mi balconete de un metro cuadrado,  acabando más morena que algunos veranos (siempre factor 50, nos quemamos mucho en casa). 

En aquella época, yo aún pensaba en el futuro: mi foco estaba en el verano:  ¿Qué íbamos a hacer? Cada nuevo día existía la posibilidad de que cambiasen las cosas. Pero de repente, en un punto ya se vio claro que, aunque algun@s fueran a seguir sus planes como si nada, algo estaba pasando. No planeé nada y la semana que al final pasamos en Yorkshire fue reservada dos noches antes de salir. La siguiente meta era el half-term de Octubre, y con esta simpática sinestesia mía con la que me represento el tiempo visualmente, ahí al fondo estaba Diciembre, con sus luces de Navidad,  como la siguiente esperanza. Pero nada.


Cuando por fin se constató esa "nada",  noté que algo profundo le había pasado a mi cerebro en estos meses:  dejé de pensar en el futuro. Esto es algo inaudito, nuevo, extrañísimo en mí.  Empecé a ver una nebulosa blanquecina, una niebla que está ahí físicamente en mi mapa mental del tiempo, y se ha quedado. Ya no me atrevo a pensar en con quién estaremos en los cumples o lo que haremos en el verano-aunque según las noticias de ayer, estamos atrapados en la isla: no se puede salir, de momento.  Gracias a las vacunas, me he empezado a atrever a considerar que tal vez, quién sabe, si todo el mundo está vacunado, podamos ir a casa por Navidad. Pero tampoco me sorprendería un giro de guión, que es a lo que me he acostrumbrado. A no tener el control - cosa que los control-freaks no llevamos bien.   "Take back control" es el maldito lema con el que ganaron el Brexit. "Give up control" es lo que nos hemos visto obligados a hacer, y me he sorprendido a mí misma en esta especie de "dejar que fluya". ¿Qué será lo siguiente, el budismo?
Atrapados en la isla-Mini está nadando

Cosas que no pensaba que echaría tanto en falta: 1. Cortarme el pelo. Desde Navidades del 2019 ("the end of the world as we know it") solo he estado en la pelu un día de agosto.  Pocahontas, nivel leyenda- y que yo lo diga os debería preocupar. 2. Salir de fiesta. El viernes un amigo que ya no vive en Londinium escribía en insta: "¿quién se anima a una noche de karaoke de David Bowie?". Buf, yo, dónde hay que apuntarse (potenciales víctimas que me leen desde lejos, manisfestaos). Dance the night away.

Y por fin, tres cosas que me han salvado este año, las tres primeras son las de todo el mundo, lugares comunes: familia, amig@s, libros. Aunque solo he podido abrazar a una (Mini) y medio (el Peda de tanto correr está desapareciendo), el resto por teléfono, por email, por whatsapp, por videollamada, por señales de humo, por palomas mensajeras (gracias a tod@s). Y algo que tal vez sea menos común: a mí me ha salvado este blog. Escribir ha sido como siempre ser feliz, y leeros y contestaros, aún más.

 Jeffrey Eugenides dijo que "la vida real no puede competir con escribir sobre ella" (real life doesn't live up to writing about it) y yo matizo, "si no puedes escribir sobre ella, la vida es sin duda peor". Sigo viendo una nebulosa en el futuro (y más desde que estamos oficialmente atrapados en la isla), pero lo que hago es no mirar mucho y centrame en el aquí ahora. Y entonces me veo escribiendo y solo algún rato soñando con ese divague que terminaré con  la mayor resaca de la historia, con una melena presentable, y frente a una cala cualquiera del Mediterráneo . Un día. 


7 comentarios:

molinos dijo...

Que buena reflexión. A mí me ha pasado un poco como a ti, yo siempre andaba planeando, pensando qué haría en tal o cual fecha y al principio de todo esto me daba vértigo no saber, o peor, pensar que no había futuro. Luego me fui calmando y mis planes ahora mismo son para esta tarde, para mañana, para pasado como mucho. A mi me ha salvado lo que a todos y luego Los Molinos y leer. Leer muchísimo.

Un abrazo virtual, querida. Y no te cortes el pelo tu misma, por favor...

andandos dijo...

Te he leído y reconozco muchas de las cosas sobre las que reflexionas. En este caso no tengo nada diferente que decir de lo que ya han dicho miles de personas de mi edad.

Un abrazo

Di Vagando dijo...

Hola darlings MO & ANDANDOS, gracias por vuestros comentarios, compartiendo desazones y perplejidades... creo q estamos todos sobrellevando estos cambios como podemos. Esta especie de aceptación (a la q nos negábamos muchos al principio) es bastante curiosa, pq aunque en principio como motto vital no sea lo mío, bajar la cabeza y aceptar, en esta pandemia la gente q se ha negado a asumir esto y me han dicho cosas como "yo no quiero vivir con miedo, por eso hago X", han sido, yo creo, los equivocados. 

Lo del futuro era muy agobiante hasta q lo asumes y "let it go", como en Frozen. Soy malísima en meditación y mindfulness, pq la cabeza me va a mil, pero igual esta observación sin pasión del hecho, solo "ver el pensamiento y observar como pasa delante de nosotros sin tocarnos" es lo más parecido q haya hecho nunca a la meditación.

Tampoco me visualiceis como un Buda de esos gigantes dorados, también he tenido últimamente momentos de patada en el suelo y cabreo, pq llevo sin ver a mi familia más de un anyo, y se está haciendo muyyy largo. Pero estaba mucho peor el anyo pasado por estas fechas, cuando lloraba con canciones de Los secretos o de quien fuera :)

muxus y carpe diem

di

marisa dijo...

Empecé el confinamiento de marzo escribiendo un diario que acabó cuando ya pudimos volver a una cierta normalidad (salir a la calle más allá de salir a trabajar). Aún así, creo que escribir sobre la vida no puede ni de lejos competir con vivirla aunque reconozco que escribirla la perpetúa, y eso le añade un plus. Ahí lo dejo para debatir con una birra cuando se pueda...
Porque a lo que quiero hincarle el diente es a lo del karaoke, a lo que me apunto desde ahora. Yo quiero salir del confinamiento bailando, pero acepto el karaoke como sustituto provisional. Aunque sea contigo, que sé cómo te las gastas (o por eso mismo)
Por ahora, me conformo con los libros y el monte
Besitos

Di Vagando dijo...

MARISAAAA! Esa frase de Eugenides es un poco boutade, y por ello me gusta. Porque claro q lo normal y deseable es vivir la vida siempre intensamente en primera persona ("amar como solo se ama en la poesía" etc), pero a veces es lunes y llueve y además hay mil otras vidas q podríamos vivir, aunque la nuestra sea la pera. Y eso solo se atisba con la lectura (y los q escriben, tb vía la escritura). Un conocido, profe de clásicas, decía "los mejores viajes los he tenido en mi sofá, chata", (refiriéndose a sus lecturas-o bueno, ahora q lo pienso...:)) cuando le hablábamos de tal o cual viaje. Y es curioso, con lo q me gusta viajar, q MUCHAS VECES durante un viaje, los momentos que más disfruto son los q estoy allí leyendo (definitivamente más q si estoy visitando un monumento con filas, q es algo q a medida q me hago mayor y sensata, hago menos). A veces recuerdo sitios con el libro q estaba leyendo allí. Y, sobre escribir, cuando escribo los diarios de viaje por las noches, he de admitir q me lo paso tal vez mejor q durante el día en general... matizo: ese momento sin el día no existiría, pero en la jornada hay muchos momentos, algunos superéxtasis cuando ves algo o te pasa algo interesante, pero tb hay ir de a a b, esperar, tener q elegir comida, multa en el coche, lo q sea... y la noche, cuando escribes, destilas todo eso, pero además te esfuerzas (con limitado éxito, lo sé)< pq esa historia sea divertida, q llegue a alguien, o por lo menos q te llegue a ti dentro de 20 anyos cuando no te acuerdes de nada.

Bueno, las noches míticas de karaoke, recuerda aquella en aquel subterráneo en Balham :) (observadores internacionales antropólogos)... y las de baile "aunque sea contigo" cabrona, están firmadas...

muxus lovely

di

Sofía dijo...

El poder del ahora, que le ha arrebatado el protagonismo al futuro.
Esperemos poder tener el control de nuestras vidas pronto, aunque sea para hacer la competencia al lema Brexit.

Di Vagando dijo...

Hola Sofía! Me gusta lo q dices del "poder del ahora"...me recuerda al lema de la peli "Sufragette" q era "THE TIME IS NOW". También me gusta mucho la palabra "momentum" q no sé si se usa mucho en castellano, pero es chula usarla no solo para grandes movimientos (como el momentum q está ahora cogiendo aquí el "Reclaim these streets" en contra de la violencia contra las mujeres-alucinante q n UK no llevan la cuenta oficial de las mujeres asesinadas), pero tb en cosas pequenias, tipo un proyecto en el trabajo o cosas así.

Oi, me he ido del tema... bueno, por algo al blog le llamó mi colega fundadora "divagando".:)

Besos

di