No es la primera vez que hago un divague instigado por los pensamientos que me azotan cuando me toca ventana en un vuelo. Son una versión del "cielo estrellado", una de mis experiencias favoritas: echarme bajo un ídem en una zona donde me creo aislada y preguntarme, ante la inmensidad del universo, "por qué nos afanamos tanto aquí abajo". Desde el avión que me lleva a Vetusta es ver la vida de abajo en cámara lenta y darme de bruces con otra inmensidad, esta vez la del mar, la de las playas de las Landas, la de los Pirineos.
Parece mentira que haya sol por encima de esas nubes cuando estás abajo, esperando bajo la lluvia en la estación de Tottenham Hale, mientras escuchas por megafonía que "han cancelado del tren por un cisne en la vía". Notifico a la familia por WhatsApp y ahora me doy cuenta de que en lugar de enfatizar con el emoji de cisne, inserté un ganso 🪿. Los británicos son muy amantes de los animales, y conjuro la siguiente imagen en mi cabeza: el tren parado y una patrulla de veterinarios intentando persuadir al animal sobre los beneficios de desalojar la vía.
Lo importante es que no pierdo el vuelo por el pajarraco y que aterrizar en Vetusta la nuit me da para un par de fotos malas mientras busco landmarks (intento evitar anglicismos, pero es que "punto de referencia" o "monumento" de Mr Collins no es lo mismo). Me pregunto sobre qué ciudades he sobrevolado que sean dignas de mención: lo bueno de esta edad es que a veces no recuerdas si algo ha sido una conversación o lo has vivido. Por ejemplo, las pirámides de Giza: ¿las vi o no? (recurro al Peda, que no ayuda — misma edad y déficits). ¿El Monte Fuji? Él dice que el Vesubio una vez hacia Grecia. Luego está Londinium, pero pocas veces se sobrevuela la ciudad, solo cuando se va a Heathrow—y sí, es una chulada (sobre todo ver el parque delante de casa).
Una vez en Vetusta, como siempre digo, se repite el ritual volver a la adolescencia, en todos los aspectos. Como estuve buscando los diarios para hacer el divague del 8 de Marzo, me encontré con muchas cosas más. Por ejemplo, este mapa que sirve de nuevo para ilustrar los problemas con la memoria, o por qué deberíais todes ya empezar a escribir un blog. Decía: este mapa creo que era de la Yaya (ya pergamino), pero también podría ser de Fashion, que me pedía que se los coloreara dado que ella, niña de pongamos 8 años, tenía algo urgente vital para el día siguiente. Supongo que yo inventé la meditación esta del pinta-y-colorea [con la radio de fondo tal vez no cualifique] y luego reincidí con Mini. Con ella era historia: de nuevo, una niña de primaria tenía importantes deadlines; cómo permitir que caigan los mercados por no ayudar. Como diría Fashion (metafóricamente): "pobre Di, siempre pintando mapas para nosotras". Estoy rodeada de maleantes.
Pero no puedo guardar rencor a Fashion cuando me encuentro lo de arriba: "mi hermana vino a las once de la noche a quitarme una pala de arriba pero no pudo". Sí, el guardar todo tipo de mementos viene de lejos y empecé con la hermanísima: hay mil dibujos y demás suyos en carpetones de títulos innombrables. Y un día subiré al desván y estarán todos mis cuadernos, hasta parvulitas. Watch this space.
Esto empieza a ser una tradición: estar en Barna antes de Semana Tonta y pasar por esa pastelería y escandalizarme con el precio de las monas - aunque creo que este año están más razonables, no vi ninguna por más de 100 euros. Esto no quiere decir que haya comprado una a Roc (del que los padres aseguran soy la padrina subrogada - pese seguir la criatura "morica" como se decía en los pueblos), porque va en contra de mi religión nutricional y dietética. Hace tiempo que vengo diciendo que el Estado debería tomar cartas en el asunto —no en concreto con los huevos de Pascua—, pero sí con esos lineales tras lineales en los supermercados de comida ultraprocesada, envuelta en colores "atractivos" (escribió la fan del blanco, negro y marino), diseñada por científicos malvados para ser adictiva ergo, se necesite consumir más y más. No hay ninguna faceta de la salud en la que a los avances científicos les cueste tanto ser implementados en protocolos. ¿Por qué? Con la industria alimentaria hemos topado, Sancho. Del paralelismo de esto con la industria tabacalera ya hablé aquí, hace dos años, y aún estamos esperando un cambio.
Estas fotos son de una calle de Barna que siempre me sorprende porque aún tiene comercio tan auténtico como "confecciones", que casi suena a mercería, "lugar al que tendemos" en este blog (tendemos en sentido matemático).
Aún hay gente que se casa, sí, y se hacen transportar en ese coche tan bonito. Igual es que estoy mayor y de salida de la vida, pero es que hay cosas que no entiendo: hoy una amiga me pone un WhatsApp que se va a un bautizo. Que podía ser comunión porque "con la pandemia" lo dejaron y el crío tiene cinco años. Padres negligentes: imaginemos que le pasa algo y muere morico, como mi sobrino. Estoy por llamar a Servicios Sociales. Pero lo que más me preocupa de esta historia -padres sin corazón los ha habido siempre- es que inviten a terceros a este evento. Prueben a invitarme a mí. O a una boda: si me ponen un gorro de plato podría ser la conductora del Jaguar.
Bobo (bohemian bourgeois) Chic en la Condal, cerquita del Jaguar. ¿En qué han quedado los Bobos de hace 20 años, que se gastaban quince mil libras en una encimera que pareciese la de una pescadería antigua de Nápoles? Era fácil reírse de los Bobos, pero con la que está cayendo, ahora parecen hasta inofensivos. O quizás le estoy dando demasiadas vueltas y aquí solo vive una anciana que, como yo, pasa de todo, aunque aún mantiene un rayito de esperanza ilustrado por las plantas. Tal vez en breve las tenga que cambiar por coles o tomates, cuando venga The Road. Ya lo dijo Rose, que está resultando ser una visionaria en casi todo. Desde que tiene demencia y no la vemos, este blog ha perdido mucho.
La foto de abajo es para que el divagante que ha seguido el desarrollo de Roc tenga evidencia de que progresa adecuadamente. Como los ingleses, también ama a los animales (no sé qué opinará de los gansos) y aquí está haciendo amigos con un perro Bobo que espera a su también Bobo compañero de piso a la puerta de una panadería. Hay que seguir perdonando a los padres las pintas de Roc, solo anotar que lo que le sale por debajo del fachaleco es una capa que, siendo negra, o será de superhéroe [Batman], o tal vez de Drácula, pues para él solo hay dos estaciones del año: cuando acabaron las Navidades, preguntó: "¿Cuánto falta para Halloween?". Su principal motivación para volver a Londinium es "ver La Bruja" (absténgase gracios@s y cliquen el enlace).
Me gustan los catalanes, hacen cosas, ya lo decía el poeta. Y dejan pegatas por la calle como las de abajo. Igual no se refería a juventudes anarquistas, antisistema y, qué le vamos a hacer, indepes, que firman las pegatas. Quién no se querría independizar de tanta mierda: yo por ejemplo, de Oregón, que votó hace poco [mi voto a la basura, devuelvan mis £10!].
Y como va de desmemoria hoy, terminaré anotando que no todos los olvidos son malos: por ejemplo, había logrado obliterar de mi disco duro el concepto y dramática realidad de "cumpleaños infantiles". Pero claro, el sobrinísimo ya empieza con esa tortura-para-ma/padres en un local lleno de bolas habilitado a tal efecto y allá que nos encaminamos. El ruido era ominoso, así que dejamos allí a Fashion con Mini, socializando con el resto de madres mientras las criaturas, lideradas por Roc, se dedicaban al parecer a movilizar el mobiliario -afortunadamente blando- en la piscina de bolas, en lugar de disfrutar (si ese es el verbo) de la susodicha piscina.
Y estas fotos son producto del paseo alternativo con el Peda por esta parte de la ciudad que no conocía. La Sagrada Familia desde el Parque de Monterols, el mar, el solazo: a veces me pregunto qué hago en Londinium, particularmente porque en este parque se oye mayoritariamente hablar inglés.
Sigo sin saber qué era este edificio, pero es chulo con sus gárgolas y todo. A mí, amateur amante de la arquitectura, me hizo mucho daño Ada Colau con aquello del esclavismo: no puedo evitar pasear por Barcelona y, tras la admiración puramente estética inicial ante cualquier maravilla modernista, luego viene la coletilla (también constante en mi mente en la ciudad donde vivo): "esto se construyó sobre la sangre de esclavos". Pero, ¿qué no? ¿Alguien ha dedicado un segundo a pensar en todos aquellos trabajadores indios, pakistaníes, bangladesíes en Oriente Medio, construyendo esas horteradas de cristal y acero, antes y ahora, durante la guerra? Mientras, todos los 'kin ex-pats e influencers huyendo de allá (o durmiendo en camas en garajes de sus hoteles, al lado de 4x4s) patrocinados por los impuestos de todas.
Pero las gárgolas sonríen ahí desde hace siglos: han visto de todo. Deben pensar que somos idiotas. Me encantan los nombres de las calles de este paseo, por eso: Copérnic, Plató, Descartes... da igual que toda esta gente haya existido: somos idiotas.
Y termino con un nuevo vuelo, el de vuelta. Una vez más, aquí arriba, todas esas ansias del ahí abajo parecen parte de un mal sueño. Como para compensar que vuelvo a un curro que es un Bedlam en el sentido real y metafórico, los Hados, o Copérnico, quién sabe, me regalan una salida maravillosa: primero, el avión va hacia el este, como si volásemos a Grecia (mmm), pero entonces da una vuelta, como bailando con las nubes, y volvemos sobre Barcelona con los Pirineos nevados al fondo.
Aunque estoy de vuelta de la vida, como espero que haya quedado claro, hay aún un número de cosas que me proporcionan una felicidad inusitada: una de ellas es ver montañas nevadas (oh, el Atlas por sorpresa, aquella vez!). En Vetusta no hace ni falta subirse al avión, desde ciertos puntos de la ciudad se pueden ver los Pirineos nevados: no me entra en la cabeza, pero es así. Aquí, desde el avión, tiene menos mérito, pero sigue siendo maravilloso. Doy saltitos en mi asiento y soy feliz.
Nota: no hay tanta nieve como cuando voy a Vetusta, que vamos por el centro: por algo son los Pirineos orientales, más suaves, menos dramáticos. Más sardana, menos jota. Me pregunto cuándo podré volver a Bellver.
Dos horas más tarde, esta es la visión del aterrizaje en Londinium: la foto no capta la miseria de la llovizna y Lo Gris en su verdadera extensión. Pero mientras escribo esto hace sol, y me espera la bici y aventuras ahí afuera: no hace falta volar y que te toque ventana para todos estos desvaríos, o divagues en el sentido más amplio de la palabra. Pero ayuda.























Como microodisea no está nada mal. Espero que tu Ítaca laboral siga estando donde estaba... porque a peor siempre se puede ir... por ejemplo Ítaca-Teherán (porque la Ítaca - Gaza ya no está de moda, así que no puede empeorar!!!)...
ResponderEliminarBicos siempre mejorables...