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28 mayo 2022

Una semana con Roc

Mayo, sobredosis de efemérides, a la que se suma el nacimiento de Roc el pasado día 8. Como ya conté aquí, cuando Roc aún no tenía doce horas, la Tía de América -este nuevo rol que me han adjudicado y que no falla en reproducir en mi cabeza el "I want to be in America" de West Side Story durante un rato- ya estaba allí. A partir de ese momento, fue una semana la que pasé conociendo a Roc, hasta que con muchísima pena, como quien se separa de un amor de verano, me tuve que volver a la isla. 

Lo del amor de verano va en serio: es enamoramiento, puro y duro. No amor normal, saludable, de ese que usted siente por sus hijos y padres, sino enamoramiento loco de ese de se hunde el mundo cuando él coge ese tren. Por ello, porque en absoluto soy sospechosa de rollos místicos, ni iluminaciones varias, pensaba que esto me había pasado con Mini por la oxitocina y la montaña rusa hormonal post-parto. Pero no, aquí sin parto y me volvió a pasar.

Un síntoma? Soy muy impaciente, de esas personas que al resto les parecen insoportables, porque no puedo "estar sin hacer nada" (no se trata de "aprovechar el tiempo" sino de que me cuesta estar pasiva; soy a do-er, que dicen los ingleses). Sin embargo, aquí, me podía quedar mirando a Roc por un tiempo que en situaciones normales me parecería irrazonable. Nota: si eres de aquellos que les gusta sentarse a "no hacer nada" o a "perder el tiempo", no me entenderás, y no podré explicarlo, porque estamos hecho fundamentalmente de material distinto. Pero esta vez he sido como tú,  solo que en lugar de sentarme a mirar cómo se seca la pintura, ha sido mirando a los ojos (a menudo cerrados) de un bebé de días con cara de boba.

Total y resumiendo para los impacientes como yo: que pasé ingentes cantidades de tiempo esa semana colgada de ese bebé, y repitiéndome lo mismo que sus padres, y que era lo mismo que me había dicho a mí misma cuando nació Mini "pero qué suerte he tenido, pero qué maravilla de la naturaleza"... en fin, esas cosas que suenan patéticas leídas en frío, como suelen ser los escritos de amor escritos una noche a la mañana siguiente. La sensación de "este es uno de los momentos más especiales e importantes de mi vida" y "si por algo merece la pena vivir es por momentos como este" resulta luego, mirando para atrás, ser cierta.  La idea delirante (delusion, me gusta más la palabra en inglés) de "esto solo me ha pasado a mí" se  ve como tal-delirante- 14 años después. 

Cuando vas a ver a hijos de la gente, de alguna manera hay que mantener las distancias, no vas a ser la prima Maribel que los llena de babas (me cuentan que yo de niña odiaba los besos de las primas maribeles, por eso nunca beso a los niños pequeños). Aquí, nada más entrar furtivamente en la habitación -no dejaban visitas por tema covid-, me di cuenta lo que ya imaginaba, pero quién sabe con padres primerizos: que no eran gente. Fashion me lo dejó coger y dicen las malas lenguas que en las fotos del primer día "parecía que me daba miedo": se me había olvidado tener a un bebé en brazos! Eso, o que venía de una rave nocturna sin dormir (véase "bienvenido Roc"). 

Ah y también el primer día, era tan minúsculo (Mini fue bastante más larguirucha) que no sabía ni llorar. Fashion, que me llevaba unas horas de ventaja,  aclaró: "pone cara de llorar pero no sabe aún el ruido". Enseguida lo aprendió, como saben sus padres ahora perfectamente, especialmente a las 3 am. Es un ruido encantador, que a mí me hipnotiza ahora por teléfono o videollamada, me lleva justo a esa semana. 

Esos primeros días nos debatimos en establecer si Roc era un bebé tranquilo, o todo lo contrario. "Es tan buenito", decíamos a veces, para desmentirlo luego tras un arrebato de -ahora sí- lloro. Roc odiaba particularmente que le cambiaran de pañal, ni digamos de ropa. Se ponía a llorar así con los brazos abiertos, como si quisiera que le diéramos un abrazo. Me daba tanta angustia meterme en su sensación de qué-está-pasando que entonces le ponía mi cuello entre los brazos, como si él supiera lo que es abrazar. 

Salí con Roc en su primer paseo a tomar una horchata a Rambla Catalunya. Todo era novedad: el carrito, la calle, la gente. El pobre no se hacía al carrito, nos turnamos para llevarlo en brazos (nota de la tía superorgullosa, porque todos los viandantes lo miraban seguro pensando "pero qué suerte han tenido esos tres con ese bebé tan maravilloso". En la terraza teníamos al lado a dos señoronas mayores muy arregladas que con su acento me recordaban a la Yaya. Nos preguntaron todas simpáticas por Roc, y nuestras respectivas filiaciones, "tú eres la madre (no, soy la tía, podría ser la abuela, señora), ah, tú la tía, ah eres la hermana, ah, oh, sí, se parece a tal o cual, y él es el padre, y quién su mujer" y nos contaron alguna que otra historia de su juventut surrealista, para, al poco rato, volver a contar la misma historia como si nada y repetir las preguntas exactas sobre nuestros parentescos: ah, y tu eres la madre, no señora. Situación peli de Almodóvar en la que quedó claro el rol de las cuidadoras que hablaban entre ellas al otro lado de la mesa: para devolverlas a casa y y para proteger a los terracistas:  "Déjenles en paz" (a la tercera vez), y nosotros, amabilísimos (y blogueros), "no no, no molestan".

Otras veces lo cogía y caminaba con él por la casa, cantándole canciones infantiles en inglés, que son las que aprendí con Mini, como la muy apropiada para él "Row row row the boat gently down the stream" porque en la segunda estrofa dice "Rock rock rock the boat", o "The wheels of the bus go round and round" o "London Bridge is falling down". También me sé algunas en catalán, que son las que nos cantaba la Yaya, pero no sé por qué, en plena Barcelona, y no llegué a esa parte del repertorio. Debe ser que necesitaba más tiempo allí: qué pena más terrible volverme, como separarte de ese amor adolescente de la playa que se vuelve a Madrid. 

Què li darem al Fillet de la Mare?
Què li darem, que li sàpiga bo?
Panses i figues i nous i olives,
i una miqueta de mel i mató.

 Y yo sabía que había colgado esta nana alguna vez en el divlog, y una búsqueda reveló que que fue hace muchos años, en el divague que escribí cuando Fashion cumplió 30. Ahí narro las horas antes de que ella naciera, algo así como en el divague anterior hice con Roc (soy un predecible animal de costumbres). Ambos divagues tienen, si lo pienso, mucho en común y en ambos el highlight es que me dejaron coger al bebé (aunque entonces, sentada, por "si se me caía").

Esta semana me hice mil fotos bonitas con Roc para abrasar al personal y a los perfiles de whastapp. Pero, serán los años, no he logrado que me quede ninguna tan chula como esta...

Fiesta de pijamas mojados
con la madre de Roc,
desde el corazón de los 80



Por muchas semanas con Roc.

6 comentarios:

  1. No se si disfrutar un poco o sentirme conspiranoico, pero me encanta notar que el algoritmo que te sustenta, es capaz de diseminar energía emocional tal que si fueras una hembra vetusteña real, en plena fase de reconciliaciónconsigomisma... como madre, nieta, hermana o tía te desborda tanta emoción, que dudo mucho exista algú tipo de programador humano capaz de tamaña proeza... y eso es bueno (supongo, porque nos libre cualquier dios posible de estar afirmando que sabemos lo que es bueno y lo que no)... solo espero que también te aumente , con el tiempo, las ganas de estar "sin hacer nada" ... ya que supongo debe ser lo más cercano a la meditación trascendental (o lo que narices sea lo que nos venden con ese nombre)...

    Bicos trascendentales...

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    1. Egunon MV, los algoritmos cada vez estamos más perfeccionados, desconfía. Has visto la peli aquella "Her" con J Phoenix y la voz de Scarlett Johansson?

      Y has dado en el clavo con lo de la meditación: por eso se me da tan mal (lo he intentado, poco rato, eso sí, jaja). Bueno, al final requiere entrenamiento, como el del cuerpo (q tampoco hago y me aburre muchísimo). Eso sí, ahora me voy con la bici (ejercicio q hago solo pq me lo paso bien, no en aras del pispo... solo mido kms últimam pq el algoritmo se está preparando para una cosa)

      bicos neperianos

      di

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    2. Disfruté con Her, y claro en VO... como disfruté con la nueva versión de BR... el problema que tienen esos algoritmos es que son de guionista (literario), no de programador (pseudocientífico)... tendré criadas bien de malvas ,cuando un programador humano se acerque, siquiera someramente, a la dulzura de la Scarlett o de la Ana... aunque estén muy lejos de ser una Ana Karina, por ejemplo... pero la relatividad de ser humano o ser algoritmo, en esencia, tiene más de Einstein de lo que puede parecer... en el mundo cuántico casi no hay diferencia (pienso)...

      Bicos cuánticos... de eses que existen aunque sean "imperceptibles"...

      Ah, y me apunto al comentario de Molinos... pero como un babeo rico rico (no me atrevía a decirlo).

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    3. Sí, sí.. hay q verla en VO... qué voz tiene Scarlett, la oyes y dices, me voy quitando la ropa... El otro día vi un titular (que no pinché) sobre "las complejidades de tener relaciones sentimentales con la inteligencia artificial". Pensé: wow. Puedo ver q pase, no en todo el mundo, pero seguro q sí. Y "sobre la dulzura", es q seguro q pueden ser mucho más dulces (si eso es lo q te gusta, "if u are that way inclined" q dicen por aquí) q muchas humanas. Yo las prefiero algo ariskas, a las humanas...

      Bicox ricos y sin fundamento... :)

      di

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  2. Dberías haber titulado este post como: Babeando.

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