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28 marzo 2022

Serial 45. Duelo por una ¿desconocida? Siguiendo pistas tal vez solo simbólicas. Y llegó el sobre.

 Dos semanas desde que sé que Sylvia Lannister está muerta, dos. Y ahora me resulta difícil volver a pensarla como cuando empecé a leer sus notas, en lugar de como un producto de mi imaginación. ¿Acaso entonces creía que existía? ¿Que, un día, por ejemplo en diez años me la podría cruzar en un congreso y decirle, oh, mira, no me conoces, pero estuve también Banderley? Y que nos iríamos a cenar y le contaría que leía sus notas, y preguntaría que si escribía, y reprendería si dijera no. Eso, que no me lo había planteado abiertamente, hoy me parece imposible: Sylvia Lannister ha pasado a ser un ente de ficción, y parece que siempre fue así. 

Dos semanas, las más extrañas de mi vida, en las que he interpretado perfectamente mi papel en el Banderley de día: conversaciones sobre el examen, trabajar, nadar. Pero en realidad sabiendo que lo que me llama es la noche - todo lo oscuro de este lugar, desde los archivos a los túneles a Lannister - y subir al diván desde el que escribo en la buhardilla. Es el lugar para ordenar el remolino de los últimos meses. Podría decir "mi cordón umbilical con la cordura", porque suena bonito, pero no funciona como metáfora. Qué más da. Estoy aquí, escribiendo: vamos allá.

Lo primero que hice al llegar de Birmingham fue meterme en la cama todo el fin de semana. Un supuesto dolor de garganta que, alguien bromeó, podría ser afonía histérica. Pero en realidad, una especie de duelo personal extraño: duelo por alguien a quien de alguna manera quería, aunque nunca la hubiera conocido. Personalmente, quiero decir, porque la adivinaba por sus escritos: ¿no es eso más verdad que la piel, que la mirada? Y además, irracionalmente, creía que ella me conocía a mí, o que compartíamos algo. Qué difícil es explicar esto

Callas y Pasolini
en el rodaje de "Medea"
Si las fases del duelo son shock, negación, ira, depresión y aceptación, yo pasé unas cuantas esos días a gran velocidad. En shock estuve en el abrazo con Wences cuando me lo dijo, y toda la noche en la que no pegué ojo. Wences se vino conmigo al hotel y me cuidó como el amor que es. El dijo que claro que dormí -Zopiclona mediante-; tal vez debí soñar que no dormía. Qué suerte he tenido con Wences, encontrar una persona así a tantos kilómetros de casa, que me quiere y al que quiero. Y más suerte de no haberme enamorado de él: pienso en todas de esas historias, siempre tan tristes porque no son culpa de nadie, pero en las que nada se puede hacer. La pintora Dora Carrington queriendo a Lytton Strachey - qué bien le va el papel a Emma Thompson en la peli de Hampton. O María Callas a Pier Paolo Pasolini, que la quería con locura como la diva que era, como la amiga especial, como la musa: pero la locura terminaba allí. Qué duro tiene que ser eso.

Al día siguiente, cuando me dejó Wences en el tren, seguía en shock. Pasaban campos al sol, caballos, iglesias de torres cuadradas, Sheffield, ovejas, un río, Leeds, se fue el sol, llegaba el norte, cambio de tren. Gente, ruido, silbato, Lannister en bucle, viajar de espaldas, y ya cerca de Middlesborough entró la negación: esto no había pasado, seguro era un error, igual Wences pronunció mal el nombre, igual la persona que cogió el teléfono se equivocó. Tenía que llamar de nuevo, esa era la solución: lunes por la mañana, llamar.

No sé en qué punto del fin de semana, gusanito de seda envuelto en edredón blanco, comencé a transicionar a la siguiente fase: estaba bien lo del autoengaño, a algunos les funciona con cualquier tema toda la vida, pero a mí la historia de la equivocación se me desmoronaba delante de los ojos, por mucho que los tuviera cerrados. Probabilidad y estadística del error: ¿no acababa de examinarme de esto también? Entonces entró la estrella invitada del finde: la ira, el cabreo, por qué ha pasado esto. No es justo, una chica joven, con tanto por hacer. Es todo una mierda. La aleatoriedad de lo importante. La fragilidad de la vida. Yo quería que Lannister estuviera en cualquier otro rincón de esta isla, de psiquiatra o escribiendo, o lo que fuese. ¿Qué le había pasado? ¿Un accidente? ¿Tal vez una enfermedad? ¿Escribía así porque sabía que tenía los días contados? Entonces entra la urgencia, la pasión, el bebértelo todo.

La noche del sábado, en serio: esta sí que no logré dormir. Competía una de las Zopiclonas que me había dado Wences con una idea que se instaló en mi cabeza: tras varios meses reapareció el regalo misterioso de Navidad. Lo siento, pastilla-para-dormir: has perdido. Cutre química de laboratorio luchando con la mía, toda determinación, obsesión y algo más que no identifico. El regalo: dónde lo había dejado; no, quiero decir, dónde lo había escondido. Siempre me pasa: se esconde algo tan bien que al final se esconde de una misma, y esto no es solo literal. Busqué en el armario, en la caja debajo de la cama y por fin, ahí estaba, en el fondo de un cajón, entre medias y calcetines. En la cajita, la hoja de papel doblada por los mismos pliegues de quien quiera que la dejó allí para mí. Y el candado - esto es un símbolo, está claro, tal vez una broma: decidí que lo pensaría luego.

Banderley subterráneo
Desdoblé el folio y ahí estaba el mapa, mucho más claro que la otra vez: una de las esquinas era Serotonina - C₁₀H₁₂N₂O la única leyenda que había tenido a bien dejarme- de la que sale un túnel, en el que estuve con Lucy, la gótica de Whitby, aquella extraña Nochebuena. A ver, caminamos solo un poco, tal vez hasta aquí -voy señalando con el dedo, como si estuviera enseñando esto a alguien-, un pasillo de paredes de piedra con algunas puertas cerradas. Por lo que conozco Banderley en la superficie, si siguiéramos por este otro túnel, esto debería ser uno de los edificios de mediana seguridad, y por este otro, a ver ¿la piscina? Esta rama podría acabar en psicogeriatría y esto debe ser Banderley-C, por donde entré la primera noche del archivo. Si hubiera seguido caminando por allí, habría terminado en Serotonina-eso si lograra no perderme, porque los tentáculos del mapa eran muchos: un laberinto. Debe haber uno que llegue a cada casa: la entrada de la mía tendría que estar en el almacén de abajo, que ocupa toda la planta calle.

Por supuesto sonaba como una gran idea bajar a explorar al almacén entonces, un sábado a las 3 am. Banderley, ese monumento al terror gótico, de noche había perdido ese aura para mí. Por las guardias, la noche era solo una más de sus expresiones, no una oportunidad para la fantasía y la autosugestión como al principio. Mientras bajaba -para no encontrar nada-, pensaba que el único fantasma que existe es el de Lannister, y está en mi cabeza, y más prosaicamente que estos túneles no se hicieron en el pasado para oscuros ritos de sectas satánicas, sino seguro para cosas tan prácticas como mover material fácilmente entre los edificios del hospital, sorteando las nevadas y las tormentas épicas en las que se caen ramas y saltan tejados de cobertizos. Seguro que hay también historias de cómo los usaron como refugio durante las guerras mundiales. Investigarlo sería fascinante, pero Mariona: tú ya tienes bastante con lo tuyo.

Porque ahora venía el análisis del candado, el jueguecito del candado. Di la vuelta al mapa y comencé a dibujar un Mindmap, un esquema también con tentáculos, que pudiera perseguir los caminos de la mente de quien me lo había puesto ahí. Primero: ¿De qué podía servir un candado? Una llave abre cosas, un candado se abre con una llave. La broma ha de pasar por Freud, seguro: para él, una habitación pequeña cerrada simboliza los órganos sexuales femeninos, la llave es el pene. Y abrir con la llave, el acto sexual. Candado y túneles, con puertas cerradas: ¿había sexo salvaje ahí abajo? ¿Me estaban invitando a orgías kubrickianas á la “Eyes Wide Shut”? No, Mariona, no va por ahí, céntrate: me han dejado un candado, no una llave: "la llave la tengo yo." era el nombre de una colección de aquella editorial feminista en mi época de la universidad. Me han querido decir que la respuesta la tengo yo. ¿Pero la respuesta a qué, a qué misterio o pregunta o duda existencial? Un momento: ¿qué más regalos recibí? Una bola de baño que ya usé hace tiempo, perfume que me suelo poner, un par de libros: “El yo dividido” y "La campana de cristal". Fui a la estantería y ahí estaban los dos, sin tocar. En el de Laing, nada, pero pasando las páginas del de Plath, encontré un bulto pegado con cinta aislante en la contracubierta. Despegué y, elemental querido Watson -frase que en ningún momento dice Holmes, por cierto: una llave. Tanta interpretación no puede ser buena, a veces las cosas son concretas y lo que parecen: un candado quiere llave y al probar, efectivamente, esta llave no abría este candado pero, ¿no tenían candado las puertas de las habitaciones de los túneles? Se abrían ante mí varias noches de acción.

Sister Harding vs. Nurse Ratched
Dormí tanto el domingo, que el lunes ni sabía quién era. Por supuesto, no llamé diciendo que no iba a trabajar pretendiendo enfermedad: soy Mariona Calleja, freak de la responsabilidad, víctima de un super-ego implacable, un rollo de tía, llámalo hache. Ocho am en la planta, y la semana de estudio, el examen y el finde de clausura parecía todo irreal. Sister Harding me puso enseguida al día de los pacientes y no paré en toda la mañana. Si tuviera que filmar la secuencia que sigue, la haría toda en blanco, como si ocurrira en el cielo o en un sueño. Extraño, porque Harding, ángel benefactor no era, pero entró en la habitación -tal vez para poner en cuestión esa idea y desterrar a la Enfermera Ratched del Nido-del-Cuco-, para recordarme que tenía que ir a comer. Esto de los exámenes me estaba afectando, me veía muy pálida, ojerosa, tal vez más delgada. Ella me podía traer un sandwich, pero mejor que saliera, que bajara a la cantina. El trabajo estaría aquí más tarde. Obedecí, porque no hay alternativa para manejar el estupor: ¿qué estaba pasando a la Ratched de la primera noche y de todos los días a partir de entonces? Algo había cambiado desde que volví de perinatal, pero lo de hoy era exagerado: un gesto en el que parece que una enfermera malvada cuida: inaudito.

Ese día había Shepherd's Pie con guisantes. Hasta este país, no me gustaban los guisantes pero ahora me los como - machacados, no: el mushy peas, no; tampoco forcemos la máquina. Creo que fue en esa comida cuando apareció Isabel Archer, que por una vez no llevaba libro (¿era ella o un replicante?). Mientras se sentaba pensé en qué habían quedado aquellas excursiones al mundo Bronte que nos habíamos prometido al principio. La conversación comenzó amablemente, como siempre, y como siempre, terminó con la misma extraña desazón. En teoría compartimos muchas cosas, más que con Morgana o Marla o Yolanda, pero esa dimensión de atracción inexplicable e irracional que es el centro de la amistad no existe entre nosotras. El patrón que he detectado es que ella necesita demostrarme (o demostrarse, o demostrar al mundo, aún no lo sé) algo (que tampoco descifro). Por ello termina en una actitud pasiva-agresiva que me sorprende que ella misma no observe: hasta alguien sin formación psicológica se daría cuenta. Vale, tengo claro que Isabel no está estudiando psiquiatría porque quiera ayudar a gente o entender el comportamiento humano, siquiera el suyo propio. Su motivación es toda “para escribir hay que vivir antes”, y aquí se viven muchas vidas -y qué vidas-, o por lo menos se atisban.

Y sí, todo comenzó amable y civilizadamente: Isabel se preguntaba por qué tomamos partido en la literatura por algo que no haríamos en la vida real. Por qué aplaudimos venganzas, sangre, comportamientos inaceptables, por qué nos ponemos "del lado del mal". La literatura pone en cuestión nuestras certezas, nos obliga a empatizar con ideologías que no son las nuestras, nos saca de nuestras casillas, no solo en el sentido de “nos exaspera”, sino que nos saca de la cajita mental donde estamos metidos. La literatura nos alivia de la vida, dijo, y se me quedó mirando. En ese silencio se obró la magia: por fin me sentí incómoda. Una profecía que se autocumple, se dirá, pero es que durante toda la charla esperaba la agresión, no en el sentido "predicción" -tipo “lo sabía”-, sino para intentar interpretarla. Pero no hizo falta contenido -imaginemos que, como en el pasado, se me hubiera ocurrido hablar de territorios minados como grupos de escritura o la misma Lannister-,  el final espinoso llegó como todo forma.

Creo que fue el martes cuando cené con Morgana y Yolanda, aunque podría ser el miércoles. El ritual se repitió como un reloj: quince minutos de sus batallas de examen, luego las mías. Un rato indeterminado, insistencia en la práctica para el siguiente, ellas se ofrecían. Ah, eso, el examen práctico; pero primero tenía que aprobar el escrito, la carta llegaría un día de estos. Si la preocupación ocupa un volumen, lo cierto es que no me quedaba mucho espacio para pensar en eso, pero eso tampoco se lo podía contar a ellas. Eran mis amigas, pero también ocultaban algo.  Esto ya sonaba paranoide perdido, pero tuve un dejá-vu de aquella noche al principio en que, disfrazado de epidemiología de la depresión, concluyeron que yo tenía muchos boletos para deprimirme, y que se iban a asegurar de que estuviera bien. Un dejá-vu amable pero sobre el que también sobrevolaba un pájaro ominoso, porque entonces descubrí que hasta ellas ocultaban algo con aquel "¿quieres que se entere?" con el que Morgana reprendió a Yolanda cuando creyó que yo me había ido.

- ¿Sabéis lo que me apetece? -dijo entonces Morgana- ¡Que bajemos una noche a la disco de Whitby! Mariona: es un lugar decadente y un auténtico peligro para la salud pública, pero se pasa siempre muy bien.

- Sí, y la música es denunciable. Hace tanto que no bajamos de fiesta -suspira Yolanda- Aunque enseguida va a llegar la invitación de la cena de gala...

- Espera, ¿qué cena de gala? - pregunto, medio alarmada.

-No puede ser que no le hayamos hablado del acontecimiento social por antonomasia de Banderley -le dice Yolanda mirando a Morgana con pretendida severidad, y se dirige a mí- A ver, cada tres años se organiza aquí una cena espectacular. Vienen antiguos “banderleys”, gente que está ahora muy arriba en el Colegio, algún político de segunda fila... parece que una vez vino Stephen Fry. Se hacen discursos y…

-... y luego hay un baile muy formal -interrumpe Morgana- y bueno, cuando se van los importantes básicamente desfasamos un poco…

Grandes risas. Me resulta rarísimo imaginar este tipo de fiesta aquí. Gente arreglada entrando por la puerta principal de Banderley-C, bajo esas gárgolas iluminadas que me dieron tanto miedo el primer día.

-Pero, ¿dónde se hace? -pregunto, solo se me ocurre la biblioteca.
La sencillez del Palacio de Invierno

-Ah, claro, no has estado en "la Galería de los Espejos" en el ala oeste de Banderley-C… Está siempre cerrada- dice Yolanda.

-No crees expectativas, Yolanda. No hay espejos, es más bien como una sala cualquiera del Hermitage... así, algo sencillo - dice Morgana riéndose. Y las tres nos reímos: no sé si me están tomando el pelo.

-Lo mejor es la ropa, hay que ir de largo -sigue Morgana- Yo tengo localizado ya el vestido en Whitby... muy discreto: seda roja!!!!

-Tranquila, los alquilamos - me dice Yolanda

-Yo llevé uno de una fiesta de la universidad hace tres años, pero no voy a repetir!-dice Morgana

-Como si alguien se acordara... - Yolanda pone cara escéptica.

-Te aseguro que se acuerdan...

La tercera conversación, hacia mitad de la segunda semana, fue con Will. Yo salía de la piscina y aquí el examen se tocó vía si-me-habían-servido-sus-notas.  Tras un par de lugares comunes amables, la adrenalina del deporte -por mucho que digan, su mayor beneficio- se hizo con el mando. Directa a la yugular del pobre que estaba, toalla al hombro, todo desprevenido.

-Will, ¿te acuerdas aquel día en verano cuando subimos con Richard a ver el cielo?

Se acordaba.

-Hubo una conversación de esas que tenéis siempre Isabel y tú, sobre escribir... bueno, en realidad Isabel me dio una charla de que lo publicado deja de ser del autor y pasa al lector, ¿te acuerdas?

De esto no se acordaba. Primera fase de ponerse en alerta.

-Bueno, pues cuando casi llegábamos a Banderley me preguntaste si quería saber una historia, porque “ya era una de los vuestros” o algo así. Pero Isabel no te dejó.

Aquí se empezó a alarmar. Pidió clarificaciones.

-Bueno, se fue para adelante y tú te fuiste a ver qué le pasaba... una dinámica que ya he visto aquí otras veces: ¿estabas la noche que se fue de Serotonina llorando? Bueno, da igual… pero ¿qué es lo que me ibas a contar ese día?

Un saludo a previos damnificados
Por supuesto, de nuevo, ni idea. Calculé cuánto más podía empujar, hasta dónde iba a poder seguir tirando por este camino.

- ¿Y de la conversación al volver de Lincoln? ¿Y la de Halloween, en que hablamos de la tesis que íbamos a hacer sobre “la locura en Cortázar”?

Me miró como si fuera yo la loca y farfulló algo de lo tarde que era y que se iba al agua. Vale, entendí: demasiado lejos. Pero ya volvería. Eso pensé entonces, que ya volvería a todas esas cuentas pendientes: igual en el momento “desfasando” de esa fiesta.



Dos semanas desde que sé que Lannister está muerta. Dos semanas en las que he funcionado como un autómata: trabajo de día, conversaciones, frases sueltas a las que dotar de triples significados, recuerdos, nadar. Y el archivo de noche, leer párrafos de notas de pacientes de Lannister con tal vez alguna pista que no sabía leer, pero en su mayoría, nada: notas correctas, al grano, datos, diagnóstico, tratamiento. El resto era otoño, ocres desde las ventanas, lluvia a media mañana, los días se acortaban y todo era un aniversario: hizo un año que había llegado a Banderley, e hizo un año de mi fiesta de bienvenida, y de Halloween, y de la paciente Violet, de aquella charla con Cook, y de cuando me empezó a gustar la coleslaw

Y lo dejo aquí: cierro el cuaderno y me acerco a la trampilla: no se oye a nadie, se han ido todos a dormir. Recojo lo que he extendido alrededor del diván, pensando en lo poco que voy a poder subir por las semanas que me esperan: noches en el archivo, tal vez un examen, tal vez visita a Wences, encontrar un vestido, desfasar una noche y esperar salir de aquí para Navidades. Un mes lleno de acción, un mes tan planeado, con tan poca improvisación que desde ya me da vértigo. Saco la escalera del desván y bajo con cuidado.

Sobre la mesa de la cocina hay un sobre: alguien lo ha dejado apoyado en vertical en el frutero. Es El Sobre: membrete del Colegio Real de Psiquiatras y mi nombre. No lo miro un rato, como en las pelis;  lo abro de la única manera posible,  rompiéndolo.

“Querida doctora Calleja, Es un placer comunicarle que tras los resultados del examen del pasado 27 de Octubre, ha pasado al examen práctico, que tendrá lugar en el Maudsley Hospital, Londres. Recibirá detalles por correo en unos días. Felicidades”.

16 comentarios:

  1. Ya te iba a reñir por la tardanza, pero he llegado al cuarto de lectura y estoy alucinando (como digo yo, sin dosis de LSD alguna)... valió la pena esperar... ¡seguiremos!

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    1. ¿Será Lannister un algoritmo?

      "entró la negación: esto no había pasado, seguro era un error, igual Wences pronunció mal el nombre, igual la persona que cogió el teléfono se equivocó. Tenía que llamar de nuevo, esa era la solución" (Di).

      El momento clic, tan esencial en el proceso vital de mantenerse vivo (y, sobre todo, cuerdo).

      Sabes que me chirría un poco ese tono casi afectivo de la cartita informativa... ¿existe algo que se pueda llamar glamour británico (hacia las "bajas" clases)?

      Por cierto congratulations...

      Y paso de meterme con los "tenebrosos" duos Dora-Lytton o María-Pier Paolo, porque daría para varios seriales (o novensayos) como tú misma dices... con los amores platónicos, es uno de los desencuentro a los que me refería en el comentario de tu cita... ¡y hay que ver como se pone la Emma/Dora!

      Bicos dorianos...

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    2. Muchas gracias MV, lo de la magnamimidad es una vez más patente :)

      Y si, la negación por un ratito está bien.. o bueno, para el q le funcione como actitud vital, si no hace daño a nadie, adelante con los faroles! (conozco algún caso)

      El tono de la carta es totalmente así: suelen decir "I am delighted to inform you"... o sea, es puro delight lo suyo. Y cuando te rechazan es "on this opccassion" (o sea, ahora no, pero igual "de cara a la primavera, bandini" sí :)) Para mandarte un marrón de curro dicen "quiero q LIDERES este proyecto. Y así todo: son los magos de las formas, te lo aseguro.

      Más q amores platónicos (habría q empezar definiendo, pero no nos metamos en berenjenales q es pronto), estos son amores unidireccionales (me refiero amor-pasión), pq ellos son gays. No conozco ejemplos del otro lado, en q ellas sean lesbianas, los habrá, si sabes dime. Casi no me acuerdo de la peli -solo del corte de pelo de Emma- la vi en el cine cuando la estrenaron (1995) imagina... solo q me dio mucho pena. Oh el grupo Bloomsbury...

      bicos
      di



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  2. Un cruce de cables... lo del amor platónico (Dante y Cía)no tiene nada que ver con la Dora en su desesperado amor (romántico?) por el pintor... o en el de la atracción imposible entre María y Pier o Pier y María; porque supongo que era recíproco, aunque precisamente tenían un toque "platónico" muy desgarbado, por ser homoeróticos ambos machos... aparte de que el Pasolini tenía demasiado mejunje mental contradictorio (nada que ver con el pintor de su especial grupo).. y no conozco casos contrarios, pero dudo que sea por ignorancia... pienso que sepo algo del adn social macho, para certificar que resulta imposible el mismo tipo de entrega de un hetero por una lesbiana... siempre prevalecerá el hecho de no comprenderla (a tope), sobre todo siendo él un macho en toda regla (con lo que se supone que "debe tener" un macho alfa)... en fin, mucha tela, por eso decía lo de la novensayo, para cortar... pero básicamente es algo parecido a la imposibilidad (hasta ahora) de que el macho asuma su responsabilidad "materna"... más allá de hacerse cargo de una cría humana, si las circunstancias (y el adn social) lo permiten...

    Precisamente me encantó la Emma en su papel, la vi hace tiempo, pero son cosas impregnadas en la memoria emocional(hablo de sensaciones que no se difuminan ni de coña)... lo mismo que la Nicole en "Las horas" (como no!)... y ahí, precisamente, sí que tenemos al macho que se hace cargo (intenta) de la terrible interacción que se puede tener con alguien, que no se da asentado emocionalmente (supongo que ahí dominas más el tema)...algo como el Lytton, pero con más valor, en cierto modo, por ser hetero y, como dije, nos cuesta mucho respetar la libertad de la hembra...

    Por cierto, que me acabo de regodear bastante con el machismo de twiter, a causa del machismo ramplón (o golpe de calor, no sé) del Will Smith... "pobre" de la Jade (y de sus hijitos)...

    A otra cosa mariposa... o sirena... o simple examinanta... bicos...

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    1. Me acabo de dar cuenta que el Cortázar se quedó en el tintero... otra vez será, porque la Maga es mucha maga...

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    2. Hola MV... sí Cortázar es un mundo y qué pena q no escirbía yo el blog cuando le leía...

      Lo q dices de no conocer ej de hombres q se hayan enamorado de mujeres lesbianas... partamos de q enamorarse no es un proceso racional. Es algo que te pasa, y por tanto, puedes no saber todo de esa persona, incluyendo q sea lesbiana o gay. Cuando ya estás hasta las trancas, entonces descubres q es lesbiana. Eso ha tenido q pasar igual q al revés (mujer q se enamora de uno q resulta ser gay). MIra, estaba pensando en una pareja literaria: julian Barnes y su madre Pat Kavanagh (agente literaria) q le dejó por otra mujer (la autora del libro q le precisamente)-luego volvió con él. Bueno, ya lo contaré cuando escirba del tema....

      bicos

      di

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    3. Uy, madera hemos tocado...enamorarse es algo muy muy complejo y de hecho casi totalmente desconocido como proceso (aún somos versión mediocre de homo sapiens, no hay que suicidarse!)... desde luego no es nada "shakesperiano"...y tampoco meramente sexual, de ahí mi total comprensión del caso Dora, aunque no me apuntaría a ello ni de coña...

      Pero, por otro lado, desligar lo racional de lo emocional en ese proceso es imposible... nos lo dice el Síndrome de Estocolmo (amoroso)... donde acaba lo racional en esa sumisión al poder establecido...que hay de interés emocional y la parte de interés racional, a la hora de establecer el balance de "mequedonomequedo"... el Ramón y Cajal hizo un camino casi infinito... pero bien sabemos que entre el casi y el límite que marca el infinito sigue habiendo un camino infinito... yo, por ejemplo, pienso que el estudio de la mecánica cuántica aplicada al análisis de los procesos mentales puede dar algo de luz (recordemos lo ínfimo que quiere decir la expresión "algo")sobre esa imbricación delo racional y lo emocional... lo del diván es puro artificio parisino... para un genial Toulouse, por ejemplo, o un gran Degas...

      Bicos parisinos, porque si algo nos puede quedar, además de Portugal, es ese Paris que ya no existe..

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  3. El tono general es triste, algo poco habitual. Vuelven personajes que hacía tiempo que no aparecían. Hay diálogos pero más el interior. Poco humor, más bien cierto hastío porque Mariona adivina qué viene a continuación. Creo que es el diálogo interior, sin cinismo, lo que más me ha gustado porque desprende verdad. Y más cosas, claro. La difícil a veces amistad. El tono presagia un final.
    Un abrazo
    andandos como anónimo

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    1. Gracias ANDANDOS. Supongo q la pobre Mariona está verdaderamente de duelo y por eso me ha salido triste, pero no ha sido nada planeado.

      No sé si se entiende esto (lo pregunto, es muy valioso este feedback): ella está escribiendo las dos últimas seamnas en su diario... es lo q tú llamas "diálogo interior". SE entiende? Pq como está narrado en presente, escribirr lo q ella escirbía en pasado me ha costado, sin darme cuenta volvía al presente...

      Sí... el final está cerca... no sé aún cuántas entradas... cuatro? cinco? Es todo improvisación... Pero van a ser las más difíciles (los personajes de pasado no es q vuelvan, es q he introcucido esos flashbacks para recordar yo misma los cabos sueltos q había dejado sobre el "misterio")... a mí tb se me olvida!

      gracias de nuevo ya abrazo

      di

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    2. Vamos a lo importante primero: sí, se entiende lo del "diálogo interior", yo lo entiendo, vamos.
      Hay dos niveles estándares a la hora de comentar algo: el nivel académico y el nivel aficionado. Estoy en el aficionado.
      El "diálogo interior" me remite, vía conexiones sin fun damento científico a : "Les Luthiers", diálogo/biólogo; "diálogo interior", algo relacionado con la vida en monasterios: Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, algo relacionado con JA Valente (porque estoy en ello y él, más o menos), y algo relacionado con un libro que ahora mismo lee mi mujer: "La vida perra de Juana Narboni", novela sin diálogos, todo monólogo.

      Pero volvamos al principio. Tu diálogo interior es creíble y admirable porque, a mí, me suena verdadero. Subjetivo total.
      Creo que en un libro de S.Sontag, "Sobre la fotografía", ella hacía un comentario sobre lo "poppy". Estudié francés, así que lo que entendí es que eso hace referencia, a través de sus diminutivos y otras formas de lenguaje, a temas profundos pero que el lenguaje los rebaja en profundidad. Tu conocimiento del inglés es más profundo que el mío acerca de las connotaciones de esa palabra. Temo que no me comprendas porque yo tampoco lo tengo muy claro.

      Bien. Asumamos que la ausencia de diminutivos, de lenguaje "poppy", hace que realmente expreses sin rebajes lo que sientes o piensas.

      Y lo dejo aquí. No están, los tiempos, para reflexiones profundas públicas y puede que equivocadas totalmente. Podemos hablar de la utilidad de todo esto: ninguna, y allí estoy yo.

      Un abrazo

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    3. Gracias ANDANDOS... a mí "diálogo interior" me suena a monólogo ídem (en qué se diferencian) y me lleva a Joyce (aunque él no lo inventó bla bla). Este último conlleva mucha desconexión aparente pq implica mostrar como la mente salta de una idea a otra. Creo q he escrito algo del tema, pero no me acuerdo bajo qué título y "de joven" escribía algo de esa manera, pero hoy en día me parece presuntuoso q a nadie le pueda interesar algo q es prácticamente imposible de entender para otr@ q la interesad@. Siempre me recuerda al freudiano "asociación libre" y por ende al anuncio aquel de Bacardí en el q un sicoaanalista le pregunta a una chica la primera palabra q viene a su mente, entoneces pasa el anuncio y ella dice "chocolate"... lo conoces?

      He buscado lo de "lo poppy" y Sontag no lo he logrado encontrar... me puedes pasar la referencia please?

      Saludss

      di

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  4. Qué barbaridad. Mucho desasosiego e impaciencia en todo el capítulo con el tranquilo broche final del sobre. Habrá sorpresa en la fiesta de la galeria de los espejos o tal vez esté alucinando en colores.

    Un apretón de manos

    vi

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    1. Hola Vi! Me alegro de haber creado impaciencia, desasosiego y todo cosas así! Es pregunta retórica o quieres q te diga lo de la fiesta? eso va a ser en el último capítulo...

      Otro apretón de esos q dan algunos extremadamente vigorosos

      di

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  5. Me acabas de clavar en pleno costado a una tal Zadie Smith (belle aujourd'hui), a la que solo conocía de nombre.. ¡y más bien poco!

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    1. UNo breve para enviar saludos, estoy deslocalizada y desconectada estos días... "generando contenido", como se dice. Pero me alegro de haberte presentado a Zadie, una heroína personal mía.. puedes empezar con "On beauty" por ej...

      bicos!

      di

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  6. Ya he pedido el libro, así que todo marcha... y espero que tu situación cuántica se vaya solucionando... hay miles de millones de partículas subatómicas, pero solo una "pequeña" porción de ellas se combinaron, para dar una sirena que se llame Di...

    Bicos...

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