La ola o las olas como metáfora: ahí rompió mi divagueola particular el otro día, y me dejó tirada en la playa pensando en dos escritoras (obvio a Hemingway y "The old man and the sea" [El viejo y el mar] porque nunca, ni de adolescente ni recientemente, he logrado conectar con este libro). La primera, Virginia Woolf, y su libro "The waves" (Las olas), publicado en 1931 y descrito como "novela experimental", en la que seis personajes hacen monólogos interiores altamente poéticos. La Woolf, otro de mis muchos puntos débiles.
La segunda es Susan Orlean, una periodista del New Yorker que se hizo famosa al escribir "The orchid thief" (El ladrón de orquídeas), que luego inspiró la peli "Adaptation" (Spike Jonze, 2002). El guión del genial Charlie Kauffman cuenta las penurias del propio Kauffman escribiendo el guión (metametaguión) de la novela de Orlean (que también aparece en la peli como personaje, intepretado por Meryl Streep).
Pero como siempre, divago. Susan Orlean escribió en 1998 un artículo para la revista Outside titulado "Life is swell" (juega con el doble significado de swell como "oleaje" y "estupendo"), que a su vez inspiró más tarde una peli titulada "Blue Crush" (Stockwell, 2002). Orlean describe su encuentro con las chicas surfistas de Maui (la segunda mayor isla de Hawaii), en concreto de la ciudad de Hana, un punto remoto donde, o surfeas, o... emigras. Surf or perish.
El surf es un deporte que ha estado tradicionamente unido al género masculino, pero ya en los anios 60 comenzaron a surfear más y más mujeres. Si el surf es, en el imaginario colectivo, equivalente a lo salvaje, lo libre, lo cool, ser chica surfista es todo esto elevado a diversas potencias. Es un dominio de hombres, donde si hay algún dinero por
ganar lo harán ellos con patrocinadores. "Pero ser una chica surfista en un lugar cool como Hawaii es quizás el máximo exponente de todo lo que es cool y salvaje y moderno y sexy y desafiante", dice Orlean. "Las chicas de Hana están en el ápex-el punto donde lo que importa de verdad es ser valiente, capaz e independiente, y tener razones reales para llevar esas ropas surferas que otras chicas llevan por moda". Orlean se plantea la vida totalmente en el presente de estas chicas, el carpe diem por antonomasia: imposible pensar dónde o haciendo qué estarán dentro de 10 anios. Pero seguro que ellas no lo piensan: son demasiado jóvenes como plantearse que esta vida va a terminar. Mientras tanto, ride the wave.
No me canso de ver a los buenos surfistas en los lugares mágicos del planeta, donde las olas son como casas, y te ofrec
en el mejor viaje a la vez que el mayor vértigo en su cresta, y donde la adrenalina, la sensación de libertad y la velocidad son cosa de otro planeta. Admiro su arrojo y su valentía que otros llamarán temeridad. Envidio el éxtasis que sienten y que tiene que ser imposible de describir.
Tal vez en otra vida. Cuando quizás yo sea una ninia que nazca en Hana, o en Mundaka, y, crezca mirando al mar, y lo haga parte mía, centro de mi vida aunque a ratos pretenda otros intereses e incluso mantenga un blog, quien sabe. Aunque a ratos disimule para que nadie sepa nuestro secreto: antes cantábamos para perder a los navegantes, ahora surfeamos para perder a los divagantes.













