Miércoles, 23.07.25: Roshnik
Hoy va a ser breve porque este ha sido un día tranquilo de no hacer nada. Básicamente, acampamos en la piscina y vemos la vida pasar. Tiene un escalón enorme que se puede apreciar en la foto que no había visto antes (menos cuando les ponen hamacas encima como en aquel hotel de Hue). Aquí sirve para echarte y considerar que en vidas pasadas fuiste una sirenita.
El alojamiento es una casa de piedra con tres apartamentos. Bueno, con dos, porque lo nuestro resulta ser una habitación de albergue, con dos literas, y sin cocina. Le pido al dueño que nos traiga boles y una tetera, a poder ser. Se va a casa de su madre y trae todo, así que logramos hacer uno de nuestros desayunos mediterráneos al lado de la piscina. Cuando mando una foto a la familia, el kuniado universal dice: "conflicto: sombrilla", pero esta no la tiro al agua: sería demasiado fácil de sacar.
Hay unos franceses en otro apartamento que salen a ratos a la piscina. Se ponen en las hamacas del otro lado y, como buenos franceses, fuman sin parar. Me fastidia un montón y de hecho, lo pongo en los comentarios al dueño: ¿por qué simplemente no hacen los alojamientos de no fumadores, como los hoteles?
En un punto salimos a tomar un café en Restorant Roshnik, el sitio de la cena de ayer donde nos invitan a fruta y nos venden media sandía. Es un sitio muy agradable (nosotros cenamos arriba, subiendo por esas escaleritas). Vemos a un grupo de jóvenes, probablemente influencers, que han hecho ahí un curso de cocina albanesa, y ahora se la están terminando. Son el mismo tipo que los del tour del vino de ayer, creo que hasta reconocemos a un par.
Cuando viajo, en ratos sueltos, sigo escuchando podcasts. Este año también en ruta porque no logramos conectar el teléfono al audio del coche, con lo cual Mini se ponía sus cascos, y nosotros escuchábamos cosas juntos. Es muy chulo recordar en qué sitios estabas leyendo tal o cual libro ("en la fuente aquella de Portland estaba leyendo "The corrections") y ahora empiezo a tener recuerdos de podcasts (en el baño de aquella isla en Vietnam pasé miedo con "Hysterical"). Es curioso, porque tengo la imagen de mí escuchando en un contexto particular, le pasará esto a alguien más?
Estos días estaba escuchando uno de Tortoise Media titulado "The lab detective" ("La detective del laboratorio"), que no puedo recomendar más. Maravilloso, diréis porque toca uno de "mis temas", pero es que esto es un Tema Universal, esto va más allá de una investigación judicial ayudada por la genética, eso habla del Género Humano. Parte de la historia de una madre australiana a la que encarcelan tras el fallecimiento de cuatro de sus bebés por síndrome de muerte súbita del lactante. "La peor asesina en serie de Australia", la llamaban. Pero no era la única, en otro episodio describe a una mujer griega en la cárcel por la muerte de sus tres hijos y aquí en el UK es tristemente célebre el caso de Sally Clarke la abogada que fue encarcelada por "matar" a sus dos bebés. Su historia es escalofriante y detrás de ella, y de muchas mujeres encarceladas por lo mismo, está un reputado pediatra, Roy Meadow, que no sabía estadística. En el juicio declaró que la probabilidad de muerte de sus hijos era "una entre 73 millones". Su mantra era "la muerte de un hijo es una tragedia, de dos es sospechosa, de tres es asesinato". Recuerdo bien su nombre, porque era una eminencia cuando yo trabajaba en psiquiatría perinatal (un poco de esto lo conté "novelado" aquí). Cuando todo fue desmontado (por La Royal Statistical Society, que sus cálculos eran erróneos, y por anatomopatólogos, que no vieron que habían muerto de causas naturales), Sally Clarke ya había pasado dos años en prisión y al poco de salir murió alcoholizada.
Entonces en el podcast entra Carola García de Vinuesa, una médica genetista española que trabaja en el Crick, aquí en Londinium. Ella y su equipo han encontrado una mutación que puede explicar la muerte súbita del bebé, y cómo los hijos de la mujer australiana de los que pueden obtener material genético tenían esa mutación.
Llevo mucho tiempo diciendo que la neurociencia cambiará la ley, la genética cambiará la ley, el entender las bases biológicas del comportamiento cambiará la ley. O así debería ser si dirigiéramos la sociedad en un camino en el que se escuche a la ciencia, y no a la superstición o a la emoción. No son buenos tiempos para la lírica. Escuchad ya este podcast.
Sobre las seis salimos de paseo al lago, unos tres kilómetros entre ir y volver. Pasamos por los vinedos...
y una vez en el lago, en el que no hay nadie más que cuatro malotes, decidimos no baniarnos...
Volvemos a cenar al mismo restaurante de siempre, donde ya casi somos regulares: un día más y podremos decir, "lo de siempre". Parece que tienen una brasa muy buena, pero pedimos un montón de entrantes tradicionales muy ricos. Conocemos a una niña de la mesa de al lado: su madre habla con una mujer que está casada con el dueño de nuestra casa, que a su vez es primo del de Alpeta. Es un pequeño emporio este pueblo.
Al llegar a casa, Mini es la única valiente que se atreve a meterse a nadar. Una siempre sabe que eso que te da pereza en el momento, hay que hacerlo porque ahora, más de un mes después y con lluvia desde mi ventana, es momento de arrepentirse y pensar que nunca nunca hay que desaprovechar una oportunidad de meterse al agua. Y menos, de noche.
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