20 de junio de 2020

"Desierto sonoro" de Valeria Luiselli: Frontera, tormentas, niños perdidos


He encontrado que, cuando un libro te cae del cielo, sin saber quién ni porqué te lo ha enviado (más datos aquí), la experiencia lectora es distinta. Inevitable intentar encontrar mensajes cifrados en el texto, pistas entre líneas, pero nada. Una vez, cuando a los 17 me llegó una rosa anónima, las floristeras a las que fui a investigar me dijeron "no te preocupes, quien te manda una rosa algún día se manifestará". Me pregunto si esta regla sirve para los libros?


Así empecé "Desierto sonoro", la novela de Valeria Luiselli, una autora joven mexicana que vive en Nueva York. Pese a su misteriosa aparición, enseguida atraída por el imán del título: me llevaba al desierto de Sonora, y con él a uno de mis libros favoritos "Los detectives salvajes" (Roberto Bolaño, 1998). Luego estaba la América profunda, ese animal mitológico para mí y para tantos, que se intuye va a pintar el fondo de esta novela-road-movie (pista: las polaroids de la tapa). Quién no ha soñado con alquilar un Ford Thunderbird como el de Thelma & Louise y recorrer las carreteras secundarias de ese país, parando a dormir en moteles con puerta a la calle, como en las películas-algunas de miedo. Ese país que ya hemos visto a través de los ojos de otros, aquellos fotógrafos de carretera (las fotos de este divague son de ellos) Robert Adams, Ilf y PetrovRobert Frank, Walker Evans, Stephen Shore. Oh, justamente ayer, tuve un pequeño flashback de nuestro mes por las américas en 2014 (no precisamente en un Thunderbird, sino en el famoso Chíncue), cuando encontré un jabón del "Motel 6", una cadena donde debimos pasar una noche. El pobre ya no olía a nada: dónde han ido estos 6 años. El de los protas es un viaje en el que se intuye que tienen tiempo "para mirar las cosas, en lugar de imponer tu punto de vista", esos en los que también se pierde la noción del tiempo: parece que saliste ayer, o hace media vida. Esos viajes maravillosos que supongo solo existen en la juventud y espero en la jubilación, fuera de los corsés de tres semanas de vacaciones. Pero divago: también el título me ha llevado a novelas "de frontera" como "Manual de senioras de la limpieza" de Lucia Berlin: cómo me gusta todo lo sensorial que tiene esa zona, esa luz que transmite, esa pereza. Y por supuesto, al monstruo "2666" y su letanía de mujeres muertas, particularmente en una parte de la novela en la "Caja V", cuando la autora nos incluye unas cuantas páginas de "Reporte de mortalidad de migrante", un listado de características de los niños que se quedan en el desierto, antes o después de cruzar la frontera. 

Walker Evans


Porque ese es el tema principal que recorre la novela, y le da título en inglés "Lost Children Archive" (El archivo de los niños perdidos, suena a Peter Pan, pero en terrible). Es la primera novela de Luiselli en inglés, que ha contribuido a su traducción al español (no digo castellano, porque es español de México), y la verdad es que es uno de esos pocos libros que no te dueles en la traducción. La protagonista está obsesionada con los niños perdidos, su marido con los apaches, y los hijos que llevan detrás en el coche acaban, si no obsesionándose, sí siendo pequeños expertos en niños migrantes y apachería. A veces me hace gracia cómo los hijos acaban siendo mini-entendidos de los grandes temas de sus padres: un día, ante un vídeo de dos cacatúas en el respaldo de una silla, una bailando como loca, y la otra pasiva y levantando una pata para que la marchosa no se le acerque, Mini dictaminó: "una tiene TDHA (Trastorno de Hiperactividad e Inatención) y la otra autismo". Señor. Yo, intentando devolverle la infancia perdida, pregunté: "quién crees que es el aitá y quién la amá?"



El libro tiene varias partes, distintas voces y unas seis cajas que en realidad son una excusa de la autora para poner referencias: libros, folletos, música, mapas. Se supone que llevan esas referencias consigo en el capó del coche, aunque no dice nada de "los bultos", la bolsas, ese pandemonium que se acaba montando en el maletero en un viaje largo. Aunque intente imaginar uno de esos coches gigantes americanos, no me entran las cajas. Tampoco me entra una de las voces: la del niño. Desde la mitad del libro en la que deja de hablar la madre y se pone un niño de 10 años a contarnos la historia, para mí pierde el interés. La principal razón es porque las reflexiones que tanto he disfrutado, tanto en contenido como en forma de la narración de la madre desaparecen: un niño no puede pensar ni hablar aún así -a no ser que seas Ian McEwan y hagas hablar a un feto como un profesor de universidad de 55. Pero además de aburrir su voz, tampoco te la crees. Así que ese ha sido el bajón que no esperaba porque la primera parte del libro... cómo no emocionarse con una autora que de repente, dice cosas como:

"Yo no llevo un diario. Mis diarios son las cosas que subrayo en los libros"

Yo conozco a alguna gente que se niega a subrayar los libros, "porque los quieren mantener limpios". Puedo llegar a entender a los que no subrayan porque no se les ha ocurrido, pero ser un lector ávido y no subrayar por eso? Para qué, para quién esa limpieza? Tal vez, como la autora, porque entonces sienten que no pueden dejar el libro prestado a nadie, porque ese alguien leerá el interior de su alma? No sé, yo no concibo leer sin subrayar ni anotar. La lectura es un diálogo con el escritor, con tu novio, cada uno de un color (la autora y su pareja cuando aún se quieren subrayan el mismo libro furiosamente), luego lo será contigo misma cuando releas, y con suerte, algún día, será un diálogo con tus hijas, tus nietas, tus sobrinas, las hijas de tus amigas, y quién sabe qué compradora de libros de segunda mano que lo encuentre en una librería de viejo-si es que eso en el futuro existe.  Y si existen los libros en papel como producto masivo.



Como la prota, diarizo la novela y anoto en el margen de un capítulo titulado "tormentas" la palabras "vuelta de Fuendetodos", tal vez para recordarme que debo escribir aquí lo bonito que describe "el gran vacío de estas llanuras. Todos dicen: vastas y yermas. Todos: hipnóticas. Nabokov probablemente en algún sitio: indómitas. (..) Las tormentas que desgajan el cielo de las mesetas. Se ven a kms de distancia. Inspiran miedo y aún así conduces de frente por la autopista, con la tenacidad estúpida de los mosquitos, hasta alcanzarlas (...) funden tu mirada observante y lo que observa (...) Y la lluvia, que naturalmente cae, parece que asciende". Una vez, en el verano de los 15 años, cuatro amigas partimos, un día cualquiera de Agosto (oh, esos veranos sin tiempo), en bicis de aquellas BH, sin cambio de marchas ni soportes de botellas de agua, de Vetustilla de la Torre a Fuendetodos (sí, el pueblo donde nació el mayor genio etc). Lo que venían siendo unos 25 kms enmedio del desierto. Salimos pronto por la mañana, y una vez en Fuendetodos, pasamos la mayor parte del día en una taberna, que recuerdo muy oscura, toda madera. Literalmente, no se podía salir, y mientras caía fuego del cielo, lo que sí recuerdo es una conversación interesantísima, donde las cuatro nos contamos cosas que nunca habíamos hecho, compartimos sueños, ideas, vulnerabilidades, lo que fuera: nada recuerdo, pero sí la intensidad y la felicidad del momento. Una de nosotras ya no está desde hace unos años, y con la distancia que da vivir aquí en la isla, cada vez que pienso en ella me cuesta creérmelo, no ha pasado. Ya hacia el final de la tarde hubo que subirse a las bicis para el retorno, y como Luiselli, vimos las nubes negras al fondo pero éramos esos mosquitos suicidas, tal vez. Foto fija de la llanura sobre la que pedaleábamos, una línea recta que moría en un horizonte borroso y que se rompía en un crack de relámpagos. Cuando empezó a llover, con una furia de esas que tanto gusta ver desde tu ventana, fue épico, en el mal sentido de la palabra (Mini estaría en desacuerdo): tuvimos que tirarnos a la cuneta, nada con que cubrirnos, no toquemos las bicis, volvamos a las bicis, la goma de las ruedas nos protege... esa clase de intercambios, gritando en contra del viento, ya por fin enfrentándonos a una bajada de vértigo en la que una cayó, y por fin llegar al siguiente pueblo donde nadie vio llegar a cuatro zombies directas de la peli de Romero. Aunque nunca alquile el Thunderbird en Arizona, he estado allí, aunque en la España de mitad de los 80 no vimos los carteles propaganda que hoy parece que pueblan las carreteras de nuestros protagonistas: "El adulterio es un pecado", "Feria de armas de fuego, este fin de semana". 



Ah, los diarios en sus múltiples formatos: diario que-es-un-blog, que-es-un-libro-anotado, que-es-un-cuaderno-que-dice-diario-en-su tapa. Mini tiene uno de esos últimos y la otra noche la pillé, antes de dormir, leyéndolo. Me acerqué, tono didáctico: "Mini, sabes lo que decía un escritor llamado Oscar Wilde?". Y contesta, toda seria: "sí, mummy, decía que siempre viajaba con su diario porque quería siempre tener a mano algo fascinante que leer". Plonk. "Mummy me lo has contado un montón de veces". En serio soy tan pesada?



Pero divago, volvamos al desierto de Sonora. Como decía, la madre tiene un montón de ideas interesantes, y sobre muchas de ellas ya hemos escrito (sin duda, peor), aquí en el divlog: "Las conversaciones en una familia se convierten en arqueología lingüística: erigen el mundo que compartimos". Ah el famoso tubalé, al divagante Lux le encantaba. En esa familia tan precaria -también es la crónica de un amor que se ha acabado-, se pregunta la protagonista dónde irán esas conversaciones. Igual que los besos no dados, dónde van? Y esa sensación de estertores finales se tiene durante todo el viaje, y se sufre con ella, no por el amor de la pareja, ya que él es un ser si cara ni carácter, silencioso y con presentido malhumor, sino por los niños, hermanos de alquiler, que no permanecerán juntos, turnándose con los padres, ya que el niño es hijo biológico solo del padre y la niña de la madre. Familias reconstituidas. Aquí sabes que la ruptura de la pareja implica abrir una grieta entre los hermanos, que tal vez solo se recordarán por fotografías. Es como cuando habla de las pertenencias, que "a menudo sobreviven a su dueño, y podemos imaginar un futuro en el que existan las cosas y no las personas que queremos". Guardarán esos ninios algo de su hermano efímero para cuando ya no sea más? "Un souvenir del camino que no tomé"?



Igual solo las fotografías, que "crean su propio recuerdos y suplantan al pasado". Cuánta verdad dice Luiselli: pasa el tiempo y cierras los ojos muy fuerte, conjurando la imagen de esa persona, ese lugar y al final, se va todo borrando y solo quedan las fotos. Les quedarán a esos niños las polaroid quemadas de los moteles de tres al cuarto, de sus rizos clareados por el verano saliendo del sombrero de cowboy, de aquella lagartija que salía por el ojo vacío de una muñeca abandonada? (gracias Bigas Luna por la imagen) Esas fotos donde salen haciendo muecas, haciendo el tonto, como salen los niños, en contraste con los adultos: "los adultos posan para la eternidad, los niños para el instante". Nosotros, y nuestros estúpidos selfies, intentando parecer interesantes, misteriosos, atormentados: "con gestos solemnes, mirando al horizonte con vanidad patricia o directo al lente con la intensidad de una estrella del porno". Yo suelo intentar la última, pero tras haber introducido la imagen de estrella del porno (gracias, Luiselli), ya no podré volver a posar así. O me entrará la risa floja y acabaré apareciendo como los niños de la prota: haciendo el monger para el perfil de Linkedin.

"No, no es interesante, solo es guapo, y su belleza es del tipo más vulgar: indiscutible". Esta frase no sé bien dónde meterla, así que admito aquí el uso del calzador. Quiero no olvidarla porque expresa bonitamente algo que pienso, y me autoexplica: el porqué he preferido otra cosa a los guapos de libro, de belleza indiscutible. 



Luiselli, como yo (y supongo que aquí compartimos el ser emigrantas hispano-parlantes en países anglosajones) se plantea si ha sido colonizada culturalmente por categorías occidentales, blancas, anglosajonas. Y como ella, yo también me rebelo contra el lenguaje académico, ese corsé que hay que ponerse para publicar en investigación o, en su caso, crítica literaria, que ella define como "autoindulgente, rizomático, anfetamínico y tantas veces vacío". Eso me recuerda a un párrafo ya famoso de la crítica Judith Butler, y cómo la academia muchas veces falla en lo principal: comunicar. 


Otras reflexiones que me han interesado orbitan sobre el contenido mismo del proyecto documentalista de la protagonista: ?es justo convertir la vida de esos niños que intentan cruzar solos la frontera entre México y los EE.UU. en contenido mediático? Con qué objetivo? No nos damos cuenta que los que lo leen o ven o escuchan sienten rabia pero,nanosegundo después, siguen con su vida? Cómo su trabajo va a cambiar las cosas? Volvemos al porqué escribimos los que lo hacemos, Ese Tema: 

"Lo único que los padres pueden darle realmente a los hijos son los pequeños saberes: así es como te cortas las uñas, ésta es la temperatura de un verdadero abrazo, así es como se desenreda el pelo, así es como te amo. Y lo que los hijos pueden darle a los padres es algo menos tangible, pero a la vez más grande y duradero, algo así como el impulso para aceptar la vida plenamente y comprenderla para ellos y tratar de explicársela, comunicársela con «aceptación y sin el más mínimo rencor», como escribió James Baldwin, pero también con una cierta furia y valentía. Los niños obligan a los padres a buscar un pulso específico, una mirada, un ritmo, la manera correcta de contar una historia, a sabiendas de que las historias no arreglan nada ni salvan a nadie, pero quizás hacen del mundo un lugar más complejo y a la vez más tolerable. Y a veces, sólo a veces, más hermoso. Las historias son un modo de sustraer el futuro del pasado, la única forma de encontrar la claridad en retrospectiva"

Y una vez más, otro de los puntos en los que me encuentro en Luiselli. Quizás esto sea una loca carrera intentando sustraer el futuro del pasado. La primera mitad del libro que cayó del cielo, como una tormenta de verano salvaje,  era definitivamente para mí. Gracias, quienquiera que fuese que conjuró la lluvia. 




6 comentarios:

E m i l io dijo...

Nunca había comentado, pero tengo que decirlo. Es una suerte que, por lo que sea, tengamos la oportunidad de leer más a menudo tus intervenciones, tan inteligentes. Enhorabuena por todo y un agradecido saludo.

molinos dijo...

Pero lo terminaste o no?

Yo lo pasé mal con los niños perdidos, no me disgustó tanto como a ti.Quizás porque ella me saca de mi casillas y estaba a punto de no soportarla más.

Es una gran novela.

Carmen dijo...

Arg. Luiselli (y eso que tengo quien me preste las obras completas) está en mi lista de pendientes... a ver si después de San Juan consigo que lo haga. Y no sé por dónde empezar, pero vaya maravilla te has marcado, reina mora. Gracias.

Di Vagando dijo...

Hola Emilio, qué amable eres, de verdad. Para mí es una suerte tener gente como tú q lo lee, y q alguna vez se le ocurre enseñar la patita :) Cuando estaba en la uni hacía un programa en una emisora de radio pirata, y siempre pensaba q solo escuchaban los cuatro amigos. Luego me pasaro un par de cosas, tipo a mi madre le dijo una amiga, "oye tu hija habla por la radio?" pero yo seguía teniendo solo cuatro caras conocidas en mi cabeza. Aqui igual: para mí solo leen las q comentan, y pese a 11 años escribiendo, sigo pensándolo. Sé q es irracional, pq cada vez q sale gente como tú, no me deja de sorprender y me hace muchísima ilusión. Así q el agradecimiento es para ti. Un abrazo.

Mo, igual es q en la primera parte tenía muchos puntos de conexión con la autora... era como, hay alguien ahí afuera con la q nunca he hablado q piensa esto y esto y esto tambiéN?!(ja ja, me preocupa q te caiga mal, yo voy la siguiente! :):)) Y además me parecía formalmente muy chulo. Luego eso lo perdió-para mí-. He preguntado aparte de a ti, al naufrago Ro q estuvo de acuerdo, y luego encontré una crítica en la q decían "she runs out of steam in the 2nd part". Así q no he sido yo sola :)

Ay reinamora mía, gracias por la paciencia: sobre todo pq yo no las tengo todas conmigo cuando escribo tan largo, y veo q se me ha ido de las manos. ... a ver qué me cuentas de este cuando lo leas. Y mira, hoy está Luiselli en The Guardian...

https://www.theguardian.com/books/2020/jun/20/valeria-luiselli-i-look-at-mexico-from-afar-with-pain-and-love

Os mando besis de domingo soleado, lluvioso, no se decide...

di

Carmen dijo...

Oh, muchas gracias por el vínculo a la entrevista.

Di Vagando dijo...

DE nada queen. Hay bastantes artículos en el Guardian si lo buscas. Tb este, q me hizo gracia el título, pq creo q gran parte de lo q hace es autoficción, pero igual me equivoque

https://www.infobae.com/cultura/2020/04/22/valeria-luiselli-me-tuve-que-volver-feminista-a-chingadazos/

hug