25 de enero de 2020

Todas las vidas que una podría vivir: periodista, actriz

Si el blog es un diario, yo debería contar esto. Por ninguna razón especial, aparte de lo de siempre: capturar la memoria. Me siento al teclado y pienso: dónde vas, triste de Di, si no tienes nada que decir sobre el tema, aparte de que estuve. Creo. Lo que pasa que empezar a escribir es comenzar a invocar a las diosas o yo que sé, y el divague va por donde quiere. Y a ver qué sale, quedarse en borradores, para siempre jamás, es una posibilidad.

Total que el miércoles estuve en algo que nunca antes: un rodaje.  No por falta de ganas: mis primeros pinitos de intentar colarme en uno ocurrieron allá por el Pleistoceno, cuando por el bajo Vetustón se rodaba "Libertarias" (1996) de Vicente Aranda, y buscaban extras. Pero había un pequeño problema: era como el dos de Agosto, y se trataba de ir al desierto. No a unos estudios que se pretendían desierto, sino al real: gran parte de la península un dos de agosto cualquiera. Pero está claro que la canícula severa no iba a ser óbice para que Fashion y la que firma se metieran en un bus de la Hife destino Alcañiz, el pueblo donde tenía lugar el casting. Yo no sé si hace todas esas décadas aún no existía el aire acondicionado, es una posibilidad, porque mis recuerdos son de sudor desaforado, camisetas pegajosas, Atacama ahí afuera. El Peda siempre dice que ahí mostramos claramente nuestra falta de compromiso con el mundo del cine: todo porque no aceptamos cortarnos el pelo a trasquilones (pequenio detalle para tener papel seguro, con tu melena, eran más restrictivos). Ah, no he comentado que la peli estaba ambientada en la Guerra, cuando cortaban el pelo a las mujeres para pasearlas por la plaza del pueblo. Total, que nuestras melenas porqueyolovalgo ganaron la batalla, y solo volvimos trasquiladas metafóricamente, sin papel. Pero tal vez lo mejor del viaje es que volvimos a Vetusta con la unidad móvil de Antena Tres, una pareja muy salada que se apiadó -pensar en la Hife de nuevo causaba paradójicamente escalofríos- de las dos actrices fracasadas. No sé de qué hablaríamos: yo por entonces, aunque ya en los últimos años de mi carrera, aún tenía el gusanillo de haber sido periodista, así que seguro que durante un rato me planteé si había equivocado la carrera, o más bien cómo habría sido mi vida si estuviera destacada en una unidad móvil, o de reportera más di-charachera, o de corresponsal en el fin del mundo. Todas las vidas que podríamos haber llegado a vivir. 

En la misma línea, a veces me pregunto cómo será la vida de los actores profesionales. Los divagantes de pro recordarán mis pinitos en el grupo de teatro del método Stanislavski, donde básicamente rodábamos por el suelo unos encima de los otros. Y bostezábamos mucho. El otro día, en el rodaje, conocí a cinco de ellos, de verdad: cuatro chicas en su treintena, y un chico en su cincuentena.

Las razones por las que yo estaba allí son lo menos interesante: había escrito un programa de educación por internet sobre "lo mío", y una parte eran dos vídeos donde se escenificaban dos situaciones. Se supone que teníamos que estar allí para ayudar a los actores con el contenido, para que supieran desde qué ángulo debían decir loquefuera. 

El lugar donde se rodaba era una sala de un edificio precioso, que a saber si un día fue cine, iglesia o salón de baile. En la parte de arriba, había una mezzanine, desde cuyo balcón se veía un espacio abierto con mucha gente en escritorios  (productores, agentes, finanzas...). Arriba había varios espacios con sofás y Hitchcock y compañía observando desde las paredes.  Allí es donde hablé con los actores, y en particular él me contó que había trabajado en un banco en la City toda su vida, hasta que hace cinco años decidió dejarlo todo y pasó tres en un curso de actuación. Y ahora ahí está, esperando una llamada de su agente para hacer estos pequeños trabajos. Esperando que algún día le vea alguien y acabe en una gran producción. Pero esto no le da para vivir, sino un piso que tiene alquilado, de su época en un trabajo aburrido de 9 a 5. Me pregunto cómo vivirían las chicas, tal vez con sus padres (lo dudo, esto es el Reino Unido), o muy muy lejos, compartiendo en un piso sin la esclavitud de los alquileres en esta ciudad ridícula, o tal vez como el personaje de Emma Stone en "La La Land", combinando trabajillos y castings con los turnos del Costa Coffe. 


No será fácil, pero por lo menos están siguiendo su pasión, pensé, al principio del día. A medida que avanzaba, me iba planteando lo duro que es este trabajo. Para rodar el equivalente de unos 5 minutos estuvimos horas. Primero, ensayar, varias veces. Luego, rodar los planos: una y otra vez. Al principio con la cámara a la entrada de la habitación; luego, encima de la mesa para hacer los planos frontales; más tarde hacia la izquierda, para rodar a la chica de allá... y así todo. El guión se repetía una y otra vez. Los cinco era muy profesionales: siempre me encanta escuchar a los actores proyectando la voz, hablan distinto que nosotros. El "chico" era el que se atragantaba más veces: estaba claro que no se lo había estudiado como ellas. Tantas horas ahí sentada me dio para todo, como para corroborar, una vez más, la generalización burda -pero que en mi caso se cumple (estaré ya cerca de 35, sospecho)-, de que las tías somos mucho más currelas, más amantes del detalle y más responsables. He tenido juniors chicas y chicos, y claro que han habido excepciones, pero en mi pequeña muestra: dame chicas. Aquí una vez más quedó claro que el tío aparece medio preparado porque sí, haciendo repetir la toma varias más veces. Porqueyolovalgo, como Fashion y yo con nuestra melenas en el 95.

Aparte de los actores, había un equipo de la leche: el cámara, claro, el de sonido (sujetando un micrófono con un palo, así como en las pelis), el director (un estereotipo que parecía cómico: camiseta de marinero bajo camisa abierta, cabeza rapada con gorra madrileña, barbita), y otros diletantes que ni idea de cual era su función, pero por ahí pululando. Una chica me trajo un té.

Todas las vidas que una podría vivir. Igual estoy pensando más en esto por el libro que estoy leyendo "Life after life" (Kate Atkinson), del que divagaré cuando lo acabe; también hace poco, coincidencia, él poema de Frost, "el camino no tomado". Al final me acabé acordando del reproche del Peda: "no estabais comprometidas con la actuación" allá por el verano del 95. Cierto, y nunca me imaginé que actuar sería tan aburrido: horas esperando a que muevan la cámara, repitiendo una y otra vez tu línea mientras se ruedan los planos, o el señoro de turno ha olvidado (o no se ha estudiado) su papel.

Todas las vidas que una podría vivir. Qué pena que solo tenemos una. 

2 comentarios:

molinos dijo...

El mundo de la tele y el cine es aburridísimo desde dentro pero hacen magia hacia fuera.

Qué pena que solo tenemos una. me quedo con esto, en que no nos de tiempo a hacer muchas cosas, a probarlas y descartar que nos gustan para saber así que lo que haces es la mejor elección o la menos mala. Yo vivo ya con la pena de que nunca seré escritora del New Yorker ni conservadora de un museo.

Lo de tu pelo es un issue al que deberías dedicar un post.

Di Vagando dijo...

Jei MO... sí, no me había dado cuenta de lo aburrido q es un rodaje... Sabía q hay miles de horas de edición, y q han de madrugar mucho... pero si esto q era en principio corto, con cinco personajes y en una sala me aburrió, me imagino lo q será una peli! Me pareció increíblemente repetitivo, q no va con mi talante...:) Claro q releyendome, no dramaticemos (problemas de la clase media): pensemos en los mineros o cualquier otra trabajo de M, q hay tantos...

Estoy pensando más en esto de las múltiples vidas porque el libro q leo (recomendación de E RIUS) va se eso: está estructurado de una manera q va hacia atrás varias veces, cambiando hechos q te pueden cambiar la vida (incluso tu propia muerte), y cómo tu vida y la de otros es distinta. O cosas como el lugar donde naces. Yo vivo con la pena de q no seré escritora de viajes o fotógrafa del Nat Geo. O surfista como aquellos q se meten en los rulos.

Lo de mi pelo, a ver, algo se ha escrito... pero maremía hace... casi 10 anios!!

http://divagandodivagando.blogspot.com/2010/08/mi-flequillo-busquemos.html

Ahora, el no dejarse trasquilar, siendo un par de pasábamos por allí, no lo veo de tener "issues". :)

hugs

di