30 de marzo de 2016

Yukatas, bodorrio, flasbacks de otros viajes (aparición estelar de Don Alfredo) escalada, tori sumergido (Miyajima J13)

30.03.16-Miyajima

El que un hotel te deje yukata sobre la cama ya da confianza (he dicho que la hakata es como un kimono leve, de estar por casa?). Pese a haber tenido un comienzo un poco accidentado (a la tercera va la vencida), el Coral es hotel de yukata y zapatillas de esas de spa personales. Ha! Que tenéis una imagen de los Pedalistas como esos viajeros del siglo XIX, llenos de polvo en las comisuras, y siempre con la.misma ropa?! (tristemente, no vais descaminados).

Pero el desayuno del Hotel Coral es buffet, y hay, además de bollería y pan para tostar a la europea, y unos yogures de plátano buenísimos (antes había yogur de plátano en Londinium, pero como nos gustaba, lo pararon... Esto nos ha pasado ya varias veces en nuestros años en la isla, de ahí lo de "como nos gustaban, los pararon". No es paranoia cuando de verdad te persiguen. Recuerdo con amor uno de Activia sabor coco. Me diréis: en la península existe, pero no es el mismo). En tono japonés, el Coral ofrece una selección de dos ensaladas: una que parece espinacas sin serlo, con mucho sésamo, muy rica. La otra, no: deben ser algas. Complementan el huevo duro y unas mini salchichas hervidas. Desde el ventanal tenemos la fila del ferry que lleva a Miyajima, donde iremos enseguida.

Cruzamos en el ferry... A la derecha vamos dejando unas cosas flotantes que me invento son mejilloneras, y enseguida vemos el famosisimo tori sumergido. Bueno, yo nunca lo había visto hasta comenzar la preparación de este viaje, pero creedme, es famosisimo. Debido a esto, tengo cierta aprensión: sospecho que Miyajima será otro "lugar magnificent", hasta arriba de gente. Pero siempre me gusta desmentirme en mis tesis, probarme equivocada (evidentemente no, como a todo el mundo, era una coňa, sin embargo, aquí, qué bien que Miyajima acaba siendo otra cosa).



Al principio no empieza bien: pasamos por una calle de turistas enloquecida, sobre todo llena de puestos de comida. Luego sales al paseo que te lleva al tori sumergido, donde hay ciervos, que los carteles indican son "salvajes". Mini: mejor dejarlos estar, pienso. Obligadas fotos con el tori y en estas que viene un hombre tirando de un carrito.



Empiezo nuevo párrafo para este tema: por muy tradicional que sea, yo pensaba que esto de un hombre tirando de un carro con otros dos arriba ya habría desaparecido del mundo (sí. Lo sé, es simplemente una representación de la explotacion que evidentemente no solo no ha terminado, sino que es rampante), pero lo hemos visto ocasionalmente para turistas. Me recuerda a Gil, una alumna muy graciosa que yo tenía en vetusta cuando era profe de inglés. La lección iba de China y dice Gil, toda seria:"anda! Tienen coches, yo pensaba que iban en carretas". Volviendo al hombre que arrastra el carreton... Lleva encima una pareja de novios!! Muy historiados. Recordadme por qué no me he casado?

Nos metemos en un templo muy chulo a orilla del mar, que dicen que con la marea alta parece que flota. Fotos atmosféricas y... Ahí está la boda! Nos plantamos allí haciendo fotos: en el centro de la sala hay dos filas de invitados frente a frente, con una mesita delante donde hay unos cuencos. Al fondo los novios, también frente a frente, y hay unas jóvenes, vestidas muy ceremoniosas, y actúan como maestras de ceremonias. La novia lleva un kimono blanco, y un gorro que parece una tienda de campaña en la cabeza, horroroso. Luego se lo quitará y la razón de llevar la carpa del circo de los Hermanos Tonetti en la cabeza es el peinado, lleno de agujas y farolillos (esto es hipérbole, que nadie.se lo.tome literal: no hay eléctricos en tocado). No entiendo bien el peinado: parece que lleva algo de peluca o añadido (si yo me documentara para el blog, pues eso, pero entonces no sería divagando, un blog de alguien "grumpy y opinionated sin proper data"). Lo digo porque de la zona que en el hombre occidental corresponde a "la patilla" (hombre japonés tiene limitado pelo facial) parece que a ella le salen unos pelos tiesos que van hacia atrás. Un look complicado. Pero ella no hace más que sonreír: lo está pasando chimenea.

Comienza la ceremonia: cuando digo que soy una vieja gruňona es por lo que sigue [hay que entenderme en ese estado mental, suele ser irónico y exagerado, pintando situaciones mucho mas dramáticas de lo que son, con objetivo cómico. Por eso, pido que se me de otra oportunidad antes de calificarme de eurocentrica y cerrada. Como he dicho antes, todas estas tradiciones impuestas -lo mismo aurresku que sardana que chotis- me la suelen resbalar... Me pueden gustar algunas que instauremos los que quiero y yo... Pero esto seria otro divague]: de.repente, un sonido desafinado de flautillas de madera empieza a sonar, como de broma. Pero son tres individuos, sentados en el suelo a un lado y que tocan los instrumentos... en serio. De verdad que era una risa, me recordó hace muchos años que fuimos a ver una peli Africana y la primera escena es un hombre cantando así tipo lamento y me.dice el Peda:"nos vamos?" Desde entonces el nos-vamos.es un código que no falla en hacerme reír (que nadie piense que el Peda es de mi escuela, a él le apasiona todo lo étnico, rústico, gaitero. Os hablaré de Nenes (en concreto su álbum "Ashibi" cuando lleguemos a Fukuoka).

Bueno, ya terminando, la boda fue un affaire demasiado formal, donde los novios hacían algo que no vi bien, y luego se sentaron en la mesa de la.izquierda. Entonces las sacerdotisas de antes ponían té (o lo que fuere) en los cuencos, de una manera robótica, que el androide dorado de star wars se mueve mas natural (siempre fue un favorito mío, me recuerda a woody allen).

Salimos del templo y subimos a una pagoda donde ya hay sakura (floración), y bajo ella un grupo de mayoritariamente hombres de unos 60 ya pasados de sake. Empezamos a hablar con ellos, nos hacen fotos a los tres, e intentan hablar en castellano. Uno nos pregunta cual es la diferencia entre España y Portugal, otro le dice al Peda que tiene aspecto de "professor", de inteligente. A él le dicen que su mujer es guapa. Valores de una sociedad, una época: hombre listo, mujer guapa. Entre risas: "oigan, que yo soy lista también!!!" Seňorrrr


Damos otra vuelta por la orilla del mar y comenzamos la subida hacia la montaña. No. A ver, encontraré una mejor frase: esa isla de grandes montañas no la.subimos desde la base. Esto lo hicimos ya en 2001 en Tailandia y está ya tickado. Os lo tengo que contar: los superjovenes y energéticos pedalistas fueron a una de esas islas maravillosas de viaje de un día desde tierra. Al llegar allí, nos gustó tanto que le dijimos al del barco turístico que nos quedábamos a dormir y que volveríamos al día siguiente con el siguiente tour. No era una isla preparada para que la gente se quedara a pasar la noche, no tenia afortunadamente ni hoteles ni guesthouses (cuchitriles donde nos quedamos). Como era una reserva natural, había unos jovenes todos uniformados que vivían en una especie de albergue donde nos acabamos quedando. Pero lo que quería contar es que subimos hasta la cima medio trepando por unas cuerdas que había allí improvisadas y la vista desde arriba fue wow. Una vez allí, por alguna razón se nos ocurrió hacer un Dicaprio en The Beach, y bajar caminando (bueno, entre comillas caminando... Acabamos medio Tarzan con las lianas) hacia el otro lado de la isla. Cuando estábamos a mitad del descenso, eso que caes en la cuenta que es más complicado de lo esperado (insisto: lianas) y que ya no puedes volver atrás, con los zarzales sorteados. Así que llegamos al final, sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Caemos en una especie de vertedero, que en realidad es el corral de un par o tres de chabolas, hechas con uralitas y plásticos. Por ahí camina un gallo famélico y atada a un poste... Una antena de televisión!!! Siempre recordamos esto: gente viviendo en la parte inexplorada de una isla reserva natural paradisiaca, de una manera infame, y no falta su tele. Hoy en día tendrán su wifi de alta velocidad, seguro. La historia termina con que acabamos negociando con uno de los pescadores que nos devolviera al otro lado de la isla en una de esas barcas que ponen en los folletos turísticos, y hoy tenemos una aventura más. Ah, y aquella noche, está en mi "ranking de noches de toda mi vida" como la "que más cansada me fui a la cama".

Así que, coming clean, para llegar a la cima del monte sagrado de la isla, el Misen, los japoneses tienen un sistema de teleféricos, claro. De camino al bus que te lleva a la base, nos encontramos con un cartelon tipo velero que anuncia... Cremia! Sí, sí, los helados que presumen de su alto nivel de grasa (este país es tantas veces el mundo al revés) y, hasta yo tomo uno. Este "hasta yo" tiene que ver con que no soy una apasionada de los helados como estos dos. Me gusta mucho el.de yogur, el resto, bien, pero no suelo pedir uno para mí porque a medias me aburro. Así que mejor dejo que pidan ellos y les cojo. Afortunadamente ellos no tienen voz en el blog, tal vez si pudieran comentar dirían que les como un poco más de lo que pretendo, y que me coja uno para mí etc. Caso omiso. Pero este día me pido un Cremia (que se han de acabar ellos, luego pruebo mi punto), con media aprensión porque la seňora que me lo pone (y que también vende ostras al grill en el mismo puesto) toca algo con su dedo ostril mi cucurucho. Nunca he pretendido ser una chica sofisticada en mi paladar (ya quedó claro en la entrevista que le di en exclusiva a lux que con sandía y acelgas soy feliz, y por tanto no me gustan las ostras. Yuk.)


Madre mía este divague. Podréis culparme pero en mi defensa, lo he escrito en el teléfono entre la eterna fila de Splash Mountain en Disneyland y ratos en el metro cuando hay sitio. A saber lo que ha salido. Por fin, llegamos a la fila del bus que lleva al teleférico, sin habernos decidido si subimos. Puede ser otro momento turistongo del horror, pero unos occidentales de la fila nos conminan a ponernos o no, pq el bus es pequeño etc. Total que nos ponemos y subimos y al final es un "Don Alfredo". Ahora claro, tendré que explicar qué es un Don Alfredo y tenemos un nuevo meandro: este concepto nació cuando los Pedalistas viajaban por Latinoamérica. En Cuzco hicimos uno de esos tours que te llevan a varios puntos de las afueras de la ciudad que son dificiles de llegar sin tu propio transporte, y alguno de la ciudad. Nada que ver con Japón: alli era una furgoneta de esas bajitas y allí nos metieron junto con un grupo encantador de argentinos con los que lo pasamos bomba. De guía nos pusieron a un octogenario, Don Alfredo, que nos iba contando la historia y el arte. Los argentinos eran rebuenos, venga a hacer preguntas y a ser graciosos y encantadores con ese acento tan lindo. En un punto, Don Alfredo preguntó si queríamos entrar a un museo: él lo que le dijéramos. Estuvimos un rato debatiendo, y al final decidimos que sí. Una vez dentro, Don Alfredo se puso a explicarnos las piedras y, al poco, y viendo la magnitud de lo que allí había, las dos argentinas empezaron: "Pero Don Alfredo!!! Pero cómo no íbamos a entrar aquí? Pero no, Don Alfredo! Pero si esto es maravishosho" Y a cada nuevo descubrimiento, ellas venga a exclamar: "Pero no, Don Alfredo!". Y así es como se quedó entre los Pedalistas el concepto "Don Alfredo": Dícese de algo maravishosho que estás a punto de perderte, pero finalmente, casi de refilón, haces y entonces exclamas, al unísono: "Pero Don Alfredo!".

Ya estamos en el primer teleférico, que son unas bolitas pequeñas en las que solo caben 6 personas. Nos toca con una familia australiana con dos hijas adolescentes y una seniora oriental que no sabemos si va con ellos pero a la que por si acaso miramos también, y ella sonríe y asiente. La familia es de Victoria, y nos cuentan en detalle la vida en Victoria, que van cara el invierno, y que han volado por Singapur. Sus hijas son muy sonrientes y calladas y Mini se dedica a ser una chatterbox, o sea, a parlotear encantada de haberse conocido y de que todos le rían las gracias con frases como: "Cocodrilos? (nos hablaban del norte de Australia donde hay) Tengo un fact sobre cococrilos: no pueden sacar la lengua!". Y así todo. Al terminar esa subida, se baja, y hay unas bolas ya grandes donde vas como 30 personas: los aussies opinan que en Oz nunca se permitiría toda esa gente (baja una bola petada). El caso es que al llegar arriba ya somos los mejores amigos, las chicas le regalan a Mini un llavero con un canguro que pone "Australia", nos hacemos fotos, y la madre me pide el email (cosa que no pasaba desde hacía muchos años viajando), y nos invita a Victoria. Cuando llegue a Londinium le tengo que mandar la foto de las tres niñas y el canguro.


Una vez arriba, comienza la subida del Monte sagrado Misen, que nosotros hicimos en una media hora, de bajada al principio y luego subida muy empinada. En el camino se tienen vistas impresionantes (ya empezamos a susurrar Don Alfredo), hay un templo, y cuando llegas arriba: WOW, qué vistas. Ya podemos confirmar que es un Don Alfredo en toda regla, y pasamos un breve rato en el mirador, que es chulísimo, todo hecho de madera, y en la parte de abajo nos sentamos en "posiciones budistas" (sin zapatos claro, y básicamente cruzando las piernas). Es un sitio que da "mucha paz" y donde hay mucha menos gente que abajo, claro ("only the brave", como el perfume). La luz está perfecta para hacer fotos porque ya son las 5 y el sol está bajando...


Pero sufrimos el síndrome Cenicienta: a las 17:30 baja el último teleférico y desde los altavoces te dicen que quien no esté allí a esa hora "tendrá que bajar andando". Tela: porque yo le echo toda la noche bajar, aunque sea por caminitos, y no se requieran lianas por la maleza, hasta llegar a donde atraca el ferry. Así que nos tenemos que ir, pero con ganas nos quedaríamos a ver la puesta de sol.



No hay problema: la veremos abajo, junto al tori sumergido que, como ha bajado la marea, ya no lo está (antes pasamos por una pagoda de muchos niveles y una tienda de souvenirs de la que, una vez más, salgo sin nada). Todo el mundo camina sobre la arena alrededor de las patas del enorme tori. Hay muchos fotógrafos con sus cámaras ahí plantadas con trípodes. Al acercarnos, vemos que toda la parte surmegida está cubierta, naturalmente de crustáceos, y entre ellos hay monedas. Un montón, por todas partes, también en el suelo (fondo durante el día). El tori es fotogénico y se está metiendo el sol, así que disfrutamos allí haciendo fotos, también de los farolillos de piedra que están todos encendidos. Hace ya un frío... es de noche y corremos al ferry.



Dejamos todo en el Coral y nos vamos a cenar enfrente, en el sitio del okonomiyaki y las planchas individuales. Mini pide un entrante a base de gambas, maiz, queso y mahonesa, todo caliente (cómo se puede calentar mahonesa? Pensaba que era anatema), y le gusta tanto que repite. Nosotros pedimos okonomiyaki de vegetales y otro que hacen aquí con fideos! (pueden ser soba-finos- o udon-gruesos). Luego pedimos unos noodles fritos para compartir y nos traen otro okonmiyaki... cuando le decimos al hombre que queríamos probar los noodles, él gesticula "noodles, finished" (ponen los brazos en cruz típicos que indican NO), así que nos ha traído esto. Está dispuesto a llevárselo pero como somos unos panes del senior, nos lo quedamos. Aquí descubre el Peda su pasión por un jenjibre en vinagreta que ponen. Lo encontrará en Londinium?


Ah, qué gran día... y como colofón, la habitación con aire del Coral nos espera con sus hakatas y facilidades para tomarnos un té verde...

1 comentario:

  1. Yogures de plátano y activia de coco?? Eso es asqueroso y me parto con "yo vivo de acelgas y no se qué" pero echo de menos los yogures llenos de aroma artificial.

    Y la mayonesa se puede calentar y gratinada está espectacular. De verdad que no hago carrera contigo en la cocina.

    Ardo en deseos de ver todas las fotos.

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