Si viajo al Easter -permítanme el anglicismo, Semana Tonta es demasiado largo y tal vez ofensivo dado el actual zeitgeist- del año pasado (mi manera de viajar es darle aquí), estaba exteriormente en una situación similar a la de ahora: sin salir de Londinium porque en unos días Mini empezaba los "mocks" o "exámenes predictivos". Este año, ou mama, es ya "The Real Thing", en mayo comienza los finales, que durarán un mes, así que aquí seguimos. No que nos importe, porque aunque fans de cierto tipo de viaje [cada vez "cierto tipo" se acota más, nos hacemos mayores, disminuye la paciencia], lo nuestro es viajar desde nuestro sofá. Y pedalearnos la-ciudad-que-nunca-te-terminas. Claro que Dios es de derechas y mala gente, y siempre manda tiempo regulero para que penemos todos la muerte de su Hijo y blabla.
Leo ese divague titulado "Fragmentos en el páramo de Easter", que es una versión de mi género "gazpacho" y constato que es una forma que cuenta con cierta aceptación entre divagantes y extraños y, dando muestra de una empatía con quienes aún magnanimamente pasan por aquí -hay gente que cobra por esto, yo a veces pienso que tendría que pagar-, hoy comenzamos con unas cuantas ideas deslavazadas que ni siquiera tienen la excusa del año pasado, que era homenajear a "Pedro Páramo", el libro que estaba leyendo.
Cosas del comer
Ya el año pasado hablé de la carencia de mona o huevos de Pascua en esta casa, aunque Easter sea únicamente un festival del chocolate en este país, al que preocupa tan poco Yísus (aunque cómo olvidar aquel año que fuimos a la Isla de Wight y vimos a un penitente haciendo trampas: arrastrando la cruz con rueda!).
Pero el otro finde, de camino a la mani anti-todo [me estoy dejando en lo del activismo, no he hecho divague], pasé por Marchesi, una pastelería italiana fundada en 1824 que solo tiene establecimientos en Milán y aquí, cerca de Berkeley Square. Aquí se puede apreciar -aparte de la maravillosa arquitectura en el reflejo- que los huevos a la venta son "de arte y ensayo", y que, pese a las £1,300 del ala de uno de ellos, están agotadísimos, al menos en la web. Padrin@s, ya sabéis: siempre podéis alegar que no había existencias.
Los italianos, unos guarros
Disculpas, es el sintagma que me viene a la cabeza de seguido cuando se habla de los habitantes de ese país desde que mi padre explicó que en fútbol, "los italianos son unos guarros". Es solo metafórico: según Doña Concha de Pélion, los guarros-literal son los franceses. Pero divago.
Quería hablar de los italianos -unos guarros- y su capacidad para el marketing — creo que lo escribí en un comentario: todo lo que tocan lo convierten en oro. Lo último es la "Colomba di Pasqua", de la que nunca oí hasta hace unas semanas en Barcelona, donde me di de bruces con un estante lleno de colombas en un supermercado orgánico a los que me hacen ir los Jekes.
En Marchesi me las encontré de nuevo, y eso ya me obligó a hacer una búsqueda y resulta que la colomba es la semanatonta equivalente del navideño panettone. Enfurecida, iba ya a hacer una arenga sobre el capitalsmo y la creación de cada vez más mierdas para comprar, pero según dice la www, esto viene de lejos. Parece que ya está también en supermercados estándar. Será tan mazacote como el panetone, cuyo sabor está bien pero no puede competir con la masa del roscón? Nacionalismo de la pattisserie. Maremía como descubra este post Vox, me hacen una oferta.
Y por terminar con L'Italia, el otro día vi la última de Sorrentino, "La grazia". Nada como "La grande bellezza", pero me sigue encantando Toni Servilo, el actor-gurú del director, y me encanta su uso de la música tecno en una peli de un tema tan sobrio. De repente, sonaban unos acordes de club de esos que has de entrar con gafas de sol, tapones y anfetaminas, y yo quería responder con un "I've got the power!". Supongo que escucharlo sin la peli no tiene el mismo efecto, pero a mí me dan muchas ganas de bailar, algo así como en el final de la actuación de Rosalía en los Brit. Pasen al minuto 2:44, y no cometan el error de saber qué dice la letra [I'll fuck you till you love me"="Te follaré hasta que me quieras": WHAT THE FUCK?, la confusión es máxima, pobres zetas].
Aquí, certezas
Y siguiendo con confusiones, una cosa hay cierta: podrán arrancar las flores pero cada año está aquí la primavera. Londinium in the bloom, Sakura en Londinium. Las fotos son de mis jardines favoritos de la ciudad, que es top secret luego no pondré sus coordenadas en un blog tan viral. La descubrí en mi año de baja maternal con Mini en el que me dediqué a descubrirlo todo armada de un carrito y mapas de papel. Era esa época.
También era esa época en la que pretender que tienes La Verdad (el Cheeto narcisista llama a su red social "Truth Social") o que lo sabes todo ("Aquí, certezas", eslogan de la campaña del PP en Castilla) hubiera hecho reír mucho. En nuestro mundo, dinamitado de incertidumbres, aún hay gente con tan poco respeto intelectual por su electorado que pretende que tiene todas las respuestas, todas las certezas. ¿Os imagináis mi cara mientras tecleo esto?
Los actores no envejecen, pero yo tampoco
Voy a recoger mis nuevas gafas y paso por una casa donde vivió un tiempo Jimi Hendrix, y 200 años antes, al lado, George Frédéric Haendel. Os aseguro: no es mala plaza (Brook Street). Los han juntado y puedes visitar ambos en la "HandelHendrixHouse". Hendrix es la de la izquierda, el taxi era por lo de la composición.
Demasiadas más ideas sueltas, así que se quede este como el primero de una serie de divagar-proper. Y en la búsqueda de fotos de huevos de chocolate, flores y placas azules, me han salido al encuentro las de la mani, así que termino con un par. Nota: aunque el tema principal era "en contra de la extrema derecha", fue tan multi-todo que cada uno llevaba su cartel-woke a medida: que si Fuck Trump, pro-Palestina, inmigración, feminismo, Irán, no-a-la-guerra, refugiados bienvenidos, los gays y del género, en contra del fascismo... en particular me enterneció algunos que reciclaron las banderas europeas anti-brexit y los que siguen -seguimos- con el mantra de la Seguridad Social pública.
Una mani un poco gazpacho, como este divague. Vamos a por el otro...












