Hay otras maneras de viajar que no implican moverse: puedes hacerlo con una novela desde tu sofá (mi manera habitual), puedes tener viajes psicodélicos (algo que no he probado, sé demasiado sobre lo que es "un mal viaje" para que me dé miedo hacerlo), o puedes jugar a Marco Polo a través de la gente. De eso va mi divague de hoy.
Pasaje a la India
Tengo una nueva compañera de trabajo, T. Es de la India, y con cada interacción me lleva no solo al subcontinente, sino que me mete en una máquina del tiempo. En el pasado -llamémoslo Banderley- trabajé con muchos indios, pero los que he ido conociendo en Londinium ya eran mucho más asimilados, algunos de segunda y tercera generación, pero T. está prácticamente recién llegada, y por eso es un documento etnográfico en sí misma, que me causa confusión y maravilla a la vez.
Pero no son los únicos sentimientos: tiene una actitud deferencial hacia mí que me avergüenza: me llama por mi título y apellido y me echa piropos continuamente. Cuando le pido que me llame por mi nombre de pila, dice que sería "irrespetuoso". Como comparto con ella herramientas de trabajo que he ido creando a través de los años, me pregunta si de verdad no me importa, porque en su país son todos muy competitivos y nunca lo harían (de hecho, quiere que las publique en un libro- sonrío negando y pensando en lo que yo querría publicar). Hablando de negar, T mueve la cabeza a los lados como suelen hacer las personas de la India, pero mucho más; me imagino que es porque no hace mucho que ha llegado a la isla.
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Las fotos del divague son de una exposición de fotos de Benarés a la que fui el otro día en SOAS (School of Oriental and African Studies, University of Londinium) de Jateen Lad. Cuando se la recomiendo a T me dice que le encanta esa ciudad, aunque ella es del sur y que le encantaría "que un día fuéramos juntas". Me desarma con esto y con otras cosas que hace, como comprar jabón para un baño en el que nunca hay, en lugar de quejarse a recepción o cualquier cosa que haríamos uno de aquí.
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Como llegó hace unos meses, aún no tiene el ILR (Indefinite Leave to Remain, el visado para poder quedarse). La otra tarde me abrió el corazón con su historia personal y casi rompe el mío. El suyo se lo destrozaron hace mucho tiempo: en la facultad se enamoró de un chico pero sus padres no permitieron que continuara la relación; ya se sabe, él estudiaba con becas. La familia de T no era rica pero "tenía propiedades": si se casaba con él, renegarían de ella. Y lo dejó y, como era predecible, cayó en una depresión. Aún tiene idealizada esa relación -"era de Romeo y Julieta"-, a sus 40 años, y su madre la presiona para que se case "con quien sea", ahora que aquel novio está casado y con hijos. Igual nos equivocamos en el pasado, parece que reconoce. Siglo XXI.
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"Alguien como tú" (o sea, uno de sus supervisores en India) al verla tan dentro del agujero le dijo que dijera adiós a todo y se viniera a Reino Unido, para empezar de nuevo. Y así lo hizo: sin amigos, sin conocidos... se metió en un avión y aquí está, viviendo en habitaciones y buscándose la vida. Le intento devolver sus piropos con mentiras blancas como que es bonito su top floreado (no me gusta la ropa floreada — otra cosa es el animal print, ja) o sus pendientes colgantes (no me gustan los pendientes colgantes), pero cuando le digo que la admiro por su coraje de cruzar el mar y venir aquí, esto es muy verdad.
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Estoy segura de que cuando se vaya me hará un regalo: estas culturas son hospitalarias, agradecidas. Como personas, no están de vuelta de ningún sitio, no usan la ironía. Por eso me invade tanta ternura. Recuerdo cuando nosotros en la península éramos una versión suave de eso.
En taxi por Bangladesh
El taxi aquel es un DeLorean de 2026. El conductor, pese a verme con libro abierto en las manos, no para de hablar. Es muy simpático: él gana, cierro el libro. O a ver quién gana: en esas conversaciones con extraños siempre termino, inconscientemente, empujándoles a hablar de temas sociales o políticos, meterme en sus vidas, en su realidad. Tal vez no sea tan inconsciente, porque ahora mismo estoy describiendo que lo hago, pero no salgo "a matar" - supongo que la cabra tira al monte.
El taxista bangladesí me contó la historia de su familia: algunos de sus hermanos eran médicos. Les encanta estudiar medicina a los de las excolonias en contraposición con los ingleses que hasta hace poco no les interesaba nada, es una profesión muy dura y a ellos lo que les va es la "venta de humo". También es algo práctico, donde nunca faltará el trabajo y la gente de dinero se puede permitir estudiar escultura o filosofía. Luego los médicos se vuelven arrogantes y se creen por encima, pero eso es otra historia.
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Pero divago y yo estaba en Bangladesh. Que los hijos del taxista están en la uni, su mujer no habla inglés (le estaba traduciendo para una cita médica cuando entro) y él tiene una barba á la Abraham Lincoln, pero en mega. Por fin lo llevo a nuestra experiencia común como inmigrantes y mientras pasamos por delante del maravilloso -estéticamente- Dulwich College, ponemos a parir a uno de sus tristemente más famosos exalumnos, Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras y que ahora lidera la ultraderecha de este país. Qué harían en esta isla, de entrada, sin los inmigrantes que desempeñamos las profesiones que acabo de citar y tantas más: hacemos su trabajo sucio. Eso sí, pese a tener un alcalde musulmán -querido Sadiq Khan, que le ha plantado cara al Boniato Yanki- no le gusta no sé qué nuevo impuesto ecológico. Oh well.
Es Ramadán y el pobre hombre se ha levantado a las 4:30am para comer algo antes de que amanezca. Por lo menos este año no cae en verano. Me cuenta toda la historia del islam, un cuento de hadas ridículo, pero como desde hace un tiempo soy candidata permanente al Goya a mejor actriz, asiento como interesada. Me pregunta por lo de "beber la sangre y comer la carne de Cristo" de los católicos, y le digo que nunca me he creído eso, ni como metáfora: la barba se mueve arriba abajo, o sea, ríe, y yo me pregunto si eso le parece una idiotez, cómo se cree que un "hombre alto que en realidad era un ángel que le dictó el Corán a Mohammed durante 23 anios" le parece más plausible. En fin, que ahora iba yo a empezar a preguntar por "lo de las mujeres", pero llegamos: salgo a la calle y es "Regreso al futuro".
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Los británicos y la "Palabra-N" ("N-word")
Como el divague de hoy va de "viaje con nosotras a culturas exóticas", cómo no hablar de mi país de adopción, a propósito de la polémica de los BAFTAs de este año que no sé si ha llegado a la península. Usaré a Mini porque no me lee -pero que me ha avisado de que si escribo sobre esto "y un día eres famosa, ese divague acabará con tu carrera"- como ejemplo de la actitud general del británico medio, para que se entienda el "choque de culturas" con el español medio. Pero empiezo con contexto de la polémica:
El síndrome de Tourette es una enfermedad neurológica en la que el paciente presenta tics motores y vocales. Un tic es un movimiento incontrolado de un grupo muscular que se siente como una "urgencia" terrible, y tras hacerlo, hay relajamiento momentáneo, hasta que vuelve a subir la tensión, y hay que hacerlo otra vez. Puede ser tan simple (y, de hecho, empieza así, con movimientos simples) como tener que parpadear muy fuerte, fruncir el ceño, o puede evolucionar a tener que hacer movimientos complejos con los hombros; todo esto son toics motores. Los vocales comienzan como carraspeos, tosecitas y pueden evolucionar a ruidos, silbidos o, por lo que se han hecho famosos en los medios, por pasar de sílabas a palabras y aquí se incluye "coprolalia" (tacos, insultos, etc.).
Nota: esto es el (feísimo) "jardín japonés" del tejado de SOAS y las de abajo, fotos de mi librería favorita de Londinium (y esto es mucho decir): Waterstone's Gower St. No me puedo creer que esta librería no tenga un divague propio en la sección "bibliofilia". Lo tiene compartido con el de un libro que compré allí ("I love Dick"), y aquí se pueden ver las fotos. Pero volveré y queda pendiente el divague fotográfico detallado.
Hay un hombre llamado John Davidson que tiene un Tourette muy severo y ha dedicado su vida a hacer campaña: gracias a él se conoce mucho más este desorden. Cuando era niño, nadie sabía lo que era y sufrió todo tipo de bullying pero también incomprensión por su propia familia. Por sus méritos como "psicoeducador", la reina le dio una de esas medallas y, el pobre, en medio de la ceremonia, no pudo contenerse de gritar lo que muchas querríamos, pero él, en realidad, no: "fuck the queen" ("que se joda la reina!"). Así comienza el biopic dedicado a su vida, "I swear" (juego de palabras entre "digo tacos" y "lo juro") y por la que el actor que interpreta a Davidson ha ganado el BAFTA.
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Hasta aquí todo bien. Sin embargo, era de esperar que Davidson, invitado a la gala, se pasara parte de ella "jurando en hebreo", porque esos impulsos son parte de su neurodiversidad. Y cuando salieron dos actores negros a dar un premio, lo dijo: gritó la "palabra-N".
Si has visto "Pulp Fiction" en inglés, habrás notado que muchos de los personajes repiten la palabra-N continuamente. Para quien aún no lo sepa, la palabra-N es "Nigger", la peor palabra de toda la lengua inglesa, incluso por encima de "cunt", que se lo digan a DH Lawrence. Proviene del castellano "negro", y aunque empezó como descriptivo, pasó a ser un insulto usado por los blancos para denigrar a los negros [interesante cómo el verbo "denigrar" proviene del latín denigrāre, compuesto por el prefijo de- (dirección de arriba abajo, o intensificación) y niger (negro)].
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Ahora es una palabra tabú, tanto que no puede ser siquiera usada para contar esta anécdota, como hice yo el otro día en casa y Mini se enfadó tanto. Personalmente, no creo que solo decirla sin intención sea racista, pero me aseguran que sí. Pero lo que sí creo es que Davison, el hombre con Tourette, no pudo controlarse -de eso va su desorden- y la soltó.
La historia ha tenido muchas ramificaciones: que si la BBC debería haber cortado ese segundo de la emisión (aseguran que no lo oyeron, aunque sí quitaron el "Free Palestine" de un premiado), que si no tendría Davidson que haber ido a la gala (pero ¿no se trata de visibilizar esta neurodiversidad?), que si, que si… Pero la razón por la que he incluido esta anécdota es para demostrar a los años luz que estamos de esta sociedad en algunas cosas. En el Reino Unido son muy cuidadosos con las formas en el tema étnico, hasta el punto de que no puedes decir la palabra ni para explicar la anécdota, ni puede decirla un hombre con una enfermedad que está allí en teoría para concienciar sobre ella.
Con esto no quiero minimizar la experiencia de las personas negras que se sintieron fatal cuando se dijo la palabra: son siglos de esclavitud, maltrato y ahora aún discriminación y racismo lo que llevan sobre sus hombros. Solo quería contar la anécdota como un ejemplo de un "choque de civilizaciones más". En la península, aún hay gente que dice la palabra "moros" de manera derogativa sin ningún problema - me chocó al principio en "El cautivo" de Amenábar, pero luego entendí que era poner a los personajes a hablar de la manera que se hablaba en la época de Cervantes. Pero esta ya no es la época de Cervantes.
Y termino con una frase que ya he puesto otras veces porque me encanta, que añade el tiempo en el axis de abscisas. Hoy hemos viajado aquí y pensamos así: qué será en diez, veinte, treinta años?
"No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tú”.









