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11 febrero 2022

Serial 42: No es país para siestas. Bombones desinteresados: ese mito. Ludus, o el flirteo por el flirteo.

La siesta a la que me he arrastrado hoy al mediodía es la única razón por la que he llegado hasta aquí: las dos de la madrugada, y estudiando. Parece que hace un mes de esta mañana, cuando he estado nadando, metiéndome colesterol en vena para el desayuno y luego estudiando como la máquina que soy. El error (tal vez acierto) ha sido venirme a comer a casa, encontrarme con Sandip que había hecho un dhal con leche de coco, que "en serio que no picaba". Debatible, pero no me han saltado las lágrimas (¿Estoy logrando la inmersión? ¿Soy una ciudadana del mundo?). Cómo no aceptarle luego unos Turkish Delights, -que ya sé que empalagan y que él no es turco-  como aderezo a su conversación, que gira obviamente en torno al examen. Va más retrasado que yo porque pasa muchísimo tiempo subrayando sus notas (me vengo arriba con el mal ajeno: hay alguien más obsesivo con los sistemas jerárquicos de subrayado fluorescente adolescente) y si no es perfecto, repite la página. Intento hacer desesperada terapia de choque con él -sabiendo que no hay solución-, pero se tiene que ir. Y yo también, pero de alguna manera -yo no quería- termino en mi cuarto y solo será un minuto y… 

Ha sido una siesta extraña, como esas de algún verano caluroso en algún pueblo igualmente sesteante, que se empiezan sin mala fe, y luego se te van de las manos, y acaban alargándose varias horas, y cuando te despiertas estás mucho peor que cuando te acostaste. Estás mareada, confusa, y de mal humor. Te tienes que lavar los dientes y no sabes si desayunar o toca recena. Siestas de dos horas que ya no recordaba, pero hey: ya nada que hacer, la tarde ha sido prácticamente devastada. Es aras del estoicismo y por centranos en "la línea plateada de toda nube" (me encanta este dicho): ahora estoy despejadísima, recién duchada y me encamino a la planta a ver a Derek. Que no sabe que voy a aparecer.

En la planta esta noche está el asistente de enfermería de las islas Mauricio (¿qué hace aquí este hombre?). Casi no habla inglés, aunque un día me enseñó fotos de donde vive su familia. Me caigo mal por pensar qué hace aquí: desde luego no ha dejado las aguas turquesas por un manicomio en Yorkshire por gusto. Se extraña: la planta está tranquila, no me ha llamado. Pero sí, Derek está en la oficina, la puerta abierta, la luz apagada, su cara iluminada por la de la pantalla del ordenador. Solitario. El juego, me refiero. Debe ser terrible un trabajo en el que has de llenar el tiempo - en el mío no me dan las horas. Su cara, entre la sorpresa y el susto: dice lo evidente, no me esperaba a las dos de la madrugada, sin estar de guardia. The small hours, las horas pequeñas.


-Hola... No me mires así, ya te dije que vendría- y me siento en una silla azul de oficina. Y ahora tengo un guión que me he preparado y hasta ensayado.

-¿Dónde están los bombones? -pregunta todo serio- Aparte del que tengo delante, claro...

Los dos nos reímos. Vaya, ya me está sacando del guión, tenía que haber contado con esto. Aunque un poco de juego no puede ir mal.

-Me he preparado especialmente para ti, querido -voy con la cara lavada, pelo revuelto y una sudadera con capucha dos tallas grandes-  Te dije que vendría a despedirme y aquí estoy.

No voy bien. El sabe que estaré de guardia cuando termine esta semana y le veré a las diez de la noche, con el handover, no tengo porqué venir hoy. Lo de no podía dormir y Aute, pasaba por aquí, no va a colar. Con lo bien que sonaba en casa. Él se da cuenta y me da un balón de oxígeno.

-¿Te apetece un té? Yo me iba a hacer uno.

Acepto, claro, y me quedo sola en la oficina unos minutos, en teoría para ordenar mi cabeza, pero en la práctica estoy pensando en círculo, naufragando. Pienso en el examen oral, cómo voy a enfrentarme a un panel de tres tíos si no puedo con uno. Claro que este es un tema espinoso, ilegal. Y bien, qué tontería / No soy nada sutil / Si yo solo pasaba / Pasaba por aquí: claramente, se me ha pegado una canciónCuando llega, deja las tazas en la mesa baja de la esquina, da una luz lateral, intentando tal vez un ambiente cálido y cierra la puerta. Me hace una indicación para que pasemos de las sillas de oficina a unos módulos individuales en ángulo recto alrededor de la mesa. “Aunque un poco de juego no puede ir mal”, pensaba la ingenua. Este tío se me come con patatas. Por si no queda claro que estoy perdiendo el control de la situación, comienza, sin rodeos:

-¿Qué pasó en Marcé? ¿Por qué saliste tan precipitadamente? -pregunta, medio divertido.

-¿Qué dicen por ahí? - realmente me lo pregunto, no es para ganar tiempo.

-Nada. Solo he sabido que aún no había vuelto el residente que fuiste a sustituir, y que han tenido problemas para encontrar otro. Me extrañó. Sé cómo trabajas: esto no fue un fallo clínico... ¿eh?

Vale, el tío se ha imaginado que fue un tema personal, pero no sabe los detalles. Intento balones fuera.

-Emmm sí, tuve un enfrentamiento con alguien allí... Fue desagradable, y se decidió que me fuera - para mí que sueno convincente pero igualmente, tierra trágame, quiero irme a casa. 

Derek deja la taza en la mesa. Se inclina como si me fuera a decir un secreto, los antebrazos sobre las rodillas, mira al suelo.

-¿Puedo preguntar con quién? - la pregunta termina en una especie de suspiro, y entonces me mira, desde ese lugar que no sé si es paciencia o exactamente lo contrario.

-Con una de las enfermeras - digo así, en tono grave, y ganas de ponerme la capucha.

-Ya.

Madre mía: solo le faltaba un “venga” delante. Venga ya. Estoy a un tris de confesar, como un atracador de tercera que ha perdido el dilema del prisionero en el interrogatorio . No sé de donde saco la fortaleza, pero me recompongo y vuelvo al Plan B, que en realidad es el A si él no me hubiera distraído.

-El caso es que, Derek, tengo un favor que pedirte -en algún punto se tiene que saber que esta visita no es del todo desinteresada. Hablo rápido para que no interrumpa- Resulta que yo estaba haciendo una auditoría allí, ya sabes, necesitamos hacer una en cada rotación que estamos. Estaba mirando notas para comprobar cuántas mujeres que se les da el diagnóstico de "depresión postparto" tienen en realidad síntomas de ansiedad. Todo porque en esos meses vi varios desórdenes de pánico, trastornos obsesivos-compulsivos y ...

Cojo la taza, y él dice que suena interesante. No sé cuánto debo de hablar del contenido de la auditoría -que por otro lado había verdaderamente planeado antes de que me echara Steen. Si le interesa, podría meterme ahí un rato, marear la perdiz, pero decido ir al grano:

-Bueno, el caso es que... como tuve esos problemas, me da mucho palo ir a los libros de ingreso de enfermería a hacerme una fotocopia de los casos de los últimos años... y me preguntaba si tú podrías ayudarme 

No termino en inflexión interrogativa, sino afirmativa. Se hace una pequeña pausa, él cambia de posición: se echa para atrás, cruza los brazos, entra en defensa.

-A ver, a ver... ¿me estás pidiendo exactamente qué? ¿Que vaya a la planta una noche, coja el libro, lo fotocopie, y te lo pase? - el tono es pretendidamente indignado. Pero pese a lo -vale, de acuerdo- enloquecido de la petición, sé que no lo está.

- Espera.

Lo sabía: si alguien podría meterse en este berenjenal es el boxeador de serie B. Se levanta y mira en el tablón de la oficina el personal de turno esta noche en Marcé. Parece que estoy de suerte. Tracy. Marca una extensión y mientras espera se mediosienta en la mesa de la oficina y mira por la ventana. Cuando contestan y es Tracy, yo he desaparecido para él, y soy testigo en los siguientes veinte minutos de una representación que merece, por lo menos, una nominación. Ahí tengo a Derek, desplegando todo su carisma con la jefa de planta Tracy, una enfermera que de normal parece una institutriz nórdica. Pero Derek la ha transformado en otra cosa, porque “it takes two to tango”: aunque no la puedo oír a ella, solo por esta parte de la conversación me da que se lo está pasando tan bien como Derek.


Tengo delante a un encantador de serpientes, que intenta -con éxito- hacer creer a las mujeres que somos los bombones que no le he traído. Y lo peor: nos los creemos. Me sé la fórmula: es divertido, es gracioso, es irónico y no se toma a sí mismo nada en serio. Representa el sentido más amplio del concepto seductor, porque cautiva, no con el propósito de terminar en la cama -o sobre la fotocopiadora, en este contexto. Me siento mal por haberme preguntado si habrá tenido sexo con la Tracy de turno. Eso solo demuestra lo cuadriculada que soy, mi carencia de imaginación: ¿acaso me ha dado a mí la más mínima muestra de aspirar a que algo sexual pase entre nosotros? Nunca, nos hemos quedado en el ping-pong verbal, que es super-divertido. En el rato que dura su conversación me doy cuenta de que este hombre es así: nunca va a parar de jugar, en su vida. Y probablemente ese juego no lleve a nada, será juego por el juego, arte por el arte, disfrute dialéctico, competición de quién es más ingenioso, un empujón para su ego y para el de la contrincante -porque es una batalla. Y ya. Claro que como todo juego, tiene peligros: no todo el mundo sabe jugar. Pero en teoría se desarrolla un sexto sentido para saber con quién se puede tensar. La realidad es que es un deporte de riesgo. Me viene a la cabeza la canción -pura sabiduría, un clásico disfrazado de pop- de Britney…

Oops, I did it again
I played with your heart,
got lost in the game
Oh baby, baby
Oops, now you think I'm in love…


Ups, me perdí en en el juego. Ese toma-y-daca es la base de las comedias románticas clásicas, lo que pasa es que en ellas se hace con un fin. Como en “Mucho ruido y pocas nueces”, qué mona la versión en cine de Branagh (iré algún día a verla al Globe?) y qué mona la relación de Beatrice y Benedick, que se pasan la obra discutiendo. Benedick, el eterno soltero; Beatrice las antípodas del ideal femenino isabelino, toda opiniones y carácter. Frente a ellos, Claudio y Hero, el héroe y a la heroína clásica, cortejándose muy serios e intensos: un rollo de tíos. Pero tanto en Shakespeare como en Capra, parece que siempre hay que terminar con alguien en el sofá. ¿Es esto el “final feliz”? Mi tesis sobre Derek es que para él no hay destino, que está ahí por el recorrido. El destino siempre decepciona: no hay realidad que pueda superar una idea. ¿Quién dijo eso?

No deja de mirar por la ventana y cuando noto que va terminando la conversación pretendo leer el British National Formulary como si fuera interesantísimo.

-Voilá! -me dice mientras cuelga el teléfono y me guiña el ojo - Prueba conseguida.

-¿En serio? -balbuceo-. Derek, gracias!!!

-Dale unos minutos, y debería entrar un fax...

Pero estamos en una planta de ingreso de agudos: ya tardaban los gritos. Derek sale corriendo y yo no debería moverme de allí. No estoy de guardia, y mejor no entrar en qué hago ahí a las tres de la mañana. Portazos, más gritos, juramentos, pasos. Mi predicción: este paciente acaba en confinamiento supervisado. Pero no, escucho la voz de Derek, le está hablando tranquilo, le ofrece un poco de medicación, hay una negociación que no entiendo, la voz de Derek parece haber sido creada para esto, el paciente ya no grita, creo que solloza, it's ok, it's ok. Y a mi derecha un ruido, comienza a entrar un fax.

Aquí está, el listado de pacientes de Marcé de hace cinco años. Me empieza a cabalgar el corazón, creo que hiperventilo. Entra Derek, me deshago en agradecimientos, no sabes cuánta ayuda esto es para mi auditoría, de verdad... me dejo llevar un poco por la excitación del momento. Afortunadamente, él me para:

-Que esto quede entre nosotros - dice.

-Por supuesto - asiento. Los dos hemos infringido la ley, supongo que yo más que él. No hay duda de que ninguno vamos a romper el secreto.

-Y me debes los bombones.

-Gracias por enfatizar lo desinteresado de esta amistad.

Me da la espalda, empieza a meter su contraseña en el ordenador y cuando voy a abrir la puerta para salir, su voz:

-Y no pienses que me he creído la historia que me has contado.

7 comentarios:

  1. Derek empieza a ser mi heroe. Poder llamar bombón a una tipa y que no le mire mal, será puro interés de ella?

    Derek no llega al destino final se queda en un simple juego o amor platónico? porque cuando se alcanza el fin, se empieza a perder algo?

    c'est très intéressant

    vi

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    1. Vi, te puedo dar el título de "EL Lector de Serial", o es demasiada responsabilidad? :) Gracias por venirrrr!

      A ver, era 1997, otros tiempos, nos dejábamos llamar eso y cosas peores. Y aún hoy, por lo menos las ajadas boomers: lo importante es el contexto darling, o eso nos decimos -pero seguro q las Minis y milennials de turno están en desacuerdo, y tendrán razón.

      "Es amor platónico lo mismo q flirteo? Discuss".

      Y tú no sabes q cuando llegas -tras un camino mágico- a Itaca te decepciona? Primeros principios! :)

      di

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    2. Claro que lo se por eso sigo rodeando y rodeando.

      Y no, no quiero título alguno vaya responsablidad y luego me da pereza :)

      vi

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    3. AY qué sabio eres, Vi: en el rodeo está el secreto...

      di

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  2. Curiosa cita del Aute, porque a mí me sucede lo mismo (pasaba x)... pero a falta de hijos (o amores perdidos) están los momentos blogueros que "te descontrolan"...

    Así que me toca denunciar esa asquerosa manía de practicar lo políticamente correcto más allá de Orión... porque ese acoso a la necesaria interacción afectiva, incluso algo áspera y mismo obscena, entre la hembra y el macho humanos, resulta denigrante, y más desde el punto de vista de una versión semidecente del homo sapiens, que quiere seguir evolucionando...

    Y no hablamos lógicamente, de la falta de respeto al ser humano a quien nos dirigimos, ni siquiera con miradas furtivas "pecaminosas"que "molesten"... pero sí, reinvidico el derecho a fijar mi atención en la piel, mejor tapada, de los hombros o rodillas femeninas (en mi caso)... y sin desdeñar partes más pudendas (siempre que no sean excesivamente pudendas, por lo menos sin la necesaria excitación sexual)...

    También es cierto que le faltan cursillos preligueros al macho hispánico, ya que resulta muy difícil decir "estás hecha un bombón" (aplicado a cualquier género imaginable) sin que se deje uno llevar por cierta tendencia a confundir los campos de interacción personal, y mismo el chocolate suizo o belga, con el coreano (por poner un ejemplo dseconocido)... pienso que la mujer lo lleva mucho mejor... Y lo siento (o no) por los/as/les, que pierden esas interacciones afectivas libres de peaje sadomasoquista... tan elementales ellas, por lo simples y por el beneficio inmenso para hacernos mejores personas...

    Y se me quedó Ítaca por el camino...

    bicos (bombón derekiano)...

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    Respuestas
    1. Ahhh muiñovello, me gusta: así q esto de los blogs es un "pasaba por aquí" (ningún teléfono cerca y no lo pude resistir).

      SObre lo Políticamente Correcto, mira q he dicho lo q he dicho, y q tengo cierta edad y q tal vez me guste demasiado jugar con las palabras... pero tú no constatas una y otra vez eso de q la gente q va de "políticamente incorrecta" son auténticos gilipollas? Tanto en las redes como en la vida real. El concepto ha sido jakeado por cretinos para decir las mayores imbecilidades y eso, no. Tienen hasta partido político ahora, me cuentan.

      :) y qué bonito lo de q se quede Itaca por el camino... sin ella no habrías emprendido el viaje.

      Más bicos

      di

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  3. Sigamos yendo por partes... "ir de" es nefasto, incluso si vas de Oscar Wilde (y no eres él)... una vez dicho esto, cada uno es libre de ir como quiera, porque lo que niego no es el derecho a "ir de", lo que niego es el derecho a tomarnos por tontos a los demás, como si no fuéramos capaces de notar que "vas de"...

    Para mayor inri, en estes momentos es un concepto usado para vestirse por parte de los "buenos" y de los "malos", de las izquierdas y de las derechas... actualmente, palabras como libertad y tolerancia, por ejemplo, están más prostituidas que los seres humanos que te esperaban en la coruñesa calle del Papagayo (flores ajadas por una sociedad opresora como pocas)...

    Y lo de los blogs, tal cual, convencido de que, si encuentro un algoritmo que sepa hacerme "as beiras", con él me quedo... a fin de cuentas, los seres humanos analógicos más "normales" están disfrutando como enanos, del hecho de ser una versión mediocre del homo sapiens... y eso, como decía el otro, cansa.

    Por cierto, que me horroriza el teléfono, no tuve móbil hasta la jubilación...

    Bicos...

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