"Purity", la última novela de Jonathan Franzen, tiene 563 páginas y me la he leído en menos de un mes. Esto es record para la lectora tortuga que soy. Ah, es que es un page turner, uno de esos bestsellers que no se pueden dejar? No será basura comercial?
Franzen es mucho Franzen. Lo primero repetirme, porque esto seguro que ya lo escribí en los divagues de sus novelas anteriores, "The corrections" y "Freedom": Jonathan Franzen describe a los personajes como si fuera psiquiatra, de hecho, a veces una se pregunta si solo un profesional de la salud mental podrá captar las sutilezas de muchos de los que se pasean por sus páginas. Solo por esto merece la pena leerle, por su manera de dibujarnos el mundo interior de los personajes, los que les hace ellos: que pasó en su infancia (solo en los centrales profundiza aquí), qué les hace saltar, por qué se relacionan como lo hacen, y deciden lo que deciden, acertando estrepitosamente o más frecuentemente, fallando como elefantes en cacharrerías.
Ah, las relaciones: su constante comentario sobre las relaciones y los sentimientos le habría matado desde el punto de vista "literatura de calidad" si fuera mujer. Claro, serían "cosas de las que escriben ellas". Pero como es tío y hetero, da igual, Time le puede dedicar una portada con el famoso "Gran Novelista Americano" y ya está. No me indigno con Franzen, sino con la sociedad.
Nota: durante la lectura de "Purity" he atravesado una época de feminismo-extremo, que siempre está ahí pero ahora especialmente virulento. Así que la novela y la bloguera han chocado como dos trenes de mercancías: todos los tomates desparramados en la cuneta.
Por partes. Por qué algunas feministas odian a Franzen? No les gustan sus personajes femeninos, no les gusta el sexo que describe (alguien ha visto "Red Road" de Andrea Arnold? El sexo en esa película, sin saber quien la ha dirigido, sabes que es una mujer-y no, no son florecitas y velas, ni de lejos voy por ahí). En "Purity", hay mujeres positivas y negativas, igual que hombres, y a mí esto me ha parecido la tendencia en todas sus novelas. El caso es que ningún personaje es del todo positivo, y así tiene que ser. Quienes lo somos? Igual esos seres existen, yo hasta hace poco lo creía, pero tranquis: ya no. Dime de lo que cacareas y te diré de lo que careces.
Sobre el sexo de "Purity" hay un personaje que me fascina: está obsesionado con el cunnilingus (os acordáis del impagable Portnoy?). Franzen lo describe muy bien: tanta es su fijación, que prefiere una vulva que una cara. Me parece remarcable que un hombre haya creado este personaje en lugar de lo más típico que sería el que simplemente quiere que se la coman a él (sufro porque mi suegra me lee-pero ella me regaló "Deseo" de Jelinek, no hay más preguntas).
Lo que es indudable, y da al ojo, es que absolutamente todos los personajes femeninos de esta novela tienen algo en común: la belleza física. En serio, Jonathan? Tú también? Tú qué estás divorciado te casaste con una tía porque tenía las piernas bonitas, como dice el adagio? La Grande Bellezza se torna, en mí, La Grande Perezza. Me empiezan a cansar los tíos, me aburren, me aburrís, si me estáis leyendo, con esta imbécil idolatría de la fachada. Tío: callo y miro al cielo, y bostezo, y paso de ti.
Sobre el sexo de "Purity" hay un personaje que me fascina: está obsesionado con el cunnilingus (os acordáis del impagable Portnoy?). Franzen lo describe muy bien: tanta es su fijación, que prefiere una vulva que una cara. Me parece remarcable que un hombre haya creado este personaje en lugar de lo más típico que sería el que simplemente quiere que se la coman a él (sufro porque mi suegra me lee-pero ella me regaló "Deseo" de Jelinek, no hay más preguntas).
Lo que es indudable, y da al ojo, es que absolutamente todos los personajes femeninos de esta novela tienen algo en común: la belleza física. En serio, Jonathan? Tú también? Tú qué estás divorciado te casaste con una tía porque tenía las piernas bonitas, como dice el adagio? La Grande Bellezza se torna, en mí, La Grande Perezza. Me empiezan a cansar los tíos, me aburren, me aburrís, si me estáis leyendo, con esta imbécil idolatría de la fachada. Tío: callo y miro al cielo, y bostezo, y paso de ti.
Pero el bueno de Jonathan sigue siendo uno de los pocos hombres con los que hoy me iría a cenar, pese a todas las babies de su novela. Igual el pobre no lo puede evitar, pero le medio perdono porque sus "gender politics", su manera de ver los aspectos de género en la sociedad occidental, sigue siendo de lo más interesante (siquiera sea porque lo nombra!) que he visto en un novelista. Por ejemplo, en la descripción del reparto de trabajo en una empresa, se queja de que los tíos están metidos en un cuarto escribiendo código y las tías llevan las relaciones públicas, el diseño web, esas cositas. Cuando una de los personajes quiere un hijo y su pareja no quiere ni oir hablar, se nota que Franzen siente su dolor. Que es un dolor que escuece como pocos, cuando el tic tac está sonando de fondo. O cuando el padre de otra enferma, y sus hijos se lo podrían haber llevado, "si no hubieran sido hombres". Así, le toca a la única hija.
Claro que Leila, este personaje, es una más del elenco de esta novela que tienen "daddy's issues"... Problemas con el papá, o el concepto de papá, que le lleva a liarse con un tipo exitoso 20-30 aňos mayor. Franzen usa el verbo "trade" (que se puede traducir como "hacer un cambio", pero que también significa "comercio" puro y duro), para describir a estos tipos que "se quitan a la mujer de su edad y se pasan a una joven", como quien se cambia el coche. En un punto, Leila, del brazo de su profesor-escritor-hombre exitoso, se ve a sí misma en una fiesta desde fuera, como lo que es su función: "ser joven, y fresca y algo exótica para excitar la envidia de los escritores que aún no habían cambiado (trade) a sus mujeres por una más joven, o que no lo habían hecho recientemente". De verdad, Leilas del mundo, que creéis q el seňor ese tiene más ganas de bugaboo (marca de carritos de bebé, para los despitados)? A menos que él también sea idiota, y sí, otro bugaboo, incremento de riesgo para ciertos desórdenes nada simpáticos (sí! amigas! Ahora el "semen viejo" también es mierda, no sólo nuestros óvulos!) y el karma con mayúsculas que deben disfrutar sus mujeres abandonadas viendo al yayo en el parque. Pero divago. No sé si Franzen lo ha planeado, pero este libro debería ser de obligada lectura para cualquiera de esas jóvenes que se enamoran de su papá, y de la vida fácil. Oh aquella escena en la cama en la que el papá universal le dice a la joven (a otra joven, el libro está poblado): "Oh, eres tan guapa!". Y ella, que no es tonta (por una vez) le dice: "Quieres decir que soy tan joven". Touché. En la novela encontramos a estas mujeres en diversas fases de su vida, y cuando ya no son jóvenes más sienten, "el enfado feminista de una mujer mayor con su yo-joven". Qué duro debe ser eso. Y qué sin remedio.
Otro de los temas de la novela es el mundo de las filtraciones en internet. Wiki-leaks y Assange/Snowden estarán en la cabeza del lector, inevitablemente, y el "Sunlight Project" y Andreas Wolf, podrían ser trasuntos de una organización y un líder carismático de estos. Wolf es el personaje en el que Franzen se detiene más, y con su descripción, construye un verdadero cuadro clínico. Desde su infancia en Berlín Este, hijo de la élite del partido, complicada relación sus padres, lo que se llama enmeshment como la copa de un pino con su madre (culpemos a la madre, Tiosig!) y prácticamente intraútero queda claro que, como mínimo, tiene problemas severos en el area personalidad: egocéntrico, narcisista, megalómano, manipulador, impulsivo, impaciente, sin empatia, sin remordimiento, mostrando sus sentimientos para su beneficio. Lo que viene siendo un psicópata. El enamoramiento ("de la chica más guapa que puedas imaginar": 15 o 20 aňos menor, sobra decirlo) le hace redimirse... Oxitocina!! Todas las hormonas to'locas! Pero claro, como buen sicopata de libro, el pobre se aburre. Pero no cuento las tramas de los libros en mis divagues: solo añadir que no menos fascinante es el proceso de creación de su "sunlight proyect": sí, divagante, todo altruismo.
El proyecto que termina como un grupo de chicos y chicas hackeando en medio de la nada en Bolivia. Esta es para mí una de las mejores partes del libro: en primer lugar porque el centro de operaciones, donde los geeks codifican y ellas hacen el equivalente moderno de sus-labores, está en un paraje remoto de este país maravilloso: uno de los lugares donde más remota me he sentido (y eso que no he estado en Los Volcanes, donde Franzen seguro que sí porque es uno de esos paraísos de ver pájaros, su extraňo hobbie). Me he identificado tanto con uno de los personajes, que se nota lo vive como yo lo haría:
"Left by herself, enveloped by the chirping of frogs and the murmur of flowing water and the smells, the smells, Pip experienced a moment of happiness purer than any she'd ever felt. It ad to do with being naked in clean water and faraway from everything, in a remote valley in the poorest country in South America, but also with her courage to be alone in the river" (p.250)
Algo muy interesante pasa en Los Volcanes desde el punto de vista psicológico, y se puede empezar a entrever lo que estos gurús hacen en las mentes de la gente, especialmente aquellos más jóvenes, vulnerables, predispuestos. Una chica, con la cabeza bien amueblada, comienza a presentar con los primeros síntomas de lavado de cerebro, que todas (de los chicos no se habla, pensemos en un habitación cerrada llena de autistas) en esa especie de secta han sentido: envidias entre ellas por el tiempo que el líder pasa con cada una, atracción inexplicable, que la cabeza niega pero el cuerpo sigue como hipnotizado, sesiones de sexo donde Wolf, obsesionado con el cunnilingus se asegura que la interfecta querrá más, la interfecta diciéndole cosas como "quizás si me lo ordenas. Me gusta cuando me das ordenes. Tal vez tenga una personalidad esclava", mientras que se da cuenta de lo mal que está, pero igualmente lo dice, para concluír preguntándose si hay diferencia entre ser presa entre los dientes de un lobo o estar enamorada.
"The rightness of the phrase preyed upon was becoming evident. The feelings of prey in the grip of a wolf's teeth were hard to distinguish from being in love".
El libro tiene más partes: quien haya leído sus anteriores novelas, "Purity" se dará cuenta sigue un esquema singular: largos capítulos de más de cien páginas donde distintos personajes, en distintos puntos temporales, son introducidos. Hay un capítulo, en el que el libro se me hace pesado. Ni que decir tiene que todos al final acaban estando relacionados, y que, no dando ningún nombre, me estoy asegurando que aquí no hay espolier posible: es demasiado confuso. Solo diré que el otro personaje masculino principal se enamora en su juventud de una rica heredera que rechaza su fortuna y que es autista. Durante 130 páginas, Franzen nos describe hasta la naúsea porque esa relación fracasa. El personaje femenino es una enferma, esta claro (grandes miguitas-guía que deja Franzen para que vayamos entendiendo su sicopatología: "obsesionada con los olores", por ej). Está claro que esa relación no va a ningún sitio y tanta información de su obvio desmoronamiento me sobra.
"The rightness of the phrase preyed upon was becoming evident. The feelings of prey in the grip of a wolf's teeth were hard to distinguish from being in love".
El libro tiene más partes: quien haya leído sus anteriores novelas, "Purity" se dará cuenta sigue un esquema singular: largos capítulos de más de cien páginas donde distintos personajes, en distintos puntos temporales, son introducidos. Hay un capítulo, en el que el libro se me hace pesado. Ni que decir tiene que todos al final acaban estando relacionados, y que, no dando ningún nombre, me estoy asegurando que aquí no hay espolier posible: es demasiado confuso. Solo diré que el otro personaje masculino principal se enamora en su juventud de una rica heredera que rechaza su fortuna y que es autista. Durante 130 páginas, Franzen nos describe hasta la naúsea porque esa relación fracasa. El personaje femenino es una enferma, esta claro (grandes miguitas-guía que deja Franzen para que vayamos entendiendo su sicopatología: "obsesionada con los olores", por ej). Está claro que esa relación no va a ningún sitio y tanta información de su obvio desmoronamiento me sobra.
Por supuesto, hay mucho más, y los temas constantes de este autor sobrevuelan la narración: la preocupación por el planeta, sobrepoblación, critica de America: el primer pais en poblacion carcelaria, en consumo de carne, en cabezas nucleares, emisiones de CO per capita. Si estos temas también te mueven, quiero decir, si tienes corazón-el libro es imposible que no llegue.
Por fin, me muero por hablar de las múltiples referencias a "Great expectations", una de mis novelas favoritas. Para empezar, la novela comienza con un personaje llamado Pip, que no tiene dinero, ni padre, y al que quiere encontrar. Hay una Miss Havisham recluída y enloquecida, a la que solo el falta el vestido de novia. Hay convictos escapados, asesinatos, benefactores misteriosos e historias de amor infelices. Franzen, como Dickens, introduce mil personajes en el ambiente social de su época. Y en ambos casos, es imposible dejarlos.
Por fin, me muero por hablar de las múltiples referencias a "Great expectations", una de mis novelas favoritas. Para empezar, la novela comienza con un personaje llamado Pip, que no tiene dinero, ni padre, y al que quiere encontrar. Hay una Miss Havisham recluída y enloquecida, a la que solo el falta el vestido de novia. Hay convictos escapados, asesinatos, benefactores misteriosos e historias de amor infelices. Franzen, como Dickens, introduce mil personajes en el ambiente social de su época. Y en ambos casos, es imposible dejarlos.














