an

03 junio 2021

Malditos gatos y su mundo de entretenimiento

 Según Fashion, soy una de esas personas que, sin tener ningún interés en los animales, los atraigo. Vamos, que si desplegase mis brazos, los pájaros del aire, esos seres repugnantes, vendrían a posarse a lo largo de ellos. El resto tampoco es que me vuelva loca- recordemos el sopor en un safari buscando bichos que solo entusiasmaban a Mini- pero eso sí, no soporto que les hagan daño. Son seres que sienten dolor y angustia, y estoy convencida que dentro de cien años, cuando no se coma carne, mirarán atrás y verán las granjas con vacas estabuladas y pensarán: qué burradas hacían, campos de concentración. 

En tu defensa no puedes alegar "ser mono".
Pero divago: hoy no venía a hablar de bienestar animal, sino de gatos. A estos no les atraigo, pero sí a sus dueños. Lo que no entienden es que en la dicotomía perro-gato, sé dónde están mis alianzas (en concreto, soy de Nara, la golden de los Jekes que es verme, y poner su cabeza sobre mi pierna) y como en mi casa siempre hubo perros,  se vivía como un "estás-conmigo-o-contra-mí": no se podía estar con los felinos. Mi primer contacto -y pensaba que último- con ellos fue cuando llegamos al Reino Unido, y pasamos dos semanas en casa de Steve, que estaba rodando en el Himalaya. Era un hecho: esa casa olía a gato.  

El caso es que, cosas de la vida,  los griegos se han hecho con un gato, Momo. Cuando me lo presentaron, hará cosa de un mes, pensé: ay, ese gato, me da que me va a tocar a mí. Y efectivamente, tres semanas después, los dueños de Momo se van cuatro días a los Cotswolds y el teléfono suena. Lo envuelven todo como oferta de trabajo a Mini: "querrías venir cada día a jugar con Momo? Es pequeño y no lo queremos dejar tres días solo". Mini acepta encantada. Yo, Scrooge incluso en Junio, pienso que no hay dinero que pague que yo juegue con un puto gato, pero he de aceptar y además decir que no, que ni hablar de que Mini cobre (recibo mirada de odio). 

El caso es que esta no es la primera vez que quedo a cargo de un putogato. Cómo olvidar a Apolo, el malvado de los de arriba, hará tres veranos. Tenía que subir y ponerle una comida de sobres que olía fatal. El tío me esperaba metido en una cesta de calcetines (yukk), mirándome con recelo. Era mutuo.  Anotar que los vecinos se mudaron a Milán y en un email de estos de estáis bien -cuando la pandemia estaba solo allí y en la República Popular China- me informaron que ellos sí, pero Apolo había fallecido. A mis compas de piso les encanta hacer la mofa de que fue un efecto retardado de mis cuidados:  ¿Acaso le inyecté un chís, que dicen ahora? ah-ah.

Total que ahora toca Momo y yo lo hago con toda la ilusión. El viernes vamos a que nos expliquen la parafernalia. Porque los griegos son muy de gadgets: lo tienen todo. Yo cuando voy a su casa me entero de cosas que existen que desconocía, porque no leo revistas ni nada. Por ejemplo, se han cambiado la cocina y se nos explicó con detalle que lo último es una vitro que tiene una sección para plancha japonesa y un extractor ahí metido. La mepamsa esa de toda la vida arriba es tan siglo pasado: ellos acaban de hacer una freiduría tipo churros de feriado y, ¿olemos algo? Negamos con la cabeza. El grifo es también la pera: se pone una línea de colores luminosos y sale agua helada (azul), hirviendo (oh, rojo) o filtrada (me lo perdí). También sale normal, pero para esta me ofrecen agua comprada, en una botella de vidrio que parece carísima. La cantidad de aparatos brillantes que tienen sobre la encimera -de silestone, esto sí que lo conocía porque mi madre- es demasía: aparte de una cafetera nivel "Las Vegas" (los vetústicos sabrán de lo que hablo), el resto no sé para qué servirán.  Varios hornos (no encuentro el microondas, ¿esta gente no recalienta? ¿es hortera recalentar?), neverita iluminada para los vinos (señorrr, intrusión de la palabra "cuñado") y bueno, no sigo con el resto de la casa porque es todo así: tocadiscos de vinilo nivel DJ, cuadro de Monet que se transforma en televisor, acuario (sin peces, a estos ya me los cargué hace un par de veranos)... y así todo. Distinta cosmovisión. 

Gardfield: el único gato que me gusta

Por supuesto, ahora que tienen gato, hay que extrapolar todo esto al mundo gatuno. ¿Sabíais que a los gatos no les gusta beber de un bol, sino de una fuente? (yo que tenía la imagen infantil de un lindo gatito bebiendo leche de un platito: imagen rota). Bueno, pues los griegos no tienen una, sino dos fuentes, una de ellas con luces de colores (como el grifo) que garantiza un ciclo continuo de agua, de donde el putogato parece que bebe (pero también hay que ponerle en el bol). A los gatos les gusta escalar, así que en una esquina del salón, junto al piano, tienen una especie de construcción con diversas plataformas para que trepe (en Vetusta se le llama "un zarrio"). Por supuesto, su cama para gatos, su gimnasio felino, y un toilet-gatuno (es como un "transporting" de perro pero en pequeño, y así el bicho hace sus cosas en la intimidad). Ni que decir tiene que lo que en un principio era "jugar con el gato" (la griega dijo que le primer día solo teníamos que hacer "wellbeing"), pasó a ser rellenar comida, y la parte "gross"- pasar un rastrillo y tal). Cuando salimos de su casa, aún estupefactos -no por lo que los griegos son capaces de comprar, a este respecto lo he visto todo, sino porque exista esta equipación-, el Peda se pone a llorar y toser. Ah, lo había olvidado: convenientemente, el Peda es alérgico a los gatos. Ya lo supimos hace años en una cena en casa de un ex-jefe, se confirmó con Apolo y Momo no iba a ser menos. Esto me deja a mí enteramente como el cerebro de la operación Momo. 

El primer día que vamos Mini y yo el animal no hace su aparición.  Mini lo localiza bajo el sofá, y empieza a hacer ruido con sus chucherías (Pavlov, pase) para que salga. Nada. Yo me voy a ver los libros de las estanterías: los griegos son muy cultos y siempre me siento mal al constatar que en las mías no tengo "Das Kapital" (solo encuentro el tomo 1, mi única satisfacción), ni a Hegel (del que no entendía nada ya en COU, cuando la mente está esponjosa).  Casualmente tienen el que estoy leyendo ahora ("Behave" de Sapolsky), y no lo habíamos comentado. Todo Murakami (ahí pierdo un poco el respeto). Tragedias griegas en el baño (en serio, un tomo gordo). Entonces me llama Mini: Mami, Momo no sale ni con agua caliente. Encuentro una fregona y le metemos como podemos, pero ni con esas (aviso para divagantes: los griegos nunca habrán de saber esto, lo de la fregona).  El objetivo de esta primera visita era, según la griega "wellbeing", no había retos de poner comida o rastrillo. En wellbeing, fracasamos; si eso, añadimos estrés al animal con nuestra fregona. 

El día 2 la operación no mejora: Momo, aún bajo el sofá, sigue sin salir. Ha comido mínimamente, suponemos habrá bebido de las fuentes, disfrutado de Monet,  trepado por su andamiaje-escalador. 

El día 3 es el Bank Holiday de Mayo más caluroso en el UK desde que hay records. Momo nos está "esperando" y se me ocurre una gran idea: vamos a llevarnos los bikinis y a jugar con la manguera en el jardín de los griegos. A Mini le encanta el plan y al llegar nos dirigimos al jardín tras un rápido barrido para constatar que Momo sigue missing, pero que se ha comido las chuches que le dejamos en uno de sus aparatos de gym. Una vez allí, ponemos el Spotify y, qué puedo decir, mi hija va de inglesa pero por los gritos (había olvidado que, aunque haga calor, el agua en este país está fucking fría) y las risas a nadie se le escapa que hay dos mediterráneas montándola en el jardín. Pero aquí no tienen una Rose, nadie sale a quejarse. Comemos Calipos, nos hacemos fotos, leemos al sol hasta que nos secamos.  

Momo sigue sin aparecer. 

Cuando ya nos vamos, Mini ha convertido el cuadro de Monet en tele y la reprendo: no es nuestra casa, aunque lo parezca, y tengo intrusiones de mi padre cabreado conmigo porque les "desprogramo" su tele (mi último contacto con esos aparatos fue cuando llegaron los mandos y había 5 canales; yo ahora con 300 no me manejo). Mini en cuestión de nanosegundos ha sintonizado "Mamma Mía", cómo sabe la bruja: "mami, vemos unos minutos de Grecia". Así que va pasando (ay, las teles estas modernas que pasan con ffwd!!) a las escenas de mar  y a algunas canciones. 

Super trouper** beams are gonna blind me
But I won't feel blue
Like I always do
'Cause somewhere in the crowd there's you

Y cuando llega ese último "y en algún sitio de la multitud estás tú", hemos de hacer el paso y señalarnos la una a la otra (como es imperativo en todo karaoke de Super-Truoper), y salir a bailar y cantar-gritar. 

Sorprendentemente, el que no sale es Momo. 

(**) Nota: Por hacerme un poco de daño incluyo esta escena de mar en lugar de la de Super Trouper . Cuidar a gatos griegos no te acerca a Grecia pero pelis de treceañeras sí...

4 comentarios:

Elena Rius dijo...

¡Jajaja, tú y los gatos! Esta temporada de cuidados gatunos promete. Muy interesante ese recorrido por la biblioteca de los griegos, yo lo primero que hago en cualquier casa (incluso cuando hojeo revistas de decoración) es revisar los libros que tienen. Es mi equivalente del cotilleo de otros. Comprendo tu reacción antes los Murakami: una novela o dos, aún, pero ¡toda su obra! Algo no va bien... Aunque recuperan puntos con las tragedias griegas en el baño. Nunca se me hubiese ocurrido, pero tiene su punto.

Di Vagando dijo...

Yo y los gatos? Habíá escrito ya de gatos? (si es así, mi alzheimer es ya eisenhower por su gravedad).

LO de mirar las estanterías de la gente es un clásico, luego es el mejor tema de conversación durante la cena! Cuando he escrito "Das Kapital" era conia, lo tenían en inglés, pero una vez hace muchos anios en casa de un amigo (q era profe de filosofía), mirando su estantería lo tenía en alemán y cuando se lo comentamos, dijo, todo serio: "Sí, es q si no, no se entiende". Es una conia nuestra desde entonces.

Murakami: así como hay autores q te quitan las ganas de escribir por lo grandes q son, Murakami es de los otros. Igual uno para la baniera, en lugar de Sófocles, por si se te cae al agua? ;)

Elena Rius dijo...

¡Buena idea, mejor que se caiga a la bañera Murakami que Sófocles! Espero que sigas informando sobre vuestras aventuras gatunas. Prometen mucho.
Besos.

Di Vagando dijo...

NO, no, ELENA... no más aventuras gatunas de momento pq este verano cuando se vayan a Grecia espero no estar aquí.... (espero espero.. nunca se puede decir rotundo pq quién sabe).

MUrakami: vamos a cerrar el círculo con "Kafka en la orilla" q combina:
-buscar a un gato perdido
-huída de la casa paterna para escapar una maldición edípica.

Algo me da q si se nos cae al agua, como una lámpara, nos electrocuta :)

besos

di

“Listen, Kafka. What you’re experiencing now is the motif of many Greek tragedies. Man doesn’t choose fate. Fate chooses man. That’s the basic worldview of Greek drama. And the sense of tragedy—according to Aristotle—comes, ironically enough, not from the protagonist’s weak points but from his good qualities. Do you know what I’m getting at? People are drawn deeper into tragedy not by their defects but by their virtues. Sophocles’ Oedipus Rex being a great example. Oedipus is drawn into tragedy not because of laziness or stupidity, but because of his courage and honesty. So an inevitable irony results.”