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10 abril 2021

Varanasi (Dyer, circa 2009) vs. Benarés (Di, 2002)


Divlog: fase embrionaria
 A Jeff, periodista freelance de la novela de Geoff Dyer "Amor en Venecia, Muerte en Varanasi", que hemos conocido en la bienal de Venecia, le encargan un artículo sobre Benarés (Varanasi). En la ciudad de los canales se había enamorado de Laura, que en un punto dijo aquello de que se estaba planteando viajar por la India. Las casualidades no existen, que diría Sábato, o "lo que pasa con el destino es que puede casi tanto no pasar, y cuando pasa, a menudo no parece lo que es" : así empieza esta segunda parte. Jeff se va a Benarés, y yo espero que en algún punto se encuentre con Laura.   

El tres de Octubre de 2002 empecé mi viaje a la India, aunque el vuelo de Heathrow a Delhi fue el 11. Pero aquella tarde del tres me la pasé en casa del Naufrago Ro, en Vetusta, con mapas extendidos y un cuaderno de espiral (en imagen) tomando notas en la mesa de cristal bajo la que me miraban conchas de Madagascar y demás parafernalia de viaje- mapamundi con demasiados imanes incluido. Si un viaje no termina hasta que se revelan las fotos (hoy en día, hasta que se bajan y ordenan en carpetas amarillas o el ritual particular que tengas), un viaje comienza también antes de salir de casa hacia la estación, y este lo hizo aquella tarde. Y por la noche, escribí mi primera entrada del diario en el cuaderno, que lo tengo aquí al lado, y me ha recordado que ese viaje aún había comenzado antes, una noche de mojitos en Cuba en la que Ro nos vendió la India, y parece que acordamos hacerlo juntos, pero por algo no fue. Una pena, y más al leer las reflexiones de Jeff, cuando está con otros viajeros sobre cómo la conversación es siempre más interesante en un trío porque "if it is the two of you, something is always prompting you towards a heart-to-heart-, to keep the ball rolling. But when in a trio, the three of you are the ball and it never stops rolling". 


Como el turista de la foto sabe,
hay q quedarse en los ghats
para esta foto a las 6 am
Uno de los consejos de Ro fue que nos alojáramos en los ghats: las orillas del Ganges, esos escalones que bajan hasta el agua, donde todo tiene lugar en Benarés. Nosotros en aquella época pre-hija no reservábamos hotel antes de viajar: nos presentábamos en los sitios y... alegría (generalmente, tristeza, una vez instalados en el antro de turno). Pero la sensación de libertad al viajar así es única: si te gusta un sitio, te quedas. Ahora que lo pienso, hasta con hija íbamos en ese plan, empezamos a reservar tras una noche épica en California en la que nos vimos a punto de dormir en el Chincue con niña de 6 años. Pero divago:  evidentemente llegamos a Benarés sin nada reservado y un jet lag del diez, y acabamos en un hotel que no estaba en los ghats. Este es el primer paralelismo con Jeff, al que un amigo en Londinium también aconseja que se quede en el lío, pero al principio no lo hace.

Ricksaw

Igual que a nosotros, esto le da la oportunidad de experimentar el tráfico de la India en ese primer viaje del hotel al río. Él lo hace en uno de esos coches enormes que hay por allí, los Ambassador, mientras que nosotros lo hicimos, para nuestro horror, en ricksaw: consiste en un carrito (donde van hasta cinco personas) tirado a pedales por un pobre hombre. Ricksaw metáfora de la sociedad: turistas obesos yanquis cómodamente sentados mientras que un escuálido indio pedalea (o rema, esto se extiende a los barquitos - cómo no recordar aquí a nuestro querido F. remándonos en la Zodiac hará ahora dos años, snif). Sentimientos de culpa atroz cada vez que yo era uno de ellos (prefería el auto-ricksaw, con motor), pero era imposible moverse de otra manera: en Benarés no había (hay?) nombres en las calles, imposible salir del hotel o, más importante, volver, sin que te llevasen a cuestas. 

Auto-ricksaw, con motor

Las decripciones de Jeff de la locura del tráfico son muy parecidas a las de mi diario: todos los vehículos están continuamente pitando para nada, porque nadie les va a dejar pasar, no hay sitio delante ni detrás, pero hay que seguir pitando, hay tantos que el pitar se hace "tanto superfluo como esencial". No hay aceras, no hay prohibido el paso ni preferencia, pero nadie se para, se está siempre a dos cms del vehículo de delante. "Lo que en Londinium hubiera consituido casi un accidente, aquí era una oportunidad para reconocer la cortesía de otro conductor". Pero el tráfico solo era atrezzo para el resto: "todo esto se veía disminuido por el mogollón que estaba pasando a ambos lados de la calle: era todo tan enloquecido, brillante, colorista, a un volumen imposible".  Allí, "todo el mundo está terriblemente ocupado en algún negocio, aunque sea el de estar sentado, o barrer el suelo con una especie de escoba corta, atendiendo un chiringuito donde se sientan tus amigos, sin bebidas y a menudo sin clientes.  Benarés es la ciudad con más color de todo el mundo". Eso sí, Jeff y yo coincidimos también en que es uno de esos lugares donde a menudo bajas la cámara, y te resignas a no hace la foto: no se puede.

Oh Blogger, dónde estabas?
Cuando se baja del Ambassador, paradójica e inmediatamente Jeff se siente como realeza: todo el mundo quiere darle la mano.  Es así: cuando viajé por India constaté lo terrible que debe ser la fama (hoy, que todos los críos quieren ser famosos en TikTok o Insta), el horror de que te estén mirando todo el rato. Era una época en la que no había demasiados turistas (y menos en las zonas más cercanas a la frontera, como Jaipur o Jodphur, la parte con la mejor arquitectura musulmana) por un medio conflicto con Pakistán y los blancos llamábamos mucho la atención. Cuento en el diario que uno de los primeros días en Benarés, en un templo, había una familia que nos miraba de lejos,  cuchicheaban y reían, y en un punto vino el hombre medio arrastrando a la niña de 14 años, que "me quería pedir un autógrafo". Qué verguenza, les aseguré que no podía, que yo no era famosa ni nadie (os preguntaréis, cómo?- aún no existía este blog, quiero decir). Les daba igual, por favor, lo entendían, pero firme aquí (por una vez, no en un cheque). Tras terribles momentos de mortificación, divagantes, acabé firmándoles, no solo a ella, sino a bastante gente durante el viaje, para qe nos dejaran en paz, y haciéndome fotos con desconocidos, familias de desconocidos. En concreto, el día del Taj Majal (donde pese al sari - puedo explicarlo todo, párrafo de abajo-, parece que no logré la deseada fusión con los nativos) fue tan intenso que el Peda acabó ofreciéndose a él mismo para que me dejaran en paz. Y los tíos aceptaban, y ahora río imaginando al Peda aún enmarcado en salones de familias respetables.

Yo solo venía a por un fular
Jeff pronto descubre que lo que quieren con lo de la mano es venderle algo, y aunque hay situaciones genuinas como la gente que por alguna oscura razón quieren fotos con turistas, es cierto que todo en India es transacción. Desde que pones el pie en Benarés te están ofreciendo un barquito: aunque te vean bajar de uno, ellos vienen y te ofrecen paseo en maldito barco. El del ricksaw te acabará llevando a la fábrica de seda de su primo aunque no quieras, es inútil resistirse, y si solo pensabas comprar un fular para la yaya, saldrás con un sari que, bueno, se podrá usar como cobertor o algo.  Si crees que alguien te da conversación y se pone un paso por delante de ti, enseguida se eregirá como guía y querrá unas rupias por un servicio que ni has contratado ni quieres. Esta sensación la tuve de nuevo en Marruecos hace solo dos años, y muy acusada en Cuba, donde todo era también comercio. Allí la cosa era tan dramática que salías de noche por los bares y no sabías si estabas ligando por tus propios méritos o que luego tendrías que pagar: le quitaba toda la diversión al tema. Lo mejor de los viajes es las conversaciones con extraños, pero llega un punto en que las evitas, aunque esta actitud no es la adecuada: solo es un ejemplo más de la mentalidad occidental imbécil de "queremos nuestra experiencia, a nuestra manera". Aún querríamos ir allá y que nos ayudaran a llenar nuestro diario o blog a cambio de nada, cuando exudamos riqueza, aunque no nos hayamos duchado en tres semanas. Todo eso es desolador y reflejo de algo que no funciona, pero ellos no tienen la culpa y tú no tienes derecho a quejarte cuando estás allí como un gilipollas para encontrate a ti mismo o para que te encuentren en Instagram.  

Colada matinal en los ghats
En los ghats, tabién a Jeff le pasa lo mismo que a nosotros: en un punto terminas en unas especie de edificio ruinoso, desde los agujeros en la pared (llamarlos ventanas, no) de la primera planta puedes ver el río, y entonces un hombre viene a explicarte que eso es un asilo donde viene a morir la gente, y acto seguido hace su entrada una pobre anciana, en toda su fragilidad, y resulta que va a morir en breve, pero que necesita que alguien pague los nosecuántos kilos de madera para su pira funeraria. Ella asiente. Y nosotros que pasamos por ahí somos los que pagaremos parte de esa madera, y el hombre pide una cantidad astronómica -o lo que nos pareció astronómica entonces, recordermos que cuando se viaja, la valoración del dinero cambia radicalmente, y se establece una métrica en la que todo se compara con "podría comer por esto" o "podría dormir por aquello" (en India alcanzamos lo que permanece como nuestro récord imbatible por habitación doble con -atención, claro que había que verlo- baño privado: 80 pesetas). Si en India te sugieren que existe la posibilidad de gastarte, no sé, 150 euros en unos pantalones, directamente te tiras al Ganges:  de vuelta, te los gastarás, y esa dualidad luego te da en la cara cuando estás pasando la tarjeta en cualquier cosa superflua aquí en occidente. En fin, que algo le damos al hombre, aunque no todo lo que pide, y él se queda enfadado, otra constante en India. En todas tus interacciones, des lo que des, la otra persona queda descontenta, y tendrá razón. Es el precio que tienes que pagar por la Injusticia con mayúsculas que supone vivir en este planeta, y hay que asumirlo con gracia. 

Sobre-estimulación de los 5 sentidos
En Varanasi Jeff conoce a distintos viajeros, con los que hay un pacto implícito de no preguntarse sobre profesiones o la vida anterior (lo que genera obviamente una gran curiosidad y número de hipótesis en tu cabeza). Se hace amigo de una chica inglesa de origen indio y un yanki que se quedan en su mismo hotel (por fin se cambia a uno al lado del río) y allí les pasan cosas juntos, como  ese lassi de Bhang que les mete un viaje nivel unicornio- si hay una razón por la que volvería a India es por el lassi, y eso que no lo probé con Bhang-ya estaba bastante sobreestimulada, espero que quede claro con este divague. Mayormente, hablan en la terraza del hotel con cervezas que se han traído de una tienda porque cuestan un tercio menos que en el hotel (pongamos que ahorras 30 céntimos), pero como digo estas cosas importan cuando viajas.  Algunos días se incluye en el grupo gente que viene y va, como una japonesa, toda estereotipo, cuya manera de estar en el mundo era justo la opuesta a la mayoría de la gente que Jeff había conocido hasta entonces ("la única razón de la existencia-especialmente para los artistas-era dejar una marca, llamar la atención sobre sí mismos"). De entre la fauna internacional que se encuentra en los ghats hay una chica tan "crustie" (esa suciedad del iluminado que se queda ya pegada como una costra, fiel a los "estándares internacionales de guarrería", directamente proporcional al tiempo que lleva un mochilero allí) con la que sin duda querría follar en la vida normal, ducha mediante. En la iluminación me ha recordado a un español que llevaba ya allí un tiempo y "caminaba descalzo" para "poder estar en comunión con la tierra". O al inglés que iba con una típica bolsa de cartero del Royal Mail británico, esos bolsacos rojos inconfundibles con los que traían las cartas-hoy en día los paquetes de Amazon. "Todos caminan despacio, el ir colocados seguro que ayuda", porque cualquier amago de rapidez ya representa ese mundo nuestro que ellos han dejado atrás. Imposible entonces no recordar a esa gente que conoces viajando y que, por unos días, se hacen imprescindibles en tu vida. 

Ejercicio de nostalgia
Me encuentro en mi diario la anécdota de Lucknow, que no cuento porque esta daría para un divague completo, y la de aquello que pasa a todos los viajeros por este país, por más cuidado que tengas: vengas de donde vengas, vayas a donde vayas, siempre hay un extranjero languideciendo en su habitación como resultado, "cayendo como moscas, bueno, no exactamente, las moscas prosperaban".  En el vuelo a Delhi fui leyendo un libro que me dio Steve, un amigo ("Are you experienced" ) sobre un chico que se va a la India siguiendo a chica en pos de la iluminación. Ahí aprendí el nombre de "aquello" en inglés que no deja espacio a la imaginación:  "The Shits" y me prometí que solo comería en lugares que apareciesen en la Rough Guide; pero es inútil, viene siendo como lo del sari. Luego, la descripción del pobre Jeff y esta maldición que tiene nombres más bonitos en otros lugares ("la venganza del faraón o de Moztezuma") es épica; la mía os la ahorro. 

Jeff también visita templos, y como todos, alucina -sin necesidad de Bhang- con la locura de esta religión ("primitiva, oscura, fría y húmeda. Era ridiculo aspirar a la mentalidad que hizo posible ver estos rituales como sagrados. No, esta era una fase a través que nuestra especie al final superaría"). Se horroriza con la deformidad que ve por la calle, que desafía la comprensión, y este es otro de mis recuerdos más vivos, así en abstracto. También habla de la horrible fascinación que ejercen los perros en Benarés, en un estado de infección y enfermedad salvaje continua. Aquí una imagen y una reacción mía que que nunca me dejarán: un perro que se movía grotescamente por entre la gente y los charcos con tres patas y, yo, en ese momento, rompiendo a llorar. Lo que no había hecho ante mutilados, la personas con las que un dios colorista pero malvado se había cebado, me salió con este pobre animal, supongo que la acumulación de un par de días en aquello que, por mucho que nos empeñemos, no es un decorado. 

Dyer dice que hay solo un número limitado de momentos que cuentan, y que definen nuestra vida: estoy de acuerdo, y cuando te pasan, igual no te das por aludida, pero pronto se hace evidente que van a estar contigo para siempre. Claramente, yo no alcancé nada remotamente similar al Nirvana o la iluminación en Benarés, en contraposición con Jeff que al final "no recordaba nada: tener recuerdos era una manera de apego, una forma de deseo. No tenía necesidad de ellos". Yo tengo mi cuaderno, y ahora me siento como arrancando sus páginas y lanzándolas por la ventana en un día de viento para que alguien, ahí al otro lado siga de mi mano experimentando esa manera de apego, esa forma de deseo. 



9 comentarios:

el chico de la consuelo dijo...

Ohhhh Benares. Qué ciudad mas intensa en colores, en olores en personas. Pasé allí la noche vieja de 2006. Me entusiasmo ese ceremonial de comunion al atwrdecer, amanecer en el ganges, la vida y la muerte de sus calles.
Ahora bien lo de ir sin hotel a la india (o a cualquier sitio) es algo q me supera.
Puedo ir de aventura por donde sea pero por lo menos un hotel donde poder regresar si quieres (y puedes).
Agra, Dheli, Jaipur, anantapur son nombres que me llaman mil imagenes todas impactantes, no se me ocurre decir preciosas.
Mil besos. Se les echa de menos por estas tierras de secano.
Besicos.

Di Vagando dijo...

Jei TXELOS!! Qué quieres decir con "lo de ir sin hotel"? A ver, no teníamos hotel RESERVADO, no q durmiéramos debajo de puentes (aunque algunos sitios...) Pero no te ha pasado nunca estar un sitio q te encanta, en el que te quedarías más, pero como a la siguiente noche tienes q estar nosedónde, te tienes q ir? O q pillas 4 noches en un sitio q solo tiene un par? Me parece el gran dilema (claro q es más cómodo tenerlo todo cerrado, pero pierdes libertad) y desde luego si viajas durante meses no lo hay: simplemente "vas avanzando" según te apetece. Yo cuando me jubile y tenga todo el tiempo, volveré al precipicio... :) Iba a decir "spr se encuentra algo", pero una vez en una esquina remota de Gales, susto, y otras hemos pagado el gusto y las ganas (no digo cantidades pq aún me duelen), eso es verdad.

Jo, y por aquí se echa de menos las tierras de secano aún más!!! Desde Navidades 2019... muy fuerte. Preparaos para esa noche: si hay q comer vísceras en esos locales guarros vuestros, se comen :)

Abrazos

di

andandos dijo...

No he estado en la India, ni siquiera cerca. El jefe de mi hijo es indio, casualmente.
Me ha gustado mucho tu post, escrito con mucho entusiasmo y honestidad, entendida ésta última como sinceridad moral, o lucidez moral, ni ingenua ni cínica totales. Quizás la voz literaria coincide plenamente con la personal.
Disculpa que hable de estas cosas pero lo veo, en general, así.
Un abrazo

Di Vagando dijo...

Muchas gracias ANDANDOS, qué amable. Creo q India es el viaje más duro q he hecho en mi vida, no sé si esta entrada representa todo, pero seguro q sí el shock inicial. En este caso, como en todo el blog, lo q describo ha pasado y las ideas son mías (como es un post de libros, entremezcladas con las del autor q van en cursiva). En este las fotos también son mías. En la única circunstancia en la q escribo ficción es en "Serial" (sí, hay q buscarle un nombre :)) o en algún relato suelto q he publicado en el pasado, en el q hay situaciones y personajes ficticios q tienen vida propia :)...

Un beso

di

andandos dijo...

Si,sí, daba por supuesto que no era ficción y todo era tuyo, el cuaderno, las fotos y las ideas. Y el trabajo.

Hay blogs en los que lees historias escritas desde algún grado de ingenuidad o cinismo,falsedad o pose. Allí me siento extranjero, como en otras circunstancias parecidas.
Me parece valiente por tu parte que escribas honestamente en tu blog.
Un abrazo

andandos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Di Vagando dijo...

Es interesante lo q dices de los blogs y la honestidad -yo supongo q hay ciertas cosas q si cualquiera pudiera leerlas (e.g. en ese "cualquiera" suelo pensar en mi trabajo, pq la confidencialidad -por seguridad- es muy importante) no las publicaría, pero siendo Di, puedo. Una vez leí una frase q decía algo así como "lo verdaderam interesante es la piel de cordero con la q cubrimos el lobo q somos".. supongo q esos lobitos impostores de los q hablas, pobretes, quieren en el fondo ser corderos: ese es el mensaje q yo exploraría con ellos :)

Besos

di

Anónimo dijo...

Muy fan de tu libreta de Ágata Ruiz de la Prada. Yo tenía una igual, de color naranja con un corazón fúcsia que usaba para mis clases de alemán. Así sin pudor ni nada.

Ay la India, la India... coincido contigo en que es el lugar del mundo en el que sentí que recibía más inputs por nanosegundo por lo que la sobreestimulación llega a rozar lo tóxico. Yo creo que de ahí vienen las cagarrinas que todo quisqui pilla y no de beber agua del Ganges. Vamos hombre.

Yo que soy de adaptación fácil, así generally speaking, estuve tres días que no sabía por dónde me venían. Pobre de mí, pensando que me iba a encontrar con el nirvana en cualquier esquina y me encontré, entre foto, autógrafo(yes, me too) timo y sablazo con unos niveles de estrés que ríete tú de Michael Douglas en su día de furia, pobre.

Y después está el bajón, aquellos ojos, aquellos olores, aquellas costras que tienen algunos como una segunda piel... que te hacen volver a pensar en ti como una simple consecuencia de ese oportunismo geográfico. Vete bajando los humos, guapa.

Y Benarés... allí coincidí con un actor bastante famoso de TV3 y con el que inicié una amistad que aún conservamos a día de hoy. Yo creo que ayudó que en nuestros maltrechos cuerpos (cagarrinas, remember) y en nuestras sobresaturadas mentes ya no cabía nada más así que ni se nos ocurrió pensar en liarnos o hacer esas cosas que se hacen cuando uno es joven, está en la otra punta del mundo y lleva una mochila a cuestas. Sólo me faltaba eso. Por eso a día de hoy aún somos amigos y le amenazo every now and then de vender a los medios la foto que tengo de él lavándose los bajos en el Ganges. Que fort.

En fin, que ya paro que me estoy empezando a parecer a ti (ja, supergraciosa). En realidad yo sólo quería decirte que me has creado la necesidad de leerme ese libro ya. Pa que veas.

Petons,

Anna


Di Vagando dijo...

:) ANNA con la libreta (great minds think alike)... si te fijas la tapa era semi-transparente y en la primera página hay cosas q nos escribió un tal Vinay en alfabeto bráhmico...

Me río mucho con tu interpetación psicosomática de los cuadros diarréicos, buenísima! Quién quiere pensar en la prosaica escherichia colli cuando lo q hay es q "depurar tanta información"? Y luego ahí todos vagando las calles como almas en pena agarrados al dioralyte tres días...

Que chula tu anécdota coincidiendo ahí con un actor con el q encima estáis en contacto! (liaros!!!, con las sales de rehidratación? ahí hay q enfocarse en sobrevivir primero! ...de hecho Jeff, q folla bastante en venecia, aquí el pobre... se rehidrata :)). Bueno, y esto enlaza con el podcast de "los años lentos" y la gesta de seguir en contacto: ante ti (y el actor) me descubro: RESPECT!

Muchas ganas de q te leas el libro y me digas qué tal (no he contado obviamente el final, q es curioso, y otra cosa q te preguntaré cuando lo termines). Aviso q a mi compa de piso le pareció "un libro raro".

abraçada

di