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06 agosto 2026

Tras poco domir, mírate 4 pelis en las 12 horas de avión y termina en la cama esponjosa de un apartamento de expat [Méx 1]

Sábado, 12/07/26: Londinium-Frankfurt-CDMX

Primer día de viaje y como tal, no tengo ninguna foto. Menos mal que Mini sale a rescatarme: ella sí tiene algunas de este día de aeropuertos, esos no-lugares. Y lo hará muchas veces durante esta serie porque, aparte de que un iphone hace fotos mucho mejor que mi réflex, Mini -y no es pasión de madre-  tiene un ojo fotográfico que me encanta: tras una visita o un paseo, sus fotos siempre me dan varias vueltas.  

Antes de nada, y por si a alguien se le ha olvidado (esto será publicado en algún punto de agosto), en julio estamos en pleno mundial y voy a hablar mucho de ello. Sí, no me gusta el fútbol pero por algún pecado de una vida previa se me ha castigado con que a mis compas de viaje sí [Mini es una forofa en concreto de los mundiales y los "euros" como los llama ella] y luego, cuando -spoiler alert- Ejpein se hace con los laureles, recibimos continuas felicitaciones por parte de casi todo el que se nos cruza (un poema la cara del Peda aceptando los parabéms).  Así que la noche antes de nuestro vuelo era el Inglaterra-Noruega en el que además llegaron a la prórroga [2-1] y mis compas se van a la cama a la 01:00, sin importarles que el despertador iba a ser implacable a las 04:15.

Y lo es, tras tres horas de sueño. Al salir de casa, empiezan a pasar cosas: tres zombies sonríen forzadamente ante el símbolo del metro de nuestra parada (fotos de rigor), nos encontramos con otros zombies con la camiseta de Argentina que dormitan en sus asientos [nota: retengan esta imagen porque el tema Argentina va a dar para mucho, pero aún no lo sabíamos] y no podemos disfrutar de una de las ventajas de volar desde London Heathrow (LHR), que es que se puede llegar directamente en metro [en el resto hay tren]. Hoy, por aquel lugar común británico conocido como "engineering works" (trabajos de ingeniería) hemos de bajarnos en Hammersmith y allí nos ponen en el segundo lugar común, "bus replacement service" (servicio sustitutivo de bus). Nada es fácil pero, por fin ahí está, la Queen's Terminal... no por el grupo musical, sino porque somos queens... :)

No aburriré con las rutinas de aeropuerto: Pret (mis compas toman cafés), comprar regalos para la gente en cuyas casas vamos a acampar (ver abajo), y por fin embarcar. Viajamos cada uno con mochila de mano y una pequeña maleta de cabina, pero la del Peda les parece sospechosa, la pesan, y ante semejante monstruo, le obligan a facturar. Ay, está camino de Bangkok, suspira a ratos.

Esto de abajo es el aeropuerto de Frankfurt al que llegamos tras una hora y media de vuelo y una chocolatina Lindt, gentileza de Lufthansa. Cogemos una de la cestita a la salida, pero el Peda se hace ya con dos y, a partir de este vuelo, nosotras nos haremos con dos y él con tres. Somos así de delincuentes.


Esta foto de abajo no sé qué es, pero no se lleven a engaño si creen que semejante nudo de comunicaciones es futurista: el aeropuerto de Frankfurt no tiene cafés en condiciones [acabamos en un Starbucks] y es uno de esos reductos del primer mundo donde aún hay salas para fumadores, que consiguen que todos los pasillos huelan a tabaco: ¿Alguien recuerda los coloquios de "La Clave"? Ese es el ambiente que se "respira", imagino, ahí dentro. Nota: este giro de guión de vuelta del tabaco en pelis y tal, como lo de la religión, no lo vi venir. Tenemos que esperar un par de horas hasta pasadas las 13:00 que es cuando volamos hacia la Ciudad de México (CDMX).


El vuelo dura unas doce horas y, al ser de día, no duermo nada y veo cuatro películas, a saber:
  • "Mi amiga Eva" (Cesc Gay, 2025)
  • "Wuthering Heights" (Emerald Fennell, 2026)
  • "Mamma Mía" (Phyllida Lloyd, 2008)
  • "Michael" (Antoine Fuqua, 2026)
Antes de juzgarme, puedo explicarlo todo. La de Gay, porque un día vi "En la ciudad" y me enganché a su estilo Woody Allen barcelonés y a sus buenos diálogos - en esta además colaboraba Eduard Sola [el del maravilloso discurso de "orgullosamente charnegos"] como guionista. En este caso, me dejó algo fría y las interpretaciones no me las creí nada. 

La de Fennell es uno de esos placeres culpables por los que no se va al cine pero te dices, "ya la veré en algún avión". En fin, terrible. Ya conocemos los trucos de Fennell y sus impactos cada veinte minutos, pero así como disfruté con "Saltburn" o "Promising Young Woman", esta no hay por dónde cogerla, en particular el rollo sadomaso de Heathcliff con Isabella. Sí, soy vainilla.

"Mamma Mía" tiene aún más explicación: como viene Fashion a Londinium en agosto y planeamos ir a Abba Voyagedecidí "entrenar". Como dice uno de mis críticos de cabecera, Mark Kermode, por mala que sea, ninguna película podría aniquilar el poder de las canciones de Abba. En fin, que disfruto como una enana viéndola tras todos estos años y además, me lleva directa a Skopelos, isla maravillosa, donde me planteo que igual debería estar yendo en estos momentos. Mini me había hablado de una escena que no puede ver porque siempre llora [ "Slipping through my fingers"] y yo no recordaba cuál es el tema de la canción. Si vi la peli cuando ella era bebé puedo entender que ni me lo planteara, pero hoy, cuando falta menos de un mes para que Mini se vaya a la universidad, la madre pensando en que su hija se va... buf. Lloré mucho, ahí a oscuras, en medio del Atlántico, pero no me agarré al brazo del desconocido de mi derecha [a la izquierda el Peda, que dormía con la boca abierta tras sus 3 horas].

Por último, "Michael" el biopic de Michael Jackson. Creo que nunca he contado en el blog que lo mío con el Jackson de la época de Thriller fue lo más parecido al fenómeno fan que he tenido en mi vida. Se me pasó enseguida, pero en Séptimo de EGB me escuché ese LP mil veces y me aprendí todas las letras que nos fotocopió la profe de inglés. En aquella época en la que no teníamos todo a demanda, como ahora, era mucha la emoción cuando te llamaban tus padres porque salía el larguísimo video de los zombies por la tele. La peli, bueno, un lavado de cara pero cuando bailan Thriller los zombies, buá... tuve ganas de salir a hacer los pasos por el pasillo, supongo que ya sobrevolando el Golfo de México. 


Esto de arriba es el aeropuerto de CDMX que estaba todo de mundiales, también. Hay gente monísima esperando con globos, flores y pancartas de bienvenida. Los Uber no pueden entrar al aeropuerto y salimos a encontrarnos con él en uno de los hoteles. Nota: estoy en contra de Uber o cualquier broma de esas de "economía colaborativa" que no pagan impuestos, pero entono un mea culpa: en este viaje los hemos usado, dada la facilidad de la aplicación. En nuestro camino al alojamiento, se pone a llover, y es algo que pasará casi todas las tardes en CDMX porque es temporada de lluvias.

En CDMX nos vamos a quedar en casa de unos amigos, JA y E. A JA le conocí en la uni en 1992 vía un amigo común y tiene una vida muy interesante, además de dos tesis doctorales sobre Historia de la Ciencia (aunque estudió Físicas). Ha vivido en China, Nueva York y distintos lugares de México. Merece la pena clicar aquí para conocer su historia -y la de nuestra amistad- y leer parte de nuestra visita en el itacalog de 2004, cuando él vivía en el norte, en Monterrey. Allí conoció a E. el que es ahora su marido, que es precisamente de esa ciudad. Sin embargo, las dos primeras noches tienen visita [esto lo contaré mañana, o me alargo] y nos vamos a quedar en casa de J., en Polanco.

J. es un conocido del Peda del trabajo que, al saber que venimos a CDMX le insiste en que nos quedemos en su piso porque él no está. Es lo que se conoce como "expat", o sea, alguien a quien la empresa le ha enviado aquí y su piso es... de expat, en el barrio más caro de la ciudad. Polanco es el equivalente de La Moraleja o Pedralbes, y cuando JA se entera de que nos vamos a quedar allí, nos insulta como un mexicano: "son ustedes unos fresa", vamos unos pijos. Como viene a encontrarse con nosotros allí, cuando entramos en el apartamento -tras haber saludado al guarda de seguridad 24 horas- vía el ascensor que se abre directamente a la cocina, nos quedamos todos alucinados. Vamos, como en las películas [no sé si tengo fotos, si encuentro, las cuelgo mañana]. JA dice: "yo solo había visto esto en el cine"- "esto" es un vestidor entre el dormitorio y el baño. En fin, a todo plan, y nos está esperando la Sra. Mari, que es la limpiadora, y nos lo enseña todo. Cuando al final del viaje recordamos el apartamento de J. y todo el resto de los alojamientos que hemos tenido -hay que llegar al final porque prometo risas- nos damos cuenta de la "variedad" inusitada de noches que hemos pasado en México.



Salimos a cenar con JA en un local llamado "La Casa del Pastor", donde calentamos la cabeza al camarero -que se llama también JA- preguntando qué es cada cosa: diferencia entre tacos, gringas, alambres, tortas, costras, volcanes... y todo esto puede estar relleno de "pastor", chorizo, longaniza, suadero... y mil cosas más. De todo esto nos haremos expertos en unos días. Anotar que el mito del picante es real, pero solo si lo añades tú misma (las salsas van separadas) y que no recordaba que tienen en todos los sitios "agua de frutas" y tomo de hortacha - aquí comienzan las comedias de "¿es agua embotellada?", pero esto para más adelante.

Son las 22:00 del sábado en México pero las 5:00 am del domingo para nuestros cuerpitos europeos, así que tras comprar un yogur para el desayuno y despedirnos de JA, nos arrastramos al apartamento donde no pertenecemos.


Pub: 06.08.26

04 agosto 2026

"Calypso" de David Sedaris: Meh

David Sedaris es un escritor cómico americano que vive en un pueblo en el sur de Inglaterra. Es gay, woke, de baja estatura, neurótico y tiene una gran familia. Escribe en el New Yorker y en el Guardian artículos como este sobre lo guarros que son los chinos - sospecho que no le han hecho ganar precisamente muchos amigos allá. 


"Calypso" fue recomendado decididamente por unos amigos y me animé por lo del humor. No sabía nada de él antes y ahora siento que sé mucho de su vida. Vida que repite ahí por donde va: me bajé un par de podcast donde le entrevistaban, o incluso él llevó uno durante un tiempo, y enseguida lo dejé porque me quedó claro que iba a ser más de lo mismo. No quiero ser injusta: al final, con todo el mundo es todo siempre "más de lo mismo", pero… ¿por qué con algunas personas no podemos parar de querer saber de su vida y de sus ideas y de otras con una dosis ya quedamos conformes? Ah, y luego están aquellos que cerramos el libro, o cambiamos la canción o la peli a los tres minutos. Esto se puede extrapolar también a la vida "real". 

No ha sido Sedaris para no terminarlo, pero hacia el final me he aburrido: tenía ganas de acabar un libro de solo 250 páginas. Es gracioso y su sentido del humor, muy anglosajón, o sea, lleno de autoescarnio, pero como no hay nada tan serio como el humor, entre confesión y confesión, hay algunas que me han llevado a la conclusión de que igual no me iría con él a su casa de la playa. 

Porque este libro te cuenta que se compró una segunda residencia en Carolina del Norte, en primera línea del mar, con la idea de reunir allí a su extensa familia -tres hermanas, un hermano, marido y padre- y pasar tiempo juntos. [Nota: no es que yo me plantee regularmente con qué escritores o famosos me iría unos días a una casa, pero vi trozos de una entrevista que le hizo hace poco Marc Giró a Gabriel Rufián y pensé, con estos dos me lo iba a pasar genial. Con Sedaris, no creo]. A la casa de la playa la bautiza "Sea Section", que suena como "C Section": o sea la "Sección del mar" en inglés puede sonar a cesárea (C-section es caesarean section). Cualquiera que haya tenido una cesárea seguramente no llamaría así a su casa. Este es un ejemplo de algunas partes de su humor que a mí no me han hecho clic; especialmente viniendo de alguien que nunca sufrirá una. 

El libro comienza con una introducción a su familia: su madre murió de cáncer y él pronto va a superar la edad con la que murió ella, lo cual le parece un poco anti-natura. Su padre se va normalmente de la habitación dejando a la gente a media frase. Sedaris nota que, cuando los invitados se van, él y su marido se convierten en unas "versiones menores de sí mismos", como si estuvieran interpretando la persona que quisieran ser todo el rato.  Una de sus hermanas se suicidó, y a ello dedica el segundo capítulo que me recordó vagamente a "Pequeñas desgracias sin importancia" de Miriam Toews, ambos intentando poner humor en una situación imposible. No hay que ser psiquiatra para darse cuenta de que su hermana tenía un trastorno de la personalidad, eso tan cruel y tan poco entendido. Lo mismo me ha parecido su padre, tal vez no de la misma severidad, pero el tipo de persona que, en uno de los espectáculos que Sedaris da por el país donde hay 2200 personas, se fija en los pocos asientos que quedan vacíos - y que insiste.  Sedaris intenta gustar a su padre, pero no hay manera. Me encanta esta metáfora de su desconexión: "Somos como un par de trapecistas malos, intentando agarrar la mano del otro cada vez, y fallando cada vez. Mientras tanto, los de seguridad del circo han empezado ya a enrollar la red"La madre, idealizada como suele pasar con los progenitores que fallecen prematuramente, tenía problemas con el alcohol. En resumen: todas las familias son disfuncionales a su manera. 

Políticamente, Sedaris es por supuesto anti-MAGA y anti-Trump, y eso que el libro fue publicado en 2018: el pobre aún no sabía lo que estaba por venir. Me gusta cuando chequea sus propios prejuicios de clase, porque encuentro que esto es algo que raramente ocurre - la gente desprecia a los menos inteligentes de la sociedad que por ello no han podido acceder a los mejores trabajos. En un enfrentamiento en seguridad del aeropuerto, cuando le hacen quitarse un chaleco y se resiste, tiene ganas de decirle a la agente: "¿Cómo se siente teniendo una posición de tanta importancia?", pero entonces se da cuenta de que eso sería su ira: "Es increíble lo que puede salir de una cuando está enfadada", intentando atacar su trabajo, o sea, su clase.  Tiene también una parte surrealista sobre posesión de armas, y otra donde anota cómo los dependientes le dicen "Have a blessed day" (algo así como que Dios bendiga tu día) en lugar de adiós, o pasa un buen día. Repito: 2018, me pregunto qué dirán en 2026, tal vez tengan el hisopo bajo el mostrador y te rocían a la salida. 

Su neurosis es entraniable y tan familiar. El capítulo en el que cuenta su adicción a contar pasos con el fitbit es genial, y eso que, por una vez, es una de las obsesiones que no comparto, pero sí que veo continuamente a mi alrededor. La combinación de recoger basura por el campo alrededor de su casa: decir "alrededor" no es exactamente el caso, porque alguien que camina 20 (?) km al día se aleja sustancialmente de su base. Ante esta manera de llevar una obsesión a un acto de civismo, me quito el sombrero: la mía sería, si no fuera porque me pillarían en cámara y tratarían como a un weirdo, ordenar las estanterías de los supermercados. 

Sedaris lleva toda una vida con su pareja, un tal Hugh que es pintor, y aparece continuamente - un sufrido Peda-en-el-divlog más. Se casaron en secreto en 2016 por la única razón que yo respeto para hacerlo: porque los estados se empeñan en discriminar en muchos aspectos -fundamentalmente, la pela- a los solteros. Él dice que le disgusta la palabra "marido" [a mí me pasa igual, me siento como otra persona si la digo] y perjura que su boda "no tuvo nada que ver con lo romántico". En estos días en que ha sido imposible no enterarse de que se ha casado la cantante y traidora Taylor Swift, sigo en mi estado continuo de perplejidad sobre que la gente se quiera someter a eso y se lo inflija al resto. Como dice Sedaris, "por lo menos antes los gays no hacíamos sentir culpables a la familia y a los amigos si no entregaban sus fines de semana para sentarse en sillas plegables en medio de agosto en nuestras ceremonias".  Hay algunas otras cosas gays que me han hecho reír, como que Jesucristo "siempre tiene un cuerpo fantástico, mostrado en su mejor versión en la cruz porque, admitámoslo, fue creada para hacer que la tripa y los hombros de un hombre se vean muy bien". Tal vez aunque solo sea por esto, merece la pena leer este libro: nunca se me había ocurrido ver a JC como potencial mito erótico; esto ha sido un poco como alguien nos abrió los ojos al potencial del abuelo de Heidi.  Ah, esto y que los fantasmas también viajan en antigüedades: no hace falta vivir en un viejo castillo escocés - si has comprado una cómoda vintage, igual además de carcoma, te metas a esa ancianita con cofia victoriana en casa. 

Metaliterariamente, totalmente de acuerdo con él cuando dice que "lo negativo siempre hace mejores historias". Nadie escribe una novela para hablar de felicidad sin aristas, nadie escribe un blog para contar lo fenomenal que es todo - porque no lo es, basta con abrir los ojos. Bueno, ahora pienso en esos influencers de IG o Tiktok que enseñan la parte bonita de un paraje, ocultando el gentío en otro, o que te enseñan su último éxito gastronómico (no, no envidio), o su cottage con cocina Aga sin rubor. Pero eso no interesa nada a la gente sensata, por eso no lo miramos; supongo que es una fase de la adolescencia, o de los que mentalmente permanecen anclados ahí. Este mundo extraño al que hemos llegado los chavales de los 80, lo describe Sedaris con una frase perfecta: "fotos que haces con tu teléfono para mandar a gente con la que ya no te comunicas hablando". Qué acertado, cuántos tenemos así. 

Tal vez he sido injusta con Sedaris al principio, tal vez es porque en muchas cosas nos parecemos, y siempre es duro observar tus fallos en otro. Igual si tú no eres neurótico, ni con familia disfuncional, ni has tenido una cesárea de emergencia, ni sufres con cada ascenso de la (ultra)derecha, pueda ser un libro para ti. 

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Nota: Entrada escrita el 10 de julio. El 12 cuando aún no habían puesto las calles nos íbamos de viaje, así que la dejé en el congelador. 




02 agosto 2026

México lindo y querido, si muero lejos de ti... [México 0]

Todo empezó hace varios años: un día cayó en mi pantalla uno de esos maravillosos hoteles coloniales de México y me dije, "tenemos que volver". Luego, en otoño de 2024 leí "Los recuerdos del porvenir" de Elena Garro y me maravilló; y de nuevo, la llamada de México. En diciembre vino "Emilia Pérez" y en primavera de 2025 salté a "Pedro Páramo", a las fotos de Juan Rulfo y a "El llano en llamas". Esta última entrada la titulé "México en vena": ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.  Aquel verano aún no era su momento (fue el de Montenegro + Albania) pero enseguida empezó a contraatacar Mini, que había descubierto una esquinita del cine mexicano: "Y tu mamá también" (Alfonso Cuarón, 2001), "Amores perros" (González Iñárritu, 2000) y unos días antes del viaje revisitamos "Roma" (2018) [Mini por primera vez], también de Cuarón.  Total que este verano ha sido el de México. 


 Así que un año más, aquí estoy de vuelta de un viaje, escribiendo el "divague 0", o introductorio de una serie que no sé cuánto me costará escribir. Han pasado un montón de cosas en estas tres semanas: me he maravillado una vez más con uno de mis países favoritos (de hecho, uno de los pocos que hemos repetido,  he tenido miedo en diversas de sus fases (desde la "Venganza de Moctezuma" hasta el dengue, pasando por terremotos), he disfrutado hablando con la gente como en ningún otro sitio, me ha encantado enseñárselo a Mini y ver sus reacciones (resumen= flechazo) y me queman las yemas de los dedos por escribirlo todo. Porque como dice Annie Ernaux, "si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido".

Como sabrá el divagante de pro, en junio empecé a releer mi diario de viaje por Latinoamérica de 2004 y colgué las entradas de los lugares de México a los que íbamos a volver. Haré referencia a ellas, claro, y las enlazaré: ahora las he movido todas a la fecha en que fueron escritas: si entras en la sección "Diario" y bajas hasta el 2004, ahí están todas. Ya dije que uno de mis proyectos es ir subiendo todo aquel diario poco a poco, cuando tenga tiempo. Creo que ya lo he dicho antes, pero lo repetiré: aquel diario fue probablemente la razón de este blog. Lo colgábamos en un rudimentario sistema de "msn groups" en documentos de word solo para amigos y familiares y una de las sufridas lectoras fue Diva, una amiga de la carrera del Peda. A partir de ahí, nosotras nos empezamos a mailear y un día de diciembre de 2009 ella me dijo, "montamos un blog?", y hasta aquí. 

En cuanto a mis lecturas, por supuesto, he leído a mexican@s, y mis di-squisiciones las iré colgando entre medio:
  • "La plenitud de la señorita Brodie" de Muriel Spark (1961). Autora escocesa porque me lo llevé empezado, sorry.
  • "Temporada de huracanes" de Fernanda Melchor (2023)
  • "Las muertas"  de Jorge Ibargüengoitia (1977)
  • "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo (2022)
  • "Nueva historia mínima de México" de Gonzalba et al (2004). Antes de que el Náufrago Ro dé uno de sus saltitos de susto, aclarar que este lo compró allí el Peda y él se lo esta leyendo. Lo añado aquí para poner presión porque le he pedido un divague-resumen (de momento, se niega). 
Justo antes de irme había terminado "Calypso" (David Sedaris, 2018) y escrito su divague, pero no lo colgué porque no iba a poder responder a los comentarios, así que será el siguiente que veréis aquí. Disculpas por el trasiego temporal, esto parece una de esas novelas o pelis con flashbacks, ffwds y necesidad de tomar notas. 

Escribo esto el 2 de agosto, mi primer día de vuelta en el que me he despertado, por primera vez en décadas, al mediodía, tras haber dormido 13 horas.  Un día lleno de coladas, bajar fotos, llamadas telefónicas, olla exprés, podcasts sobre la Odisea de Nolan, y evitación de cualquier pista que me pudiera recordar que mañana vuelvo al trabajo de día más cuatro noches de guardia nocturna; si no quieres taza, taza y media. 

Pero aún me queda tu luz y color, México, para darme energía durante un tiempo. A ver si os lo puedo contar bien, divagantes.