Domingo, 22 de Octubre de 2017
El Blue Lagoon está entre la isla de Comino y la islita de Cominotto (enfrente de Gozo, cerca de Malta), y se accede con barquitos turísticos desde ambas islas. No hay coches y en Comino tienen por lo visto solo un hotel, que no vimos. Por ser una playa turística, decidimos ir en lunes o martes, para evitar los malteses domingueros, pero a medida que se acercaba la fecha veíamos en las predicciones que a partir del domingo salía nublado. Y los mares sin luz, particularmente estos azules de película, no son lo mismo. Así que nos lanzamos en domingo.
El banio fue muy agradable, porque la gente que se remojaba (atención a la foto, había mucha más gente en rocas), se concentraba donde no cubre, pero por la zona de la izquierda con profundidad se podía estar muy bien. El snorkling no fue particularmente interesante porque todo lo que había en el fondo era arena blanca con las ondas de las olas.
Teníamos el barquito de vuelta a las 4:30, así que estuvimos un buen rato leyendo bajo una sombrilla verde lima chulífera que venía en el hotel-ni que decir tiene que no la pudimos clavar, así que había que sujetarla con lo que podíamos, pero así evitamos que la guiri se nos quemara. Cuando levantaba el viento hubo algún momento que podría haber terminado en cómico, pero afortunadamente, logramos controlarla. Al final subimos a la parte más elevada a explorar y la conclusión fue que el primer hombre que llegó aquí, debió ser feliz.
La vuelta en barca incluía un paseo por la parte de detrás de Comino para ver las cuevas y los acantilados.
De vuelta a Mgar, tiramos hacia el norte de la parte oriental de la isla, un pueblo llamado Nadur. El paseo por la plaza es familiar, y es que ya hemos estado en muchas plazas con gran iglesia y empedrado muy parecidas en estas islas. Por supuesto, los buzones y las cabinas que dejaron los ingleses siguen estando al lado de olivos y piedras mediterráneas: tan fuera de contexto. Pero tres hurras para el diseniador: atemporal.
En el pueblo hay un par de panaderías tradicionales, y terminamos en una comprando una pizza y demás para irnos a cenar a una playa. Hay un hombre que nos ensenia todo hincando su unia en la masa: yo me muero de asco pero el Peda me tranquiliza diciendo que esa unia ya no es fómite porque está en contacto con todo aquello. Hacemos muchas fotos porque tienen un horno de aquellos en los que metes las cosas con un palo enorme.
Decidimos bajar a cenar nuestra pizza a la playa de San Blas. Lo de "bajar" puede tomarse como sinónimo de "ir" pero no, es casi vertical: dejamos el coche y al final la pendiente se me antoja de más de 45 grados. Bajar es un dolor pero subir, ya con el sol puesto, creía que no llegaba. Pero cenamos solos en una playa desierta; parece otro planeta del que hemos estado esta maniana.
| Tipica casa de Gozo |