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22 octubre 2017

Del abarrotado Lago Azul a la desierta playa de San Blas, con pizza (Malta 9)

Domingo, 22 de Octubre de 2017

El Blue Lagoon (El Lago Azul) no solo es una peli ochentera cursi sino también una de las mayores atracciones turísticas de Gozo (junto con las otras dos, que también son azules: "la ventana azul" y "el agujero azul" de los que hablaré maniana). Tanto azul podría saturar pero es que Gozo es azul. 

El Blue Lagoon está entre la isla de Comino y la islita de Cominotto (enfrente de Gozo, cerca de Malta), y se accede con barquitos turísticos desde ambas islas. No hay coches y en Comino tienen por lo visto solo un hotel, que no vimos.  Por ser una playa turística, decidimos ir en lunes o martes, para evitar los malteses domingueros, pero a medida que se acercaba la fecha veíamos en las predicciones que a partir del domingo salía nublado. Y los mares sin luz, particularmente estos azules de película, no son lo mismo. Así que nos lanzamos en domingo. 

Dejamos el coche en Mgar y enseguida salió nuestro barquito, con otra gente. Ya habíamos visto de lejos en el ferry el azul espectacular de este trozo de mar y cuando llegamos no decepcionó: es verdaderamente como imaginas las Mauricio. Sin embargo, la cantidad de penia era también nivel leyenda. Barquitos y barquitos habían debido llegar de todo el Mediterráneo sur, porque aquello era un hervidero. Efecto domingo? No olvidemos que es finales de Octubre: qué debe ser eso en Agosto. Además, lo he llamado playa pero en realidad es todo roca: un monte como está mandado, y ahí tienes que acampar y bajar a la playa con tus cangrejeras (si las tienes, el Peda insiste en no coger las suyas) como puedas. Logramos localizar un sitio decente, pero a medida que avanzábamos con todo el equipo hasta allí, esquivando gente con pinias coladas, el Peda hizo una de sus lapidarias: "el día más feliz de mi vida". Realmente, playas con gente no es mi cosa... había hasta gente con pulsera de los resorts!! 

El banio fue muy agradable, porque la gente que se remojaba (atención a la foto, había mucha más gente en rocas), se concentraba donde no cubre, pero por la zona de la izquierda con profundidad se podía estar muy bien. El snorkling no fue particularmente interesante porque todo lo que había en el fondo era arena blanca con las ondas de las olas. 




Teníamos el barquito de vuelta a las 4:30, así que estuvimos un buen rato leyendo bajo una sombrilla verde lima chulífera que venía en el hotel-ni que decir tiene que no la pudimos clavar, así que había que sujetarla con lo que podíamos, pero así evitamos que la guiri se nos quemara. Cuando levantaba el viento hubo algún momento que podría haber terminado en cómico, pero afortunadamente, logramos controlarla. Al final subimos a la parte más elevada a explorar y la conclusión fue que el primer hombre que llegó aquí, debió ser feliz. 


La vuelta en barca incluía un paseo por la parte de detrás de Comino para ver las cuevas y los acantilados. 






















De vuelta a Mgar, tiramos hacia el norte de la parte oriental de la isla, un pueblo llamado Nadur. El paseo por la plaza es familiar, y es que ya hemos estado en muchas plazas con gran iglesia y empedrado muy parecidas en estas islas. Por supuesto, los buzones y las cabinas que dejaron los ingleses siguen estando al lado de olivos y piedras mediterráneas: tan fuera de contexto. Pero tres hurras para el diseniador: atemporal. 




En el pueblo hay un par de panaderías tradicionales, y terminamos en una comprando una pizza y demás para irnos a cenar a una playa. Hay un hombre que nos ensenia todo hincando su unia en la masa: yo me muero de asco pero el Peda me tranquiliza diciendo que esa unia ya no es fómite porque está en contacto con todo aquello. Hacemos muchas fotos porque tienen un horno de aquellos en los que metes las cosas con un palo enorme. 




Decidimos bajar a cenar nuestra pizza a la playa de San Blas. Lo de "bajar" puede tomarse como sinónimo de "ir" pero no, es casi vertical: dejamos el coche y al final la pendiente se me antoja de más de 45 grados. Bajar es un dolor pero subir, ya con el sol puesto, creía que no llegaba. Pero cenamos solos en una playa desierta; parece otro planeta del que hemos estado esta maniana. 


Tipica casa de Gozo




21 octubre 2017

Del (maldito) Full English Breakfast a la Pasta Frutti di Mare (pero...desde cuándo se habla aquí de comida? Me habrán abducido?) (Malta 8)

Sábado, 21 de Octubre de 2017 -Sur de Gozo


En el apartahotel hay desayuno incluido. A mí esto no me gusta porque siempre acabo comiendo más de lo normal (no entraré en el complejo cambio de ciertos esquemas mentales cuando una viaja, donde el "por si acaso" juega un cierto papel) y odio esa sensación, pero hey. Ofrecen nada menos que "desayuno inglés completo" (la opción continental es una mala broma), y nos invitan a que entremos al restaurante, en lugar de quedarnos en las mesas del patio. Allí te sientes como en un banquete medieval, todo arcos de piedra y lámparas de hierro...muy Juego de Tronos tal vez (no la he visto) y sales como de la susodicha comida medieval. Huevos fritos, pacenta, salchichas, judías blancas (que se come mi hija, perfectamente asimilada a esa cultura), tostadas. Me empacha recordarlo. 

Al salir subimos a darnos un baño a la piscina del tejado antes de lanzarnos a ver la isla: de lo contrario, terminamos tan tarde que ya no hace temperatura de bañarse por la tarde-noche. A esta hora, el agua está... refrescante (por no usar un exabrupto). La piscina es pequeña, pero divertida, y da gusto estar entre las torres y con los cuartos din-din, don-don. 



Desde el tejado del hotel

Hoy comenzamos a explorar el este de la isla, salimos de Victoria (donde también hay balconadas) hacia Mgar, que es donde nos dejó el ferry.

Victoria

Sin tener ni idea de lo que es, subimos a "Fort Chambray": está en un alto cerca de Mgar, justo enfrente de la isla de Malta. En la guía no dice mucho, salvo que fue un fuerte construido en el SXVIII. Parece que fue usado en la invasión francesa de 1798, y luego como hospital militar y como hospital mental. Se entra atravesando un túnel y entonces llegas a un lugar en obras, y ya empiezo a fantasear sobre cómo sería aquello como manicomio (más bonita la palabra en inglés, Asylum) de la isla. Ya he divagado sobre instituciones mentales en otras ocasiones: es un tema fascinante. Pero seguimos caminando y nos llevamos una sorpresa: en primer lugar, hay unas vistas espectaculares al mar, Fort Chambray estaba en un acantilado (el de Tafal), y desde luego estas vistas debían dar mucha paz a los pacientes (siempre me he preguntado si la gente que tiene la suerte de tener una habitación con vistas al mar se acaban acostumbrando o, como yo cuando la tengo, se maravillan cada mañana). Pero además vemos que las agencias inmobiliarias entraron aquí hará unos años y ahora gran parte de los edificios del fuerte han sido reconvertidos en casas de lujo, con una piscina central enorme, y algunas de las casas tienen, además, su piscina privada. Y no hay nadie, apenas 3-4 adultos y un par de niños tumbados en la piscina, pero todas las casas cerradas. Siempre pasa con los ricos: nunca están en ningún sitio. En Londinium sus casas siempre están apagadas, y una piensa que estarán en el campo-pero aquí por lo menos sus piscinas privadas están vacías. 

Vistas desde Fort Chambray



Con estas reflexiones salimos de allí, hacia un pueblo llamado Quala, al que creo no llegamos, porque en realidad vamos a ver Comino desde allá arriba.Tickado.

El pueblo de Xwekija está céntrico, volviendo hacia Victoria, y tiene la Iglesia de San Juan Bautista con la cúpula de 74 ms, la tercera rotunda más grande del mundo! No nos impresiona: al entrar sale una señora mayor, de estas que parecen poblar las iglesias, con un discurso en inglés muy bien aprendido, que nos dice que para subir son 3 euros por persona, incluida la niña. Nos tenemos que poner unos trapos que tienen para los hombros, senior, a saber quién se ha puesto eso. El caso es que no llevamos dinero, que tenemos que ir a buscarlo al coche, y la señora que tranquilos, que ella espera. Sinceramente, al llegar al coche decidimos irnos a bañar. Pero la rotunda domina Gozo, se ve de todos los sitios, incluido nuestro tejado. 




La cala elegida se llama Mgarr ix-Xini, y parece que fue la elegida por Angelina Jolie para filmar su película "By the sea" (donde se dirigió en 2015 con su entonces marido Brad Pitt: una pareja colapsando, me pregunto si sería biográfica ya entonces). No he visto la peli, así que no puedo comentar, aunque las críticas no parecen demasiado buenas. Por supuesto, para bajar a esta cala hay que pasar por caminos estrechos (eso sí, sin paredes de piedras laterales), donde rezas para no encontrarte a nadie de cara. Al llegar abajo, hay bastante viento, y me quedo leyendo, pero mis compas se bañan, o más que nada se tiran, porque hay escalerillas desde la roca y profundidad. El color del agua es maravilloso. 


También cuenta la leyenda que los brangelina cerraron el Hotel Ta'Cenc -tal vez el mejor de Gozo-durante el rodaje. Nosotros nos limitamos a ir al restaurante que está en otra cala a tomar algo. Pasamos un rato agradable en la terraza con las grandes vistas y leyendo. Alquilan hamacas entre las rocas y algunos se bañan. También salen buceadores.  












Ya pronto va a anochecer, así que deberíamos encontrar los míticos acantilados... dejamos el coche en el pueblo, por cuya plaza subimos y bajamos varias veces (ante el estupor de tres locales que toman la fresca en un garaje), para acabar preguntando a un hombre cómo llegar a los acantilados Ta Cenc, nos indica, pero no encontramos. Nos vamos a otros, los de Sanaf, impresionantes, y allí vemos ponerse el sol. 







Cenamos en un pueblo llamado Xlendi, al que llegamos ya de noche cerrada. Está en una bahía igualmente cerrada y parece muy turístico, para los estándares de Gozo. Nos recuerda a un lugar de Mani, en Peloponeso. Cenamos en un sitio (Ta'Nona)  recomendado por la guía, donde "te pueden salpicar las olas" y, a fe mía que es verdad. La cena es maravillosa: pasta con almejas, marinara de frutti di mari (también pasta con pescado) y ftira (el famoso pan típico que sabe como pizza con lo que quieras dentro). Cómo me gustaría saber cocinar la pasta frutti di mari! La voy probando por todos los sitios del Mediterráneo que paso, y la mejor sigue siendo la de aquella anciana de Hvar en Croacia, a la que fuimos los tres días que estuvimos en la isla! Me dio la receta pero en algo (creo que el caldo) fallo. Pero no hablemos de comida, que enseguida "el maldito desayuno inglés completo" ataca de nuevo...

20 octubre 2017

Aceptamos conejo como animal de compañía, en Gozo (Malta 7)

Viernes, 20 de Octubre de 2017 (de Malta a Gozo)
Hoy es el último día en Malta, y prácticamente pasamos la mañana recogiendo,  empacando y comiendo. Porque pese a haber desayunado el yogur con fruta y granola al principio del día, nos cuesta tanto terminar (vale, hay lectura en la cama elástica y tal) que antes de irnos nos hacemos unos huevos benedictos -menos salsa holandesa ni la panceta- (o sea, viene siendo un huevo duro que se deja solo tres minutos, así que la yema está blanda). Nos despedimos de la familia, del maldito perro, y Mini se queda muy triste por separase de su amiga Izzy. Por fin, como si emprendiéramos un viaje para varios meses, logramos irnos. 

El ferry que va a Gozo, la islita 6 kms al norte (es aún más pequeña que Malta, 67 kms2-según dice wiki lo mismo que Manhattan) es curioso: no se paga para ir, sino a la vuelta (deben tener claro que todo el que, vuelve), y no hay que reservar: simplemente te pones en una de las muchas filas, y cuando llega, te subes. El viaje es muy amable y me recuerda a otros como el año pasado yendo de Itaka a Kefalonia. Se hace corto, y casi al llegar vemos de lejos Comino (la tercera isla, aún más pequeña, por la que no van coches y en la que solo hay un hotel), que tiene el famoso Lago Azul que veremos el domingo.

El lugar donde quedarse en Gozo es una farmhouse (casas rurales). La arquitectura predominante son construcciones de piedra, con arcos en los bajos, algunas preciosas... y te puedes quedar a dormir en una! Por supuesto, si lo dejas para el último minuto-típico Pedalista-ya no quedan casas rurales a un precio asequible, y me quedo frustrada de no poder ir a Ta Lulú, que me gustaba también por el nombre (no sé porqué, una época de mi vida mi familia me llamó Lu), que estaba toda reservada hasta en esta época (que es aún temporada alta en Malta). [Otro día contaré, de todas formas, nuestra visita-investigación a Ta Lulú, y nuestras conclusiones].

Pero divago: como no nos podemos quedar en una casa rural terminamos en un apartahotel elegido por Mini (tras nuestra selección, ella hizo la última criba) en Victoria, la capital de Gozo. Está situada exactamente en mitad de la isla y tiene una ciudadela encantadora, justo al lado de ella estaba nuestra nueva casa, en uno de los edificios de piedra de varias plantas, con vistas a un patio. Al entrar en la habitación se nos cae un poco el alma a los pies porque, pese a ser muy grande y "boutique", da a ese patio exterior, y Mini aún recuerda el jardín de Malta. Pero al lado de nuestra puerta hay una escalera de caracol que sube al tejado donde hay una pequeña piscina y las mejores vistas imaginables: las torres de las múltiples iglesias, campanarios, plazas, palmeras, la ciudadela de fondo y, lo mejor, el sonido de las campanas cada cuarto de hora, que dan un toque perfecto al escenario. El Peda me explica cómo funcionan (agárrense): primero tocan los minutos: una vez (y cuarto), dos (la media), tres (menos cuarto) o cuatro (en punto), y luego, sonido más grave (o agudo, no recuerdo) las horas: de 1 a 6, y a partir de las 6, le tenías que sumar 6 (si tocaban 4, eran las 10). En mi opinión, solo un autista, lince de los patrones, puede desentrañar semejante código. 


Tras desembarcar salimos a dar un paseo a la ciudadela, y cenar allí. Solo hay un restaurante (Ta Ricardo) y según la guía merece la pena. Sin embargo, el senior Ricardo nos dice que está ya cerrado, que vayamos durante el día (esto es un reto complicado, estaremos por ahí-de hecho nunca volvemos a Ricardo). Antes de entrar en la catedral hay una señora espontánea que veo reconviene a otros turistas: no entrar con pantalones cortos. Yo me quedo por ahí disimulando (el Peda y Mini se han parado en algo), porque intuyo que mi vestido minifalda aún le va a gustar menos. La mujer no se va nada convencida, se da la vuelta, mira a los turistas, vuelve a darse la vuelta. Los pobres se cubren con algo, y yo permanezco agazapada porque, por Tutatis, ahora he de entrar en minifalda (soy así, la irracionalidad me puede). Llegan el Peda y Mini y por fin, dentro!: allí nos encontramos con un espectro (en imagen), que definitivamente lo es, porque no nos dice nada por mostrar las rodillas. 


Salimos de la ciudadela, bajamos la empinada calle del hotel, atravesamos la plaza donde siempre hay gente tomando cafés y acabamos cenando en una terraza de la preciosa plaza de San Gorg. Hoy decidimos por fin probar comida maltesa de pro: el Peda pide un "platter" de queso y salchichas locales (un plato alargado de madera con eso, y alcaparras, tomates,  panecitos, etc), todo horriblemente salado; Mini pide pizza (admitimos pulpo como animal de compañía-hay mucha influencia italiana) y yo (fanfarria): pasta con conejo (atención, el conejo es el plato nacional de estas islas). Se trata de espagueti con "salsa de conejo" y dos trozos del bicho (que aquí en UK es animal de compañía, Mini llora, admitimos conejo como animal de idem). Bien, se deja comer pero con cierta pesadez: cuando llegamos a casa echo de menos las cenas ligeras caseras, el yogur y el muesli. 

Suenan los angelicales cuartos otras vez, y por primera me preocupo sobre si no nos dejarán dormir por la noche... pero sí, dormimos como unas mantas... din-din-din, don don...



19 octubre 2017

Sobre los usuarios de calesas, lluvia en la playa y acoso sexual por parte de un cachorro de beagle (Malta 6)

Jueves, 19 de Octubre de 2017 


Hoy es nuestro último día completo en Malta (mañana vamos a su isla hermana peque, Gozo), así que nos dedicamos a completar. Y eso que la isla no te la terminas en una semana, por pequeña que sea: si quieres bajar a cada cala, y repasar cada localización cultural (sin mencionar iglesias, que tiene 365 por lo visto), necesitas más tiempo y un coche. Nuestro naufrago favorito Ro, que fue quien nos recomendó estas islas (yo poco sabía de ellas antes, aparte de que eran un destino británico tipo Costa-del-Sol, y el cacareado España-Malta), dijo que "no hacía falta alquilar coche porque había un servicio de autobuses buenísimo". Nos hemos acordado mucho de él cada vez que vemos una parada de bus, algunas en sitios remotísimos, que piensas que nunca habrá nadie allí esperando, y menos pasará un bus, o bien hordas de esperantes que vienen claramente de las playas (esto fue el primer domingo en Malta), a los que no para el bus de turno porque viene petado, o algún que otro grupo de esperantes desesperados. En fin, que para lo que hacemos nosotros en estos destinos del Mediterráneo yo aconsejo alquilar coche, si es posible. El nuestro cuando escribo esto (ya hacia el final del viaje) lleva tanto polvo, barro y sal, que los pobres alquiladores vana sospechar que lo hemos sacado a África. 

Nos encaminamos a ver Mdina de día, ya que nos impactó ayer por la noche, pero antes paramos en Mosta, una pequeña ciudad que tiene la cúpula descomunal, ellos dicen que de las mayores del mundo, aunque en Gozo hay una en Xewkija (ya os contaré) que dicen que es mayor (bostezo). Está complicado aparcar, y el Peda se va y Mini y yo nos quedamos en un parque infantil desierto al lado de la iglesia de la rotunda (así llaman a la cúpula en la guía, y mola más). Tiene uno de esos toboganes de tubo que sale de una construcción con varios toboganes más y escaleras, y lo pasamos en grande jugando a pillar, tirándonos o escalándolos. Al rato vienen algunos padres con niños de verdad y tenemos que dejar de hacer el burro y, mira, por ahí viene el aitá que se ha ido a aparcar a occipucio. Son las 11:45 cuando por fin intentamos entrar a ver la rotunda, y justo nos echan: cierran por lo visto para comer y la siesta hasta las 16:00. Seniorrrr.

Salir de Mosta nos cuesta un horror, pero por fin ya en el campo vemos que estamos casi tocando Mdina. Pasamos un buen rato paseando por las calles tan agradables, de esta ciudad amurallada. Hoy hay más turistas, pero no demasiado: qué debe ser en verano. Por las calles van calesas de pobres caballos llevando a gordos turistas. En el pasado Mini aún esperaba subir en alguna de estas calesas, pero hoy en día ya entiende perfectamente que no es justo lo que les hacen a las pobres bestias para que cuatro vean la ciudad con su culo en un asiento. La pobre se horroriza al ver que le pegan para que avance, y que tiene esas orejeras para no ver. El caso es que esta sensibilidad no viene de serie: yo recuerdo subir en los ponies del parque de atracciones de Vetusta de peque, guiada por mi padre, y me parecía lo más del todo el parque (hay foto). Sin embargo, ya adolescente, una vez en las ferias, Fashion quiso subirse en unos ponies que iban atados en una rueda y que simplemente daban vueltas ciegos en círculo: el espectáculo me pareció tan lamentable que logré persuadirla de que no era justo (no fue difícil, Fashion es una gran amante de los bichos-no así yo, pero no soporto verles sufrir, porque sí, que digan lo que quieran los señores del puro y el Soberano, los animales tienen tienen terminaciones nerviosas como usted, que generan la sensación de dolor, como a usted, pero esa es otra historia).

Ayer ya expliqué la experiencia de pasear por Mdina, "la ciudad silenciosa" como la llaman, de noche. De día es distinto:  te puedes asomar por las murallas a ver el mar allá de fondo, te puedes comer un helado (mis compas lo hacen, de hecho, yo les "ayudo") y buscar un lugar donde tomarte un té o un fredo (sin éxito). En fin, que las imágenes valen más que mil palabras:








A la salida vamos en busca de un lugar de pastizzios altamente recomendado por la guía (horario, atención de 3:00 am a 11:00 pm!!) llamado "Crystal Palace" (como el barrio del sur de Londinium, que da nombre al equipo de fútbol). Está justo al comienzo de Rabat, pero no logramos encontrarlo... al final, entramos en uno muy auténtico de otro nombre, lleno de hombres locales de edad, que nos miran extrañados. Sin embargo, al ver el horno, tenemos la sensación de que ese debe ser el sitio.... y así es, tienen colgado un cuadro de "excelencia" donde pone Crystal Palace. Compramos pastizzios de espinacas y atún, de queso y algo más... cada uno vale 0.30 euros!!! Decidimos ir a comerlos a la playa de arena roja...


Se llama Gnejna Bay y está un cabo más al norte de la playa salvaje que estuvimos el día anterior. Aquí es más fácil de llegar, y al aparcar llega un hombre con unas bermudas descoloridas, una camisa del Pleistoceno, y una gorra de plato (hay que admitir que del mismo tono de descolorido que las bermudas). Nos pide sonriendo dinero por aparcar... suena raro, el Peda le pregunta si da recibo y él niega pero nos ensenia una identificación cómo no descolorida, tal vez lo que llevó en la Segunda Guerra Mundial. Le damos lo que sea y nos lanzamos al agua. No es la mejor playa del mundo, y a la izquierda, donde hay unas montañitas, hay como unas puertas de garaje excavadas en la roca, que suponemos son como esas casitas de madera de colores que alquilan los ingleses en Brighton y Portsmouth, pero esto da la impresión de chamizo, de chabola... por lo menos así cerrado. Otra cosa será cuando vengan las familias y monten a las puertas mesas con enormes comilonas que duran toda la tarde del ddomingo. O bien son almacenes donde los pescadores guardan sus redes ... no sé. 

Hago snorkling y nado con Mini un rato, se une el Peda, y cuando tengo algo de fresco me salgo, y ellos se quedan tirándose desde una roca. Las nubes ominosas que nos acompaniaban esta tarde, por fin hacen acto de presencia, y nada más salir yo se pone a llover. Mis compas en el agua, de mil amores (es chulo bañarse cuando llueve, sobre todo cuando es verano en el agua se está más caliente que fuera), yo tengo que correr a dejar los artilugios en el coche, y les espero leyendo bajo un porche. 

Toca retirada, porque además en casa está la hija de los señoritos, con la que Mini se lo pasa chimenea. Así que mientras que ellas saltan en la cama elástica, corretean, juegan con el cachorro de beagle (Buddy)  y se bañan en la piscina (todos estos puntos constituyen el paraíso de Mini, solo falta helado), nosotros podemos leer algo y tal vez incluso divagar!!! En un punto subo a la piscina a hacerles una foto (piscina iluminada por la noche, bonito, pienso): quien me manda, con lo tranquila que estoy leyendo en la sección servidumbre (abusando de Bryce, lo sé). 

Así que empiezo a hacer fotos pero entonces viene el maldito chucho y me empieza a ladrar, a chupar, a arañar en las piernas y-esto sí que no lo tolero-a olisquearme en donde pueda imaginar el lector. Comienzo a gritar, "fuera, stop it,  vete, Buddy!!" El tío, no contento, se me agarra a una pierna y comienza a moverse con una actitud tirando a procaz y yo ya no sé si gritar en inglés, en castellano o en hebreo. Me lo consigo quitar, pero el maldito vuelve, me lo quito, y decido confrontarlo gritándole que pare en su cara (que al fin y al cabo, es un animal menor, debería aplacarse, no?). Menos mal que Mini sale del agua y me rescata, mostrando un dominio del mundo canino que yo carezco... Ella me dice luego que eso que me hacía Buddy son "cuddles" (abrazos), y que también se lo hacía a ellas. Maldito chucho salido. 


Huyo a donde me espera el Peda tan tranquilo, magullada, vejada y azorada. Mini ha vuelto al agua y el puto chucho a seguir destrozando toallas, sandalias (mordió la de Mini la otra mañana), y siendo una afrenta a las buenas costumbres. No sé qué pensarán los senioritos. 




18 octubre 2017

Acantilados, playa remota, Rabat y los fantasmas de Mdina (Malta 5)

Miércoles, 18 de Octubre de 2017

Hoy toca Malta centro, y comenzamos por la mañana cruzando la isla casi de lado a lado (este a oeste) para ver los Acantilados Dingli. Pero antes tenemos un par de visitas fallidas (esto siempre ocurre en el diario del turista, que algo que parece en la guía una idea interesante, acaba saliendo medio rana. Primero vamos al punto más alto de la isla (Ta'Zuta, 253 ms) y tras meternos por un camino con cierta trepidación (aún tenemos claro trauma tras el rescate -aya aya- del día anterior), llegamos a lo que debe ser la cantera más enorme del planeta... unos agujeros que no sé que serán los acantilados.

El segundo momento fallido es "Clapham Junction", al que vamos prácticamente por romanticimso, porque Clapham Junction es una estación cercana a casa que se tiene por la de más tráfico tiene de Europa. Pues bien, visitantes ingleses empezaron a llamar a este trozo de montaña donde hay unas marcas prehistóricas como de carretas excavadas en la piedra igual que su estación de tren más enloquecida. Nos cuesta encontrarlo, y bueno, no entendemos cómo eso pueden ser marcas de carretas prehistóricas, aunque la guía dice que estas marcas están por todas las islas y que son un misterio. No solo para nosotros. 

Por fin llegamos a los acantilados, por donde nos damos un paseo. Son curiosos, porque por lo menos por la parte que seguimos nosotros, no terminan en el mar sino en campos de cultivo donde hay algún agricultor perdido cavando, y al fondo, el mar. Qué paz tener un campo allí, entre la pared del acantilado y el mar que brilla tanto a esta hora de la mañana que parece lleno de estrellas. Ya he dicho antes que Malta está en una zona especialmente sísmica del Mediterráneo, y parte de su belleza natural es por su geología... a la que ha contribuido sin duda terremotos, y demás agitaciones. 

Intentamos ir a a comer a un restaurante muy recomendado en la guía donde dan comida maltesa (que aún estamos por probar). En general, desayunamos fuerte, comemos un snack y luego cenamos pronto y fuerte. Pero hoy, por aquello de probar el plato maltés (que por cierto, es el conejo), vamos a este sitio en Dingli pueblo, pero al llegar nos dicen que hay una "private function" (evento/celebración privada) y que nos vayamos por donde hemos venido. Así que terminamos comprando pastizzios en una panadería y volviendo a comerlos a los acantilados. Los pastizzios con como en Grecia: hojaldre tirando a aceitoso, con algo dentro (queso, espinacas con atún, carne...). Otra especialidad de malta es la ftira, un pan muy rico, con el que te hacen un mero sandwich caliente de jamón y queso, pero que está delicioso. El pan sabe un poco a base de pizza, o algo... no a pan normal. La pizza también se come mucho aquí, y la pasta: hay mucha influencia italiana obviamente, ya que estamos solo a 120 kms de Sicilia. Gran parte de las cosas están escritas en italiano,  desde el champú hasta los yogures. 



Al norte de los Acantilados Dingli hay una bahía remotísima-dice la guía-para bañarse. Aseguran que los propios locales alucinarán si un guiri logra encontrarla, y bueno, qué más quieren los Pedalistas que un buen reto. Así que seguimos a Bolitazul con cierta aprensión, pasando por un pueblo llamado Bahrija, y nos encaminamos a la bahía de Fomm ir-Rih. Bajamos un buen rato (tiempo maltés, tampoco exageremos) y por fin aparcamos donde termina la carretera y hay un par de coches más. Ahí debajo está la bahía, que se trata de una pared de acantilado de impresión en un lado, y megarocas hacia la izquierda. Hay que bajar mucho rato por un camino, o por tramos que has de improvisar: literalmente, has de bajar la altura del acantilado por los otros dos lados. 


Cuando llegamos, es verdaderamente difícil llegar al agua porque la rocas son monstruosas. Hay alguna "gente joven"  por ahí nadando, y en la mejor roca, donde hay un sitio para echarse, hay unos veinteanieros con música que,  sé que es un comentario de anciana, pero me cargan. Una se viene al fin del mundo, a una playa al borde de un acantilado, con aguas transparentes, para escuchar así-llamada-música de  unos pavos? Claro que no... así que avanzamos hasta el final de la bahía donde hay un color de tierra tirando a ocre, y que hace que Mini y yo nos resbalemos nada más que ponemos el pie en una piedra: con todo el culo al agua, épico... Nadamos un rato hacia dentro, y oh! los macarras de la música están recogiendo, se van!!! Así que volvemos y ocupamos su piedra, y Mini y yo nos vamos a hacer más snorkling entre las rocas... vemos toda suerte de peces, y cangrejos, y  en general es todo muy  bonito y nos sentimos verdaderamente en un lugar remoto sin casi gente, que es lo que nos gusta. Luego nos echamos todos en la roca a leer... hasta que ya decidimos emprender la subida que, misteriosamente, se hace mucho más fácil que la bajada. 



Al final de la tarde nos toca Rabat y Mdina. Mdina es la ciudad amurallada en la cima de una montana, llena de mansiones de la nobleza maltesa. Fuera de sus murallas, está Rabat. Aparcamos en la calle de las catacumbas de Santa Agata, que en Vetusta es Santa Águeda, que se celebra el 5 de Febrero, y lo sé tan bien por el peculiar calendario pastelero-santoral de Vetusta que siempre ha sorprendido (a la vez q hecho las delicias) del Peda. Este via crucis del diabético comienza el 6 de Enero con el Roscón de Reyes, sigue el 3 de Febrero con el Roscón de San Blas, y el 5 con la reliquia de Santa Agueda (que contaré luego). El 14 de Febrero toca el roscón de hojaldre con forma de corazón, y ya en Marzo, es un festival: el 5 es la "cincomarzada", con lo que el roscón tiene forma de, sí, adivinen, cinco, luego el 18 está la vara de San José (roscón con forma de) y las virutas del carpintero  (riquísimas). Y por fin el 23 de Abril tenemos el Lanzón de San Jorge, y aquí termina para la gente normal este ritual de la patisserie... pero en casa Di llegaba el cumpleanios el 3 de Mayo. Ahora estoy fantaseando con el fin de semana de final de estas vacaciones que pasaremos por Vetusta para gestiones y cumple de Fashion y habrá... huesitos de santo (mmmm de mazapán, pero cosa más mórbida nunca vi, con el tuétano en amarillo) y paneyets (esto traerá Fashion de Barcelona).Dice el Peda que Vetusta es la "Capital del pastelerío mundial", pero Fashion asegura que en Catalunya nos dan sopas con ondas en este aspecto... y recuerdo una tarta de Escribá, la mítica pastelería de las ramblas, que compró Fashion un cumple mío que pasé allí y... ohhh, éxtasis. Pero divago: yo estaba hablando de Santa Agueda, una mártir del siglo III, que era siciliana y se escondió donde ahora están las catacumbas en Rabat tras huir de Sicilia por rechazar los requiebros amorosos de un mandatario (anda que no pueden ser pesados los italianos). Cuando volvió fue torturada y le cortaron las tetas... y adivinen, cómo es el pastel que hacen en Vetusta el 5 de Febrero? Pues sí, como lo leen: es la teta de la santa, rellena de nata y trufa, y con guinda y todo. Muy  gráfico. 




Rabat está llena de casas bonitas con gallerijas (balcones de madera), iglesias (claro), tienducas pequeñas, y la plaza central con varias terrazas donde gente mayor del lugar miran a los forasteros o al infinito. Caminamos por Triq (calle) San Pawl que termina en Mdina, pero el Peda, que va de guía, piensa que será una calle larguísima y que mejor que vayamos a por el coche para ir a Mdina. Ya se hace de noche, y aparcamos al lado de la muralla (y solo al día siguiente descubrimos que en realidad estábamos al lado, las distancias son tan pequeñas en Malta! Hasta en las ciudades). 









Cuando entramos en Mdina ya es totalmente de noche y está iluminada. Hay muy poca gente y es como caminar en una ciudad fantasma. Casonas de piedra, antiguos palacios, prisiones locales, salas semisubterrábeas con arcos, plazas desiertas con pozo, flores cerradas alrededor de las puertas de madera, faroles de época que dan una luz mortecina amarilla, gatos que se cruzan asustados, pasos que al doblar la esquina  resultan ser de nadie, sombras que nos hacen saltar, e historias de fantasmas que se inventa Mini y nos "aterrorizan".




Definitivamente, a Mdina tenemos que volver maniana...