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25 febrero 2021

"The Falconer" de Dana Czapnic: En Nueva York, las estrellas se ven en el planetario

The Falconer
 "The Falconer" es una estatua en Central Park que yo no conocía. Tal vez, divagante, si has visitado La Gran Manzana o te has fijado en las películas, te suena la de Alicia (en el País de las Maravillas), pero como a mí, no la de este chico haciendo volar un halcón, todo fuerza y poder. Un chico haciendo algo, vs. Alicia o cualquier otra chica representada en pintura o estatua, en una actitud pasiva: estando simplemente- con suerte, vestida. O con cara de piedra siendo la Justicia o la Libertad o cualquier otro valor noble, con la teta fuera. Lucy Adler, la protagonista de esta novela, que se titula como la estatua, "The Falconer" (ópera prima de Dana Czapnic, 2019) cree que los niños y los chicos se lo pasan mucho mejor que las niñas y las chicas, y por ello se identifica con la estatua del chaval del mayor parque de su ciudad. Ella también quiere hacer, no simplemente estar. 

Han descrito a esta novela como "El guardián entre el centeno de los 90", si Holden Caufield fuera una chica de 17, medio judía, medio italiana. Esto es refrescante, porque una de las críticas al clásico de la novela de formación ("Bildungsroman", "coming of age") de Salinger ha sido que Holden es tan WASP que lo aleja de todos los que no lo somos. Para mí fue una novela maravillosa cuando la leí en el Pleistoceno, aunque tal vez las mujeres nos hemos acostumbrado a leer a hombres blancos -wasp o no- como si fueran el patrón oro, y nos adaptamos. A ellos sin embargo no les pasa lo mismo: tengo amigos, en principio no sospechosos de cavernícolas,  que hablan de "literatura de mujeres" sin rubor (gente que lee, imaginen). Pero esto ocurre hasta en las mejores familias y en las mismas librerías neoyorquinas, nos cuenta Lucy, la prota: tras buscar sin éxito a  Simone de Beauvoir en la sección "Filosofía", es re-dirigida a "Estudios femeninos" por el asistente. Nota a mí misma: otro clásico de la novela de formación en Nueva York, esta vez de chica (yupi),  es "Un árbol crece en Brooklyn" (Betty Smith, 1943), que yo no he leído. Mea culpa, o culpa del patriarcado? 

Lucy Adler y yo tenemos algunas cosas en común, para qué negarlo. Las dos éramos adolescentes (ehem, jóvenes) en los 90, esa época (maravillosa) sin aparatos en la que te ibas de casa y a saber dónde parabas (pensaban tus padres). Las dos jugábamos al baloncesto, claro que ella mucho mejor que yo, por algo considera que "la defensa en zona es para pusilánimes" (que es precisamente la que nosotras solíamos hacer-cómo olvidar aquel partido en el que nos enfrentamos a unas máquinas que nos turraron a individual y no hubo nada que hacer: ahí aprendí la diferencia entre "querer ganar y querer machacar"). Ambas consideramos que la mayor parte de la gente es idiota (aunque desaconsejo ser explícita con esto, divagante, la cara de una conocida fue un poema cuando solté una versión de "no confío en algo que tanta gente dice que les encanta. Ese es mi problema con Jesucristo y Hollywood. La mayor parte de la humanidad tiene muy mal gusto. No me fío de su opinión en dioses o en pelis"). Ninguna nos hemos hecho una manicura en la vida. Las dos teníamos inmensa curiosidad y aunque no he podido quedarme joven eternamente-por algo no soy un personaje de novela-, lo que sí he podido es "estar para siempre abierta a maravillarme con las cosas". Ambas empezábamos a rebelarnos contra las injusticias, por ejemplo ser chica en un mundo donde se conocen a los Salinger pero no a las Smith.

También hay cosas que no compartimos, la primera y más obvia es una adolescencia en Nueva York. La novela comienza en una cancha de baloncesto pública y es tan Nueva York como "Taxi Driver", "Manhattan" o "King Kong"- curioso leerla justo después de "La edad de la inocencia" (la Nueva York de Wharton y la de los 90 no son dos planetas aparte, están directamente en diferente dimensión) y del documental de Fran Lebowitz "Pretend it's a city", sobre la ciudad. Leyéndola me he paseado de nuevo por sus calles mirando hacia arriba, me he sentado en uno de esos restaurantes con mesas de formica, y he intentado un tiro de tres puntos en una de esas canchas con olor a cannabis. Claro que no en todo pierde Vetusta: en Nueva York hay que ir al planetario a ver las estrellas, porque ni rastro en el cielo saturado de luz y contaminación; por lo menos en mi infancia me harté de ver estrellas de verdad. Y así describe Czapnic Times Square a esas horas en que todo el pescado está vendido-me pregunto cual sería el equivalente en Vetusta y se me ocurren un par de sitios llenos de nadies donde una pertenece tras esas noches de naufragio:

"The adrenaline soaked desperation that usually fills the atmosphere is replaced by the last morsels of despair, the globules of oil you find lining the bottom of a Chinese take-out box. A place full of nothings. After my wreck of a night, I belong here"

Pero empecemos (no fear, divagantes, que no voy a contar la historia). Lo que sigue es una amalgama de "temas" -no los que los críticos literarios que saben de lo que hablan pondrán en su lista-,  los que me han tocado a mí, en este momento vital: con todo lo que compartí o me separó de la prota, y teniendo una hija que si no tiene 17 los tendrá en cinco minutos, y eso cambia aún más la perspectiva (dicen que los que tenemos hijas nos hacemos más feminista-yo no sé si eso era posible, pero hey). Primero,  Lucy ha perdido el poco "capital social" que tenía cuando expulsan a su mejor amigo del cole privado al que van, y se queda colgada un tiempo. Porque Lucy no encaja en lo que la gente espera: no es una Barbie, sino una chica alta que mira al suelo cuando anda ("el suelo, mi amigo") o que se esconde detrás de una cámara ("la cámara puede ser un escudo o una capa que te hace invisible") y que, sinceramente, si fuera lesbiana ayudaría mucho al resto, porque por fin podría ser metida en una de sus taxonomías. "Porque es mucho más fácil cuando una encaja en la categoría de niñita agradable buenachica guarra chicazo  femenina lista despistada-en lugar de ser una persona entera metida en conversaciones constantes, a  veces discusiones, a veces guerra a veces paz con todas las fracciones de ella misma. Tengo que vivir en un mundo donde el ser humano entero que soy hará a otra gente sentirse incómoda y encontrar una manera de que no me importe".  Pero no pasa nada, "no todas nacemos sabiendo quienes somos", le dice un personaje a otro, "si tu madre es Gloria Steinem, no habrás crecido con Barbies". Las demás nos lo habremos tenido que currar solas, y no deberíamos culpar a las que quisieron ser princesas demasiado tiempo. Hasta que les llega el momento "ahá"- "esos momento en el que el realismo sustituye al romance", cuya aparición no puedes predecir y que tal vez son limitados. Piensa en hoy, 25 Febrero de 2021: ¿cuántos momentos "ahá" te quedan en la vida? 

Lucy va a un cole privado por todo el sacrificio de sus padres, que son inmigrantes de segunda generación, y han conseguido buenos trabajos gracias a la educación, pero sus abuelos eran clase trabajadora. En ese cole se mezcla con los hijos de la gente con mucha pasta, y se da cuenta del efecto venenoso de tener demasiado dinero, de que el dinero tiene su propia religión. La desigualdad le explota en la cara en un partido de basket entre su cole (el privilegio) y un colegio público (de esos que tienen detector de metal en las puertas): ese partido es en sí mismo una crítica social impresionante. En su cole hay también gente con beca como su mejor amiga Alexis, latina, hija de madre soltera, y que quiere escribir, pero que acaba estudiando medicina, algo práctico para los pobres que se quieren subir en la escalera social. Solo los ricos se pueden permitir vivir del arte o la literatura.  "Cada cínico es un soñador decepcionado".

Pero Lucy tiene una prima pintora de las que tienen que currar llamada Violet, que comparte loft con otra, Max. Violet tiene la habilidad artística y Max tiene las ideas. Cada una tiene lo que a la otra le falta, pero en este mundo, lo que cuentan son las ideas. "El arte de Max no cuenta una historia, es todo "statement" (declaración, afirmación, eso). Es todo político. Es un atajo a la raíz del problema, como escribir un manifiesto de 50 páginas en lugar de Guerra & Paz. Venderá bien por su sensibilidad pop, y por su mensaje, limpio y claro y cabreado". Venderá: cómo olvidar al atracador Hirst y sus secuaces. O a la misma Lebowitz comentando una subasta en Christie's: la gente aplaude cuando alguien compra el Picasso, cuando se da un martillazo con un precio, en lugar de cuando el Picasso entra en la habitación. Y así todo.


Dana Czapnic by S. Rosokoff: Olé tú Dana!
 Las artistas Violet y Max son tal vez la voz de Czapnic: "El príncipe encantador era un necrófilo y tenía un fetichismo con los pies" (ahí va eso, Disney!) o "Mira, lo mejor que puedes esperar de la vida es terminar en un trabajo con seguro médico y un tipo que vea las mismas series que tú y que no esté demasiado en lo anal". Esta frase es de enmarcar. De lo del seguro médico y los USA ya hablamos en este divague, a propósito del libro "Such a fun age", el terror de millones de americanos de estar sin sanidad. Pero alucino con lo "del anal": que alguien escriba esto en la época en la que en toda la imaginería que nos meten en películas y series, es sexo de espaldas (¿se ha fijado alguien?) es lo revolucionario. Once upon a time, los más ancianos del lugar recuerdan que había distintas posibilidades, variedad, incluso hay tratados indios del tema. Hoy, no: todo son mujeres mirando a la pared mientras les estiran de la coleta. Bien, pues aquí las modernas estas hablan de tíos no fijados en "lo anal" como un valor. Ole tú. 

Pero dejemos momentáneamente el sexo [-"nooooo - Tranquilos, ha dicho momentáneamente, luego vuelve" ("El sendero de Warren Sánchez", Les Luthiers)-], porque yo un par de párrafos arriba estaba diciendo que los padres de Lucy, segunda generación, habían conseguido y mantenido un buen trabajo, sobre el trabajo de la primera generación. Pero salvedad: es su padre, porque su madre, que lo consiguió inicialmente, ya se sabe: no salía a cuenta mantenerlo una vez que tienes hija. Me pregunto por los sacrificios que hicieron esas mujeres, en aquella época: ¿merecieron la pena? Por supuesto que no. Hasta la propia Lucy lo sabe, cuando mira con pena a su madre, y solo tiene 17.  

Qué difícil es ser chica, algunos no se dan cuenta: quieres que te reconozcan por lo que piensas, por lo que escribes, pero a la vez quieres ser guapa. ¿Por qué te importa eso? Nietzsche dice que la mejor belleza es la que infiltra la mente y el corazón gradualmente y la llama "la lenta flecha de la belleza". Pero Lucy  preferiría tener la belleza de una bala, de esa que te deja estaqueado en el camino (como decía Cortázar del amor), aunque la otra, que no registras inicialmente, se queda flotando en tus sentidos y al final es maravillosa. Pero "ser guapa es más divertido que tener principios", le dice una boba que la maquilla para una noche de fiesta. Y al final, quién quiere ser, como le dice Violet, "mujeres que a los 40 tiran la toalla: se cortan el pelo, se engordan siete kilos, se empiezan a comprar la ropa en la Planta "Señora" del ECI?" Personalmente, el día que pase de las corners de G-Star de Planta Joven a la Planta Señora será el fin.  

Lucy va también creciendo políticamente. Me encanta cuando la lógica animalista la lleva a hacerse vegetariana (yo estoy casi ahí, 30 años después, pero claro, el ibérico) y aún más su aproximación al mundo del consumismo. Lucy se plantea,  "Cual es el punto de todo este exceso? no necesitamos todo esto, ¿no?, ni siquiera queremos todo esto" o, cuando le preguntan si cree que va a cambiar el mundo y ella contesta: "no, pero al menos no voy a contribuir a su miseria". Esta idea me parece clave para cambiar el mundo, porque empezamos a ser legión. "No quiero convertirme en otro humanoide produciendo basura y comprando inútiles piezas de plástico y ocupando espacio. No quiero ser un consumidor. Quiero crear algo, descubrir algo, enseñar algo o salvar algo". Go Lucy!

Sobre maneras de hacerse vieja, "nadie crece, la gente solo envejece". Nadie quiere "live slow, die old" (vive lento, muere viejo), aunque casi todos parece que vivimos así.  Pese a todo, perder el tiempo como solo se hace cuando eres joven-a menudo pienso en eso, ahora que no podría hacerlo. Una frase que nos decimos a veces con el Peda es "la vida adulta era esto"... la vida adulta es papeleo dice algún personaje, no recuerdo ya cual. Pero lo más importante, cómo queremos vivir nuestras vidas: cuando estaba en primaria, Lucy va con su clase al salón de actos a ver despegar el Challenger. Todos sabemos cómo termina, pero Lucy piensa que esos astronautas ya sabían que ese riesgo existía, y aún así, estaban en esa nave, y concluye que "sea lo que sea que haga en la vida, quiero quererlo tanto que los riesgos que ello implique merezcan la pena".  Ah, volver a los 17. Cuando aún no se sabe que hay que tener mucho cuidado cuando enfocas la foto, porque pronto la foto acabará sustituyendo al recuerdo.

Y a esos recuerdos los moldearemos y con ellos crearemos mitos o fantasmas, según nuestra personalidad. Lucy, que reconoce que "nadie ama de la manera que la gente es amada en la poesía", piensa en su amor de los 17 como "siempre serás mi ilusión óptica favorita. Pero un día en el futuro, cuando piense en ti, mi corazón dará un vuelco y el aguijón del momento tendrá nada que ver contigo sino con la chica de 17 años que te quiso, y es a ella a quien no quiero olvidar". 

No puedo recomendar lo suficiente este libro: sí, incluso a ti, cavernícola que crees que nada tienes que ver con una adolescente, a ratos empanada en canchas de basket. Pero por supuesto al resto, quienes hemos mirado estrellas tirados en el césped de la ladera del Parque Grande-o equivalente.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

oído cocina a la recomendación.

Me ha sonado familiar esto: ""Porque es mucho más fácil cuando una encaja en la categoría de....", algo sobre eso escribía yo esta mañana.

Hoy en el basket sólo existe defensa personal y , la mnayoría de veces, toda la pista.

¿De verdad jugabas a basket ?

lus

Di Vagando dijo...

jaja LUS. Sí, si algún día escribo una novela también pondré cosas así para vosotros los románticos. Precisamente he recordado un divague de cuando este blog era todavía baby y teníamos conversaciones de buperos (ya sabes, política, etc, todas esas cosas q se tocan en clase de ética) titulado "única e irrepetible". Parece q lo escribí tras las respuestas a otro en el q yo lanzaba una de mis arengas... en aquella época, los lectores me clasificaban con como una hippie con palestino y flequillo borroka, estaba diver... ahora tristemente, la mitad me conocen y saben la verdad. :)

http://divagandodivagando.blogspot.com/2010/10/unica-e-irrepetible.html

Sí, claro q jugaba y hasta me levantaba a las 3 am para ver los partidos de los JJ.OO. de LA.. señorrrr.

Hugs

di

Anónimo dijo...

Y para los que solo conocemos el castellano ¿cómo se titula la novela en mi lengua?
Después de esa estupenda reseña no queda otra que leerla.
Y me ha sorprendido bastante que estando editada en 2019 la hayas leído tú.

Di Vagando dijo...

Hola Anónimo de las 21:41... muchas gracias qué amable. Pero, jo, yo no he podido encontrar q la hayan traducido aún al castellano. "Falcon" es halcón y "falconer" no sé cómo se dirá . halconero? cetrero? Pero como te digo igual le falta un tiempo hasta q la traduzcan...

Leo contemporánea cuando me viene recomendada, o cuando sé que me gusta un autor. Esta me la recomendó un colega.

Abrazos

di

Elena Rius dijo...

Por lo que cuentas, parece un "coming-of-age" realmente intenso, Di. No sé si a mi edad está una para tanta intensidad, pero lo tendré en la recámara. Sobre el título, he visto que en la versión alemana le ponen un título equivalente al español "Volaré". (Mejor que "El halconero", ¿no?)Tomen nota, editores patrios.
Me encanta que hayas citado la reflexión de Leibowitz sobre la subasta de Picasso (que ya aplaudí cuando vi el documental), no puedo estar más de acuerdo. Y una reflexión más: es muy sensato condenar el materialismo y la acumulación de cachivaches que uno no necesita en realidad, pero estoy traduciendo un libro sobre el minimalismo (en el arte y en la vida), que muestra claramente cómo muchas de sus vertientes se han convertido en otro disfraz del consumismo. Ahí queda eso.

Di Vagando dijo...

Hola ELENA! No, no, no es "intenso" en mal plan (esa palabra ha pasado a ser muy negativa en mi imaginario, asociándola a gente muy cansina q se toma muy en serio a sí misma-no se si es la percepción general). Tampoco es de reírse particularmente, ni la historia tiene nada (ya sabes q a mí la trama no es lo q me atrapa). Son más sus observaciones lo q la hacen especial. Por cierto, hasta leído el de Betty Smith? Hay que?

El docu de Lebowitz era para subrayarlo, había tantas joyas como la de Picasso. MI capítulo favorito fue el de la salud y los mataos deportistas... sera pq vivo con uno! jajaja. Cuando llega su vecino a las 6 am del gimnsasio y ella .. LLE-GA! no se va!

Me creo todo lo q me digas de q hayan logrado vender cualquier cosa, consumismo del no-consumir (incluso el minimalismo, vuelta de tuerca!). Piensa q si se han logrado vender camisetas hechas con mano esclava infantil del Che Guevara, ya no queda nada por ver.

Buen finde my lovely

di