28 de mayo de 2020

Serial 15. La Naturaleza Humana.

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Las 7 de la mañana, y ya en la planta. A las 8, supervisión con Cook. Lista de preguntas-todas con sus respuestas perfectamente investigadas y estudiadas-, tipo "el paciente de la 3 no responde a la medicación, se la puedo subir", o "el de la 6 está muy agitado, le añadimos esto otro" y similar. Al final, el espinoso tema vacaciones de Navidad: "sé que llevo solo unas semanas, pero podría irme, aunque fuera unos pocos días?" (frente al espejo un par de ensayos explorando las posibilidades manipulativas de esta frase). Y salir viva de su oficina: esos eran los tres puntos de mi agenda para esta reunión.  Iba perfectamente uniformada, estilo matrona años 50: jersey de cuello alto, falda largura opusiana. Ni por encima de la rodilla, ni tan larga que parezcas hippie; a media pierna, monja total. Ser asexuado, tal vez ángel. El conjunto prestado de Yolanda, que por trabajar en forense, siempre iba de Miss Trunchball, la mala de Matilda. Uniformes: ya solo nos faltaba llevarlos en Banderley, como si no fuera poco con los colores de las Casas. Aunque por lo menos, me dije, en este país los médicos no llevan bata blanca, el símbolo chamánico que aún mientras escribo esto lucen en la península. Que te aleja del paciente, dicen aquí: y sí, por eso la llevan allí, digo yo.

Ya en aquella época no se permitía fumar dentro del hospital, pero Cook iba por libre. Mirando por la ventana, envuelto en una nube de humo me lo encontré tras el "adelante!". Yo llevaba los archivos amarillos de unos siete pacientes, bupera abrazada a su carpeta, y él podría haber hecho todo tipo de análisis sobre esa imagen si se hubiera molestado en mirar hacia la puerta. Como quien me hacía un favor, farfulló un "puede sentarse". Y yo, obedecí.



-Buenos días, doctora... cómo pronuncia su apellido? 


-Cayeha- resignada, ya a no intentar las jotas con los ingleses, y a que las elles fueran i griegas. -Buenos días. 

-Cada semana tendremos a esta hora su sesión de supervisión. -Solo aquí se dignó a darse al vuelta. Parecía Cook una pieza de mobiliario de mitad de siglo, muy Bauhaus, y más militar que médico- Este es el momento para hablar de cualquier tema clínico. Tiene ya supervisor educacional... con el que hablará de su progreso académico, investigación y demás? 

-Em... no, todavía no. Estoy esperando a...

-Bien, -estaba acostumbrado a interrumpir, algo infrecuente en esta isla- hable con el Doctor Middleton del tema. También tendrá acceso a apoyo pastoral, si lo necesita. 

-Em, gracias. -No supe si quería con esto mostrar cierto apoyo, de una manera patosa y desagradable, o un aviso para navegantes, tipo aquí me venga usted llorada. 

-Bien, por dónde quiere empezar?-y se sentó. Había entre nosotros un escritorio inmenso, con una lámpara verde como las de la biblioteca, rectángulo de cuero para escribir y varios objetos que una esperaría encontrar en la mesa de un psiquiatra, como -supongo que irónicamente- la cabecita de porcelana frenológica de Gall, con los nombres de los lóbulos cerebrales en latín. Su silla era enorme, tal vez la famosa de diseño Eames, tal vez no, pero giraba y se reclinaba, y Cook no paraba quieto. 

-Em, pues por el paciente de la 3. Varón, 30 años, primer episodio de...

-Un momento, Dra Cayaha. Antes de nada, dígame: -y balanceó su silla hacia adelante, poniendo sus manos sobre el escritorio- dígame usted qué piensa de la naturaleza humana?

-Em, la naturaleza humana, qué quiere decir?-yo comprando tiempo.

-En primer lugar, puede dejar ese molesto "em" delante de todas sus respuestas?

-(carraspeo). Bien, sí, perdone, por supuesto. 

-Carraspear tampoco sirve. Dos: usted aspira a ser psiquiatra y le estoy preguntando por la naturaleza humana, no por mecánica cuántica, ni siquiera por mecánica del automóvil. Qué tiene que decirme?- y se echó para atrás, a la vez girando 180 grados y así, al menos, evitándome el contacto visual. Pretendía otra vez que miraba la inmensidad verde de los moors.

Sinceramente, que una cría como yo lo era entonces no se echara a llorar y saliera de la habitación ante esa pregunta significa: prueba superada. Ya no importa lo que digas, el hecho de simplemente intentar un esbozo, a un director de casting le sugeriría tiene-coraje, démosle el papel. Coraje o la inconsciencia de los los 20 años.  

Cómo salí de aquella encerrona lo he contado tantas veces, en clases, a mis juniors, en entrevistas, en cenas de amigos (quién dijo que soy una raconteur?) que ya no sé lo que es cierto y lo que he novelado. Pero siempre en situaciones de presión similares, mi reacción tiende a partir de una imagen. Con ella al frente, me he puesto a hablar, porque ya me dicen que la raconteur que llevo dentro podría sacarme de la cárcel, levantarme una condena, hacerme perdonar una multa. Solo hay que seguir por ese camino estrecho entre árboles, la foto fija en tu retina, hasta una llanura abierta donde por fin ideas que nunca has puesto juntas en tu vida, se van uniendo solas, tal vez sin coherencia, porque las ideas solo se ordenan frente a un papel. Y cuando terminas lo que ha pasado está nebuloso, porque dame un boli y un cuaderno y te diré lo que pienso, dame una frase escrita tu puño y letra y te condenaré a muerte, que decía Richelieu, pero no era yo la que podría quitarme los nudos y el saco y salir a flote solo con mis palabras? Todo al final es una duda, porque es imposible destejer el camino, cómo he llegado hasta aquí. Solo sé que la imagen que desató todo aquello que ni sabía que estaba en mi pasivo-así lo llaman ahora-, fue la monja de filosofía de tercero de BUP, Madre Elisa, desde su púlpito pontificando con frases que para siempre serán ella:"los cerdos de la grey de Epicuro", "los socialistos" y "homo homini lupus".

Por ahí empecé, Siglo XVII, Thomas Hobbes, que popularizó a Plauto con "el hombre es un lobo para el hombre", el hombre mira por su interés y es egoísta por naturaleza. Para escapar de esto, debemos dar nuestra autonomía a un poder superior, al que llamó Leviatán.  De hecho, su obra del mismo nombre es una de las primeras que abordan la naturaleza humana. Junto a ella, "El contrato social" de Jean Jaques Rousseau, para el que el hombre es bueno por naturaleza: los niños nacen dadivosos y amables, bien poco hay que hacer en términos de educación en casa para que salgan ciudadanos ejemplares. Esto contrasta con una visión hobbesiana  por la que, como los niños son naturalmente crueles e interesados, lo que hay que hacer es disciplinarlos. Si lo que nos hace malos es la sociedad, entonces un leviatán dominante no es necesario, simplemente cambiemos la sociedad. Pero si la gente es malvada por naturaleza, entonces necesitamos ejércitos y policía. Y -centrémonos, Mariona, que peligrosamente divago-el tercer exponente de la naturaleza humana también en el SXVII, pero un poco más tarde, es John Locke, que con su empirismo terminó con las ideas de la época de que uno ya venía de serie con ideas matemáticas, verdades eternas, y la idea de Dios. Vale, bien por Locke, que partía de que las ideas están basadas en la experiencia, pero no tan bien el no admitir que ciertas ideas u opiniones no parten de que una persona sea, por ejemplo, mucho más inteligente que otra, sino de que esas dos mentes tienen historias diferentes. 

Vamos, que la metáfora de "la tábula rasa" resultó de ayuda para poner en evidencia lo ridículo de que alguien tuviera que ser monarca o aristócrata o esclavo por nacimiento. Lo malo es que esta metáfora ha dominado nuestro pensamiento desde entonces. Como la del "salvaje noble", que proponía Rousseau, que estuvo inspirado en el descubrimiento de indígenas en América. Esta teoría defiende que en su estado natural, los hombres son generosos, pacíficos (no conocían a los yanomamos?), sin avaricia, ni ansiedad, ni violencia, todo esto es producto de la civilización. El "salvaje noble" no solo inspiró al romanticismo, sino que sigue siendo una gran influencia en nuestra sociedad, para lo que todo lo "natural" es mejor siempre: comidas, partos, venenos. 

Otro de los mitos de la naturaleza humana, también del SXVII, René Descartes y su dualismo: la mente y cuerpo son cosas distintas, y ello implica que la mente puede seguir existiendo cuando el cuerpo nos falle. Para Descartes, la mente no puede operar por principios físicos como lo hace pongamos el hígado. No puede, porque decir lo contrario nos quitaría la posibilidad de elegir nuestro comportamiento y eso... qué implicaciones tendría?

Hoy en día, ningún científico serio puede defender "la tábula rasa" (ni ningún padre o madre que tenga más de un hijo), ni "el salvaje noble" (cada nuevo estudio epidemiológico replica el que uno de cada cien miembros de la sociedad presenta rasgos psicopáticos, que son lo menos parecido a un desinteresado, noble y generoso ciudadano) ni el dualismo cartesiano. Sabemos bastante más de neuronas y de genética como para pensar que la psique de cada uno viene solo del mundo exterior o de la cultura que nos rodea. Vale, la idea de determinismo biológico-que los genes causan el comportamiento con una certidumbre del 100%-tampoco es cierta. Pero que el comportamiento tiene un componente evolutivo cada vez está más clara (tendrá detractores, si ya los tiene la teoría de la evolución de las especies que, recordemos, es a-moral, no comparte nuestros valores). Me interesa muchísimo la psicología evolutiva, porque la evolución puede explicar nuestra mente... cómo? por poner un ejemplo, diferenciemos causas proximales y distales de nuestro comportamiento: las causas proximales son el mecanismo que aprieta nuestros botones en tiempo real, como el hambre o el deseo que te llevan a comer o tener sexo. Las causa distales o últimas del comportamiento son la razón adaptativa que llevó a la causa proximal a evolucionar, como la necesidad de nutrición y reproducción que nos dio los deseos de comer o de tener sexo. 

Si lo de arriba suena a trance, igual lo fue, porque solo un pequeño ruido, un clack metálico, me hizo saltar en la silla, un segundo antes del timbre de teléfono más repelente que me he encontrado nunca. Cook descolgó, escuchó mirando a su cabeza de porcelana, lóbulo temporal concretamente, y entonces levantó la suya para indicar que me marchase. El concepto "salvada por la campana" no empieza a describir mi estado de aquel momento, vuelta a Tercero de BUP, con Madre Elisa. Y cuando de puntillas estaba ya cruzando el umbral de la puerta, Cook levantó la voz y claramente dirigiéndose a mí -versus al desdichado al otro lado del teléfono-, diagnosticó:

-Dra Cayeha... presiento que este es el principio de una gran... supervisión. 

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