21 de febrero de 2020

Serial. 12. Halloween. Fiebre. Amnesia.

Estás guapísima, pero ir disfrazada de vampira, aquí, en serio? 

Ah claro, es que Halloween en Banderley no es cualquier cosa, Mark, macho-alfa por antonomasia, don Giovanni del manicomio-perdido-en-los- Moors, te entiendo, aquí hay que ser moderno, pasado de rosca, vuelta de la tuerca. Ay Mark, cabeza de Stirling, la casa roja, no podías ser de otra, capitán del equipo de rugby, quién si no, la versión médica de Johnny Williams:  cuadradísimo, rubísimo, un paso más allá de la sobre-confianza, vamos que darías ganas de vomitar-si no quisiera una inmediatamente comérselo. Y Mark va, obviamente, de Ted Bundy, el único asesino en serie guapetón.

Yo sigo pensando que ir de novia de Drácula aquí, a pocos kms de Whitby, mola. ?O soy yo la única que no podrá olvidar la escena de las tres novias del vampiro sacando la lengua en la peli de Coppola? Y no que ha sido fácil encontrar los trapos del disfraz en lo remoto. Los demás, como van todos de yoquesé qué sicópata de los 70, pues se han puesto gafas grandes y camisas de cuellos largos y, ale. Pero lo mío, combinación de gitana húngara con peluca inmensa y Reina de Saba, con colmillos, ha sido un reto. Eso sí, lo mejor de mi caracterización, ya lo dijo Morgana, es mi estado febril, que comienza como palidez y ojos brillantes, pero a medida que progresa la noche se hacer cada vez más salvaje, complicado el diagnostico diferencial con los litros de alcohol que corren por mis venas, mujer...venga, Mariona: nadie conoce esta canción aquí.

Y no, Mark,  como buena recién llegada no estoy impresionada con la Abadía de  Whitby, y no me he  releído Drácula, gracioso. Ni estoy haciendo un esfuerzo por parecer culta, original, rompedora en esta fiesta, donde todo el mundo vais de personaje irreconocibles. Quién pillara a un hombre lobo o a una bruja en condiciones. Pero según tú, aquí se inventa el tiempo, sobran horas, de tantas que hay, y por eso os sabéis la vida y milagros de todos los malos y os disfrazáis de ellos, en lo que me parece, así de entrada, una idolatría quinceañera cutre. Pero algo habrá que hacer con las horas derretidas en los relojes, sugieres, y queda claro que tú no recomiendas releer a Stoker por enésima vez.  Y soy yo, o me lanza la sonrisa más maravillosa que he visto en meses? Si tú me dices ven, me quito el pelucón y los colmillos y me visto de Rose West-si supiera entonces quién era. Cuánto follará este tío aquí, en el manicomio.

Pues sí, Mark, me encanta que aquí el tiempo se viva diferente... quiero aburrirme, volver otra vez a aquellos veranos de tardes larguísimas donde no había nada que hacer, ?no aseguran eminentes psicólogos (lo siento, no puedo citar la referencia) que grandes cosas salen del aburrimiento, que hay que dejar a los niños aburrirse? Pero qué diferentes habrán sido nuestras horas de tedio, Mark,  en qué antípodas están nuestros veranos de la infancia, yo en un pueblo enmedio del desierto, con críos salvajes tirando a los pájaros con escopetas de perdigones, y tú en katiuskas (que llamas Wellingtons) en el casoplón con acres de jardín de tus abuelos en los Cotswolds. Pero también salen malas cosas del aburrimiento, dices, en serio, te lo aseguro, dijiste eso Mark, y rematas con tu opinión, resulta que crees que gran parte de lo que pasa en Banderley es por el tedio.

Pero qué hostias, qué cojones pasa en Banderley, what the fuck goes on in here, creo que es lo que de hecho te digo porque no sé si es la fiebre, o la cerveza, o realmente me estoy emparanoiando en este lugar. Que me están haciendo luz de gas, como en la peli aquella. Pero Mark, querido, te salva la campana: gritos en la explanada verde, todos hacia la ventana. Y shiii pum, cohetes o petardos, o fuegos artificiales, creen aquí. Fuegos de guardería, de Micky Mouse, una tristeza ruidosa, que luego veré algo más expansiva la noche de Guy Fawkes, el 5 de Noviembre. Todos rodean a Greg, de Balmoral, la casa de Yolanda, y a otro que no conozco. Deben estar muy aburridos aquí, para que robar los lánguidos petardos con los que la dirección de Banderley deleita a pacientes y personal el 5 de November sea un acontecimiento.

Suben la música, de repente hay mucha gente. Morgana está con una tal Suchandra, que me mira con un odio animal, esas miradas que no vuelves a experientar con desconocidos desde la primera infancia. Es muy baja de estatura, cara redonda, un punto pegado-o es pintado-entre las cejas. No se lo ha quitado ni para el disfraz, que, como el resto, a saber de qué va. Morgana está contando que viene de nosequé parte de India, y entonces tengo un momento de iluminación: nos conocimos en aquel horrible pase de planta de Cook, ella era uno de sus corifeos, de sus palmeros, de sus narices-marrones (así se dice aquí lame-culos, qué gráfico puede ser este idioma). Ella también me ha localizado, está claro, de ahí su mirada. 

A partir de aquí, todo empieza a estar confuso: mis recuerdos de la noche son una proyección de diapositivas en blanco y negro, muy contrastadas, que deslumbran con una luz molesta, de esa que te obliga a cerrar los ojos. Morgana asegurará a la mañana siguiente que me tuvo que llevar a la cama porque me subió muchísimo la fiebre y comencé a delirar en un sofá, al poco rato de la conversación con Suchandra.

Sin embargo, al despertar por la maniana, todavía con jirones del disfraz de vampira, retazos -tal vez jirones también- de memorias: conversación con Will, el otro guapo, este va de intelectual. Más bien nos gritamos en el oído porque la música. Will es muy de Bukovski, John Fante y Raymond Carver... estos escritores americanos que dejaban los relatos sin cerrar, tan distintos de mi adorado Cortázar, para el que cada relato tiene la precisión de un reloj suizo. Pero cómo se habría enfadado el Gran Cronpio con esta imagen, de relojero preciso, él que decía que no había que fiarse de los que apretaban el dentífrico desde abajo.

A
nd did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved, to feel myself
beloved on the earth. 


Esto lo dijo Will, asintiendo como hacen los borrachos que aman a la humanidad: era Carver,
parece ser que su epitafio. Está claro. Me interrumpió cuando yo hablaba de Rayuela, que por supuesto había leído, y esto terminó de cerrar el círculo: éramos almas gemelas, nos prometimos amistad eterna, con una "pinky promise", que consistía en enlazar los meñiques a la vez que jurábamos que íbamos a co-escribir una tesis, o un tratado, o tal vez fuera solo un artículo, sobre "la locura en Cortázar", ibamos a leer de nuevo todos sus relatos y comenzar a identificar, usando categorías clínicas, los males que achacaban a los protagonistas. Si en el pasado existían los pecados y los curas, hoy exiten los desórdenes y los psiquiatras!!! Y venga a reír.

Aquí viene una laguna severa en la proyección, porque ya todo lo escuchaba como en sordina, y había cuerpos de gente entre los que me abría paso, olor a curry y a perfumes extraños, y bocas que decían cosas, con ecos, y mucho frío y mucho calor, y avanzar de la mano de Will por unas escaleras de caracol con las paredes de piedra, y un pasillo con el suelo mojado iluminado por la linterna, parte intrínseca de todo disfraz en Banderley, aprendí, los ojos cada vez más calientes, y más sed, y Will tirando de mí mientras seguía con la tesis, "Casa Tomada", y "Manuscrito hallado en una botella" y "Bestiario", y debía haber goteras porque era ruido de agua al caer en los charcos lo que se multiplicaba en mi cabeza, estamos en un túnel, Will? y Will, "incluímos a Sábato en la tesis?", qué idea, "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas" y "Abdaddón el...", y Will se paró y me dijo "ya no hables", como si le fuera la vida, y al llegar a la encrucijada tomó la izquierda "siempre  la izquierda" me dijo, y eso mismo al llegar a la siguiente. Entonces se paró detrás de una puerta de la que salían voces. 

-Nada de eso pasó-esta es Morgana, por la maniana, que me ha traído una taza de té. En serio: te llevé yo a la cama, qué me estás contando? Tenías fiebre.

Duermo todo el día, ahora sí que sueño: personajes con máscaras venecianas que me ponen algo en al bebida, estoy en la fiesta de "Eyes Wide Shut", y aún así bebo. Al final de la tarde, me preparo para salir, va  a ser mi primera noche de guardia en Banderley.  Paso por la cantina, antes de irme a dar vuelta por las plantas, ahí está Will, con su libro. 
-Hey, ya preparando nuestra tesis? 
-Qué tesis? 
-Ermmm.. Cortázar? esto... anoche? 
-No he leído a Cortázar, qué recomiendas?

Aún depie, bandeja en manos, sonrisa congelada y, un momento, el tablón de anuncios: mi cartel del grupo literario ha desaparecido. Pero para qué deciselo a Will, que ya está leyendo otra vez. Casi no ceno y corro contra reloj porque solo tengo 10 minutos hasta empezar la guardia: en todos los sitios siguen los carteles habituales, en la piscina, en la sala de ordenadores, en los mess de las casas. Menos el mío. Todos, uno por uno, han desaparecido.


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