18 de abril de 2019

Volubilis, Moulay Idris y vuelta a Fez. Pocas anécdotas, un divague de fotos (M13)

Jueves, 18 de Abril de 2019: Fez (Marruecos 13)
Hay jarra de zumo de naranja para el desayuno: un festival! Lo que no tienen es té negro: los marroquíes no son mucho de ese té, más de café. Me meto en la cocina porque la señora no entiende lo que pido, y acabo buscando yo misma por los armarios, pero no encuentro. He dicho alguna vez que soy "la única española a la que no le gusta e café"? Esto me lo dijo alguien hace años en la isla. Por lo visto los espanioles sois "muy cafeteros".



 





Breves fotos de la salida de Meknes, por su genial zoco...




Hoy vamos a Volubilis, lo que fue una ciudad romana impresionante, a 40 minutos de Meknès. Nada más entras hay un museo con unos mapas gigantes con esos nombres romanos tan chulos, que he adoptado para llamar a mi ciudad de adopción, Londinium.  La ciudad es grande, y tiene todos los básicos de una ciudad romana: aquí estuvieron las termas, aquí el templo, mira qué columnas (sobre una hay cigüeñas), y espectaculares mosaicos. Serán de verdad lo que hay en el suelo, expuestos a los elementos? Cómo pueden dejar algo que tiene más de 2000 años ahí, a la intemperie? Y además, madre mía cómo están los elementos hoy! El cielo se pone super-negro en un momento, y empieza a llover enloquecidamente. Y luego, los elementos humanos en-la-higuera: sí, yo, qué pasa, pegada a mi cámara, acabo caminando por encima de lo que debía ser la sala de estar con mosaicos... la cuerda de no entrar se había caído!  

 









cielodrama en volubilis


De ahí a un pueblo llamado Moulay Idris, muy fotogénico: desde la carretera, con las casitas blancas trepando por la montaña. Intentamos llegar a la parte de arriba, para las vistas, pero tenemos que terminar trepando en una pared vieja para ver algo. Hemos de pasar por calles estrechas, en concreto al lado de un burrito. Por qué los burros nunca se sientan? No sé si he planteado esto hace días, pero sigo sin tener respuesta. 





De nuevo abajo, en la plaza, pasamos por un montón de casinos, llenos de hombres. Es ahí donde hago una de mis fotos más chulas, yo la llamo "El pensador".  Mini come uno de sus bocatas de kefta.


 

 La carretera a Fez, que es comarcal, está preciosa: recuerdo mucho amarillo y el drama del cielo nublado, jugando al escondite con el sol. Al llegar a Fez, una siente como que el viaje termina un poquito, aunque nos queden dos noches. Hemos cerrado el círculo, y somos más sabios, lo que no impide las escenas habituales con el tema aparcamiento. Hay un chico, Mustapha,  con el chaleco amarillo que nos indica, y con el que acabamos colegas al final. El pobre mete ahí innumerables horas al día. No sé cómo se gana la vida con lo que nos pide a nosotros por 48 horas. 









Esta vez estamos en un riad más de nuestro estilo, igualmente en la medina, y también tenemos suerte de estar en la azotea. De hecho, hay que salir a la terraza, atravesarla, y nuestra habitación está allí, como una casita. No es nada del otro mundo, acostumbrados a tanta morisquería. 


Ya es de noche y salimos en plan aventura por la medina. Como si no supiéramos que esto es el mayor laberinto de Africa. No nos importa, vamos sin prisas y simplemente vamos adescubrir una nueva parte de la medina. Sin embargo, se nos vuelven a pegar distintos tipos que nos quieren "ayudar". No gracias, no gracias, no gracias. Uno persiste, y es muy pesado, pese a dejárselo claro. Cuando por fin terminamos en la calle principal, por el pesado en nuestar chepa, nos pide dinero. Chato, que llevamos aquí dos semanas, y nos manda literalemente "al carajo". Cenamos en el Café Clock, una cadena para el turista, dodne dan hamburguesa de camello. Parece un riad muy estrecho, subimos mil escaleras hasta la terraza, hay un grupo grande de espanioles hippies. Cuando nos ponemos frente ala carta, nadie se siente con fuerzas de comerse al camello. Tal vez recordamos los ojitos de aquellos que nos llevaron, hace ahora un siglo, en el desierto?



 










6 comentarios:

molinos dijo...

me encanta la ciudad romana.

¿Por qué no le pides a Mini que escriba cuatro líneas sobre su valoración del viaje? Por contrastar opiniones lo digo.

Y qué pelo más largo tiene que tener para que le salgan esas dos trenzas!

Elena Rius dijo...

Recuerdo esa magnífica ciudad romana. Me impresionó saber que habían excavado solo una pequeña parte (y no tenía pintas de que fuesen a continuar). Por lo que cuentas y por tus fotos, apuesto a que está todo tal y como lo vi yo hace mil años, casi tantos como los propios romanos. ¡Dios mío, esos mosaicos a la intemperie!

Driver dijo...

Impresionantes tanto los mosaicos árabes en los azulejos como los mosaicos romanos en piedra.
Os imagináis ?
La historia es básicamente la misma.
Un pensador mira al suelo muy concentrado, buscando la manera de completar un vacío con formas que se repiten pero que alismo tiempo se presentan agradables a la vista, coordinada, dinámicas, sencillas y con colores buen diferenciados.
El pensador lleva dos días probando bocetos e ideas que bullen por su cerebro.
Instintivamente va desechando unas, reservando otras, probando y probando una y otra vez.
Atardece.
Un niño observa al pensador quien por fin sonríe de forma franca.
El niño comprende que el señor ha conseguido un diseño que más pronto que tarde verá ejecutado con primor sobre una pared o un suelo.
Da igual que el niño sea romano, árabe o bereber.
Ha comprendido la honda satisfacción del pensador.
...
Le lleva agua en un cántaro de barro cocido.
El pensador bebe.
Ese niño algún día dibujará un diseño propio.
Ha aprendido el proceso, fijándose mucho con sus ojos saltones.
Ya sabe lo básico.
Ahora es cuestión de aprender a pensar.
Es un niño y carece de límites.
...
El pensador devuelve la jarra de barro al niño y le agradece el fresco trago de agua.
Se ha dado cuenta de como le observaba.
Y le sonríe de forma muy profunda.
Como si todo el futuro de la Humanidad dependiera de esa sonrisa.

Luxindex dijo...

Di, hablando de los mosaicos, te preguntas retóricamente junto a Elena Rius: «¿Serán de verdad los que hay en el suelo, expuestos a los elementos? ¿Cómo pueden dejar algo que tiene más de 2000 años ahí, a la intemperie?».

Lo que planteáis es algo que a día de hoy no cuenta con una solución plenamente satisfactoria.

Está la solución del profano en la materia: ¡Cúbrelos con una especie de tienda de campaña! Ya, claro, pero ¿cómo evitar que eso no nos devuelva una sucia e interrumpida estampa de tenderetes en parajes —siempre lo son; los antiguos nacieron antes pero no eran tontos— de amplias vistas?

Por otra parte, está la solución drástica: desmontarlos y reubicarlos en un museo. Pero eso es tanto despojar los sitios como descontextualizar los mosaicos. Para colmo, muchas veces se exponen en vertical —para una mejor contemplación, argumentan—, pero se olvida que fueron concebidos para verlos desde otro punto de vista: como solerías. Y, en el acto de la contemplación, la perspectiva es sustancial.

Además, está la solución anterior pero colocando una réplica en el lugar primitivo. Esto que, sin más, podría parecer satisfactorio no hace sino vulnerar la instancia histórica: convertir los sitios en parques temáticos, hacerlos más falsos que, digamos, un Judas de plástico. En suma, restaría irreparablemente emoción intelectual a la visita, al paseo.

Por último, está la solución que más se practica en la actualidad: dejarlos en el sitio pero habiéndolos arrancado previamente y trasladados sobre un auto-portante. Auto-portante es un panel —traído de la industria aeronáutica— en forma de sándwich: primera y última lámina de aluminio y en medio una estructura del mismo material pero en forma de celdillas de panel de abejas, que es la armadura que mejor resistencia ofrece. Al montar los mosaicos en auto-portantes se resuelve el mayor de los problemas, pues el agua de lluvia o los bruscos cambios en los gradientes de humedad y temperatura no importan tanto o tantísimo: una eficaz barrera contra la ascensión por capilaridad de las distintas sales solubles que contenga el terreno. Dichas sales migran al exterior y al secarse se carbonatan y pasman (blanquean) el anverso de las teselas. Pero esta solución es válida solo para las teselas líticas (generalmente son calizas, mármoles en ocasiones), pero no para las vítreas y cerámicas pues, en estos dos últimos casos, el agua de lluvia también provoca que se empañen.

Andaba yo trabajando en una solución mixta: trasladarlos a un auto-portante y, además, cubrirlos. Cubrirlos pero con una estructura de diseño nada invasivo —lo más discreto posible quiero decir—, unas casetas de vidrio pero que evitasen el efecto-lupa, con aireación suficiente que impidiese la humedad por condensación y, además, que fuesen mantenimiento viable —barato—. Andaba yo trabajando en eso, pero en otra ocasión será…

Así pues, el problema que con acierto señaláis sigue vivo pero —esta es la buena noticia—, afortunadamente, libre de mi más que probable fallida solución.

Por último, y más importante, Di: si a tu hija no le ha gustado el gazpacho, Mini NO ha estado en Sevilla. Ojo, mira que desde el British Empire Sevilla, Segovia, Sebastopol, Seattle o Seúl suenan a lo mismo. ¿Que no le ha gustado el gazpacho? Ja. Menudos padres… Vergüenza.

Di Vagando dijo...

Hola darlings...

MO, qué sádica eres, leer el diario de Mini. Escribió uno en Sevilla, pero me dice "es q aquí no estoy motivared, pq ya escribís el aita y tú". Y sí, tiene el pelo muy largo.. yo tb lo tenía a su edad :)

Ya ELENA, cuando dicen lo de la "peq parte" recuerdo lo de Tikal o bueno, tantos sitios en México y Guate q vas por ahí y ya nunca miras a las montañas igual... todas parecen pirámides sin desbrozar!

Qué chulo te ha quedado, DRIVER, lo del pensador q está haciéndo calculos para los mosaicos...

Y tráenos los autoportantes, LUX... madre mía cuánto saber...yo creo q poner un "gazebo" (pronunciado gassssíbo) q es como una carpita blanca q ponen los ingleses para las fiestukis en el parque es muy cutre, estoy contigo. Y con lo de llevárselo, pues anda q no mola más verlo allí, con ese paraje alrededor... simplemente preocupa q algún idiota se lleve alguno "de recuerdo" (recodermos q hay imbéciles q se hacen selfies en Auswitz) o alguna se meta dentro del living de una familia romana mirando su cámara.

Oh el gazpacho, LUX, ten en cuenta un defecto de fábrica, q somos nortenios, y yo ya he recibido muchas tortas en este blog por admitir comprar Alvalle en el Waitrose (que no lo hay en cualquier super eh). El Peda ha hecho alguna vez pero siempre sabe demasiado a ajo y los ingleses lo huelen a kms. Y dice q solo 4 ninios se lo comieron...

love

di

Driver dijo...

Lux,quisiera aportar una solución para el tema de los mosaicos que amplíe las miras de las que has apuntado.
Se me ha ocurrido una que sin duda contribuiría a que el paro descendiera, el monumento se conservara y el nivel de estrés descendiera.
De trata de articular dentro del cuerpo de funcionarios la figura del MANOTERO.
Me explico.
Imagina que nos contrata Patrimonio Nacional a tí y a mí tras unas oposiciones durísimas que superamos sin problema.
Nos dan una gorrita y un elegante traje de lino, situando nuestro puesto de trabajo en un monumento cualquiera.
Nuestra función sería la de MANOTEROS. Por una parte serviríamos de atentos guías que explicaríamos con deleite el monumento en sí.
De otra parte nuestra función sería pegar manotazos en los dedos (el código civil no castiga esta acción de forma taxativa) a cuantos turistas hicieran amago de tocar el monumento.
La Administración nos daría un reglamento muy preciso sobre los procedimientos a emplear y las frases de advertencia a chillar, con el fin de no transgredir ley alguna.
Por ejemplo:
"Chiquillo, eso no se toca!"
O el clásico: "Esa maniiita!"
Pasando por el disuasorio y cinematográfico: "Yo no tocaría eso, forastero!".
O el aséptico e internacional:" Estop criatura. Estop!".
...
Espero que esta propuesta prospere debido a su lógica y utilidad aplastante.